29 de abril de 2012

"Resistencia civil"- Acto único


-Joven, papeles por favor.
-Buenas días auxiliar, ¿sabe? No le voy a mostrar mis papeles. [Responde lento, con resignación.]
-Así, ¿y eso como por qué? [Incrédulo.]
-Auxiliar, esta es la quinta vez en esta semana que me piden papeles entrando o saliendo de esta estación, y pues me harté. No se los voy a mostrar. Es la quinta vez.
-Mire, yo se lo estoy pidiendo amablemente.
-Es que yo no le estoy diciendo lo contrario, lo que pasa es que ya me rayé, ¿sabe? Me harté.

[Llega un oficial al lugar.]

-Qué pasa acá auxiliar?
-Mi coronel, lo que sucede es que el joven no me quiere enseñar el documento de identificación.
-Agente, lo que sucede es que me niego a mostrar de nuevo el documento. Es la quinta ocasión que me piden la cédula entrando o saliendo de esta estación. Y sabe cuál es el motivo? Que soy joven y que dado la estación queda al frente de ella, es muy probable que sea estudiante de esta universidad, la Nacional, una pública. ¿Sí o no? Y pues eso me raya: saber que usted me pide el documento por eso y ya. Por eso usted está aquí.
-No joven, usted está confundiendo las cosas. Acá nosotros somos policía de Transmilenio, y estamos en todas las estaciones, no se confunda.
-No, hay policía designada para Transmilenio, pero no en todas las estaciones piden documentos a todos los pelados que pasan. Acá sí. Y es por el puro "perfil" que ustedes tienen de las personas que pasan por acá. Y paila, me he identificado con el Estado cuatro veces esta semana, y hoy es apenas jueves, ¡y son las siete y quince minutos de la mañana! Yo le pediría que me dejara ir a la Universidad, que voy a llegar tarde a mi clase de siete.
-Me da mucha pena joven pero es la ley, muéstreme el documento o aquí nos quedamos, yo no tengo ningún problema, igual acá tengo que estar. Auxiliar no me deje ir a este muchacho. [Termina dando vuelta y se aleja a pedir cédulas en otra parte de la estación.]
-Pues agente, no se preocupe que yo también tengo todo el tiempo del mundo. [Lo dice poniendo la maleta contra la baranda y sentándose en ella. El auxiliar se para a unos centímetros con pretensiones de frustrar una potencial huida.]

[Pasan diez minutos, el auxiliar de vez en cuando flexiona las rodillas. El agente con rango se ve a corta distancia pidiendo cédulas. Se mueve hacia el joven.]

-Y entonces, ¿no mostró el documento? No muchacho, para qué se complica? Usted es el único que está poniendo problema.
-No agente, es que el hecho de que la demás gente no reaccione y lo tome como algo natural no me importa, allá ellos si se dejan arriar. [Lo dice mirando a su alrededor, ya que mucha gente al pasar de un lado a otro mira la escena de los policías y el joven.]

[Cruza un conocido de la clase de siete, éste va tarde a clase y va rápido, pero aminora el paso al ver a su compañero rodeado de dos policías.]

-Quiubo hombre? Qué pasó? [Dice siguiendo su marcha aunque a paso más lento.]
-Parce, dígale al profesor que no puedo llegar, ¡que la policía me tiene retenido!
-Listo hombre, todo bien, suerte con eso! [Saliendo del cuadro.]

-¿Sí pilla agente? No soy ningún terrorista -el auxiliar se ríe disimuladamente-, soy estudiante.
-Es que yo no le estoy diciendo nada de eso. Le estoy diciendo que me muestre su documento de identidad y que si no lo hace, no se va. Auxi, cuidado con que se le vaya. No se vaya a poner a pelear pero no lo deje ir. [Lo dice y se aleja a pedir más cédulas.]

