20 de noviembre de 2011

Historia de una votante promedio de una ciudad lluviosa y con muchas palmeras

-Alfredo, ¿viste las noticias? Llueve mucho, qué miedo esos derrumbes. Dijeron que ya eran varios lugares los que estaban afectados.
-Sí, sí claro, pero ¿dónde quedan esos lugares?-, replicaba Alfredo. No están en un lugar tan favorable como nosotros. Acá nada de eso puede pasar. Tú tranquilízate y preocúpate de que los niños estén abrigados.
-No me convences. No sé las condiciones de esos lugares, pero uno nunca sabe.

Alfredo tenía que lidiar con las preocupaciones de su mujer por lo que las lluvias hacían en el país. Ella  insistía en los temores sobre lo que podría hacer un aguacero al lugar que residían. El conjunto, del que resultaba que Alfredo era presidente de la junta administradora. Él ya había sorteado la exigencia de multar a los vecinos que se negaran a comprar una sirena comunal. Esto fue tras que ella viera en un noticiero regional que en los habitantes de una población afectada por las lluvias lo perdieron todo porque, como dijeron en las noticias, repetía la señora, "un lado de la vereda no le pudo avisar al otro".
-Pero amor, esto es un conjunto. Es la ciudad, y estamos en una planicie. Que se inunde es muy improbable. Y si pasara, pues estamos en una torre.
Cuatro días con sus noches duró el proceso de convencerla.

Cuando Alfredo, volviendo del mercado y yendo para su apartamento, escuchó en la radio que por la lluvia se habían caído cuatro árboles en la ciudad, supo que al llegar a casa se iba encontrar a su esposa alterada. Sorpresa mayor al encontrarse ya a todo un grupo de mujeres, las mismas que hacían la colecta para las luces de los edificios en cada navidad, organizadas con su esposa al frente.
-Las palmeras Alfredo, las palmeras.
En un costado del conjunto, entre los edificios y una reja que limitaba con una avenida, había un corredor de pasto con algunas flores rastreras. Con algunos metros entre una y otra, se alzaban seis palmeras. De las citadinas. Largas, de un sólo tronco; delgado, y al final con sus hojas cortantes. Entre preocupaciones de madres y padres se decidió que era conveniente cortar de tajo las palmeras.
-Se pueden ir contra las ventanas-, decía una vecina.
-La habitación de mi hijo da justo a la calle-, decía otra.
Alfredo miró a su alrededor sin encontrar aliado alguno para bajar los ánimos. Las pocas miradas de algunos vecinos, que en su mayoría no hacían parte de la junta administradora, reflejaban incertidumbre y dudas sobre el proceder de los padres de familia agremiados. Finalmente una voz se levantó. El dueño de esa voz y su esposa se habían mudado hace muy poco al conjunto. Un matrimonio joven, sin hijos. Vivían en el quinto piso y no se habían presentado en ninguna reunión de la junta.
-Vecinos, yo creo que debemos esperar. O por lo menos asesorarnos bien. Tal vez no es necesario cortar todas las palmeras, incluso puede ser que no sea necesario. Yo al menos no lo creo.
Comenzó un rumor de insatisfacción en medio de la multitud. El joven se percató de ello e intentó remediar un poco la situación.
-Podríamos llamar a alguna entidad del Distrito -continuó. O por lo menos a alguien que nos pueda asesorar antes de tomar una...
-Haciendo eso no sucederá nada-, interrumpió la señora María Uribe, ya empoderada en su rol de líder con fervor popular, mientras el vencido vecino se apartaba de la reunión en silencio-. Lo que hay hacer es evitarnos una calamidad- agregó. Qué llenar formularios ni que nada. Más bien, ¿alguien tiene alguna idea sobre quién nos puede ayudar a talar eso lo más rápido posible? Así es que se resuelven estas cosas-, sentenció sin siquiera mirar a su esposo Alfredo que la miraba atónito.
-En la constructora mía tenemos equipos de trabajadores para eso-, dijo un vecino con cara de solidario. Yo llamo a unos para que vengan mañana mismo. No cobraré, ni más faltaba.
Hubo algunos intentos de aplaudir el ofrecimiento. María miró a su alrededor satisfecha.

La mañana siguiente, de domingo, vio su tranquilidad interrumpida con el ruido de una motosierra cortando de tajo las palmeras. María se levantó muy temprano, como todos ese día en el conjunto. Al volver a la cama con su café y encontrarse con la mirada de reproche de su esposo sentenció: -¡Pero ya no hay peligro de que una palmera nos caiga encima!

28 de octubre de 2011

Seguridad, democracia y un chiste

El viejo cuenta que en los cortes de luz del gobierno de Gaviria por las calles bogotanas aparecía grafitiada la palabra "Razonamienten".

Cristina hace bastante que no escribo. Me costó trabajo varias cosas durante los últimos meses. Tampoco es que pierda alguna ocasión para vagar, lo que contribuye a que el trabajo se me acumule. Son varias las cosas que me gustaría comentarte.

Hace unos días me vi con un amigo en un parque. Lo íbamos a pegar y a hablar un rato. Cuando estábamos en esas ambos nos fijamos que en la esquina de un conjunto aledaño al parque había una cámara nueva. Esa misma reja, en esa misma esquina, tenía ya empotradas dos cámaras, ambas estáticas. Una apuntando al sur y otra hacia el occidente. Pero no había sido suficiente. Pusieron una nueva. Una encaramada a la reja y salida del perímetro del conjunto. Una de esas cámaras que giran los 360º. Ambos nos preguntamos si eso era legal. Claro, en la mente de la gente es necesario ("así si a uno lo roban en el parque alguien está pendiente", pensarán unos), pero igual no sobra la pregunta si de hecho es legal. Que una cámara privada se salga del perímetro privado que debe custodiar y, no siendo suficiente con eso, que grabe a personas y espacios que están por fuera del sector privado que debería custodiar. Es decir el parque y los que allí están jugando, o paseando el perro, o pegándolo. Igual de ahí no nos movimos. Ese día mi amigo me dijo que le iba a contar su papá sobre las porquerías que andaba fumando. Yo le recomendé que lo hiciera en un día en que el papá estuviera de muy buen humor. Y que entonces se lo contara riéndose. Le dije que la banalidad sería su mejor amiga. Él se rió. Me dijo que lo sabía. Me contó que la semana pasada ese había sido el escenario y que cuando se lo iba a contar el papá se lo llevó a comprarle una chaqueta nueva. "No la quería arriesgar", me dijo tosiendo.

