30 de noviembre de 2013

Arte poética



Apagar la luz del cuarto.
Sacar la basura.
Pensar.

Fuera de los salones, de las universidades y los palacios,
Va la vida avanzando, sin cuestionar la consciencia de su despliegue.
Los sabios no ven esto. Y para ellos el océano fue palabra primero que sal, arena y espuma.

Es la palabra poética la que da cuenta de esa consciencia. Y no juzgando,
Ni aclarando,
Pero sí desarrollando, interpretando.
Haciendo evidente el pensamiento implícito.
El motivo por el que el ojo mira detenido, atento.

Pero no se puede dejar caer esta palabra en las manos de los sabios.
Ni de aquellos que toman lo mejor de los humanos y lo vuelven sagrado.

Es en lo cotidiano, del beso al átomo, en donde el pensamiento se expresa.
Reseñado y sintetizado en amplísimos volúmenes, sí,
Pero solo comprendido en lo vital.

24 de noviembre de 2013

Sentido


Yo no creo en el karma. No creo en que las cosas se le “devuelven" a uno. Pero a mí de la adolescencia se me quedó el nihilismo y lo que sí creo es que si la vida tiene sentido es el que uno mismo le da. Creo que las cosas y el tiempo pasan y a medida que van pasando uno las va leyendo e interpretando una y otra vez. Y es así que uno va generando sentido. Yo le dije a ella que aunque no creía en el karma sí creía en que uno a veces hacía daño a las personas de manera consciente y que ese tipo de cosas se quedaban con uno. Y si después de un tiempo a uno le hacían algo parecido –y es que eso es lo único que yo, desde mi tímido ateísmo, creo que da karma: usar la sinceridad ajena para el provecho propio, atentar contra la tranquilidad de otro de manera constante y consciente- generaba un confort extraño pensar ‘oiga, esto lo puedo interpretar como karma’.

El cuento es que cuando ella me abrió –y en qué términos- no pude hacer otra cosa que pensar eso. Y no es que me evitara sentirme triste, pero como dije, reconfortaba. Lo que había pasado con ella no tenía ninguna relación con esa cagada por la que yo presentía desde hace un par de meses (justo cuando comenzamos a salir) que la vida me iba a pasar cuenta de cobro, sin embargo hacia el final la asimetría en el diálogo fue tanta, la poca horizontalidad entre nosotros como interlocutores tan marcada, que la escena me generaba un desasosiego familiar acompañado de la certeza de que se me estaban cagando encima muy feo.

Cuando yo le contaba todo esto a una parcera –Lorena- le decía que yo muchas veces sentía mi memoria y el sentido de identidad que de mi vida tenía no como un rompecabezas que iba armando todos los días. Que si tuviese que pensar un juego de mesa para crear una imagen semejante a lo que estaba pensando sería el “Jenga”, ese en el que uno va armando de a niveles de a tres bloquecitos de madera una torre y después va pasando uno por uno, de abajo para arriba, los bloques haciendo más alta la torre hasta que esta colapse (podría usar otra palabra, pero esta suena tan rotunda, tan irreversible…).

El Jenga me sirve porque me permite hablar de la memoria como distintas piezas que están pintadas y dibujadas con trazos y siluetas diferentes. Uno va viviendo y va agregando nuevas piezas-recuerdos y ve cómo interactúan unas con otras, moviéndolas, cambiándolas de lugar. A veces uno ve relaciones más directas, explícitas, entre unas y otras, entre nuevas y viejas. Algo en el patrón de los colores, tal vez el presentimiento de que por ahí se hace un paisaje, así uno va creando y generando patrones, conexiones, modificando el ensamblaje que de nuestra vida tenemos. Incluso a veces es una vaina tan radical que todo se va a la mierda y toca comenzar de cero con la torre (no me ha tocado, pero me imagino que sería algo así como cuando a uno le dicen que es adoptado, o que uno tiene un trauma y cuando niño fue abusado y uno no se acordaba, vainas así, truculentas).

