17 de julio de 2011

La dedicatoria

No sabía qué hacer. Ya no se sentía tan seguro de la dedicatoria que le había puesto al regalo. Tal vez era algo tremendamente equívoco escribir ciertas palabras. Son errores trágicos, que son más trágicos porque se hacen con una sonrisa. El ejemplo perfecto: esas terribles motivaciones, todas tan acertadas, antes de hacer una llamada estando borracho. Tenía que borrarla.

El escenario siguiente no fue alentador. Un manchón horrible en el regalo. Quedaba feo. Hasta para rayar era psicorígido: no era una mancha bonita, desorganizada. Era un gran cuadrado rayado con esfero negro. Se notaba la razón de ser de la mancha. No se alcanzaba a leer, pero se notaba. Tenía que ingeniar algo, una excusa para esa mancha, algo que la hiciera dejar su incómoda naturaleza simplona. Hacer por la mancha algo parecido a lo que hace la naturaleza cuando le da carácter a la gente fea o talento para las artes a las niñas ligeramente gordas, pensó.

Al final optó por escribir en una de las últimas páginas lo siguiente:

"Un (mini) cuento dentro de un cuento. El enigma.

Se trata de un enigma. En una de las primeras páginas hay un manchón de tinta. Puede ser un rayón para ocultar el nombre de la niña a la que le robé este libro (lo que me volvería un canalla), puede ser, también, un rayón para tapar una dedicatoria que escribí y después reconsideré (¿eso qué volvería? no sé).

En últimas puede ser un simple manchón y ya.

Como dije, es un enigma."

Cerró el libro, lo envolvió y salió para la fiesta de cumpleaños. No sin antes decirse, con fuerza y lleno de convencimiento artificial (el nervioso), -¿Por qué no habría de funcionar?

3 comentarios:

  1. Hay borrones que dicen màs que muchas dedicatorias. Un enigma de esos me haría muy feliz.

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  2. Un aplauso al ingenio del compadre! Y a la valentía; me pasaba a mí, me choreaba y me devolvía pa' la casa.

    Saludos!

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  3. "Ha pasado, ha pasado. Aunque yo creo que es mito urbano."

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