Estamos en época de elecciones, imagino que lo sabes. Allá no se debe sentir tanto como acá. Acá es impresionante. Si en Bogotá es como es, no imagino cómo será en los pueblos. Esa comparación es algo que no me ha abandonado en las últimas semanas. No puedo dejar de pensar en eso. Además, especiales multimedia de revistas y periódicos no me ayudan con la paranoia. Todo en el país está una mierda. Paracos vuelven al poder o consolidan sus fortines electorales por todo el país. En todo lado hay denuncias, candidatos cuestionados, partidos que se hacen de la vista gorda. Acá en Bogotá lo máximo que hacemos (y lo hacemos mucho, nos hace sentir "responsables") es denunciar la publicidad ilegal en las paredes del barrio. No tenemos ni idea. Últimamente pienso mucho en eso. No tenemos ni idea y en últimas lo que hagamos acá es irrelevante para el resto del país. Al menos en lo que refiere a democracia real. Todo es una farsa y la democracia, en este país, con sus condiciones, es una farsa mayor. Voy a buscar el código de policía y la constitución a ver si me pueden despejar dudas. Quiero saber qué puedo hacer en las mesas de votación sin que me metan preso. Un amigo tiene unos adhesivos que me parecen excelentes para nuestro país, dicen "Vote Partido Detestable". De frente: vote por los malos malos (y al menos riámonos al respecto). No se deje engañar por corbatas. Vote por los detestables. Pondré uno en el tarjetón, otro en el cubículo de votación y si las condiciones están dadas (para eso estoy buscando las normas) uno encima de la urna de votación justo en el momento en el que meta el (anulado) voto. Pa'la mierda todo. Yo ya no le creo a nada. Voy a volverlo una campaña: elijamos a los malos de frente, sin eufemismos de color, lema o nombre. Tan fácil que es analizar desde la ciudad. No te imaginas. Yo quiero pensar que ser consciente de lo que pasa en este país hace que uno viva esta época electoral como se siente repetir una película de terror. Uno ya sabe que los malos ganarán, uno ya sabe que el asesino saldrá por esa puerta e igual no puede apartar la vista e igual, a pesar de saberlo, se asustará cuando pase.

¿Qué más por contar? Hace unos días iba caminando por la Caracas en horas pico con unas amigas de universidad privada (es importante resaltarlo, sólo así tiene sentido lo que sucedió). Transmilenio en el sentido norte - sur estaba increíblemente congestionado. Una fila de por lo menos cinco cuadras de articulados. Una de mis amigas me preguntó que si era otra marcha de los estudiantes de universidad pública en contra de la reforma al sistema de educación superior. Le respondí que no, que tan sólo era el sistema. No se rió.

17 de octubre de 2011

Un "ABC" de la reforma- Algunas ideas en torno a la Reforma Educativa

Introducción

Se hace necesario escribir algo sobre la Reforma a la Educación Superior (Ley 30 de 1992). Este es mi aporte a la discusión.

En aras de invitar al debate uno podría poner un nombre llamativo como "El ABC de la Reforma". Pero no se puede. Por un lado, el problema de la Educación Superior es un problema complejísimo y fundamental para la realidad de un país. Más de este país. Hablar de ABC presenta el asunto con una simplicidad perjudicial. Por otro lado, hablar de el ABC, la respuesta, es contrario a la propia idea de educación. No hay una sola respuesta. Es un constructo que tiene que moverse constantemente. Estas son sólo algunas ideas para el debate, algunas más que otras, pero todas condicionadas. En ese sentido el uso de comillas no es accidental.

Por supuesto, lo que estoy por decir lo digo desde un lugar. Sí tengo una visión de lo que debe ser la educación superior, también tengo una idea más o menos clara de lo que significa la Universidad (y más pública) en esa visión que tengo de educación superior (y de país). Espero que sin atender a ningún ismo, sino sólo a la consolidación de la democracia y a la búsqueda de sociedades más justas, se pueda entrever ese lugar desde el que hablo.

A las anotaciones que estoy próximo a hacer las atraviesa algunas premisas:

1. Se necesita una Reforma a la Educación Superior (en particular) con urgencia. La ley original ha generado un déficit constante y creciente en el Sistema que debe ser resuelto con urgencia.

2. La educación, en todos sus niveles, es una condición necesaria (aunque no suficiente), para la consolidación de la democracia. Países con educación de alta calidad suelen tener democracias consolidadas y deliberativas. Sin educación no hay democracia.

3. La Universidad, sobre todo la pública, es un motor de desarrollo, equidad, democracia y constante innovación. Su razón de ser, su objetivo misional, es fomentar el acceso democrático e igualitario al conocimiento y a la investigación. Fortalecer a la Universidad Pública es fortalecer la democracia y el proyecto de un país más justo. Hay otros tipos de educación superior, no sólo  la Universitaria, pero el fortalecimiento de la Universidad es fortalecer un elemento de la mayor importancia en el desarrollo del país.

4. Nadie juega a los dados con el Estado. El Estado colombiano, sus políticas económicas, políticas laborales, de inversión social, no carece de modelo. La explicitud de ese modelo, del país que imagina, se ve en las prioridades monetarias y de inversión. La educación, como prioridad del Estado, sigue siendo desplazada por otras prioridades que responden a otros modelos de nación. La pregunta es importante. El actual proyecto, aunque reconoce a la educación como derecho, le da un tratamiento de servicio público en la medida en que tiene que "fomentarlo" mas no garantizarlo. Esa obligación, la de garantizarlo, se sigue de darle a la educación (en todos sus niveles) el tratamiento de derecho fundamental. Cabría preguntarse qué tipo de país, de sociedad, de economía, tendríamos si hiciéramos de la educación un proyecto de Nación.

5. No se pide dinero porque sí. La Universidad, y en general la educación superior necesitan constantemente de más financiación. Se reconoce un principio de corresponsabilidad en el que la Universidad debe trabajar de cara al país. Que la Universidad, más que todo la pública, en todo el país, le haga una batalla frontal a la corrupción a su interior, así como a los gobiernos de administrativos burocratizados.

6. El sistema de educación superior hace parte del sistema educativo, entendido como las etapas de preescolar, primaria, secundaria y media vocacional. En todos los niveles mencionados se requiere una mayor inversión de capital social y financiero. Las reivindicaciones propias del sistema de educativo de una nación no deben entenderse como interés de unos grupos específicos, al contrario son un llamado a toda la sociedad en general para que se cuestione sobre sus metas y sobre cómo llegar a ellas. Los sobrecupos en los niveles básicos y de media vocacional exigen atención. De la misma forma, se debe invertir en herramientas de evaluación integrales que propendan al desarrollo de planes educativos de largo alcance. Fortalecer el sistema de educación superior desconociendo los niveles que lo anteceden generaría un cuello de botella dejando por fuera a los jóvenes que en el colegio no hubiesen alcanzado el nivel suficiente para ingresar al sistema de educación superior. Los retos de la educación básica y media vocacional (comenzando por exigir la obligatoriedad de ésta última) son similares y tan amplios como complejos. La alta calidad, la evaluación, las investigaciones, todo está dado para que se dé en Colombia un debate real e incluyente sobre la pertinencia de una gran reforma educativa.