Pero bueno, sin pretender ser truculento o innecesariamente dramático, sí tengo claro que cuando todo se acabó con ella no tuve que esperar meses por una epifanía, sino que más bien rapidito me percaté de conexiones, del sentido que le podía dar a todo eso. Y pues sí, yo le dije que no creía en el karma, pero qué carajos, sí que era una idea útil para algunas veces interpretar chistecitos hartos que la vida le hacía a uno en ocasiones. Y pues que el abrirnos calificaba como eso, un chistecito ahí medio harto.

Igual no pasa nada. Cuando eso estaba reciente a Lorena le daba risa que yo le dijera que prefería pasar mis tristezas andando en bicicleta en la noche y la madrugada en vez de emborrachándome. Pero es que pensaba entonces y también ahora que es una cosa de estilo. Es asunto de irse reconciliando con la vida, no despreciarla ni llevarle rencor porque sigue moviéndose sin uno. La salida fácil es echarse a la pena ahí ramplonamente, sin gracia.

Es que la vida es mucho más que la vida propia. O sea, no sé cómo explicarlo. Yo le decía a Lorena que tenía que ver con sentirse parte de la vida alrededor y el rol que uno está jugando en ella. Por ejemplo, un día camino a la universidad recosté la cabeza en la ventana del bus. Vi (y veo todo el tiempo pero esa fue la primera vez que fui consciente) como a cada acelerada, cada arrancada, el bus iba dejando una nubecilla de peste negra a su paso. Y yo me siento como culpable, como si hubiese roto algo que era muy frágil, porque ese humo también es mi rastro, es también un registro mío. Yo me acuerdo que ese día el cielo estaba despejadísimo y vi –con algo parecido a la tristeza- ascender y disiparse el humo en esa mañana soleada.

Sin embargo otras veces la huella que dejo es de otro tipo. Y siento distinto mi rol y el papel que juego. Por ejemplo cuando como fresas. Me gusta lavarlas antes bajo el chorro de agua, peinarles las hojas verdes y sentir que estoy viéndole el rostro a algo vivo. Todo eso instantes antes de devorármelas con mordiscos tiernos, respetuosos. No me importa que suene chistoso o adolescente y tonto. Para mí es importante el respeto y como que me siento muy bien y súper satisfecho de sentir que me fijo en la vida, que la valoro.

Es como decía Lorena: ser consciente de que todo está interconectado, uno también y que depende de uno percatarse de eso, entenderlo. En ocasiones si estoy en necesidad de recordarlo, agarro la bicicleta y doy vueltas por ahí. Cuando tengo oportunidad subo y bajo rampas de parqueaderos de conjuntos y edificios residenciales por los que voy pasando. Ese par de segundos que dura el instante en el que salgo de esos garajes me permite hacerme una idea de cómo inician sus días muchas personas a las que no conozco y tal vez no conozca. Me veo hacer sus recorridos, mirando los paisajes urbanos que tal vez miran, pisando el césped que tal vez pisan y viene a mí en toda su dimensión lo diverso de las trincheras desde las que cada uno va y enfrenta el mundo, va y le da sentido a la vida. Me gusta imaginarme esas vidas, sentirlas, así sea breve y anónimamente. Me gusta darme cuenta que la vida se mueve lejos, cerca y en mí.

A veces pienso que lo peor que podría pasarme es que me canse un día de fijarme. O que lo cotidiano y superficial me lo impida: el cansancio, el trabajo, las ocupaciones. Me da terror un día hallarme a mí mismo en un bus lleno en hora pico sin siquiera notar los rostros que miran por las ventanas y que simplemente me quede ahí, estático, sin ver y sin preguntas. Otras veces pienso –sin pretender tranquilizarme, más bien lo contrario- que es poco probable que yo, tan mamón, me canse.

En ocasiones voy por ahí y de improviso y de la manera más azarosa la vida me hace pensar en ella. No con tristeza ni nada de eso. Me sonrío y me pregunto de qué le hablaría si nos volviéramos a cruzar. Tal vez de como la vida se mueve, de que definitivamente no creo en el karma y que ya, que todo bien, que la llevo en la buena, eso también.

