10 de abril de 2011

Información de fuente humana para diario costeño

Está bien. Iba a salir con ellos. La verdad no le interesaba mucho posponer más el asunto. Su novia cada día presionaba más, y el tema estaba tomando un tono incómodo que no ayudaba a nadie. Igual, era el hermano, eventualmente tendría que convivir con él. Sí, definitivamente iba a ir, qué más daba. Qué es lo peor que podría pasar? Siguió en la fila de la cafetería sin darle muchas más vueltas al asunto.
-Ensalada?-, preguntó la señora.
-De qué es?
-Remolacha
-Uy, a mí eso no me gusta. De qué más tiene?
-Se nos acabaron las demás, joven. Dele una oportunidad. Esta está muy rica.
-Bueno, está bien-, respondió pensando que ese fin de semana comenzaba a ser el de dar oportunidades.

*

No se veía tan mal el asunto, pensó cuando se estaban tomando unas cervezas al comienzo de la noche. Igual no era que de repente fueran a volverse los mejores amigos. No, eso no. Esa gente está mal. Lo que pasaba es que no era imposible contener las ganas de meterles la mano, pero ya. Todo bien siempre y cuando no se pusieran con maricadas.

La noche siguió bien. Llegaron más amigos de ellos. Cuando se dio cuenta que no era el único normal se tranquilizó más, ya no se sentía en una emboscada ni mucho menos. Sólo en ese punto se sintió cómodo para ponerse a tomar con tranquilidad.

*

No resultaron siendo tan malas personas. Se le acabó la plata y le gastaron. Incluso cocteles. Los amigos del hermano de Andrea, tampoco resultaron ser tan desagradables. A excepción de ese momento extraño mientras meaba, nada había pasado. Tan así el asunto que se dejó invitar al remate. Igual no iba a estar solo. Otras personas normales iban a ir, entonces todo bien.

Siguieron de fiesta, se bebió más, se comió. Francisco no se podía tener de la borrachera. A la madrugada se acostó en la cama principal y ahí quedó, en una esquina del inmenso colchón. Había disfrutado mucho de la fiesta, que con los ojos cerrados lo negro se le moviera de lado a lado era prueba de eso.

*

Un par de horas después la borrachera y un dolor de estómago lo despertaron. Desorientado buscó alrededor algo familiar. Le dio vacío en el estómago cuando vio que tenía una cobija encima. Se levantó bruscamente mirando desconcertado el resto de la habitación. Estaba en medias, no tenía ni idea de en dónde podían estar sus zapatos. Volvió a mirar alrededor del cuarto y se dio cuenta que su menor preocupación eran los zapatos. En la cama había dos bultos, eran dos tipos. En medio de la borrachera le dio la peor nausea que había sentido en toda su vida. Le dolió el estómago, más que cuando se despertó. Tenía que ir al baño.

Cerró la puerta con llave y se vio en el espejo. Estaba borracho. No se reconocía. Se acercó a la taza e intentó vomitar. Incluso se introdujo el dedo pero sólo le salió saliva densa. Optó por sentarse. El dolor de estómago, la borrachera, el mareo, el susto que tenía, no hacían buena combinación. Estaba ansioso y paranoico.

Unos minutos después, ya descansado, se levantó. Al voltearse y ver hacia la taza sintió que toda su vida se terminaba en un segundo. Todo el asco, la furia y la ira del mundo se combinaron en un segundo. Apretó los labios y empezó a refunfuñar aguantando las ganas de romperlo todo.

Frenéticamente se puso a buscar en los gabinetes algo que le pudiera servir como arma, lo que fuera. La lima de un cortaúñas serviría.

En medio de la borrachera su afán homicida no recordaba que lo que le desagradaba de comer remolacha era que le pintaba de rojo la mierda.

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