Objeciones

No pretendo recoger todas las críticas que se le han hecho al proyecto. Expreso algunas que me parecen de particular importancia:

1. Tipología. La Reforma sigue sin ser clara con la tipología en el Sistema de Educación Superior en general y en las Universidades en particular. Se habla de Universidades de Alta Calidad, pero constantemente el término usado es "IES" (Instituciones de Educación Superior). Esto es problemático. La tipología, separar a las Universidades según ciertas características y darles un tratamiento diferenciado, es un elemento que fortalece las relaciones entre diferentes partes del Sistema de Educación Superior. Universidades de Investigación, Universidades con posgrados, Universidades de profesionalización, Institutos Tecnológicos, y la técnica, son entidades que tienen misiones diferentes. No todas tienen que cumplir las mismas responsabilidades y no todas tienen los mismos privilegios.

De tal tipificación de los estamentos del sistema de educación superior derivan muchos asuntos de vital importancia. Autonomía Universitaria, a quiénes, en qué términos, por qué motivos se les concede, Financiación, tipos de regímenes, capacidad de maniobra de las Instituciones de Educación Superior sobre sus presupuestos, niveles del saber, sistemas de evaluación, capital para investigación son algunos temas que se deben caracterizar partiendo del tipo de Institución a los que se refieren. La ausencia de tipificación, en la Reforma, se evidencia, en por lo menos dos casos: Primero: Al hablar de "autonomía" la predica de las "IES", no exclusivamente de la Universidad. Vale la pena recordar que la autonomía universitaria no es una característica que se predica de todo el sistema. Sólo las Universidades, por su Misión y su lugar en la sociedad democrática, tienen derecho a dicha autonomía (consagrada a nivel Constitucional). Segundo: Una línea de progreso atraviesa a la Reforma, se asume que es mejor que un Instituto Técnico pase a ser Universidad. En vez de eso la Reforma debe velar por el fortalecimiento de las diferentes Instituciones respetando su lugar y sus objetivos misionales.

2. Financiamiento I. El ICETEX se mantiene como un filtro que recibe aportes de las cabeceras municipales, del gobierno nacional, y también por aportes que enuncia la Reforma en sí misma. Detrás de eso está la tesis de que es mejor apoyar la demanda (directamente al estudiante) y no a la oferta (el sistema de Educación Superior en tanto sus instituciones). Incluso el fondo de Permanencia en la Educación Superior (organismo diseñado como subsidio para evitar la deserción) será manejado por el ICETEX. Primero, la tesis de que es mejor financiar la demanda deriva en que se apoya la cultura crediticia, no propiamente la educación superior. Un punto que refleja el lugar prioritario de la cultura crediticia en la Reforma, en vez de un interés real por el Sistema de Educación Superior, es que en la Reforma se proyecta la apertura de 600.000 cupos de los cuales la Universidad Pública recibirá sólo el 13%. Se propone que el resto de la demanda sea cubierto por instituciones privadas. Ninguna ley dirá que privatizará la Universidad Pública, sin embargo, la reforma actúa como un instrumento de privatización en la medida en que no propende por fortalecer lo público y sí brinda instrumentos para el crecimiento de lo privado. La cultura crediticia incrementa el gasto individual del estudiante que se endeuda y genera un cuello de botella en el que el de menos recursos no se puede endeudar ni pasar a la Universidad Pública (dadas condiciones de inequidad educativa desde la educación básica y media vocacional). Un instrumento que la reforma propone son créditos con 0% de interés. Dicha tasa preferencial beneficiará a los estudiantes de menos recurso. Surgen preguntas. Valdría la pena sacar las estadísticas sobre cuántas personas de escasos recursos tomará uno de esos créditos para estudiar en Universidad Privada. Aún y si fuera un número relevante, sigue habiendo el problema de la profundización en la cultura crediticia. El estudiante de Universidad Privada no debe ser indiferente con este asunto, ni pensar que su interés se debe limitar a "solidaridad" con el estudiante de Universidad Pública. Apuntarle al congelamiento de las matrículas en Universidades privadas, así como a una revisión en las tasas crediticias, son todas reivindicaciones legítimas y propias del movimiento estudiantil.

3. Financiamiento II. En ningún punto de la reforma está explícito el mencionado 10% proveniente del Sistema Nacional de Regalías para Ciencia y Tecnología (CyT). Esto toma sentido al tener en cuenta que en la norma que regula las regalías, se expresa que el mencionado 10% no pase directamente a los entes de investigación del Sistema de Educación Superior, sino a un comité de CyT diferente conformado por doce puestos. Seis de representantes del gobierno nacional y las autoridades regionales y seis representantes de universidades, cuatro de públicas, dos de privadas. Sin embargo, si uno confronta con el artículo 2 de la Ley General de las Regalías (Acto Legislativo 05 de 2011) se resalta el objetivo de dicho comité de CyT: "Los Fondos de Ciencia, Tecnología e Innovación (...) tendrán como  finalidad la financiación de proyectos regionales acordados entre las entidades territoriales y el  Gobierno Nacional". En ese sentido, el mencionado 10% de las regalías no va a Ciencia y Tecnología de las Universidades, pasa a un fondo en el que las Universidades tienen puesto, pero cuyos objetivos son de origen e interés gubernamentales. En este escenario hay dos salidas posibles. O bien la Universidad sólo será una voz dentro de un comité que decidirá en dónde invertir, o bien la labor investigativa de la Universidad estaría sujeta, dado el modelo de financiamiento, a los intereses de dichos comités. Lo cual iría en claro detrimento de la Autonomía Universitaria. Por la misma línea que lo anterior, vale la pena resaltar que COLCIENCIAS sigue siendo otro filtro en el país para financiar los proyectos de investigación. Sin desconocer sus avances en los últimos años, se requiere de un examen urgente y una reestructuración que por un lado blinde a la Institución a cualquier tipo de injerencia política, y por otro lado la ponga al nivel los más altos estándares en Instituciones de su tipo.

4. Financiamiento III. El presupuesto para la universidad pública es insuficiente. Las metas de la Reforma, aunque loables (quién no de sea más cobertura y calidad), son inalcanzables con el modelo de financiamiento que proponen. La universidad tiene gastos recurrentes y crecientes que la Reforma no contempla. En la medida en que la Universidad Pública no se fortalezca, los cuellos de botella en el acceso a la universidad pública (de nuevo, provenientes de cuellos de botella rastreables a la educación básica y media), y el crédito como única forma de acceso a la universidad privada, se fortalecerán. De nuevo, es una pregunta sobre el tipo de país que buscamos.

5. El Uso del PIB como indicador de los aportes del Estado a la Universidad pública. Es un tema para debatir si es correcto que un Estado (Social de Derecho) sujete los aportes a la educación al incremento del PIB (indicador de crecimiento económico). Aún y si se acepta como válido sujetar los aportes a la educación a un indicador de crecimiento económico, se deben traer a colación discusiones sobre si el PIB es el mejor indicador para medir dicho crecimiento.