8 de noviembre de 2013

Un ladrillo

 "Para el futuro previsible tendremos que defender a Marx y al marxismo dentro y fuera de la historia contra aquellos que lo atacan con bases políticas e ideológicas. Al hacerlo defenderemos también la historia y la capacidad del hombre para comprender cómo el mundo ha llegado a ser lo que es y cómo el hombre puede avanzar hacia un futuro mejor."
Eric Hobsbawm.

¿Tú sabes qué es 'ideología'? Ese es un concepto útil para hablar de cómo las relaciones y los roles que asumimos en la sociedad siempre están mediados por elementos externos que nos coaccionan, limitan e imponen cosas que no decidimos. Al conjunto de esos elementos externos (que siempre responden a unas intencionalidades, a unos objetivos particulares) le llamamos ideología. Comunismo, capitalismo, cristianismo, islam, corporativismo entre muchas, muchísimas otras, toda esa cantidad de movimientos se pueden caracterizar como distintas ideologías.

El mundo actual, lo que hemos llegado a construir como civilización, no es un hecho fortuito (causa del azar). Somos, y todo lo que nos rodea lo es, productos históricos. Que los bancos privados y general el sistema financiero tengan el poder que tienen sobre nuestras democracias y sistemas políticos no es "porque sí". Que el paradigma de democracia representativa con base en partidos políticos sea la forma favorita de gobernar en occidente no es accidental. Que lo que se llama 'comunidad internacional' no sean más que las democracias occidentales y que todo lo que no esté ahí se juzga y condena tampoco es accidental. Este mundo, de las grandes autopistas y los pequeños carriles para bicicletas; de los inmensos campos de extracción minera y petrolera; de los deseos homogenizados en el que todos y todas eligen qué querer y qué camino tomar de un abanico ya determinado: deseamos igual; este mundo en el que libertad es poder adquisitivo sobre nuevos bienes de consumo necesarios. Todo este mundo no es un accidente. Es un conjunto de relaciones de poder, de interpretaciones (muchas veces autoritarias y por naturaleza ambiguas). Es el resultado de planeación, estrategia e intereses que han marcado la historia.

En general mucho de lo que somos es producto de fuerzas que ni siquiera nos interesa comprender. Me da un poco de tristeza que me digas 'política? no gracias'. Sabes qué pasa en este país, Luisa? Lees noticias? Tienes idea de lo que está pasando en términos de política agraria y reforma de políticas de protección social, de transición política? Sabes qué significa lo que acabo de decir? Tú puedes decidir estar al margen de la política, pero tú jamás estás fuera del alcance de ella. Me hablas de la falta de sentido crítico de la educación nacional (cosa con lo que estoy de acuerdo) pero siento que no te das cuenta que tú misma, tus deseos, tus quereres, han pasado por esa maquinaria acrítica, no argumentativa. Tú, en un sentido pequeño pero no por eso despreciable (menos si se le subestima), eres producto de ese sistema. No lo pierdas de vista. Al menos en principio contigo la máquina tenía el mismo objetivo que con todos los demás: hacerte un poquito más bruta de fábrica. Así es con todos nosotros.

¿Por qué pienso que tal vez estás pasando por alto el hecho de que eres producto de ese sistema educativo/ideológico? Porque creo que si tuvieses plenas capacidades críticas no dudarías que el mundo es un lugar injusto. Dices 'no sé' campantemente, Luisa, y eso me aterra (y agregas 'tampoco es que me preocupe relevantemente si lo es o no' como apuntando a que ni siquiera te incomoda tu propia ignorancia... y sin percatarse que 'relevantemente' ni existe... hablas mal, piensas igual). Y me aterra Luisa porque no eres una niña que no sabe cómo funciona el mundo, al contrario: ya te vas convirtiendo, como yo, como muchos, en una ciudadana que participa del mundo. Y que me digas todas las cosas que me dices, de abrir las alas, de la libertad, de pensar por sí mismo y la autonomía, pero que dudes, que no sepas si el mundo es o no un lugar injusto, me hace tener muchas dudas sobre tu criterio y sentido crítico hacia la realidad.

