20 de julio de 2011

Ojos de gato

-Pero no se ve tan mal, pensé que estaría chillando.
-No, por qué?
-Pues lo que decía, de que ella era yo no sé qué, yo no sé cuá. Que lo bonito que era, que lo linda. Y ahora que me cuenta que nada de nada, pues no sé. Me sorprende. Lo pensé triste.
-Pues sí. Es una cosa de sentimientos. No es propiamente tristeza lo que hay. Hay ciertas cosas que por más que arruinen cuando se caen, no es "tristeza" lo que causan.
-Habla mucha mierda.
-También, pero no todo. Esto no es mierda, por ejemplo. Es en serio. Que con ella las cosas no se dieran (no que "se acabaran", para eso de hecho hubiese tenido que comenzar algo) no me entristece. No es esa la sensación. Es otra cosa, un mal sabor de boca extraño.
-Cómo... a mierda?
-Buena, buena... pero no. ¿Cómo se llaman esos cuadrados que reflejan luz? Los ponen en la ciclorruta y, haciendo franjas anchas, también en algunos sitios estratégicos, zonas escolares, por ejemplo.
-Los ojos de gato? Los que funcionan como reductores de velocidad?
-Sí esos. Mire, que con ella no se dieran las cosas no genera tristeza, es otra cosa. Le hago una comparación. Le ha pasado que está andando en bicicleta y pasa por una cuadra en la que hay tres franjas, separadas por algunos metros, de esas de ojos de gato reductores de velocidad? Usted pasa la primera franja y ninguna de las dos llantas se topa con los reductores, pasa la segunda franja y lo mismo: la bicicleta anda sin tropiezos. Entonces, pasando la última franja pasa perfecta la primera llanta y la trasera, justo al final golpea y pasa por encima de uno de los ojos de gato. No fue perfecto y no puede hacer nada al respecto: la perfección que no fue. Es eso lo que paso, igual le toca seguir adelante, no se va a devolver. El cuento no era algo planeado, ni actuado, era un chance único y no fue. Sí me entiende?
-Y entonces, cómo se llama esa sensación, la que deja esa perfección que no fue?
-Insatisfacción absoluta. Es que pudo haber sido perfecto.

17 de julio de 2011

La dedicatoria

No sabía qué hacer. Ya no se sentía tan seguro de la dedicatoria que le había puesto al regalo. Tal vez era algo tremendamente equívoco escribir ciertas palabras. Son errores trágicos, que son más trágicos porque se hacen con una sonrisa. El ejemplo perfecto: esas terribles motivaciones, todas tan acertadas, antes de hacer una llamada estando borracho. Tenía que borrarla.

El escenario siguiente no fue alentador. Un manchón horrible en el regalo. Quedaba feo. Hasta para rayar era psicorígido: no era una mancha bonita, desorganizada. Era un gran cuadrado rayado con esfero negro. Se notaba la razón de ser de la mancha. No se alcanzaba a leer, pero se notaba. Tenía que ingeniar algo, una excusa para esa mancha, algo que la hiciera dejar su incómoda naturaleza simplona. Hacer por la mancha algo parecido a lo que hace la naturaleza cuando le da carácter a la gente fea o talento para las artes a las niñas ligeramente gordas, pensó.

Al final optó por escribir en una de las últimas páginas lo siguiente:

"Un (mini) cuento dentro de un cuento. El enigma.

Se trata de un enigma. En una de las primeras páginas hay un manchón de tinta. Puede ser un rayón para ocultar el nombre de la niña a la que le robé este libro (lo que me volvería un canalla), puede ser, también, un rayón para tapar una dedicatoria que escribí y después reconsideré (¿eso qué volvería? no sé).

En últimas puede ser un simple manchón y ya.

Como dije, es un enigma."

Cerró el libro, lo envolvió y salió para la fiesta de cumpleaños. No sin antes decirse, con fuerza y lleno de convencimiento artificial (el nervioso), -¿Por qué no habría de funcionar?

