1 de julio de 2011

Paseo en bicicleta

Por supuesto que es exagerar. Pero si usted lo piensa mucho, toma sentido. Déjeme reírme: en esos lugares la juventud decadente no es el sueño posmo. Se identifica más con esa mezcla curiosa de cristiano fanático, levantado, pero callejero y vicioso. Es que al chino le gusta el rap. Lo que quiero señalar es que la manera de ser decadente cambia. Ya no es un privilegio. Ahora abarca lugares completos. Esos sitios son decadentes.

John, así se llama el rapero cristiano que se traba mucho, un día decide, vaya usted a saber por qué, que Cristo lo tocó más y ya no usará mariguana. Eso es una droga. Eso es una mierda. Y se lo dice a todos sus amigos de calle, a sus parceros. Cada vez que se traban, él se las canta. Con su jeta de 24 años, un poco sucia, un poco abierta, les dice que son unos drogadictos. Pasan dos meses y el discurso cambia. 'Uy, llegó el que me va a trabar'. Pero no. Los que eran de edad cercana lo mandaron para la mierda. Quién está en el barrio? Las nuevas generaciones de niños de 17. John ha abandonado la mariguana 5 veces. En él los niños de 17, ya varios grupos, encuentran un lugar en el cual quemar la gana de ser malo. Lástima las niñas. Siempre lástima las niñas.

Hombre, entre ese y el hombre culto barbudo apellido Yotelocito, de 27 que nada entre las experiencias de sus alumnas del colegio, o conocidas en el círculo de la gente interesante, no hay mayor diferencia. Son diferentes formas de fracasos. El fracaso, bonito, del que se puede escribir, deja de ser algo exclusivo de los grupos burgueses que se permiten pensar. La tragedia es total y humana. Nos podemos reír de todo.

Pero digámoslo: Hay maneras de ser paila. Por eso me fastidia tanto ese lugar y similares. Esos barrios son como los campos de siembra de humanos en las películas de Matrix. Más y más torres a lo largo y ancho del lugar. Y casitas pequeñitas compartiendo porche. Todas las esquinas son iguales, las porterías de los edificios idénticas. Pero en esos lugares habita gente, y uno no puede dejar de pensar cómo es esa gente. Piénselo así: Si me vendan los ojos y me dan cuatro vueltas en unas esquinas de uno de esos barrios, me pierdo. Mínimo me confundo. Un ejercicio similar pasa con su población. Las identidades se desbaratan y pierden en esquinas y sensaciones que se parecen mucho entre sí. Tantas de tantas se peinan igual, tantos de tantos se visten así. Ahí hay algo. Seguramente alguien lo puede decir con más claridad que yo. Algún científico social que tenga ganas de ser útil.

Igual el punto es el paisaje en todas sus formas: es homogéneo. Torres, torres, torres. Y desarrollo traducido en letreros anunciando más torres. Conjuntitos con césped sintético y casitas necesariamente numeradas. En esos sitios población y paisaje se mezclan en lo cotidiano. En el nivel básico. Micro ciudades con problemas relacionados con nuevas formas de analfabetismo.

Ese tipo de lugares no me gustan, en serio. Sólo me gustan si estoy caminando hacia el oriente justo al atardecer. El sol rojo reflejado en las numerosas ventanas de los numerosos edificios hace parecer que la ciudad arde.

Me entiende por qué no quiero ir para allá? Cojamos para otro lado. Uno en el que huelan los árboles y haya flores.

3 comentarios:

  1. Los edificios/ratoneras invaden las ciudades. La gente embarga su felicidad para poder vivir como animalitos. O eso me parece. Y también creo que a veces son felices, como cualquier otro. De hecho, yo extendería la metáfora Matrix a toda la sociedad. Muy divertido de leer, ¡gracias!

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  2. Qué pena. La ciudad en la que vivo es igual. Recuerdo que en la que nací, no era tan así.
    (¡verso!). Igual la homogeneidad se estaba poniendo de moda, como medida de seguridad. Hoy le llaman "GCU". jajaja,

    Oye, te puedo buscar en facebook? De repente me gustaría conocerte, o "ubicarte" mejor dicho. Si te incomoda, no hay problema ;)
    (a mi me ponen paranoica los desquiciados de internet, asi que te entendería perfectamente)

    Saludos!

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  3. Gracias X. Me gusta el término 'invasión'. Es el más apropiado.

    Dani, dale. Contactémonos y charlamos, saludos.

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