6. Bienestar Universitario. La Reforma, en su artículo 74, enumera una serie de responsabilidades que las Universidades deben asumir en el Bienestar Universitario. Seguido a eso, en el artículo 77, dice que "al menos" el 2% del presupuesto de la Institución será destinado a Bienestar Universitario. En la práctica, teniendo en cuenta el déficit financiero por el que pasan las Universidades públicas, ese "al menos" 2% será "únicamente" el 2%. Que a Bienestar Universitario no se le financie como se debe en la práctica lo convierte en una lotería en la que hay que mostrar estar en una situación económica de veras difícil para poder hacer parte de algún programa. ¿Por qué generar fondos de permanencia independientes de las Instituciones Universitarias? ¿Por qué no inyectar capital directamente en la Universidad? El Bienestar Universitario en las Universidades Públicas del país no se puede seguir tomando como un elemento administrativo no integrado a las necesidades de la población en general. Se requiere de una reivindicación política que eleve el Bienestar Universitario a la categoría de derecho adquirido al firmar matrícula.

Conclusión

Se puede pensar que el problema es el financiamiento "y ya". Yo lo pondría como que el problema es la concepción que se tiene de educación superior y el lugar que se le da en la Nación. Especialmente a la Universidad. De ahí deriva su relación con el Estado, la sociedad y el sector productivo. En últimas, de lo primero, de esas relaciones, deriva el financiamiento.

El sistema de educación superior, y en general todo el sistema educativo en Colombia, requiere con urgencia una Reforma. Sin embargo, dicha reforma debe ser construida con todos los protagonistas y debe ser pensada como un proyecto de largo aliento. Traigo a cuento la imagen del profesor Marco Raúl Mejía Jiménez para hablar de la interacción de la educación con su entorno: un caleidoscopio. Hay muchísimos elementos que interactúan entre sí. Nuestro deber es buscar la manera en que dicha interacción se dé de la manera más armónica posible.

Leí la Reforma y no estoy de acuerdo con ella.

3 de octubre de 2011

El niño que se empinaba

Cuando Gabriel tenía cinco años se empinaba en el balcón de su apartamento para mirar a las personas pasar por la calle empedrada. Sus ojos sobresalían tras la reja blanca aunque desde la calle sólo se veían algunos pelos oscuros moverse. Podría pasar por una mascota y no un niño pequeño.

Cuando ya se podía subir al bus sin que su mamá lo cogiera de la mano él le agarraba el codo a la situación. Le emocionaba tanto la idea de independencia dentro del bus que se mantenía de pie incluso cuando había puestos libres. No le importaba zarandearse ni que se viera como rebotando entre los puestos de una y otra fila.

Siguieron los años y siguió empinándose, siempre alargando el cuello. Ya era una costumbre, le gustaba sentirse alto de a momentos. Las ganas de independencia y reconocerse como una persona no particularmente alta habían gestado en él ganas de sobresalir. De muchas formas. Empinarse definitivamente era su favorita. También de muchas formas.

El día que murió no lo vio venir. Llegó montado en su bicicleta a la portería de su edificio, estaba emocionado, había sido un día estupendo, le había ido excelente. Bajó al parqueadero a toda velocidad. Quería llegar a mostrarles a todos sus amigos lo feliz que estaba. Mientras andaba, rápido, con el impulso que ya llevaba sumado al que le dio la rampa, se puso de pie sobre la bicicleta poniendo ambos pedales a idéntica altura. Se levantó y vio clarísimo su futuro, su lugar en el mundo y de donde mostrarse. Sin embargo no vio, en el techo del parqueadero, entre tubos que transportaban la mierda de sus vecinos, una saliente de hormigón. Diseñada pensando en las personas muy altas, jamás se consideró la posibilidad de un joven increíblemente visionario.

18 de septiembre de 2011

Transportes de carga

Sale del trabajo y lo llama. Pactan la cita y camina hacia la estación. Se subió a un transmilenio que tenía nueve monitores empotrados. Nueve. Las pantallas estaban excesivamente cerca las unas de las otras. Era la imagen viva de la masificación. Un bus atestado de gente sin gestos, rodeada de pantallas con un letrero de "Parada crítica" en todas ellas. "¿Desea restaurar el sistema con la herramienta de restauración?". Pantallitas azules y la gente mirando por las ventanas. Algunos se ríen y señalan el letrero. Algunos se inquietan por cuánto costarán esas pantallas. Otros se inquietan por el por qué no funcionan. Quieren que funcionen. Urgentemente. Quieren algo para ver, algo que los distraiga.

Hace transbordo. La estación está llena y ya no hay televisores. Salta a uno lento. Que llevan a borrachos y a gente que no tiene prisa, que es lo mismo. No hay sillas libres, pero tampoco está sin espacio. Hay lo suficiente como para ir parado cómodamente, pero no. El transmilenio tiene cupo para 112 personas de pie, 48 sentadas en las sillas y un hijueputa que se sienta estirando las piernas cuál plasta desparramada. Pone su maleta entre sus piernas abiertas y salta a la vista un botón que dice "Jesús me ama". Puede que él te ame, pero no valora que seas un desconsiderado. La justicia divina, la forma políticamente incorrecta del Espíritu Santo, pone al frente del bazuquero rehabilitado a un hombre con un sentido del humor pasado (o a un mal tipo y ya, como se prefiera y desde donde se vea). El bus frena y los cuerpos se tambalean. De nuevo más duro. Un nuevo semáforo y todos jalan para adelante. Un par de cuadras más adelante y una frenada agresiva da la oportunidad: Al señor de humor pasado lo vence el jalonazo y se va contra el amado por Jesús. En dos segundos le zampa la entre pierna a la cara, y ahí se la tuvo, conteniendo la carcajada, uno, dos, tres segundos. Horrorizado se levanta. El botón salta a la vista y todos recordamos que para sus seguidores Jesús pidió amor para todos excepto por unas muy humanas excepciones.

A medida que el transporte se va llenando la relación con los otros se modifica. Tener tanta gente tan cerca permite sentir otras cosas. Al fondo van tres chicas Yanbal. Dos no tan chicas. Partícipes de la generación del desempleo formal: el trabaje desde su casa o llegando a las casas ajenas. A su lado, la tercera, una muchacha joven. Posiblemente hija de alguna de las dos. Ella aún no se siente cómoda con su rol. Su chaqueta roja está oculta por un buzo negro, y ella no tiene las cintas en el pelo que caracterizan a sus experimentadas colegas. No hay día que pase en que no se flagele por lo desaplicada que fue en el bachillerato. Se pregunta qué hubiera pasado si sí hubiera podido estudiar la universidad. Más hacia el centro del bus dos desconocidos están próximos a tomarse de la mano. Los tubos resbaladizos y las constantes frenadas permiten que los cuerpos se vayan acercando. Ella siente unos dedos sobre su mano y la retira, se voltea un poco mientras se acomoda. Él, sintiendo como ella retira su mano, se siente abandonado. Tal vez la hizo sentir incómoda, piensa. No cae en cuenta que la manera como sobredimensiona los pequeños detalles está relacionado con el que esté solo. Hay quienes que llaman eso ser intenso. Hacia el lado del conductor dos señoras muy emperifolladas van conversando. Una de ellas, flaca desabrida, se queda mirando a un muchacho sentado en una silla roja. El idiota se levanta y le cede la silla. La compañía de la flaca desabrida se acerca a la otra silla, ocupada por otro muchacho. Él baja la cabeza, evita el contacto visual. Al final se rinde, se levanta y le cede el puesto a la amiga de la flaca desabrida. Varios pasajeros que ven la escena piensan lo mismo: Yo no me hubiera parado. Tipo tan bruto.