5 de julio de 2011

La importancia de la Educación en el proyecto de una sociedad mejor

Nota publicada en el portal Blog.

El 20 de julio comienza la nueva legislatura en el Senado. Uno de los temas en los que estará más enfocada será la discusión del proyecto de reforma a la educación superior (Ley 30 de 1992). En este espacio ya me he mostrado en desacuerdo con ese proyecto y con la manera en que concibe a la educación. No obstante, y en aras de mostrar la importancia del debate, valdría la pena abordar la discusión teniendo en cuenta otros elementos.

El lugar que le dé una sociedad a la educación es determinante a la hora de que esa sociedad se desarrolle, sea más equitativa, más justa y más avanzada. El vínculo entre educación y desarrollo es consabido, pero esto no tiene efecto: la educación sigue estando relegada de la discusión nacional. El Proyecto de reforma peca en varios aspectos. Quiero centrarme brevemente en dos. Primero la regionalización de la alta calidad, y segundo, la relación entre la educación superior y la educación básica y media. Estos aspectos son fundamentales para entender el rol de la educación en la construcción de una sociedad más equitativa.

El proyecto de reforma no tiene un compromiso real con la regionalización de la alta calidad. No es claro en la manera en que planea fomentarla. Sólo propone darle partidas presupuestales extras a las Instituciones que tengan en cuenta ese proyecto. Que la alta calidad en educación se centre en las ciudades es problemático en la medida en que impide que en las regiones haya acceso inmediato a educación de alta calidad y enfocada en dinámicas particulares de cada región. En la periferia del país sólo estudian los que entran a las pocas, y cada vez más pobres, instituciones públicas, o los que tienen para pagar universidad privada en el interior del país o las ciudades capitales. Que esa brecha entre los que reciben una educación de alta calidad en el interior, y los que no, en la periferia, se vaya volviendo cada vez más amplia obstaculiza la descentralización del conocimiento (y de paso, también de la innovación y la investigación). Es bueno recordar que la descentralización, como manera de organizar las responsabilidades del Estado, incluyendo la educación, era uno de los objetivos originales de la Constitución del 91.

Por otro lado, no deja de ser problemático que este proyecto de reforma (al igual que el original) siga considerando a la educación básica y media, y a la superior, como islas separadas. Como piñones que giran solos y aislados. Esto desconoce que el proceso por el cual se educa a una persona es algo constante y permanente que va desde la primaria hasta sus estudios universitarios. Es paradójico que se piense un proyecto de reforma a la educación superior, sin tener en cuenta la paupérrima legislación que rodea la educación básica y media. Puede que la cobertura se haya aumentado en los últimos años, pero no ha sido así con la calidad. Los colegios públicos son cada vez más malos (y cada vez más estigmatizados), mientras que la educación básica y media privada puntea los estándares de calidad pero educando a una élite económica muy reducida. Es una permanente fábrica de inequidad que un sistema educativo propicie que sólo un sector de la sociedad (el que se lo puede costear) tenga acceso a educación de alta calidad. A la hora del ingreso a las universidades esto se evidencia: no son los estudiantes de colegio privado los que tienen que acudir a institutos técnicos mediocres y a universidades de garaje para poder conseguir un cuestionable título. Esta realidad tiene ecos en la profunda y creciente desigualdad entre las clases sociales de un país. Ya no es suficiente con que una élite tenga el capital económico, cada vez más van adquiriendo absoluto dominio sobre el capital cultural. Reformar el sistema de educación colombiano de a pedazos, y no como una estructura completa, será siempre un primer obstáculo a la hora de pensar un sistema de educación más equitativo y que propenda por la alta calidad.

