5 de junio de 2011

La palabra

"Y Dios dijo 'Que se haga la luz', y las sombras se hicieron."
De un cuento infantil tradicional acabado de inventar.

Por supuesto, si el mundo fuera más serio, a la par de los avances tecnológicos habría avances en lo que importa. Si el mundo fuera coherente con su, tan ciegamente valorada modernidad, entendería lo fundamental de la palabra para la construcción de un mejor mañana. La posibilidad que abre la palabra, y su realización última, ser escrita, no se limita únicamente a la tarea de la fotocopiadora o del científico social mediocre: repetir lo ya dicho. La capacidad que tiene la palabra, a través de sus distintos vehículos, se da como un abanico que abarca la totalidad de lo habido y por haber. Con la palabra describimos el océano infinito en el que navegamos y también imaginamos la costa que creemos que nos espera. Imaginarlo es la única certeza que tenemos sobre el futuro. El deseo y la creencia que ponemos en él se revelan como el último acto de fe de una humanidad de tan paradójica avanzada como la actual.

Si se pensara en el poder de la palabra como la posibilidad de generar puentes, no sería subestimada (la palabra) por su naturaleza no física, sino que, todo lo contrario, tendría su valor en su esencia espiritual. Al fin al cabo las palabras más poderosas no son las que nos refieren a un hecho en el mundo, sino a un estado mental, a un lugar propio en el que esas palabras toman todo el sentido del mundo.

Teniendo en cuenta la cercanía de la palabra con la creencia, y en últimas con el sentido más básico de la fe, habría que considerar reformular la manera en la que se entienden los símbolos de la espiritualidad. Me atrevo a pensar en la necesidad de abandonar la cruz. Si se entendiera, de verdad y no con la pereza del que no quiere pensar, el poder de la palabra dentro de la propia creencia, se optaría por otro tipo de símbolos.

Me inclino, pensando en esos nuevos símbolos, por el croquis de un lápiz, y en el interior de ese lápiz la leyenda "El mundo cabe aquí".

Porque es verdad.

11 comentarios:

  1. Hola,
    ¿por qué dices que la realización última de la palabra es ser escrita?

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  2. Estaba pensando en que la palabra escrita permite cerrar un sentido que en la oralidad se pierde. Pienso que la palabra escrita permite un testimonio de lo pensado que la oralidad sólo da en forma de recuerdo, casi que de rompecabezas. Bastante discutible el asunto, pero más o menos por esa línea era el asunto.
    Un saludo, siempre es chévere leer tus comentarios.

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  3. En la volá personal, yo una vez pensé que al escribirla, la palabra muere. Se limita, se le quita libertad, se condiciona.

    Es como cuando uno lee una palabra indígena. Las traducciones nunca son literales, y para entenderla hay que interpretar bastante. La palabra dicha encierra toda una cosmovisión, da cuenta de estructuras mentales ajenas. Escribirla de repente me da la sensación de querer meter un cilindro por un hueco hecho para un cubo.

    No es casual que a la mayoría de los indígenas americanos, las repúblicas decimonónicas las hirieron de muerte con documentos escritos.

    Bueno, no sé. Repito que es una cosa personal; quizá lo que he "escrito" esté lleno de contradicciones que quedarán ahí para siempre. Qué susto.

    Saludos, para mí también es "chévere" leer tu blog :)

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  4. Sí, claro, es verdad. Pienso en el Popol Vuh, por ejemplo. Que va de jeroglífico a quiché, y de quiché a español. Lo original, al no ser textual, se vio muy limitado en las posteriores traducciones.

    No obstante, ahora, en estos tiempos (frase tan horriblemente cliché), sí creo que la palabra escrita tiene un valor de testimonio y de contundencia que la oralidad ya no tiene. No, al menos, en un sentido tan amplio. Creo que la palabra escrita sí es una consumación poderosa de la palabra, en la medida de que bien escrita, y bien hecha, puede abrir muchísimos sentidos. Y pues eso, en últimas, permite un ejercicio de comunicación poderosísimo. Uno que, creo, la oralidad ya no permite. Reitero, al menos no en un rango tan amplio.

    -//-
    Jaja, "chévere" es una palabra que se usa en Colombia. No sé si las comillas es porque no conocías la palabra o su significado. O me estás tomando del pelo? jaja. Significa "placentero", "agradable", algo que se disfruta. En todo caso: siempre me alegra mucho ver tus comentarios por acá :)

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  5. Sigo sin estar de acuerdo en un cien por ciento. Si la escritura sería la conclusión del sentido de la palabra, pienso en todas las posibilidades que se cierran con ese fin, todas las que estaban abiertas antes de optar por escribir una palabra.

    Porque uno piensa (de acuerdo a las posibilidades que le brinda a cada uno su propio lenguaje), y ordena sus ideas a través de conceptos. Y, claro, uno puede encerrarlos en palabras y escribirlas. Pero también puede plasmarlas de distintas formas, como en una canción o en un telar. Y así, de pronto, hasta se puede tejer toda una memoria abierta a las interpretaciones de quien quiera "leer" aquello.