Se acerca a la puerta para bajarse en la siguiente estación. Mira alrededor y ve a todas esas mujeres. Televisores inservibles en un bus, mujeres infelices y hombres ineptos en otro.

Sale de la estación. Mientras camina por el puente vuelve a llamar a Alejandro y éste le dice que ya está llegando, que lo espere en el costado oriental. Allí, un par de minutos más tarde, se acerca en su camioneta verde aguamarina. Laura va en el asiento de atrás. Tiene el uniforme de las prácticas y la cara de cansancio satisfactorio propio de un viernes al anochecer.

Van andando y entran a un contraflujo que está con trancón en un sentido. Ellos van rápido pero el contraflujo está estático. Alejandro pregunta a sus pasajeros si quieren echar chisme. Ninguno entiende. Alejandro baja su ventana de conductor, y comienza a decirle, a cada carro que pasa "¡Mataron un tombo, adelante mataron un tombo! Va a estar como demorado, ¡mataron un tombo! ¡Adelante mataron a un tombo!".

28 de agosto de 2011

Cambio de academia

No había sido fácil la decisión de meter unas materias en esa Facultad. Todos tienen prejuicios e igual que todos los asiáticos son chinos, esa visión, la que vendía (porque para él ese era el verbo) esa carrera, era enemiga del pueblo. Pasó mucho tiempo en el que esas inquietudes no pasaron de ser consideradas una fase.

Sin embargo hay cosas que parecen fases pero no lo son. Son paréntesis de cosas más complejas, amplias. Hay inquietudes que permanecen constantes. Toman otras formas, sí, pero es justamente eso lo que no se debe perder de vista. Toman otras formas las preguntas que están ahí. Se pasa de la pregunta sobre el qué, a una sobre el cómo, después al por qué. Pero es siempre la misma cosa. Son preguntas sobre lo mismo. Si uno está pendiente de su propia vida se puede dar cuenta de eso, de ese hilo conductor tan difícil de detectar para cualquiera que nunca se ocupa de sí. Este fue el caso, al menos unos años después.

Fueron muchas las reflexiones tras esas primeras semanas en esas nuevas clases, en esas nuevas ideas y nuevas formas de ver las cosas. Incluso el cambio era geográfico. Por tres días a la semana no giraba desde la entrada a la izquierda sino a la derecha. A otro edificio, otro lugar. No obstante fue una la que más lo marcó porque le reafirmó la conexión entre lo que pensaba algunos meses atrás y ese preciso instante. En el fondo la distancia entre ciertas carreras, entre ciertos conocimientos, no era muy grande. Se podía decir que todo partía de una distinción muy básica, fundamental y conceptual, sobre el objeto de atención de una u otra disciplina. En últimas era que una u otra enseñaban a fijarse y a teorizar sobre unos u otros detalles distintos. En la 26 unos ven polución y otros ven problemas de movilidad. Eso era todo. Cuestionarse esos cambios para mal, arrepentirse de lo ya hecho, es caer en una paradoja, y en una muy tonta y por tanto poco interesante. Sin las preguntas de la primera etapa no se hubiera llegado a las decisiones que se tomaron para pasar a la segunda etapa. Es un círculo vicioso.

Había sido todo lo que esperaba. El tipo de preguntas, la manera de aproximarse. Las inquietudes. Le gustó poder comenzar a incluir números y sus argumentos y explicaciones en sus opiniones. En su lectura de noticias y en su manera de ver las cosas. Hablar con números le daba rostro a muchas ideas, era una manera de decir "Y si no me cree, mire". Como pensó en un principio, su trabajo, lo que quería hacer, se vería muy beneficiado de esos nuevos aires. No había más que puntos a favor para esa decisión. Sin embargo habría que decir que lo mejor de tomar esas clases en economía era la niña de cabello corto y mochila azul cielo. Se sentaba dos sillas delante de él y era encantadora.

13 de agosto de 2011

Nuevos mitos urbanos

Mito número uno.

Un hombre que intenta recordar cómo eran los noticieros cuando era muy pequeño. Recordaba que siempre había un pedazo de noticias internacionales y otro de noticias nacionales. Pero hasta ahí le llegaba la memoria. Pensaba en contenidos y siempre era la misma conclusión. Nunca le habían contado de veras lo que pasaba. El valor de la retrospectiva.

Mito número dos.

Justo al atardecer se le ve por las ciclovías que están por las vías principales. Siempre yendo en sentido contrario al tráfico motorizado. Con chaleco, casco, maleta amarrada y una sonrisa se le ve agitando la mano diciendo a los carros 'chao, pirobos, chao!'. Sólo lo escucha el viento que pasa pero a él no le importa.

Mito número tres.

Dizque hay un policía por el barrio Santa Isabel. El tipo no trabaja allá sino que vive por la zona. Eso dicen. Algunas noches, uno no sabe cuáles porque son, dicen, las que no trabaja, se le ve en tiendas de la zona con amigos. Jartando. Y en esas cuenta, dicen, que a él no le gusta cascar pelados. Que no le ve sentido a eso de asustar chinos que fumen en parques. Dice que él prefiere sólo pasar y ver que todo esté bien. Al ratico, se le ha escuchado decir, los ve, a los chinos, caminando por el barrio mirando para el techo. Dicen que se ríe mucho cada vez que lo cuenta.

Mito número cuatro.

Se dice que hay una pareja de hombres. Se hacen en la puerta del medio del transmilenio. Normales, promedio. No tienen porque llamar la atención. Son irrelevantes. Sin embargo todas las miradas los tienen en cuenta tras el comentario de uno de ellos ante la cantidad de gente embutida en el vagón. -Si alguno me pisa le doy puñal. Todos quedan quietos. Nadie sabe si está bromeando.

Mito número cinco.

Le pasó a un amigo de un amigo de un conocido. El tipo bajaba del apartamento de una vieja, por Chapinero, tres de la mañana. Un aguacero durísimo. Bajan juntos porque van a coger taxi. El taxi se demora. En medio del aguacero y la séptima (o trece, no me acuerdo) vacía, una anciana iba arrastrando una zorra llena de bolsas grandes y pequeñas. Tenía puesto una capa hecha con una bolsa negra y, lo más curioso, un sombrero de copa baja forrado con lentejuelas moradas. La lluvia y la luz amarilla reflejaban. Escalofriante.

