10 de abril de 2011

El cuento

-Cuéntame un cuento.
-No me sé ninguno...
-Ay, no seas así. Me gustan tus cuentos. Cuéntame uno bonito... de amor.
-Pero a mí no me gusta contar cuentos. Y tampoco me gustan los cuentos de amor.
-Qué va, sí te gustan. Dale, cuéntame un cuento.
-No, es que eso no es así. Mira que tan creativo no soy como para inventarme un cuento de la nada.
-Pues inspírate! En mí! En nosotros! Cuéntame un cuento sobre nosotros. Ahí tienes tu historia.
-No, pero yo no sé contarte un cuento. Menos de nosotros. Mis cuentos son malos. Se me mezclan las historias y no sé qué termino contando. Ves? No quiero contarte un cuento, no sé cómo.
-Como que no sabes cómo contármelo? Ya te dije. Inspírate en mí. Cuéntame un cuento. Uno para mí y de mí.
-Ahg. No sé cómo. Qué tal me enrede?
-Cómo así que te enredes?
-Comienzo mis cuentos y no sé cómo terminan. Y me pides que sea uno de amor. Yo no sé hacer cuentos de amor. Como te digo, se me mezclan las historias.
-Cómo así se te mezclan las historias?
-Sí. Comienzo mis cuentos de amor, con personajes, con la historia prefijada, con los diálogos ya pensados. Y me imagino el final, lo tengo ya diseñado. Empiezo a escribirlo, empieza a andar el asunto. A medida que voy haciendo la escritura, comienza a enredarse la historia. Los personajes, ellos solos, sin ayuda de nadie, empiezan a salirse de mi historia. Mi trama comienza a cambiar. Los diálogos se desarrollan solos. Son muy parecidos a los originales, pero cambian los nombres propios involucrados originalmente. El final comienza a volverse azaroso, o al menos no es el final original. El que yo había planeado para mi cuento. Siempre me pasa con los cuentos de amor. Comienzo una cosa y terminan en otra. Si te digo la verdad, y eso es lo que pasa, mis cuentos de amor se parecen mucho a mis historias de terror. Comienzan igual, y sólo hasta el final me doy cuenta en qué terminó. Si fue cuento de amor o historia de terror. Se parecen tanto. El punto de quiebre son las interrupciones imprevistas, o los momentos de silencios pesados, o las manos que se retiran de otras manos de manera sorpresiva, o las conversaciones que acaban de forma tajante. Ante un ruido. Ante una sombra que se avecina. Ante unos pasos que suenan en la puerta de atrás. Cosas así. Todos elementos de las historias de terror. Son las vueltas de tuerca de mis cuentos de amor. Se parecen tanto... no te imaginas. Como te digo, comienzan igual, sólo al final me doy cuenta de en qué termino. Por eso no sé cómo contarte un cuento. Me enredaría, me enredaría mucho. Me entiendes?
-Espérame un segundo- dijo ella mientras, con el celular en la mano, salía rápida y torpemente de la habitación. -Voy al baño-, añadió cerrando la puerta tras de sí.

1 comentario:

Ven por La Ventana