    ...sin embargo, la escritura me parece una cosa más... no sé, como ya dije, medio cerrada. La palabra escrita sólo tiene un, o no más de un par, de sentidos. No hay más que entender.

    ¿Lo estaré viendo de una forma muy simple, quizá?

    __

    Sí sabía lo que era chévere, lo he sabido siempre (desde chica escuchando las canciones del Puma) (sí, ya sé que no es colombiano). Es que me parece una palabra muy graciosa. Me gusta como hablan los colombianos en general, y las palabras que usan :D

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  6. No digo que la escritura sea "la conclusión" de la palabra (para mí eso es contradictorio, no creo que un genuino ejercicio de comunicación, cualquiera, tenga algo que podamos llamar claramente "conclusión"). Digo (y saliéndonos del texto, Dani, ya acá te hablo de una posición mía, el texto tiene una finalidad, y tiene un desarrollo propio que permite que esa afirmación, la de la palabra, pase sin tanta polémica), que la palabra escrita es una realización porque permite una apertura de sentido, permite que el texto quedé ahí, y que las mismas palabras puedan leerse de diversas formas. No tengo elementos para discutir con otras formas de lectura, por ejemplo, el ejemplo del telar (que me parece tremendo, excelente, más abajo te dejo un enlace relacionado). Pienso específicamente en la oposición "escritura-oralidad". Pero contrario a lo que dices, yo sí creo que el texto escrito permite muchos sentidos, mucha interpretación, mucha apertura. No lo veo tan cerrado como lo piensas tú.

    Gadamer tiene un concepto muy bonito que es el de "texto eminente", referiéndose a literatura y poesía más que todo. Él dice que un buen texto se "actualiza" en cada lectura, cada lectura en un sentido es nueva. Permite una nueva interpretación. Una nueva experiencia, si se quiere. No sé, pienso en eso y es algo similar a lo que busco expresar.

    Cuña 1: Esto es sobre los telares Me cuentas

    Cuña 2: Sin querer debatir eso acá (en serio!!): el discurso va cambiando. Que hablen los colombianos como quieran. Me declaro post-colombiano. El lenguaje genera identidades. Hay que replantear y ser crítico con la identidad del colombiano, también con su lenguaje.

    Un saludo graaaaaande. Estimulante discusión.

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  7. Ya, respecto a lo de las lecturas que se actualizan, pienso que es muy cierto. Y aquello de lo que dije respecto a la "conclusión" también tienes razón. En el fondo, lo que me incomodó un poco de lo que escribiste, es que pareciera que la palabra y la escritura siguiera un camino pseudo lógico, como de una evolución. Como si fuera una génesis, un desarrollo y una "conclusión". Fue por eso que partí preguntando por qué la escritura era "la realización última" de la palabra. También lo sentí cuando escribiste que la oralidad "ya no" podía ser tan "funcional" como lo escrito.

    Pero bueno, respecto al telar y a la animación: ya la había visto en un episodio de Contravía :). Es muy bonita y brutal a la vez... Pienso que ilustra muy bien, simple, varios problemas, el de la violencia, la justicia, la memoria, el trauma social.

    El tema del tejido siempre me ha llamado la atención, cómo se vincula a la memoria y cómo en muchas comunidades a las mujeres se les asigna el rol de tejer la identidad del grupo. Si bien en la animación pareciera ser que es la violencia de género (hacia sus hijas) lo que empuja a tejer a Violeta, hay varios casos en que las mujeres tejen por la memoria de la comunidad en general, algún acontecimiento que se marque como hito fundacional del grupo. Pienso en las arpilleras chilenas tejiendo situaciones de toma de terreno.

    Interesante el tema. Personalmente me llama mucho la atención (y siempre tengo la pretensión de estudiarlo) el caso de las tejedoras de retazos de Mampuján, lo conoces?

    Respecto a la 2da cuña, que ya sé que no quieres debatirlo acá. Pero es que necesito decir que me causó mucha risa lo de post-colombiano. Ese concepto ya lo acuñó otra persona?? Corre por la autoría!

    Un abrazo! ;)

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  8. Jajaja, no. Ese concepto no es mío. Es un concepto en construcción actual del cual no me atrevo a hablar mucho. Te digo lo básico, lo que te dije: de entrada es una posición crítica hacia valores de la identidad que se nos ha heredado. El lenguaje, desde mi perspectiva, entra en ese paquete de valores heredados que hay que cuestionar.

    Mientras leía tu comentario, justo pensaba en las tejedoras de memoria de Mampuján. Tremendo que las conozcas. Estuve en una exposición de ellas, con los telares originales, y es una cosa impresionante.

    :)

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  9. Nooo, en serio??? Y qué tal las exposiciones de los telares, son publicitadas, en grandes espacios, patrocinados por algo (que no sean las ong's cuestionadas por Uribe, obvio)??? Pregunto como para hacerme una idea de cuánto espacio le dan a la iniciativa...

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  10. Mira, fue esta la exposición.

    Patrocinada por la Universidad Nacional de Colombia.

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