También hay versiones que dan cuenta de un anciano. Barbudo, encorvado, mal vestido. El tipo recorre las calles bonitas con un costal. A media noche uno lo ve entre los barrios residenciales escarbando las basuras.

Mito número seis.

Un universitario, un pelado. Le toca pasar dos puentes peatonales para llegar a la casa o para llegar a donde estudia. Siempre en horas pico es lo mismo. Sabe que no hay otra manera de manejar tanta gente, pero le molesta caminar alineado. Tanta gente en los puentes, moviéndose y no moviéndose de a momentos, le daba la impresión de ver una línea de producción de alguna fábrica del futuro. Para hacerle el quite a esa sensación el muchacho pasaba el puente intercalando pasos con saltos cortos. Dicen que pareciera que estuviese bailando.

20 de julio de 2011

Ojos de gato

-Pero no se ve tan mal, pensé que estaría chillando.
-No, por qué?
-Pues lo que decía, de que ella era yo no sé qué, yo no sé cuá. Que lo bonito que era, que lo linda. Y ahora que me cuenta que nada de nada, pues no sé. Me sorprende. Lo pensé triste.
-Pues sí. Es una cosa de sentimientos. No es propiamente tristeza lo que hay. Hay ciertas cosas que por más que arruinen cuando se caen, no es "tristeza" lo que causan.
-Habla mucha mierda.
-También, pero no todo. Esto no es mierda, por ejemplo. Es en serio. Que con ella las cosas no se dieran (no que "se acabaran", para eso de hecho hubiese tenido que comenzar algo) no me entristece. No es esa la sensación. Es otra cosa, un mal sabor de boca extraño.
-Cómo... a mierda?
-Buena, buena... pero no. ¿Cómo se llaman esos cuadrados que reflejan luz? Los ponen en la ciclorruta y, haciendo franjas anchas, también en algunos sitios estratégicos, zonas escolares, por ejemplo.
-Los ojos de gato? Los que funcionan como reductores de velocidad?
-Sí esos. Mire, que con ella no se dieran las cosas no genera tristeza, es otra cosa. Le hago una comparación. Le ha pasado que está andando en bicicleta y pasa por una cuadra en la que hay tres franjas, separadas por algunos metros, de esas de ojos de gato reductores de velocidad? Usted pasa la primera franja y ninguna de las dos llantas se topa con los reductores, pasa la segunda franja y lo mismo: la bicicleta anda sin tropiezos. Entonces, pasando la última franja pasa perfecta la primera llanta y la trasera, justo al final golpea y pasa por encima de uno de los ojos de gato. No fue perfecto y no puede hacer nada al respecto: la perfección que no fue. Es eso lo que paso, igual le toca seguir adelante, no se va a devolver. El cuento no era algo planeado, ni actuado, era un chance único y no fue. Sí me entiende?
-Y entonces, cómo se llama esa sensación, la que deja esa perfección que no fue?
-Insatisfacción absoluta. Es que pudo haber sido perfecto.

17 de julio de 2011

La dedicatoria

No sabía qué hacer. Ya no se sentía tan seguro de la dedicatoria que le había puesto al regalo. Tal vez era algo tremendamente equívoco escribir ciertas palabras. Son errores trágicos, que son más trágicos porque se hacen con una sonrisa. El ejemplo perfecto: esas terribles motivaciones, todas tan acertadas, antes de hacer una llamada estando borracho. Tenía que borrarla.

El escenario siguiente no fue alentador. Un manchón horrible en el regalo. Quedaba feo. Hasta para rayar era psicorígido: no era una mancha bonita, desorganizada. Era un gran cuadrado rayado con esfero negro. Se notaba la razón de ser de la mancha. No se alcanzaba a leer, pero se notaba. Tenía que ingeniar algo, una excusa para esa mancha, algo que la hiciera dejar su incómoda naturaleza simplona. Hacer por la mancha algo parecido a lo que hace la naturaleza cuando le da carácter a la gente fea o talento para las artes a las niñas ligeramente gordas, pensó.

Al final optó por escribir en una de las últimas páginas lo siguiente:

"Un (mini) cuento dentro de un cuento. El enigma.

Se trata de un enigma. En una de las primeras páginas hay un manchón de tinta. Puede ser un rayón para ocultar el nombre de la niña a la que le robé este libro (lo que me volvería un canalla), puede ser, también, un rayón para tapar una dedicatoria que escribí y después reconsideré (¿eso qué volvería? no sé).

En últimas puede ser un simple manchón y ya.

Como dije, es un enigma."

Cerró el libro, lo envolvió y salió para la fiesta de cumpleaños. No sin antes decirse, con fuerza y lleno de convencimiento artificial (el nervioso), -¿Por qué no habría de funcionar?

5 de julio de 2011

La importancia de la Educación en el proyecto de una sociedad mejor

Nota publicada en el portal Blog.

El 20 de julio comienza la nueva legislatura en el Senado. Uno de los temas en los que estará más enfocada será la discusión del proyecto de reforma a la educación superior (Ley 30 de 1992). En este espacio ya me he mostrado en desacuerdo con ese proyecto y con la manera en que concibe a la educación. No obstante, y en aras de mostrar la importancia del debate, valdría la pena abordar la discusión teniendo en cuenta otros elementos.

El lugar que le dé una sociedad a la educación es determinante a la hora de que esa sociedad se desarrolle, sea más equitativa, más justa y más avanzada. El vínculo entre educación y desarrollo es consabido, pero esto no tiene efecto: la educación sigue estando relegada de la discusión nacional. El Proyecto de reforma peca en varios aspectos. Quiero centrarme brevemente en dos. Primero la regionalización de la alta calidad, y segundo, la relación entre la educación superior y la educación básica y media. Estos aspectos son fundamentales para entender el rol de la educación en la construcción de una sociedad más equitativa.

El proyecto de reforma no tiene un compromiso real con la regionalización de la alta calidad. No es claro en la manera en que planea fomentarla. Sólo propone darle partidas presupuestales extras a las Instituciones que tengan en cuenta ese proyecto. Que la alta calidad en educación se centre en las ciudades es problemático en la medida en que impide que en las regiones haya acceso inmediato a educación de alta calidad y enfocada en dinámicas particulares de cada región. En la periferia del país sólo estudian los que entran a las pocas, y cada vez más pobres, instituciones públicas, o los que tienen para pagar universidad privada en el interior del país o las ciudades capitales. Que esa brecha entre los que reciben una educación de alta calidad en el interior, y los que no, en la periferia, se vaya volviendo cada vez más amplia obstaculiza la descentralización del conocimiento (y de paso, también de la innovación y la investigación). Es bueno recordar que la descentralización, como manera de organizar las responsabilidades del Estado, incluyendo la educación, era uno de los objetivos originales de la Constitución del 91.