-Y bueno auxiliar, ¿usted acaso no cree que es muy perverso esto?
-No qué va, si ustedes creen que acá uno está es por gusto. Acá estamos cumpliendo un deber.
-Claro, pero usted no se cuestiona el deber? Mire que usted no puede hacer las cosas porque ajá, porque sí, sin saber las razones.
-Mire, a nosotros nos mandan acá a proteger, y pues le estamos pidiendo la cédula muy amablemente y usted no cede.
-Pero qué va, ustedes están pidiendo las cédulas para pedir antecedentes porque tienen un 'perfil' en el que los estudiantes de universidad pública debemos ser requisados.
-Eso no es cierto, nosotros estamos en todas las estaciones.
-Eso es falso auxiliar, como le dije a su superior. Hay Policía de Transmilenio en todas las estaciones, pero acá es donde tienen el filtro de pedir documento y revisar antecedentes. ¿A usted no le parece eso una gonorrea? A mí sí, y ya es la quinta vez, y no me voy a dejar requisar.
-Ah, pero es que uno nunca sabe. Acá toca estar.
-¡¿Luego usted qué piensa de la vida?! ¿Que alguien va a pasar por acá con papas bombas en la maleta?
-Pues uno nunca sabe, mire las noticias.
-¡Mire las noticias usted, auxiliar! ¿No ha visto que esa mierda se estalla con nada? ¿Usted cree que con lo embutido y apretado que uno va en Transmilenio esa vaina no se estalla si uno lo tuviera en la maleta? Si eso con una leve presión, con su permiso [dice mientras se le acerca y con la mano le da un ligero empujón en el pecho], con algo así ya ¡bum! ¡Nos vamos todos para la mierda!
-Pues uno nunca sabe joven, ustedes que creen? Acá uno está cumpliendo un deber. Lo creen bobo y pendejo, ¿usted cree que no sé? Y qué va, uno conoce calle. Uno está cumpliendo el servicio y ya.
-¿Auxiliar, usted cree que yo no sé eso? Es que si yo le digo 'es que usted es un jovencito' se lo digo en el mejor de los ánimos. Yo entiendo que usted está acá básicamente porque le toca, por eso le digo, ¿cómo es que no piensa en lo que lo mandan a hacer?

[Se acerca el oficial de nuevo.]

-No muchacho, va tocar llamar a la móvil para que lo retenga.
-Y agente ¿eso como por qué? ¿Acaso yo qué he hecho?
 -Usted se está negando a mostrar su documento de identidad y eso a mí me faculta para retenerlo. [Se aleja.]
 
[Pasan otros 8 minutos. El joven apoyado en el barandal de la estación. El auxiliar parado, flexionando las rodillas cada tanto. Cruza un amigo cercano. Este sí se detiene por completo ante la escena, y se acerca a su amigo. El auxiliar reacciona.]

-Quiubo marica, y qué pasó? [Pregunta impresionando mirando al auxiliar y la maleta en el piso.]
-Nada, que me pidieron cédula y no se las quise mostrar. No parce, es que estoy mamado. Es la quinta vez en la semana. Y el único motivo por el que lo hacen es porque somos jóvenes y estudiantes de la Nacional, y paila, me rayé. Y no quiero mostrársela. ¿Usted tiene minutos?
-Sí, ¿por qué?
-Por si me montan en la patrulla, llamo a mi jefe antes para avisarle y que haga algo. [Ambos se ríen.]

[El agente, a lo lejos, se da cuenta que ahora son dos jóvenes los que están alrededor del auxiliar. Se devuelve al lugar.]

-Agente, yo no planeo subirme en ninguna patrulla, sépalo. [Le dice al verlo acercarse.]
-Pues joven, siempre quedan los medios coercitivos.
-Agente, ¿pero medios coerctivos? ¿Pero luego yo qué soy? ¿Un criminal? Yo soy un estudiante, nada más. ¡Mire! ¡Ese es un compañero mío, de carrera, ambos estudiamos lo mismo! ¿Le ve cara de criminal? ¡Yo ya debería estar en clase! [El amigo, sorprendido por la escena, sonriendo levanta la mano para hacer un saludo tímido al agente.]
-Es que usted llegó tarde  porque quiso. Yo le pedí la cédula y usted se negó.
-No agente, es que no se trata de llegar a clase temprano y ya. Es una cosa de símbolos: yo no le quiero mostrar mi cédula, me niego. Esto es un acto de resistencia civil.
-Ah, pero sí ve que usted se pone a frentearlo a uno, y a insultarlo. Así no se puede. [Hace ademanes de coger el radioteléfono. El aludido reacciona.]
-Parce, páseme el teléfono -el amigo se lo pasa y se mantiene pendiente de la escena-. Agente -dice, intentando calmar los ánimos-, ¿acaso le falté el respeto? Pues si lo hice lo lamento, pero no era la intención.
-Mire joven, yo simplemente le estoy pidiendo el documento, y usted está haciendo el show.
-No agente, es que yo no estoy simplemente negándome a mostrarle el documento. Le estoy diciendo que esta es la quinta vez esta semana que me piden papeles. Y eso me aburre.
-Mire, los antecedentes los actualizan a diario. Tal vez hoy apareció una sorpresa.
-¿Qué trata de insinuar agente? ¿Y me dice que esta no es una política que criminaliza y estigmatiza? ¡Dese cuenta! ¡Es como en los alrededores de la Distrital o de los parques de la Pedagógica! Allá también se van a pedir antecedentes a cuanto joven pasa.
-Se lo vuelvo a decir joven, acá simplemente estamos cumpliendo un deber. Estamos ejerciendo acciones preventivas para proteger a la ciudadanía.
-¡Pero agente, es que yo soy la ciudadanía que debe proteger! Por eso le digo que mi problema no es con usted sino con esta política que criminaliza y estigmatiza. Yo soy el ciudadano que deben proteger, pero como soy joven, de universidad pública, mi ciudadanía ya no es tan fidedigna para el establecimiento. Y es que agente, si usted me cambia las reglas del juego y me dice que estamos en un Estado de sitio, entonces sí, yo no le veo problema, pero no me diga que estamos en una democracia y me toca identificarme ante el Estado hasta cinco veces a la semana. ¡Es un exabrupto! Producto de unos imaginarios perversos. Y hoy me niego a ser parte. Hoy no quiero mostrarle mi documento agente, es así de simple.

