18 de abril de 2011

La coyuntura y los malos más malos

No hacen nada. Cómo? Si el desgarro y la constante indignación no los deja. Si saben de la historia y su peso. Eso me dicen, al menos. El sistema, repiten hasta el cansancio, está diseñado para que los pobres fracasen. Verdad sí es.

Pero los iletrados, dirían esos letrados, no se ayudan. Ven telenovelas y RCN.

No.
Los malos más malos no se reúnen en una torre alta y oscura. Riendo macabramente y matando a niños a través de un botón. No. Esos son los malos.

Los malos más malos no se reúnen en una torre alta y oscura, con perros sanguinarios alrededor. Nada tan cliché.
Ni se ríen de forma macabra.
Ni tienen un botón para matar a los que ensucian nuestra sociedad.
Ni llegan al anochecer a casa. E indiferentes se sientan a cenar viendo noticias volviéndolas sacramento incuestionable.
Esos no son los malos más malos. Esos son los idiotas.

Los malos más malos llegan a casa, y a la cena hacen chistes a costa de los que ven telenovelas. Y a la hora de opinar, se burlan del que le cree a las noticias. Por qué cómo, cómo es posible ser tan bobo?
No ven RCN. El criterio les da, o eso dicen, para no comer entero. Y tal vez es verdad, pero a mí no me consta.
Y ya. Eso es todo lo que hacen.
No hacen nada más.

16 de abril de 2011

Sobre la Ley 30 (que rige la educación superior)

Nota publicada en el portal Blog

El jueves de la semana pasada las universidades del país se movilizaron en contra de la propuesta de reforma a la Ley 30 (que rige el sistema de educación superior). La movilización no debe ser entendida bajo la normal apatía de la ciudadanía. Que en esa marcha hubiera presencia de universidades privadas, de sindicatos y simpatizantes que no pertenecen a universidades (por ejemplo, representantes del sector de la salud), no debe pasar desapercibido: es muestra de que esa reforma no sólo afecta al Sistema de Universidades Públicas, sino al grueso de la sociedad y del país.

La Ley 30 de 1992 es una ley anticuada, mal hecha y hay que renovarla, pero la propuesta del gobierno dista mucho de ser una solución real al problema estructural de la Educación Superior Colombiana. La reforma propuesta tiene varios elementos que ameritan una revisión juiciosa. La creación de Universidades con ánimo de lucro, la inyección de capital privado en Universidades Públicas, y la manera en que la Nación entraría a financiar el sistema público, son algunos de los puntos más importantes.

Considero preocupante varios aspectos de la propuesta actual. No está mal que la Empresa Privada entre a financiar a las Universidades, lo que sí merece debate es el cómo lo haría y qué recibiría a cambio. Otro punto importante es que la tesis para el ingreso de los capitales privados a la Educación Pública, no debería ser el permanente decrecimiento de los aportes de la Nación, sino la necesidad de que la Empresa Privada esté obligada a tener programas de responsabilidad empresarial plenamente constituidos y de impacto nacional o regional. Las implicaciones de la inyección de capital privado (tal y como está en la reforma) no acaban ahí. Si bajo la figura de la productividad es la Empresa Privada la que decide a qué proyectos de investigación invertir dinero (y teniendo en cuenta que la investigación se menciona como uno de los indicadores más importantes a la hora de que la Nación dé partidas presupuestales extras), se generará un ciclo en el que si una Universidad no tiene proyectos de interés de la Empresa Privada, no podrá llevar a cabo sus investigaciones, y tampoco tendrá recursos extras de parte de la nación. En últimas esto llevaría a que la autonomía, en tanto formulación propia de los pensum académicos, se vería comprometida: no se puede tener autonomía académica si los proyectos de investigación se piensan como viables si son de interés de la Empresa Privada. Profesores universitarios y estudiantes de posgrado coinciden en que esto ya viene pasando. En ese sentido la reforma plantea legalizar una situación delicada y desfavorable para el desarrollo científico de la nación.

