23 de mayo de 2011

Amor, piedras y barras de jabón

Hoy se acabó la última barra de jabón que alguna vez tocó tu cuerpo. Cuando te fuiste quedaba un poco, y ya hoy se acabó. Mientras me duchaba esta mañana el último pedazo lo aplasté contra mi estómago mientras intentaba hacer espuma. Se pegó a la piel, el agua lo bajó y quedó como una plasta blanca sin forma entre las rendijas del sifón. Mientras lo veía hundirse, para irse y terminar diluyéndose en cualquier otra parte, pensé en nuestro amor. Terminó siendo como ese jabón. Sin forma, gastado.

La gente cuando habla de "encontrar el amor" hace pensar que uno encuentra algo sólido, que está ahí, y que uno puede señalar, que uno puede decir, ¡Miren, ahí está el amor! Allá, superior, la idea de El amor. Ese verbo, encontrar, me hace pensar en una piedrita. Como si el amor fuera una piedra preciosa que uno encuentra. Algo bello y valioso que uno puede tener en la mano, o en el bolsillo. En últimas también la puede poner en una repisa, o en el fondo de un cajón. Pero yo así no lo siento, nunca lo he hecho, y contigo me he convencido. No puedo creer en el amor como sustantivo, como algo que da para pensar que uno está nombrando algo. Siempre me ha gustado más verlo como adjetivo: hay relaciones amorosas. Que se van construyendo, y también destruyendo.

Pensar así el amor, no tanto como sustantivo sino como adjetivo me obliga a abandonar esa imagen de la piedra. De que el amor se encuentra, y está ahí, sólido y estático. Pensando el amor como algo que se dice de algo, como algo que se da en su actividad, en su devenir, pienso más en la barra de jabón. La realización del amor lleva consigo su desgaste. Como el jabón, que tiene su realización en usarse para lo que fue hecho: limpiar. Y con cada limpiada, con cada uso, cada vez que se realiza, se desgasta, se va acabando. La robusta barra de jabón, que compartíamos, algunas veces al mismo tiempo, se adelgazaba con cada uso. Así el amor entre tú y yo también se fue desgastando mientras se realizaba, mientras se llevaba a cabo. Nuestro amor nunca fue una piedra preciosa que encontramos y guardamos. Fue siempre una actividad, una actividad que se desgastó y nos desgastó.

Me confirmo que pensar el amor como algo estático no es amar de verdad. Es negar su condición de cambio, anular su posibilidad de acabarse. Pensar el amor así, como algo estático, me descorazona más que la certeza de que verlo como lo veo yo lleva implícito su final. El jabón, ya casi acabado, se fue por la rendija del desagüe. Tú, con nuestro amor terminado, te fuiste por la puerta.

2 comentarios:

  1. Muy bueno el símil. Si el amor no se acabara, carecería de sentido. Como vida sin muerte. Saludos.

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