18 de junio de 2011

Señor Camargo

Pensé en hacerle un cuento.

Pensé hacerlo sobre aquella ocasión en la que, con apenas cuatro años (o seis, ya no recuerdo), viajó a un planeta extraño y volvió sólo para contar la anécdota. También consideré hacerlo sobre esa vez en la que, cual Hércules tercermundista, mató a un león de metal y usó sus dientes para adornar su capa de cuero. Ese disfraz, contradicción ambulante, lo hacía ver malo y desafiante, pero uno llegaba a su sonrisa y sabía que no podía ser así. También recordé aquella ocasión en que subió una montaña para poder salvar a una bonita mujer que era víctima del aburrimiento. Pero ninguna de esas grandes y honorables anécdotas da cuenta de su heroica naturaleza.

Podría contar todos esos cuentos, pero hay algunos menos llamativos, pero más necesarios. De historias no tan grandes, pero igual o más importantes. Cuentos que hablen de lo importante. Sobre aquella ocasión en que lo encontré escudando una flor entre un mar de asalariados sin tiempo. Todos pasaban y usted tenía su flor en su mano, cuidándola mientras me sonreía. Recuerdo cómo me acompañó, sin quererlo, sin saberlo, aquella primera vez en la que me inyecté morfina. Pensé en hacer un cuento sobre esa noche, pero desistí. Me di cuenta que ese material daba para una novela completa. También pensé hacerlo sobre esa vez que me mostró que trabajar con las manos es tan bonito como amar de verdad, o aquella vez en que me enseñó que renunciando al colegio se había inscrito, para nunca retirarse, en la vida real.

También, al menos en algún punto, pensé en sacar el material del cuento de esa memorable última noche de encuentro. En la que durmió en el piso y yo en un colchón. Una noche que pareció de mentiras, pero que pudo haber sido verdad. Como todo lo acá mencionado. Esa noche, como señal de despedida, apostamos. Yo gané y esperar el cumplimiento de la deuda se volvió la esperanza de un improbable nuevo encuentro. Igual no importa. Mejor que no nos volvamos a cruzar.

Evidentemente no pude hacerle el cuento. Muy difícil hacerle un cuento a alguien que parece salido de uno: hace que la línea entre la verdad y la mentira se vuelva más difusa de lo normal. Muchos niveles de narración. Es que aún y si todo lo que acá menciono fuera una mentira (aunque no lo es), igual, en ese escenario tan horrible, sólo su nombre ya lo hace merecedor de un cuento propio. Pero ese no lo menciono acá. Que la gente se lo invente, que le dé contenido a este cuento que no fue.

Seguro Anti-UPJ

Nota publicada en el portal Blog.com.co.

El siete de mayo pasado se celebró en Bogotá el día internacional por la liberación de la mariguana. En el marco de esa celebración, el equipo de intervenciones en espacios de ocio Échele Cabeza lanzó el folleto "Seguro Anti-UPJ. Lo que necesitan saber los que prefieren dormir en su casa antes de amanecer en la UPJ o en un juzgado". El folleto contiene respuestas legales (que incluyen sentencias de la Corte Constitucional y explicaciones de artículos del Código de Policía) para la policía en caso de que sorprendan a alguien con la dosis mínima de alguna sustancia psicoactiva ilegal. También incluye información para poner denuncias en caso de que los policías abusen de su autoridad y violenten de alguna forma al ciudadano al que sorprendieron con la dosis.

El lanzamiento del folleto se da en el marco de que Colombia en este momento carece de una legislación clara en torno al porte y consumo de la dosis mínima de cualquier sustancia psicoactiva ilegal. Si bien el gobierno Uribe pasó el Acto Legislativo 02 de 2009 que la prohibió, en el gobierno Santos el proyecto para hacerle procedimiento a esa norma se archivó por sus altos costos (así lo expresó el ministro Vargas Lleras). En ese sentido, buscando que la laguna jurídica no sea excusa para maltratar jóvenes o dejar que abusos queden impunes, el folleto se presenta como una fuente de información clave para jóvenes que hagan uso de sustancias psicoactivas.

Este tipo de alternativas son pioneras en Bogotá, pero la tendencia internacional sí está cambiando en el sentido de hacer políticas de drogas diseñadas más como políticas públicas, y no buscando criminalizar a diestra y siniestra. Por ejemplo, la Comisión Global de Políticas de Drogas en su último informe (publicado la semana pasada) recomendó explícitamente acabar con la Guerra contra las drogas. ¿Qué piensas tú de este cambio de paradigma? Echa tu cuento.

Puedes descargar el Seguro AntiUPJ aquí.

13 de junio de 2011

Lo Thoughtfulness

¿No ven lo increíble que es esto?
Adrian Cussins

No lo tiene que decir, no explícitamente al menos. Ampliando la explicación se podría pensar como posible. Entre más se reflexiona al respecto más sentido tiene. Considerarlo es una necesidad. Él mismo lo dijo: es un concepto aplicable a cualquier sistema de organización. ¿Qué otro sistema más complejo e importante que el propio yo, y la felicidad de ese yo? Pero todo es cuestión de significado. Si la felicidad, ser feliz, es la normatividad gobernante del sistema que se puede llamar el yo, ¿qué se entiende por felicidad?