Otro punto importante es la generación de Instituciones con ánimo de lucro. Instituciones que podrían tener ganancias libres a partir de su servicio educativo. En teoría eso serviría para que el financiamiento de Instituciones de Educación Superior sea más amplio (lo anterior dado que estas instituciones tendrían que aportar un monto al ICETEX, y éste, a su vez, repartiría eso en créditos blandos, que, en últimas, bajo la lógica del gobierno, se traduciría en más jóvenes estudiando). Lo anterior, desde mi punto de vista, merece atención. Una premisa que esta propuesta da por sentado, es que el manejo de empresa privada en la prestación de servicios, sustituyendo la responsabilidad del Estado, da buenos resultados. Frente a eso, una palabra: SaludCoop. SaludCoop y los (millonarios) sobrecostos. Las empresas prestadoras de salud (hijas de la Ley 100) y el mal servicio. Particulares prestando servicios de salud, y la ausencia real de un sistema de cobertura integral para la sociedad colombiana. Este punto resalta el hecho que no está mal que los particulares entren a financiar o coayudar en una propuesta integral de prestación de servicios, lo que está mal es que eso implique una pérdida de responsabilidades del Estado frente a esos servicios. Ya tenemos el ejemplo de la salud. Permitir el mismo gol en la educación sería muy desafortunado.

También llama la atención el hecho de que la reforma considera el aumento de cupos como un indicador de mejora de la calidad de educación superior. Eso no es necesariamente cierto. Por otro lado, no deja de ser preocupante que el ICETEX continúe ocupando un lugar tan importante en los presupuestos de la nación, cuando las inversiones en esa institución contribuyen a pensar el aumento de cupos como mejoras en la calidad. Dónde queda la permanencia? Dónde quedan los obstáculos para graduarse? No importa que entren muchos estudiantes a la Universidad, no cuando si salen, salen como profesionales mediocres, ni mucho menos cuando no tienen asegurada la forma de graduarse. En gran medida la permanencia de estudiantes en Universidad Pública se debe a los programas de Bienestar Universitario (fondos para fotocopias, transportes, subsidios de almuerzo). A dichos programas no les entra dinero de ninguna parte, y según la reforma estos programas tendrán que ser 2% del presupuesto total de cada universidad. Presupuesto que cada año baja más.

No pretendo en esta columna hacer un análisis completo de la reforma a la ley 30. Quiero resaltar el hecho de que no es una reforma que afecta única y exclusivamente a las Universidades. La educación, como necesidad cultural para el desarrollo del país, es un tema de importancia nacional. Como dice una pancarta colgada en la Universidad Nacional, "Yo lucho por la educación de usted, y usted?".

Cuña: Otro punto importante, y que aunque no está relacionado explícitamente, es el hecho mismo de que el presupuesto para la educación sea tan bajo. Vale la pena recodar que en 2010 el gasto de guerra (en un país que, nótese, en teoría no está en guerra) fue más alto que el de Educación. A dónde se va la plata? Por qué siempre estamos en bancarrota? No estaremos invirtiendo mal, o nos estarán robando, o simplemente no es la educación prioridad de los presupuestos de la nación? Hay muchas opciones. Por ahora pienso en dos cosas, síntoma de que la (permanente) bancarrota de la Nación no es fortuita: contratos a nivel nacional con grupos como los Nule y guerra contra las drogas. Plata hay, en qué se invierte es otro tema.

12 de abril de 2011

El amor

Vivía estresado por el reloj. Él era el protagonista del Preámbulo. Siempre se le hacía muy tarde para dormir. Se estresaba al saber que tenía que madrugar a la mañana siguiente. Ponía el reloj (y el celular un par de minutos después) con la alarma. Sonaba, luchaba con ella. Se levantaba. Miraba el reloj en la pared y apuraba el desayuno. Se quemaba, se llenaba muy rápido y no disfrutaba. La llenura que le daba camino a la universidad era prueba de eso. Veía su reloj de pulso y le afanaba llegar tarde a clase. Unas horas después el reloj le marcaba (porque el reloj se la marcaba) la hora de ir a almorzar. Ahí sabía que tenía hambre.

Corría y se le caían las fotocopias. Siete horas y cuarenta minutos después, volvía a ver el reloj para empezar a ponerse ansioso con la hora de la salida de la última clase del día. Ya tenía que irse, tenía que estudiar, tenía que adelantar muchas cosas. En la entrada de la biblioteca se fijó en el reloj. Estaba tarde. Y se le iba a hacer más tarde estudiando. Iba a salir muy tarde, llegaría tarde a casa y se iba a dormir tarde. Todo tarde, siempre tarde. La certeza le dio escalofríos.

