5 de febrero de 2011

Epitafio

Es difícil seleccionar uno solo. A medida que pasan los años y uno hace más maldades, se hace más y más complicado escoger una frase que uno pudiera hacer poner en su tumba tras morir. Algo que resuma, de manera contundente, eso que uno era cuando estaba vivo. En algunas ocasiones es fácil. Si una persona es música, poner un grabado de su instrumento y los primeros compases de su canción favorita. Si es un político, frases como 'Siempre obre bien. Aunque no necesariamente pensando en los demás' le permitirían irse al más allá con algo de sinceridad para con sus electores. Lo difícil es cuando uno tuvo una vida normal. Una vida de levantarse, prueba/error constante, acostarse, y volver a levantarse y así hasta la náusea. Una vida de esas normalitas; de esas rotas que viven sábados que parecen domingos; vidas de amigos que se tornan enemigos y de amores que no son amores sino desconocidas que ocasionalmente hacen contacto visual ante la necesidad de estar en el mismo bus (o cafetería, o clase, o grupo de amigos, etc.).

Siendo así las cosas, y ante lo terrible que es para el ego (que dizque busca eternizarse cuando está aburrido) saberse con una vida normal, no queda más que intentar buscar un detalle que, igual que la vida de uno, resalte por su simplicidad (con límites muy finos con la mediocridad) pero que permita hacerse una idea de la vida de la persona que lo ostenta.

Vuelvo a pensar en las etapas de la vida normal. Esa de levantarse, prueba/error constante, acostarse y volver a levantarse. Todo recae en esa segunda etapa. Las caídas y los accidentes son constantes. El dormir, el acostarse, es más para el alma que para el cuerpo: el alma se maltrata y cansa más rápido que el cuerpo. Algunas veces pienso que mi alma tiene las rodillas raspadas. Tantas caídas algo le habrán roto.

"Siempre tuve dificultades para amarrarme los zapatos". He ahí un buen epitafio.

6 comentarios:

  1. híjole! Anótelo en su testamento, sino le van a poner "Excelente marido, padre e hijo", igual que a todos!
    (con esto de que no hay muertos malos... quisiera saber qué le ponen a los criminales)

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  2. "Aquí yace un hijodeputa"? Jaja, la verdad no sé. Voy averiguar y si es algo interesante, te comento. Por otro lado, no, ese epitafio que tú me achacas no deja de generarme mucha rasquiña!! Ni que uno no fuera algo más...
    Saludos!
    :)

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  3. Me acordé de una canción que dice "En el día que morí el cura se confundió: dijo que yo era un gran hombre. La familia me lloró, mirando una fotografía hicieron un brindis en mi nombre.
    Solo me repito que a veces es fácil olvidar de dónde vienes y quién eres. Yo sé lo que hice bien, yo sé lo que hice mal".

    Al final, en el epitafio de uno el que tiene menos voz es uno mismo. La gente coloca lo que ellos deciden recordar de cada uno. Si total, uno está muerto, y para los que se quedan acá al parecer es importante la certidumbre de que tienen la buena fé de no cuestionar a un cadáver.

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  4. Sí! Por eso el testamento se vuelve clave, ja! Que uno decida sobre la frasecita, teniendo en cuenta que al fin y al cabo a uno lo recuerdan de diversas e infinitas maneras. Todas fuera del control de uno.

    No conocía la canción, chévere el dato, ya la escuché completa. Está bien coqueta.

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  5. Cuando nos muramos, todos estos blogs van a quedar dando vueltas por Internet, a menos que el mundo se transforme en otra cosa. Vamos haciendo nuestros propios epitafios

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  6. Uy, yo no quiero pensar eso. Pienso más en el encanto de algún día hacer desaparecer todo esto, y ya. No espero que me sobreviva mayor cosa. Si acaso los aciertos más destacados, y si no... los recuerdos de las mejores rumbas, qué sé yo.

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