Por otro lado, no deja de ser problemático que este proyecto de reforma (al igual que el original) siga considerando a la educación básica y media, y a la superior, como islas separadas. Como piñones que giran solos y aislados. Esto desconoce que el proceso por el cual se educa a una persona es algo constante y permanente que va desde la primaria hasta sus estudios universitarios. Es paradójico que se piense un proyecto de reforma a la educación superior, sin tener en cuenta la paupérrima legislación que rodea la educación básica y media. Puede que la cobertura se haya aumentado en los últimos años, pero no ha sido así con la calidad. Los colegios públicos son cada vez más malos (y cada vez más estigmatizados), mientras que la educación básica y media privada puntea los estándares de calidad pero educando a una élite económica muy reducida. Es una permanente fábrica de inequidad que un sistema educativo propicie que sólo un sector de la sociedad (el que se lo puede costear) tenga acceso a educación de alta calidad. A la hora del ingreso a las universidades esto se evidencia: no son los estudiantes de colegio privado los que tienen que acudir a institutos técnicos mediocres y a universidades de garaje para poder conseguir un cuestionable título. Esta realidad tiene ecos en la profunda y creciente desigualdad entre las clases sociales de un país. Ya no es suficiente con que una élite tenga el capital económico, cada vez más van adquiriendo absoluto dominio sobre el capital cultural. Reformar el sistema de educación colombiano de a pedazos, y no como una estructura completa, será siempre un primer obstáculo a la hora de pensar un sistema de educación más equitativo y que propenda por la alta calidad.

El proyecto que comenzará a cursar el 20 de julio no tiene en cuenta ninguno de los dos elementos anteriormente mencionados. Como dije, deja la regionalización a un lado, y habla de fomentar la equidad y calidad en la educación superior, sin tener en cuenta la mediocre legislación y financiación que rodea a la educación básica y media. Apunta de curitas no se sana nadie. Mucho menos cuando la curita se pone en la cabeza, y las piernas están rotas. La educación es una sola escalera, y sus distintos niveles escalones de esa misma escalera. Algo que nuestros legisladores parecen ignorar por completo.

1 de julio de 2011

Paseo en bicicleta

Por supuesto que es exagerar. Pero si usted lo piensa mucho, toma sentido. Déjeme reírme: en esos lugares la juventud decadente no es el sueño posmo. Se identifica más con esa mezcla curiosa de cristiano fanático, levantado, pero callejero y vicioso. Es que al chino le gusta el rap. Lo que quiero señalar es que la manera de ser decadente cambia. Ya no es un privilegio. Ahora abarca lugares completos. Esos sitios son decadentes.

John, así se llama el rapero cristiano que se traba mucho, un día decide, vaya usted a saber por qué, que Cristo lo tocó más y ya no usará mariguana. Eso es una droga. Eso es una mierda. Y se lo dice a todos sus amigos de calle, a sus parceros. Cada vez que se traban, él se las canta. Con su jeta de 24 años, un poco sucia, un poco abierta, les dice que son unos drogadictos. Pasan dos meses y el discurso cambia. 'Uy, llegó el que me va a trabar'. Pero no. Los que eran de edad cercana lo mandaron para la mierda. Quién está en el barrio? Las nuevas generaciones de niños de 17. John ha abandonado la mariguana 5 veces. En él los niños de 17, ya varios grupos, encuentran un lugar en el cual quemar la gana de ser malo. Lástima las niñas. Siempre lástima las niñas.

Hombre, entre ese y el hombre culto barbudo apellido Yotelocito, de 27 que nada entre las experiencias de sus alumnas del colegio, o conocidas en el círculo de la gente interesante, no hay mayor diferencia. Son diferentes formas de fracasos. El fracaso, bonito, del que se puede escribir, deja de ser algo exclusivo de los grupos burgueses que se permiten pensar. La tragedia es total y humana. Nos podemos reír de todo.

Pero digámoslo: Hay maneras de ser paila. Por eso me fastidia tanto ese lugar y similares. Esos barrios son como los campos de siembra de humanos en las películas de Matrix. Más y más torres a lo largo y ancho del lugar. Y casitas pequeñitas compartiendo porche. Todas las esquinas son iguales, las porterías de los edificios idénticas. Pero en esos lugares habita gente, y uno no puede dejar de pensar cómo es esa gente. Piénselo así: Si me vendan los ojos y me dan cuatro vueltas en unas esquinas de uno de esos barrios, me pierdo. Mínimo me confundo. Un ejercicio similar pasa con su población. Las identidades se desbaratan y pierden en esquinas y sensaciones que se parecen mucho entre sí. Tantas de tantas se peinan igual, tantos de tantos se visten así. Ahí hay algo. Seguramente alguien lo puede decir con más claridad que yo. Algún científico social que tenga ganas de ser útil.

Igual el punto es el paisaje en todas sus formas: es homogéneo. Torres, torres, torres. Y desarrollo traducido en letreros anunciando más torres. Conjuntitos con césped sintético y casitas necesariamente numeradas. En esos sitios población y paisaje se mezclan en lo cotidiano. En el nivel básico. Micro ciudades con problemas relacionados con nuevas formas de analfabetismo.

Ese tipo de lugares no me gustan, en serio. Sólo me gustan si estoy caminando hacia el oriente justo al atardecer. El sol rojo reflejado en las numerosas ventanas de los numerosos edificios hace parecer que la ciudad arde.

Me entiende por qué no quiero ir para allá? Cojamos para otro lado. Uno en el que huelan los árboles y haya flores.

18 de junio de 2011

Señor Camargo

Pensé en hacerle un cuento.

Pensé hacerlo sobre aquella ocasión en la que, con apenas cuatro años (o seis, ya no recuerdo), viajó a un planeta extraño y volvió sólo para contar la anécdota. También consideré hacerlo sobre esa vez en la que, cual Hércules tercermundista, mató a un león de metal y usó sus dientes para adornar su capa de cuero. Ese disfraz, contradicción ambulante, lo hacía ver malo y desafiante, pero uno llegaba a su sonrisa y sabía que no podía ser así. También recordé aquella ocasión en que subió una montaña para poder salvar a una bonita mujer que era víctima del aburrimiento. Pero ninguna de esas grandes y honorables anécdotas da cuenta de su heroica naturaleza.

Podría contar todos esos cuentos, pero hay algunos menos llamativos, pero más necesarios. De historias no tan grandes, pero igual o más importantes. Cuentos que hablen de lo importante. Sobre aquella ocasión en que lo encontré escudando una flor entre un mar de asalariados sin tiempo. Todos pasaban y usted tenía su flor en su mano, cuidándola mientras me sonreía. Recuerdo cómo me acompañó, sin quererlo, sin saberlo, aquella primera vez en la que me inyecté morfina. Pensé en hacer un cuento sobre esa noche, pero desistí. Me di cuenta que ese material daba para una novela completa. También pensé hacerlo sobre esa vez que me mostró que trabajar con las manos es tan bonito como amar de verdad, o aquella vez en que me enseñó que renunciando al colegio se había inscrito, para nunca retirarse, en la vida real.