[El agente se queda en silencio unos segundos mirándolo. Su rostro impávido dibuja una sonrisa que se parece más a una mueca.]

-¿Así? Bueno, entonces váyase.
-Pues me voy agente.
-Pues váyase.
-¡Agente, pues me voy! [Dice dando con desconfianza unos pasos atrás del agente sin darle la espalda ni irse muy lejos.]
-Pues váyase joven.
-Pero de mí sí todavía no se libra. [El auxiliar le corta el paso.]
-Déjelo auxiliar -musita el agente alejándose de la escena-, que en esta ocasión le sirvió la resistencia civil.

[El joven se aleja, por unos metros aún sin dar la espalda. Su amigo lo secunda. Ambos anodadados. Sin terminar de entender qué acaba de pasar. Se dirigen a la universidad.]

5 de abril de 2012

La paja

Hay sentimientos que se entienden mejor bajo lo subjetivo, en carne propia. El amor o el odio visceral (misma vaina pero en sentido contrario) distan mucho de ser fenómenos perfectamente captables bajo la simpleza de la definición. Pensar que solo de esa manera (bajo la forma de la definición) se puede entender y comprender, más que un error, es una tara conceptual para el momento en que uno se relaciona con el mundo. Si uno piensa una cosa de esas, irá por la vida dándose tumbos mientras intenta apegar su ser al principio de no contradicción. Uno no sabe que siente dolor, uno siente dolor. Y así, también aplica para la voluntad. Ahí también es un embrollo, nada es claro. Me gusta repetirme esa última parte. Ese saber posible la contradicción consigo mismo sobre lo que se siente es reconfortante a la hora de hacer llamadas francamente imprudentes. Encuentros que solo dejan extractos bancarios bajos. Sin embargo hay que estar en la juega, y entender el fenómeno no pretende justificarlo. Ahí es donde entra en escena hacerse la paja. A la hora de reducir las ausencias, hacerse la paja actúa como un catalizador mental fundamental. Al acabar, es otra la mente que siente, la necesidad parece tan poca, el beneficio de la compañía también. En ese par de segundos posteriores toma forma una manera de sentirse en la que la sola idea de una potencial compañía (esto es, que se haya llegado a este estado mental junto con otra persona) resulta incluso incómoda. De pronto esa idea presenta una serie de complicaciones que, comparadas con el escenario de placentera y cómoda soledad, la hacen francamente inadecuada. Que el taxi, que la deuda, que la deuda moral, que la impertinencia del llamado sobrio. Algunas veces pienso que debería aconsejarles a mis amigos, cuando están borrachos e imprudentes consigo mismos, que se vayan a masturbar al baño del bar. No sé cómo funcionará con las niñas, pero seguro es parecido. Es que desde afuera todo parece tan lejano. De nuevo juegan papel las subjetividades: lo siente el que lo siente. Y aprovechándose de la distancia, bajo esta reflexión el espíritu se puede tornar tan altanero que incluso puede despotricar del amor y otros estados mentales como si fueran la misma cosa, y claramente no es así. Pero en todo caso, la paja sí puede ser una herramienta increíblemente útil para el espíritu. Es decir, no se pretende no equivocarse, pero la idea tampoco es estar embarrándola aquí y allá constantemente, y con eso en mente la paja es muy útil. Igual no es suficiente, digo la paja. No lo es y pienso que no debería serlo. Empezando porque la sensación principal que dio pie a la reflexión, aquella de la soledad placentera, se torna insuficiente de repente, y desaparece tras un par de momentos. Esa es una paja que no arde. En todo caso el punto era ese: la paja como un atajo ontológico. Bueno, en fin ¿se entiende la idea o parece pura charla de borracho? Igual no importa. Más bien, bacano que justo nos hayamos encontrado hoy. ¿Otra ronda? Bueno, rico, salud.