12 de abril de 2011

El amor

Vivía estresado por el reloj. Él era el protagonista del Preámbulo. Siempre se le hacía muy tarde para dormir. Se estresaba al saber que tenía que madrugar a la mañana siguiente. Ponía el reloj (y el celular un par de minutos después) con la alarma. Sonaba, luchaba con ella. Se levantaba. Miraba el reloj en la pared y apuraba el desayuno. Se quemaba, se llenaba muy rápido y no disfrutaba. La llenura que le daba camino a la universidad era prueba de eso. Veía su reloj de pulso y le afanaba llegar tarde a clase. Unas horas después el reloj le marcaba (porque el reloj se la marcaba) la hora de ir a almorzar. Ahí sabía que tenía hambre.

Corría y se le caían las fotocopias. Siete horas y cuarenta minutos después, volvía a ver el reloj para empezar a ponerse ansioso con la hora de la salida de la última clase del día. Ya tenía que irse, tenía que estudiar, tenía que adelantar muchas cosas. En la entrada de la biblioteca se fijó en el reloj. Estaba tarde. Y se le iba a hacer más tarde estudiando. Iba a salir muy tarde, llegaría tarde a casa y se iba a dormir tarde. Todo tarde, siempre tarde. La certeza le dio escalofríos.

Una tarde decidió que al día siguiente no iba a usar reloj. Se decidió por acostarse temprano para poder levantarse temprano. Esa, la siguiente mañana, iba a ser sin relojes. No tenía intenciones de ver la hora. Se levantó muy temprano. Solo y sin ruidos. Se duchó, desayunó con calma y salió para la Universidad. Llegó a clase sin ver el reloj y llegó temprano y sin estrés. Horas después, salió, se fue a caminar, y comió cuando sintió hambre. Ya muy entrada la tarde; unos minutos antes de que se fuera con unos compañeros a la última clase. En la clase no estuvo pendiente del reloj. Se pasó rápido, ni se sintió. No cabeceó ni una vez. Salió y se fue para la biblioteca. Tenía bastante que estudiar pero no se quería estresar. Pasó detrás de la gran columna-reloj de la biblioteca para no ver ni las manecillas de los números. Se sentó a leer sin importar la hora. Se iría cuando terminara esos ensayos. Sin afán.

Quién sabe cuánto tiempo después, salió de la biblioteca. No sabía qué hora era. A lo mejor muy tarde. Aunque estaba con niebla el campus. Hacía mucho frío, había llovido y tal vez era más temprano. Jugar con las posibilidades lo divirtió mientras bajaba hacia el Transmilenio.

Pasó muy rápido el que le servía e iba vacío. Se sentó en la parte de atrás. Justo cuando se iba a poner los audífonos escuchó la voz electrónica del TM anunciando que eran las ocho y treinta de la noche.
-Bien-, pensó. -Siempre salgo después de las nueve.
Se sentía bien no estar estresado por el reloj, concluyó.

3 comentarios:

  1. No quiero leerlo por tercera vez, porque sé que no voy a se capaz de entender por qué se llama "El amor".
    Totalmente reprobada de comprensión de lectura :(

    ...en fin, quiero preguntar: cómo hiciste para poner esa ventanita de twitter que está ahí al lado?? :)

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  2. (Jaja----, ahí está. Seguro, seguro.)

    Creo que el gadget para poner la ventanita se consigue acá

    Saludos!

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  3. Gracias, pero no lo entendí (lo del tal gadget... ni siquiera conocía esa palabra). Me salían los comentarios puestos en mi blog. Da igual ;)

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