5 de enero de 2013

El problema de la falta de imaginación (Lo Thoughtfulness II)

¿Qué mierda es eso del pensamiento mágico religioso? Me fastidia mucho cuando se usa esa categoría para salir del paso de un debate o discusión. O peor, cuando se usa como respuesta todo terreno para explicar ciertos aspectos del pensar humano.

La postura de muchos defensores de esa categoría (defensas de distinto tipo entre las que destacan discursos que versan sobre ateísmo militante, la defensa acérrima de la ciencia y el "pensamiento científico") parte de lo que considero un error de conceptualización. La definición de pensamiento mágico religioso es otra herencia mediocre de la modernidad. En sus afanes de categorizar y definir tenían que dividir y subdividir el acto de pensar.

Porque es de eso de lo que se trata: no existe tal cosa como el pensamiento mágico religioso. No existe en tanto categoría rígida, en tanto proceso independiente del pensamiento humano, el cual progresó desde el comienzo de las civilizaciones humanas hasta el día de hoy. Creer que del mito cosmogónico hasta el bosón de Higgs hay una línea de progreso, de desarrollo unívoco, y creer que lo uno y lo otro intentan dar respuesta a preguntas idénticas, es, para decirlo corto, un error. Pensar la interpretación científica que los humanos han hecho de lo que nos rodea como universal es caer en prácticas evangelizadoras. Aplica para las utopías políticas y ridiculeces similares al «fin de la historia».

La alternativa que se propone no es más que la invitación a entender el fenómeno del pensamiento de una forma que sus distintos procesos no se consideren como independientes entre sí y autosuficientes sino complementarios y relevantes e importantes solo en virtud de la relación que sostienen entre sí. Los tipos de discursos a los que me referí hace un momento de una u otra manera se sostienen así mismos como una interpretación verdadera del mundo con base en la reivindicación de una faceta del pensamiento en específico porque es la que arroja verdades.

Tener todo lo anterior en cuenta permite pensar al pensamiento mágico religioso como una simple descripción humana que por un momento de nuestra historia nos fue útil para comprender el fenómeno del pensar. El paradigma de la racionalidad, del fin del movimiento del tiempo (otro nombre para la historia) no son más que discursos útiles a las dinámicas de dominación del momento. Si no mírese la paradoja de la ciudadanía contemporánea. La más interconectada, la más informada y si nos vamos a Occidente, las más liberales, las más democráticas. Y sin embargo tan apáticas todas. Tan comprensivas con las distintas violencias y desigualdades, con los monopolios y con los que agreden y desplazan.

Informados pero monitoreados. Nos informamos por su medios, nos comunicamos con sus aparatos. Somos la generación cuya consciencia histórica se dejó tecnificar. Sociedades así solo son posibles cuando el pensamiento de sus ciudadanos está cercenado. El tal pensamiento mágico religioso ha llevado a estupideces tales como que ahora que sabemos cómo funciona el clima y un par de datos más, esa faceta del pensamiento ya no va al caso, ya no nos es útil. Y de repente toda una parte de lo que significa ser humano y tener pensamientos nos es arrebatada con o sin nuestro consentimiento.

¿Y dónde queda esa faceta que antes se preguntaba por cosas que ahora la ciencia, nos dicen, ya respondió? Con todas las respuestas dadas qué tipo de preguntas se hacen los ciudadanos de hoy en día? Algunas pocas, ninguna? No lo sé, pero creo que la respuesta tiene que ver con la apatía generalizada en esta ciudadanía global que más que ciudadanía se percibe así misma como espectador.

Yo acá no estoy defendiendo la idea de que los cristales y los cuarzos tienen poderes curativos.

El problema de las ciudadanías contemporáneas es, en esencia, falta de imaginación. Es todo una conspiración. Tiene que ver con los recortes en todas partes del mundo a los presupuestos para arte y música en la educación básica.