El proyecto que comenzará a cursar el 20 de julio no tiene en cuenta ninguno de los dos elementos anteriormente mencionados. Como dije, deja la regionalización a un lado, y habla de fomentar la equidad y calidad en la educación superior, sin tener en cuenta la mediocre legislación y financiación que rodea a la educación básica y media. Apunta de curitas no se sana nadie. Mucho menos cuando la curita se pone en la cabeza, y las piernas están rotas. La educación es una sola escalera, y sus distintos niveles escalones de esa misma escalera. Algo que nuestros legisladores parecen ignorar por completo.

1 de julio de 2011

Paseo en bicicleta

Por supuesto que es exagerar. Pero si usted lo piensa mucho, toma sentido. Déjeme reírme: en esos lugares la juventud decadente no es el sueño posmo. Se identifica más con esa mezcla curiosa de cristiano fanático, levantado, pero callejero y vicioso. Es que al chino le gusta el rap. Lo que quiero señalar es que la manera de ser decadente cambia. Ya no es un privilegio. Ahora abarca lugares completos. Esos sitios son decadentes.

John, así se llama el rapero cristiano que se traba mucho, un día decide, vaya usted a saber por qué, que Cristo lo tocó más y ya no usará mariguana. Eso es una droga. Eso es una mierda. Y se lo dice a todos sus amigos de calle, a sus parceros. Cada vez que se traban, él se las canta. Con su jeta de 24 años, un poco sucia, un poco abierta, les dice que son unos drogadictos. Pasan dos meses y el discurso cambia. 'Uy, llegó el que me va a trabar'. Pero no. Los que eran de edad cercana lo mandaron para la mierda. Quién está en el barrio? Las nuevas generaciones de niños de 17. John ha abandonado la mariguana 5 veces. En él los niños de 17, ya varios grupos, encuentran un lugar en el cual quemar la gana de ser malo. Lástima las niñas. Siempre lástima las niñas.

Hombre, entre ese y el hombre culto barbudo apellido Yotelocito, de 27 que nada entre las experiencias de sus alumnas del colegio, o conocidas en el círculo de la gente interesante, no hay mayor diferencia. Son diferentes formas de fracasos. El fracaso, bonito, del que se puede escribir, deja de ser algo exclusivo de los grupos burgueses que se permiten pensar. La tragedia es total y humana. Nos podemos reír de todo.

Pero digámoslo: Hay maneras de ser paila. Por eso me fastidia tanto ese lugar y similares. Esos barrios son como los campos de siembra de humanos en las películas de Matrix. Más y más torres a lo largo y ancho del lugar. Y casitas pequeñitas compartiendo porche. Todas las esquinas son iguales, las porterías de los edificios idénticas. Pero en esos lugares habita gente, y uno no puede dejar de pensar cómo es esa gente. Piénselo así: Si me vendan los ojos y me dan cuatro vueltas en unas esquinas de uno de esos barrios, me pierdo. Mínimo me confundo. Un ejercicio similar pasa con su población. Las identidades se desbaratan y pierden en esquinas y sensaciones que se parecen mucho entre sí. Tantas de tantas se peinan igual, tantos de tantos se visten así. Ahí hay algo. Seguramente alguien lo puede decir con más claridad que yo. Algún científico social que tenga ganas de ser útil.

Igual el punto es el paisaje en todas sus formas: es homogéneo. Torres, torres, torres. Y desarrollo traducido en letreros anunciando más torres. Conjuntitos con césped sintético y casitas necesariamente numeradas. En esos sitios población y paisaje se mezclan en lo cotidiano. En el nivel básico. Micro ciudades con problemas relacionados con nuevas formas de analfabetismo.

Ese tipo de lugares no me gustan, en serio. Sólo me gustan si estoy caminando hacia el oriente justo al atardecer. El sol rojo reflejado en las numerosas ventanas de los numerosos edificios hace parecer que la ciudad arde.

Me entiende por qué no quiero ir para allá? Cojamos para otro lado. Uno en el que huelan los árboles y haya flores.