28 de octubre de 2011

Seguridad, democracia y un chiste

El viejo cuenta que en los cortes de luz del gobierno de Gaviria por las calles bogotanas aparecía grafitiada la palabra "Razonamienten".

Cristina hace bastante que no escribo. Me costó trabajo varias cosas durante los últimos meses. Tampoco es que pierda alguna ocasión para vagar, lo que contribuye a que el trabajo se me acumule. Son varias las cosas que me gustaría comentarte.

Hace unos días me vi con un amigo en un parque. Lo íbamos a pegar y a hablar un rato. Cuando estábamos en esas ambos nos fijamos que en la esquina de un conjunto aledaño al parque había una cámara nueva. Esa misma reja, en esa misma esquina, tenía ya empotradas dos cámaras, ambas estáticas. Una apuntando al sur y otra hacia el occidente. Pero no había sido suficiente. Pusieron una nueva. Una encaramada a la reja y salida del perímetro del conjunto. Una de esas cámaras que giran los 360º. Ambos nos preguntamos si eso era legal. Claro, en la mente de la gente es necesario ("así si a uno lo roban en el parque alguien está pendiente", pensarán unos), pero igual no sobra la pregunta si de hecho es legal. Que una cámara privada se salga del perímetro privado que debe custodiar y, no siendo suficiente con eso, que grabe a personas y espacios que están por fuera del sector privado que debería custodiar. Es decir el parque y los que allí están jugando, o paseando el perro, o pegándolo. Igual de ahí no nos movimos. Ese día mi amigo me dijo que le iba a contar su papá sobre las porquerías que andaba fumando. Yo le recomendé que lo hiciera en un día en que el papá estuviera de muy buen humor. Y que entonces se lo contara riéndose. Le dije que la banalidad sería su mejor amiga. Él se rió. Me dijo que lo sabía. Me contó que la semana pasada ese había sido el escenario y que cuando se lo iba a contar el papá se lo llevó a comprarle una chaqueta nueva. "No la quería arriesgar", me dijo tosiendo.

Estamos en época de elecciones, imagino que lo sabes. Allá no se debe sentir tanto como acá. Acá es impresionante. Si en Bogotá es como es, no imagino cómo será en los pueblos. Esa comparación es algo que no me ha abandonado en las últimas semanas. No puedo dejar de pensar en eso. Además, especiales multimedia de revistas y periódicos no me ayudan con la paranoia. Todo en el país está una mierda. Paracos vuelven al poder o consolidan sus fortines electorales por todo el país. En todo lado hay denuncias, candidatos cuestionados, partidos que se hacen de la vista gorda. Acá en Bogotá lo máximo que hacemos (y lo hacemos mucho, nos hace sentir "responsables") es denunciar la publicidad ilegal en las paredes del barrio. No tenemos ni idea. Últimamente pienso mucho en eso. No tenemos ni idea y en últimas lo que hagamos acá es irrelevante para el resto del país. Al menos en lo que refiere a democracia real. Todo es una farsa y la democracia, en este país, con sus condiciones, es una farsa mayor. Voy a buscar el código de policía y la constitución a ver si me pueden despejar dudas. Quiero saber qué puedo hacer en las mesas de votación sin que me metan preso. Un amigo tiene unos adhesivos que me parecen excelentes para nuestro país, dicen "Vote Partido Detestable". De frente: vote por los malos malos (y al menos riámonos al respecto). No se deje engañar por corbatas. Vote por los detestables. Pondré uno en el tarjetón, otro en el cubículo de votación y si las condiciones están dadas (para eso estoy buscando las normas) uno encima de la urna de votación justo en el momento en el que meta el (anulado) voto. Pa'la mierda todo. Yo ya no le creo a nada. Voy a volverlo una campaña: elijamos a los malos de frente, sin eufemismos de color, lema o nombre. Tan fácil que es analizar desde la ciudad. No te imaginas. Yo quiero pensar que ser consciente de lo que pasa en este país hace que uno viva esta época electoral como se siente repetir una película de terror. Uno ya sabe que los malos ganarán, uno ya sabe que el asesino saldrá por esa puerta e igual no puede apartar la vista e igual, a pesar de saberlo, se asustará cuando pase.

¿Qué más por contar? Hace unos días iba caminando por la Caracas en horas pico con unas amigas de universidad privada (es importante resaltarlo, sólo así tiene sentido lo que sucedió). Transmilenio en el sentido norte - sur estaba increíblemente congestionado. Una fila de por lo menos cinco cuadras de articulados. Una de mis amigas me preguntó que si era otra marcha de los estudiantes de universidad pública en contra de la reforma al sistema de educación superior. Le respondí que no, que tan sólo era el sistema. No se rió.

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