La presencia del concepto en el sistema generaría una reflexión. Sería su inmediato efecto. Inmediato y constante. Pero no una reflexión solemne. Quieta, estática. Esa es una reflexión dañina. Hace énfasis, y de qué forma, en el yo. Se estanca y no acciona nada. Tampoco es la reflexión condicionada. La que ante la ausencia de un yo que reflexiona, sólo se enfoca en lo que cree el eje de la reflexión: lo exterior. La reflexión de los depende. La camaleónica.

Es una cuestión de pensar al yo y su relación con el todo. El todo es lo que lo ha rodeado. Memorias, recuerdos, presencias. Cogidas de mano. Se vuelven constelaciones. Muchas. Compuestas de colores, canciones, notas, aromas, calles y avenidas, lágrimas, rostros, fechas. Comidas favoritas. Agujeros negros también hay entre las constelaciones. Por ellos se va toda la luz. Todo está ahí, todo eso rodea al yo. Una infinidad. La relación entre el yo y ese todo es tan amplia como compleja. Más parecida a como funciona Google que a como funciona Yahoo. Y Google funciona mejor.

Todo lo que compone esas constelaciones, desde lo más lejano a lo más cercano, es con lo que hay que relacionarse. Es una infinidad de elementos. Pensar esas relaciones con el concepto mencionado lleva a pensarlas como armónicas. Como lo mejor dispuestas posibles. El yo es tan infinito como el universo, pero el yo es mucho más difícil de categorizar. Teniendo en cuenta el concepto la reflexión que se propone se presenta como un constante ejercicio de relacionarse con el mundo. Con el universo que compone e impone nuestro mundo. Es un falso pesimismo. No es estar solo: estoy yo y mis constelaciones, soy yo y mis estrellas. Tiene que ver con lo que hace que seamos receptivos a lo bello: lo verdadero.

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Seguía sin entender muy bien el asunto. Faltaba comprender de lo que se hablaba. Tal vez emocionarse menos. La Relación. Uno no comprende la obra de arte viéndola por partes, ignorando el todo. Pero tampoco la ve como una totalidad pura, dada y ya, desconociendo el aporte de la parte como parte. Una mirada que pase de un nivel a otro es una a la que se le presenta lo bello. Así se puede pensar las constelaciones y el yo. Hermoso pensar que uno puede lograr una relación tan armónica con su universo. Con las constelaciones y los agujeros negros. Que de ningún orden surgiera una armonía.

Mientras llegaba a su apartamento se percató que había granizado. El granizo le había quitado flores, moradas, amarillas y verdes, a varios arbustos. Todas ellas, y muchas hojas, hacían de irregular tapizado sobre una placa de granizo. Pensó que era hermoso.

Ante el hecho de que sea una manera de relacionarse, una forma de leer lo dado, de organizarlo y relacionarlo con uno, el significado de felicidad se revela. La felicidad es un ejercicio de organización mental.

5 de junio de 2011

La palabra

"Y Dios dijo 'Que se haga la luz', y las sombras se hicieron."
De un cuento infantil tradicional acabado de inventar.

Por supuesto, si el mundo fuera más serio, a la par de los avances tecnológicos habría avances en lo que importa. Si el mundo fuera coherente con su, tan ciegamente valorada modernidad, entendería lo fundamental de la palabra para la construcción de un mejor mañana. La posibilidad que abre la palabra, y su realización última, ser escrita, no se limita únicamente a la tarea de la fotocopiadora o del científico social mediocre: repetir lo ya dicho. La capacidad que tiene la palabra, a través de sus distintos vehículos, se da como un abanico que abarca la totalidad de lo habido y por haber. Con la palabra describimos el océano infinito en el que navegamos y también imaginamos la costa que creemos que nos espera. Imaginarlo es la única certeza que tenemos sobre el futuro. El deseo y la creencia que ponemos en él se revelan como el último acto de fe de una humanidad de tan paradójica avanzada como la actual.

Si se pensara en el poder de la palabra como la posibilidad de generar puentes, no sería subestimada (la palabra) por su naturaleza no física, sino que, todo lo contrario, tendría su valor en su esencia espiritual. Al fin al cabo las palabras más poderosas no son las que nos refieren a un hecho en el mundo, sino a un estado mental, a un lugar propio en el que esas palabras toman todo el sentido del mundo.

Teniendo en cuenta la cercanía de la palabra con la creencia, y en últimas con el sentido más básico de la fe, habría que considerar reformular la manera en la que se entienden los símbolos de la espiritualidad. Me atrevo a pensar en la necesidad de abandonar la cruz. Si se entendiera, de verdad y no con la pereza del que no quiere pensar, el poder de la palabra dentro de la propia creencia, se optaría por otro tipo de símbolos.

Me inclino, pensando en esos nuevos símbolos, por el croquis de un lápiz, y en el interior de ese lápiz la leyenda "El mundo cabe aquí".

Porque es verdad.