5 de mayo de 2013

Clase de innovación y desarrollo

Si hubiese estado en sus manos, te lo digo, ese cucho me saca de clase. No le gustó ni lo que le dije ni cómo se lo dije. En todo caso fui irrespetuoso a propósito. El man me sacó la piedra con su diatriba ideológica pintada de neutralidad académica. Eso de picárselas de 'docto' sí que es una muestra de ignorancia muy berraca, a lo bien. Pero bueno, le tocó aguantarse la piedra, y además tuve éxito en mi objetivo: después de mi intervención al man le costó un resto seguir con su discursito marica sobre el desarrollo ininterrumpido, el progreso, la innovación, las utopías tecnológicas y el paraíso recuperado y toda esa carreta.

Ahorita en la noche llovió un resto, pero un resto. La verdad yo no hubiese salido si no hubiese tenido que hacerlo, pero tocaba. No había leche y sin leche pues no desayuno bien y comienzo el día de mal genio, así que me tocó. Además tengo los labios vueltos nada. Se me perdió el pasamontañas que utilizo para andar en bicicleta, y dos tardes frías andando con la jeta destapada y se me secaron los labios pero tenaz. Los tengo cuarteados y me arden. En todo caso, yo salgo para comprar esas dos pendejadas (y cargar el teléfono con minutos para poder llamarte) y se me da, justo hace unos momentos, de la nada pero como una casualidad cargada de sentido, una escena en la que veo elementos que apoyan las posturas que expresé esta mañana en clase.

Píllate que entro a la Olímpica y le pregunto a la señorita de la farmacia que si tenía labiales de crema de cacao (que valen como mil pesos). Me dice que no, que eso ya no se vende ahí, que lo único que me puede ofrecer es un Chapstick... que vale nueve mil quinientos pesos, ¿ah, qué tal? Y yo le digo a la pelada: oye, pero en esencia, coloreada y con perfume, eso sigue siendo una barrita de manteca de cacao... sobrevalorada, sí, pero manteca de cacao al fin y al cabo, no? Ella se rio y me dijo que sí, pero que eso era lo único que me podía ofrecer. Tal vez para ella no dejó de ser un simple intercambio con un cliente quisquilloso, pero a mí en el fondo me pareció tenaz pensar que los almacenes le hayan declarado la guerra a la barrita de manteca de cacao (me tocó caminar tres tiendas hasta que la encontré en una tiendita de barrio como a siete cuadras del apartamento).

Bueno, pero igual aunque no haya comprado ahí el labial, sí compré un par de mandarinas, una bolsa de leche y la recarga de minutos. Y ahí otra clase rápida que me da la calle. Pago en efectivo cuatro mil pesos en total. Solo eso, una recarga de dos mil, una bolsa de leche de mil quinientos y dos mandarinas que suman quinientos pesos. Le pago a la señorita cajera y esta me devuelve tres (¡¡¡¡!!!!) tiritas de papel. Un recibo de la leche y las mandarinas, otro de aceptación de los términos y condiciones para hacer la recarga al celular desde esa caja, y otro, el más largo y con menos cosas impresas, confirmando el éxito de la recarga. Y además, ¡además!, por las dos mandarinas, que hasta pequeñitas son, me dieron una bolsa de plástico en la que me cabía la cabeza. Y yo le dijo a la cajera, oye, pero todo bien, no necesito bolsa que yo tengo acá mi maleta, y ella me dice, ay, pero ya la usé, ya llévesela. Yo no supe qué responderle así que la agarré y me fui del lugar.

Mira que está comenzando a llover de nuevo. Las alcantarillas de mi cuadra están todas tapadas entonces el pedazo que da a la avenida se inunda, me va a tocar darle la vuelta a la cuadra porque salí en sandalias (y ni me digas nada que ya sé que no debí hacerlo, fijo me va a dar gripa). Ahorita mismo veo las bolsas flotar en los charcos, el papel humedecerse, y en general el progreso flotar en riachuelos de agua podrida que alguna vez fue agua lluvia. Es impresionante. Es como cuando uno entra a la Universidad en hora pico y se encuentra sendas filas para recibir esos periodicuchos "gratis". Y ya cuando entro sigo el rastro de papel periódico volando por los aires y veo el "costo". En fin... y ese cucho hijueputa diciendo que dizque la pregunta no es por el modelo de desarrollo, ¡tiene guevo!