17 de marzo de 2012

Diario de viaje

Justo acabo de llegar. Todo salió muy bien. Llego con la rotación y traslación mental alterada. Pero todo bien, no importa. Uno se va acostumbrando a las diferencias entre los sentidos de las palabras alone y lonley. Y eso que es en la misma lengua! Imagínate: en el mismo idioma y palabras pueden parecerse tanto y captar sentidos sumamente diferentes de la manera más sutil. La reciente experiencia de viaje, aprender a tropiezos y mal una lengua y hacerme intentar entender en otra, me ha hecho pensar mucho en eso, en el problema de la traducción y la interpretación. Los sentidos que se pierden. Sin entrar a conversar sobre las obvias dificultades que trae esto al plano político, sobre todo, creo, el internacional (piénsese por ejemplo en el ejercicio de la ONU a la hora de sacar una resolución consensuada) quiero referirme a otra cosa. Tiene que ver con cosas sobre las que ya te he hablado: la oralidad como ya una ruptura de sentido. No al punto de que nadie se pueda entender con nadie (eso sólo es una caricatura ramplona de lo que estoy diciendo), sino sí al reconocimiento de que sobre lo que uno piensa y habla versan diferencias de tono y deseo que al final terminan por modificar, no en gran medida tal vez, pero modificar al fin al cabo, el sentido de lo que uno quiere comunicar. Y si lo que uno comunica al otro es diferente a lo que uno se comunica a sí mismo (porque en últimas es de eso de lo que se trata) entonces la verdad se vuelve una gran protagonista, y no porque esté ausente, sino porque su claridad se trunca, se altera, cabe la posibilidad de que lo que uno dice no sea lo que uno desea y lo que uno pretende. La incertidumbre se abre camino a pasos agigantados. Entonces, sin más, es verdad cuando uno dice: no sé qué es lo que quiero, no sé qué es lo que siento o pienso. Novias del mundo hostigadas, ténganse: les tengo la excusa por antonomasia. Ah? ¿Qué tal el chascarrillo?

Supongo que tal y como hay ansiedades buenas, hay incertidumbres sanas. Así, entonces, uno aprovecha el descoloque y toma nuevas órbitas. La ciudad me recibe con lluvia. De esa que nos gusta.

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