Una tarde decidió que al día siguiente no iba a usar reloj. Se decidió por acostarse temprano para poder levantarse temprano. Esa, la siguiente mañana, iba a ser sin relojes. No tenía intenciones de ver la hora. Se levantó muy temprano. Solo y sin ruidos. Se duchó, desayunó con calma y salió para la Universidad. Llegó a clase sin ver el reloj y llegó temprano y sin estrés. Horas después, salió, se fue a caminar, y comió cuando sintió hambre. Ya muy entrada la tarde; unos minutos antes de que se fuera con unos compañeros a la última clase. En la clase no estuvo pendiente del reloj. Se pasó rápido, ni se sintió. No cabeceó ni una vez. Salió y se fue para la biblioteca. Tenía bastante que estudiar pero no se quería estresar. Pasó detrás de la gran columna-reloj de la biblioteca para no ver ni las manecillas de los números. Se sentó a leer sin importar la hora. Se iría cuando terminara esos ensayos. Sin afán.

Quién sabe cuánto tiempo después, salió de la biblioteca. No sabía qué hora era. A lo mejor muy tarde. Aunque estaba con niebla el campus. Hacía mucho frío, había llovido y tal vez era más temprano. Jugar con las posibilidades lo divirtió mientras bajaba hacia el Transmilenio.

Pasó muy rápido el que le servía e iba vacío. Se sentó en la parte de atrás. Justo cuando se iba a poner los audífonos escuchó la voz electrónica del TM anunciando que eran las ocho y treinta de la noche.
-Bien-, pensó. -Siempre salgo después de las nueve.
Se sentía bien no estar estresado por el reloj, concluyó.

10 de abril de 2011

Información de fuente humana para diario costeño

Está bien. Iba a salir con ellos. La verdad no le interesaba mucho posponer más el asunto. Su novia cada día presionaba más, y el tema estaba tomando un tono incómodo que no ayudaba a nadie. Igual, era el hermano, eventualmente tendría que convivir con él. Sí, definitivamente iba a ir, qué más daba. Qué es lo peor que podría pasar? Siguió en la fila de la cafetería sin darle muchas más vueltas al asunto.
-Ensalada?-, preguntó la señora.
-De qué es?
-Remolacha
-Uy, a mí eso no me gusta. De qué más tiene?
-Se nos acabaron las demás, joven. Dele una oportunidad. Esta está muy rica.
-Bueno, está bien-, respondió pensando que ese fin de semana comenzaba a ser el de dar oportunidades.

*

No se veía tan mal el asunto, pensó cuando se estaban tomando unas cervezas al comienzo de la noche. Igual no era que de repente fueran a volverse los mejores amigos. No, eso no. Esa gente está mal. Lo que pasaba es que no era imposible contener las ganas de meterles la mano, pero ya. Todo bien siempre y cuando no se pusieran con maricadas.

La noche siguió bien. Llegaron más amigos de ellos. Cuando se dio cuenta que no era el único normal se tranquilizó más, ya no se sentía en una emboscada ni mucho menos. Sólo en ese punto se sintió cómodo para ponerse a tomar con tranquilidad.

*

No resultaron siendo tan malas personas. Se le acabó la plata y le gastaron. Incluso cocteles. Los amigos del hermano de Andrea, tampoco resultaron ser tan desagradables. A excepción de ese momento extraño mientras meaba, nada había pasado. Tan así el asunto que se dejó invitar al remate. Igual no iba a estar solo. Otras personas normales iban a ir, entonces todo bien.

Siguieron de fiesta, se bebió más, se comió. Francisco no se podía tener de la borrachera. A la madrugada se acostó en la cama principal y ahí quedó, en una esquina del inmenso colchón. Había disfrutado mucho de la fiesta, que con los ojos cerrados lo negro se le moviera de lado a lado era prueba de eso.

*

Un par de horas después la borrachera y un dolor de estómago lo despertaron. Desorientado buscó alrededor algo familiar. Le dio vacío en el estómago cuando vio que tenía una cobija encima. Se levantó bruscamente mirando desconcertado el resto de la habitación. Estaba en medias, no tenía ni idea de en dónde podían estar sus zapatos. Volvió a mirar alrededor del cuarto y se dio cuenta que su menor preocupación eran los zapatos. En la cama había dos bultos, eran dos tipos. En medio de la borrachera le dio la peor nausea que había sentido en toda su vida. Le dolió el estómago, más que cuando se despertó. Tenía que ir al baño.

