30 de mayo de 2015

vida ii

 "todo me demuestra que al final de cuentas termino cada día, empiezo cada día, creyendo en mañana, fracasó hoy."
el presente, tango feroz. la leyenda del tanguito.

"aquellos que fueron vistos bailando fueron tomados por locos por quienes no podían escuchar la música."
anónima, erróneamente atribuida a nietzsche.

"no sé qué podría desear más el espíritu de un filósofo que ser un buen bailarín."
nietzsche, la gaya ciencia. sección 381.

otra noche de fiesta en la que veo chicas tatuadas. pero ya los pigmentos están desgastados, las ojeras son más evidentes y la fiesta a veces ya no brilla tanto. difícilmente he(mos) envejecido. a duras penas y he crecido un poco. porque los miedos siguen siendo los mismos, la tierna torpeza para bailar sonidos pacíficos también. y las esperanzas también. yo no he envejecido, ni nadie a mi alrededor. el verbo es otro, nos vamos consumiendo siendo lo que somos, la vela ilumina hasta que su naturaleza misma (iluminar, mantenerse dando luz a un camino) hace que se extinga. apenas y las uñas se han hecho más débiles y las inquietudes más hondas. pero nada más. la música sigue siendo la misma y las personas, todos los días distintas, también las mismas. no es un juego de palabras: es desdoblar los verbos, buscar las palabras que nos hagan sentir más cómodos.

todo parte de las palabras que usamos para describir el mundo y a las personas y experiencias en él. de eso tengo renovada consciencia mientras bailo en la pista del segundo piso del bar. whitelightwhitelightwhitlight. veo a las personas a mi alrededor como un gran organismo de magníficas proporciones, de muchos ojos y de múltiples olores. todos participamos de él (mejor: de ella) aunque algunos apenas y tengan consciencia de su propio nombre y sus vulgares y cotidianas ocupaciones. vidas pequeñas. pulgas sobre el lomo de la Vida, organismo diversamente individualizado, pero magníficamente unitario para quien sabe ver.

aunque me mantengo en permanente forcejeo con la palabra y los límites que impone a mi experiencia sensible y afectiva, igual tengo que acudir a nombrar al mundo para poder participar en él. allí, en la reflexión a propósito de la jaula del lenguaje reafirmo que el santo y seña no lo sé y que posiblemente es el silencio. pero antes del silencio (aun no he podido llegar a él) opto por retrotaerme, dejarme de nombrar, empezar a negarme como una forma de buscar el silencio. no soy poseedor de nada. no soy poseedor de nadie. nadie es de mí. no soy de nadie. nada es nuestro. excepto el ruido que expresamos. la vida de la que participamos. nada ni nadie es nuestro en esta vida más allá del ruido que hacemos. me gusta esa fórmula, aunque seguramente habrá días en que me parezca desalentadora.

pero es que hay cosas que su certeza debe leerse en un plano de lo existencial. con x de experiencia. con x de éxtasis. con x de ex. de todos los ex que uno es y de los que se rodea hasta el balance final de la ecuación que lo vuelve a uno un ex-vivo. ¿servirá acaso aquella forma de ver las cosas? no lo sé. pero me reafirmo en esas eternidades efímeras, instantes que duran por siempre, mientras veo los rostros a mi alrededor bailando, me reafirmo en la no pertencia al ver los lazos sutiles y tan (¡pero tan!) frágiles que nos unen unos a otros. nos veo, a unas y otros, unos y otras, compartiéndose y perdiéndose ya no en la música sino en el ruido. nosotros somos las músicas, todas distintas y vibrando en sintonías distintas. a veces hay rayes, el pirobito que pasa empujando, la guevoncita malacarosa atravesada, los gomelitos malcriados que se creen los dueños del bar. y claro, la gente rayada bajo las luces de colores. me reivindico en ese último grupo. pero yo no soy tan rayado. me gustan las noches en que me derrito tanto que me hago luz. yo no soy rayado. solo que me reivindico como una raya y nada más en el universo. una traza dibujada e inacabada (una llama al viento, dice un poeta colombiano). a mí no me preocupa (al menos no en este preciso instante) esa imagen del no pertenecer. me sé solo en la pista de baile y no me importa. y me importa menos cuando me reconozco en el hecho esencial de que si estuviese acompañado, igual tendría estos pensamientos. me lo reafirmo al ver a las parejas, tríos y grupos compartiéndose a mi alrededor, y reconociendo en ellos lo que reconozco en mí más mal disimulado: unas compañías temporales pero fundamentales, la necesidad de perderse en el otro. de compartir instantes de comuinión para después volver a soledades de muros altos y camuflados.

