9 de enero de 2011

Desacuerdos

-¿Cómo va tu vida?
-Prematura.

Lo primero que le llamó la atención de ella fue que siempre estaba sonriendo. Siempre estaba feliz, risueña. Se tomaba el cabello, apoyaba la cabeza sobre su hombro y respiraba mientras repasaban el libro. Siempre se reía de sus comentarios. Se le quedaba mirando con unos ojos entrecerrados que confundían una mirada tierna con una de odio. Una mirada ambivalente, decía él con cariño. Nunca hablaba de más. Él jamás hubiera sabido que lo quería si no fuera por esa noche en que se emborrachó y se lo dijo. Así era ella.

**

La primera sospecha que tuvo vino de una llamada. Era de esas llamadas que tumban a un elefante. (como si el alma fuese algo parecido a un elefante). Ella lo miró, se volteó y dijo que iba a hacer unas vueltas. Después de eso a él le daba miedo siquiera preguntarle la hora. Le asustaba dar con la combinación de palabras que desatara toda su ira, tristeza y descontento con el mundo.

Pero no llegaba.

Y las ficciones se caían, y la voz no se resquebrajaba. Hacía falta lo del pan, y sonreía mientras lo miraba y le mostraba, con la combinación de posiciones entre su mentón y sus hombros, que no sabía qué iban a hacer y que esperaba de él una respuesta. Hacia el final, cuando el hastío era insoportable, no había ira, ni llanto, ni tristeza, ni rabia, nada por parte de ella. Sólo una ola invernal, se volvía invierno y uno no sabía si lloraba o si tenía los ojos brillantes por escarcha. En ese último periodo él fue tan descarado, recuerdo, que sospecho que era a propósito. Creo que era para obligarla a estallar; que así fuera en el último momento rompiera todas las vajillas y pusiera la música tan duro que hubiera que gritar para hacerse escuchar.

***

Al final me dijo, y le creí, que el motivo más importante (el único relevante, tal vez) por el que se alejó no fue nada más que un desacuerdo. Ella pensaba que ser feliz significaba tener una sonrisa en el rostro todo el tiempo. Que ser comprensiva era guardar silencio. Que disentir era callar y que reparar era ignorar. Él, por otro lado, no estaba de acuerdo.

1 comentario:

  1. AAH, que bueno, me gusta mucho ese modo de narración que tiene.

    ResponderEliminar

Ven por La Ventana