Cerró la puerta con llave y se vio en el espejo. Estaba borracho. No se reconocía. Se acercó a la taza e intentó vomitar. Incluso se introdujo el dedo pero sólo le salió saliva densa. Optó por sentarse. El dolor de estómago, la borrachera, el mareo, el susto que tenía, no hacían buena combinación. Estaba ansioso y paranoico.

Unos minutos después, ya descansado, se levantó. Al voltearse y ver hacia la taza sintió que toda su vida se terminaba en un segundo. Todo el asco, la furia y la ira del mundo se combinaron en un segundo. Apretó los labios y empezó a refunfuñar aguantando las ganas de romperlo todo.

Frenéticamente se puso a buscar en los gabinetes algo que le pudiera servir como arma, lo que fuera. La lima de un cortaúñas serviría.

En medio de la borrachera su afán homicida no recordaba que lo que le desagradaba de comer remolacha era que le pintaba de rojo la mierda.

El cuento

-Cuéntame un cuento.
-No me sé ninguno...
-Ay, no seas así. Me gustan tus cuentos. Cuéntame uno bonito... de amor.
-Pero a mí no me gusta contar cuentos. Y tampoco me gustan los cuentos de amor.
-Qué va, sí te gustan. Dale, cuéntame un cuento.
-No, es que eso no es así. Mira que tan creativo no soy como para inventarme un cuento de la nada.
-Pues inspírate! En mí! En nosotros! Cuéntame un cuento sobre nosotros. Ahí tienes tu historia.
-No, pero yo no sé contarte un cuento. Menos de nosotros. Mis cuentos son malos. Se me mezclan las historias y no sé qué termino contando. Ves? No quiero contarte un cuento, no sé cómo.
-Como que no sabes cómo contármelo? Ya te dije. Inspírate en mí. Cuéntame un cuento. Uno para mí y de mí.
-Ahg. No sé cómo. Qué tal me enrede?
-Cómo así que te enredes?
-Comienzo mis cuentos y no sé cómo terminan. Y me pides que sea uno de amor. Yo no sé hacer cuentos de amor. Como te digo, se me mezclan las historias.
-Cómo así se te mezclan las historias?
-Sí. Comienzo mis cuentos de amor, con personajes, con la historia prefijada, con los diálogos ya pensados. Y me imagino el final, lo tengo ya diseñado. Empiezo a escribirlo, empieza a andar el asunto. A medida que voy haciendo la escritura, comienza a enredarse la historia. Los personajes, ellos solos, sin ayuda de nadie, empiezan a salirse de mi historia. Mi trama comienza a cambiar. Los diálogos se desarrollan solos. Son muy parecidos a los originales, pero cambian los nombres propios involucrados originalmente. El final comienza a volverse azaroso, o al menos no es el final original. El que yo había planeado para mi cuento. Siempre me pasa con los cuentos de amor. Comienzo una cosa y terminan en otra. Si te digo la verdad, y eso es lo que pasa, mis cuentos de amor se parecen mucho a mis historias de terror. Comienzan igual, y sólo hasta el final me doy cuenta en qué terminó. Si fue cuento de amor o historia de terror. Se parecen tanto. El punto de quiebre son las interrupciones imprevistas, o los momentos de silencios pesados, o las manos que se retiran de otras manos de manera sorpresiva, o las conversaciones que acaban de forma tajante. Ante un ruido. Ante una sombra que se avecina. Ante unos pasos que suenan en la puerta de atrás. Cosas así. Todos elementos de las historias de terror. Son las vueltas de tuerca de mis cuentos de amor. Se parecen tanto... no te imaginas. Como te digo, comienzan igual, sólo al final me doy cuenta de en qué termino. Por eso no sé cómo contarte un cuento. Me enredaría, me enredaría mucho. Me entiendes?
-Espérame un segundo- dijo ella mientras, con el celular en la mano, salía rápida y torpemente de la habitación. -Voy al baño-, añadió cerrando la puerta tras de sí.