La historia solo tiene tres tipos de actores, Luisa. Los opresores, los oprimidos (que terminan volviéndose cómplices) y los que resisten y combaten a los opresores. Si no sabes en qué grupo estás, seguramente estás más cerca del segundo que del tercero. O acaso crees que han terminado los tiempos de los grandes imperios y de las grandes injusticias? Crees que todos los mártires están en los libros de historia? Diablos, Luisa, ¿acaso sabes cómo funciona el mundo, te importa? Cómo llega la comida a tu mesa, cómo es el proceso de elaboración de tu ropa, cómo funciona lo que en conjunto damos por sentado como 'la realidad'? Las cadenas han cambiado, seriales de presos por seriales de tarjetas de crédito. Y en sentido más estricto no hay cadenas en donde solo hay decisiones. Nosotros hemos decidido permitir que la vida y el mundo sean así. Pienso que son muchas, de variadas formas y dimensiones, las estrategias que uno puede usar (consiente e inconscientemente) para no pensar activamente y por sí mismo. Tú decides -nadie más- con qué interpretaciones y con qué objetivos te vas a mover por el mundo. Puede haber muchos intermediarios (desde MTV hasta tu mamá, todo cabe en lo que nos afecta e influencia), pero en últimas es de uno -y esa es la poderosa verdad del existencialismo filosófico- la decisión. Sobre uno recae.

Hace unas líneas hablaba de las interpretaciones decididamente ambiguas al interior del sistema ideológico que nos rige. 'Derechos', 'clase', por ejemplo. Bajo la noción de derechos se llenan unas necesidades muy específicas. 'Estar bien' significa para muchas (muchísimas, siento que tú una de ellas) lograr alcanzar el cubrimiento de ciertos estándares de vida y necesidades personales. Es un sentido en el que 'estar bien' se limita a un individualismo que le hace juego a la manera en que el sistema oprime. Es cuando el oprimido -sin abandonar esta condición- se hace cómplice. Por otro lado 'clase', la noción superada en las discusiones al interior de las democracias liberales de occidente. Ya no hay lucha de clases, nos dicen, pero en lo cotidiano todo el sistema se mueve gracias a la explotación entre ellas. Incluso en el lenguaje común tenemos absolutamente interiorizada esa noción: 'le falta clase', 'qué falta de clase, qué indio'.

Es transformando esas interpretaciones impuestas que la ideología y el sistema nos han inculcado que realmente generamos pensamiento y sentido crítico. Si 'estar bien' fuese una noción que no solo involucrara la satisfacción de deseos y necesidades individuales, sino también un genuino interés y sentido de solidaridad hacia el otro y hacia la importancia de que para todos hubiese la posibilidad de ese desarrollo individual, si se diese ese cambio avanzaríamos hacia un sentido más amplio de fraternidad y solidaridad. Entenderíamos por fin que otro mundo es posible y dejaríamos de hacerle el juego a este sistema de mierda.

Hay posturas filosóficas interesantes que acercan los discursos de la religión y de la poesía. Eso me parece algo muy interesante. Es que yo creo, lo digo una y otra vez, que la construcción de mejores horizontes pasa por un ejercicio de imaginación, de creatividad, que colinda con el ejercicio poético. La buena política tiene mucho de eso. Y yo no sé, a veces me gusta pensar, cuando me encuentro particularmente comprometida con el hacer de este mundo mejor, que sería bonito rescatar una noción de profeta leída desde lo secular. Gente que trae la palabra de que un mejor mundo, construido a partir de decisiones humanas, es posible.

Tus palabras me hicieron pensar en lo que diría un alumno del salón retratado en ese texto 'Celebración de la desconfianza'. Que no seas del peor tipo de esclavo: el que se cree libre. Por favor no pienses que esto te lo escribe alguien que se piensa libre o que te habla desde la superioridad moral. No es el caso. Al contrario, te hablo como un par en la causa. Igual de condenado. Pero consciente: y eso hace toda la diferencia.

ps.
la vida te ofrece dos regalos, un yugo o una estrella, ¿cuál eliges?