pero es que lo fundamental que une nuestras fibras, todas ellas, es casi que invisible por lo básico y simple que es. respirar. mirar. temer, esperar. siempre esperar. sin darnos cuenta. pulmones que se inflan, sienes pegajosas llenas de sudor, miradas deseosas. fracasos estruendosos. no me asusta lo atómico que podemos parecer, lo separados y fragmentados. no porque "sepa" la verdad y que esta sea que todos somos lo mismo. es que el hecho fundamental es que todos somos lo mismo. pulmones que se inflan, corazones que laten. rodillas que tiemblan ante el amor y el terror.

volvamos a las palabras y a la búsqueda de usos más claros, que permitan menos enredos en el lenguaje. busquemos formas de hablar que permitan formas de vida más alegres, más sonoras. nada poseemos, nada 'tenemos'. ni la vida ni el amor. apenas y participamos. en la vida y en el amor.

el público responde a la fiesta. con los brazos alzados, los gestos exagerados, extasiados. la voz individual es grito, pero varias voces unidas se vuelven música. el movimiento frenético de uno, sumado al de otro y otra construyen coreografías comunes, de inusitada belleza aleatoria.

ya en un taxi amarillo, andando sobre corredores de concreto fracturados iluminados por luces también amarillas, el taxista me comienza a hablar de la noche bogotana. de lo mucho que la disfrutó hace 25 años, en la farra, y de cómo ahora la vive de manera distinta. sintiéndola distinto. me cuenta de sus farras de loca juventud con ribotriles y basuco, contándome que a él le tocó del bueno. contándome que cuando se lo ponían cerca le tocaba fumar sí o sí, porque "con ese aroma tan cadavérico, usted pasaba por el lado y sentía que algo de usted se moría, y pues ya entrados en gastos mejor irse bien chévere, ¿no?". yo lo miro y me cago de la risa. me deja cerca a la casa y me cobra algo más, no le discuto, la conversación me entretuvo el bajón.

me quedo sobre la vía y la vida viendo las cosas pasar. los tonos cambiando. algunos volviendo solos a casa, otros acompañados, y otros acompañados solo parcialmente. pero ellos y ellas no lo saben. pero se entararán en la mañana. con estas soledades y tristezas, pero también con las alegrías, y en definitiva con la vida no se trata de sacar callo sino de afilar reflejos. nos morimos y nada nos llevamos, pero acá estamos y tampoco es que sea mucho lo que es nuestro. y eso está bien.

siempre es "la mañana siguiente". a cualquier cosa. a veces cuando escribo muy rápido por whatsapp el autocorrector ortográfico vuelve mi pobremente redactado "buenos días" en "buenas ansias". lo tomo con humor y recuerdo la segunda acepción (según el diccionario ususal de la real academia de la lengua española) para 'perseverancia': femenino, "constancia en la virtud y en mantener la gracia hasta la muerte" (el subrayado es mío).

adenda: en la mañana se estrenó el programa nacional de 40.000 empleos para hombres y mujeres jóvenes de 18 a 28 años sin experiencia laboral y solo con títulos de bachiller, técnico o profesional. en la plaza de bolívar en bogotá fue el lanzamiento. mares de hombres y mujeres jóvenes haciendo fila con sus expectativas bajo el brazo bajo la forma de carpeticas blancas o sobre de manila cafés. una generación intentando no perderse. la feria de empleo fue un éxito porque el país es un fracaso.