También, al menos en algún punto, pensé en sacar el material del cuento de esa memorable última noche de encuentro. En la que durmió en el piso y yo en un colchón. Una noche que pareció de mentiras, pero que pudo haber sido verdad. Como todo lo acá mencionado. Esa noche, como señal de despedida, apostamos. Yo gané y esperar el cumplimiento de la deuda se volvió la esperanza de un improbable nuevo encuentro. Igual no importa. Mejor que no nos volvamos a cruzar.

Evidentemente no pude hacerle el cuento. Muy difícil hacerle un cuento a alguien que parece salido de uno: hace que la línea entre la verdad y la mentira se vuelva más difusa de lo normal. Muchos niveles de narración. Es que aún y si todo lo que acá menciono fuera una mentira (aunque no lo es), igual, en ese escenario tan horrible, sólo su nombre ya lo hace merecedor de un cuento propio. Pero ese no lo menciono acá. Que la gente se lo invente, que le dé contenido a este cuento que no fue.

Seguro Anti-UPJ

Nota publicada en el portal Blog.com.co.

El siete de mayo pasado se celebró en Bogotá el día internacional por la liberación de la mariguana. En el marco de esa celebración, el equipo de intervenciones en espacios de ocio Échele Cabeza lanzó el folleto "Seguro Anti-UPJ. Lo que necesitan saber los que prefieren dormir en su casa antes de amanecer en la UPJ o en un juzgado". El folleto contiene respuestas legales (que incluyen sentencias de la Corte Constitucional y explicaciones de artículos del Código de Policía) para la policía en caso de que sorprendan a alguien con la dosis mínima de alguna sustancia psicoactiva ilegal. También incluye información para poner denuncias en caso de que los policías abusen de su autoridad y violenten de alguna forma al ciudadano al que sorprendieron con la dosis.

El lanzamiento del folleto se da en el marco de que Colombia en este momento carece de una legislación clara en torno al porte y consumo de la dosis mínima de cualquier sustancia psicoactiva ilegal. Si bien el gobierno Uribe pasó el Acto Legislativo 02 de 2009 que la prohibió, en el gobierno Santos el proyecto para hacerle procedimiento a esa norma se archivó por sus altos costos (así lo expresó el ministro Vargas Lleras). En ese sentido, buscando que la laguna jurídica no sea excusa para maltratar jóvenes o dejar que abusos queden impunes, el folleto se presenta como una fuente de información clave para jóvenes que hagan uso de sustancias psicoactivas.

Este tipo de alternativas son pioneras en Bogotá, pero la tendencia internacional sí está cambiando en el sentido de hacer políticas de drogas diseñadas más como políticas públicas, y no buscando criminalizar a diestra y siniestra. Por ejemplo, la Comisión Global de Políticas de Drogas en su último informe (publicado la semana pasada) recomendó explícitamente acabar con la Guerra contra las drogas. ¿Qué piensas tú de este cambio de paradigma? Echa tu cuento.

Puedes descargar el Seguro AntiUPJ aquí.

13 de junio de 2011

Lo Thoughtfulness

¿No ven lo increíble que es esto?
Adrian Cussins

No lo tiene que decir, no explícitamente al menos. Ampliando la explicación se podría pensar como posible. Entre más se reflexiona al respecto más sentido tiene. Considerarlo es una necesidad. Él mismo lo dijo: es un concepto aplicable a cualquier sistema de organización. ¿Qué otro sistema más complejo e importante que el propio yo, y la felicidad de ese yo? Pero todo es cuestión de significado. Si la felicidad, ser feliz, es la normatividad gobernante del sistema que se puede llamar el yo, ¿qué se entiende por felicidad?

La presencia del concepto en el sistema generaría una reflexión. Sería su inmediato efecto. Inmediato y constante. Pero no una reflexión solemne. Quieta, estática. Esa es una reflexión dañina. Hace énfasis, y de qué forma, en el yo. Se estanca y no acciona nada. Tampoco es la reflexión condicionada. La que ante la ausencia de un yo que reflexiona, sólo se enfoca en lo que cree el eje de la reflexión: lo exterior. La reflexión de los depende. La camaleónica.

Es una cuestión de pensar al yo y su relación con el todo. El todo es lo que lo ha rodeado. Memorias, recuerdos, presencias. Cogidas de mano. Se vuelven constelaciones. Muchas. Compuestas de colores, canciones, notas, aromas, calles y avenidas, lágrimas, rostros, fechas. Comidas favoritas. Agujeros negros también hay entre las constelaciones. Por ellos se va toda la luz. Todo está ahí, todo eso rodea al yo. Una infinidad. La relación entre el yo y ese todo es tan amplia como compleja. Más parecida a como funciona Google que a como funciona Yahoo. Y Google funciona mejor.

Todo lo que compone esas constelaciones, desde lo más lejano a lo más cercano, es con lo que hay que relacionarse. Es una infinidad de elementos. Pensar esas relaciones con el concepto mencionado lleva a pensarlas como armónicas. Como lo mejor dispuestas posibles. El yo es tan infinito como el universo, pero el yo es mucho más difícil de categorizar. Teniendo en cuenta el concepto la reflexión que se propone se presenta como un constante ejercicio de relacionarse con el mundo. Con el universo que compone e impone nuestro mundo. Es un falso pesimismo. No es estar solo: estoy yo y mis constelaciones, soy yo y mis estrellas. Tiene que ver con lo que hace que seamos receptivos a lo bello: lo verdadero.

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Seguía sin entender muy bien el asunto. Faltaba comprender de lo que se hablaba. Tal vez emocionarse menos. La Relación. Uno no comprende la obra de arte viéndola por partes, ignorando el todo. Pero tampoco la ve como una totalidad pura, dada y ya, desconociendo el aporte de la parte como parte. Una mirada que pase de un nivel a otro es una a la que se le presenta lo bello. Así se puede pensar las constelaciones y el yo. Hermoso pensar que uno puede lograr una relación tan armónica con su universo. Con las constelaciones y los agujeros negros. Que de ningún orden surgiera una armonía.

Mientras llegaba a su apartamento se percató que había granizado. El granizo le había quitado flores, moradas, amarillas y verdes, a varios arbustos. Todas ellas, y muchas hojas, hacían de irregular tapizado sobre una placa de granizo. Pensó que era hermoso.

Ante el hecho de que sea una manera de relacionarse, una forma de leer lo dado, de organizarlo y relacionarlo con uno, el significado de felicidad se revela. La felicidad es un ejercicio de organización mental.

5 de junio de 2011

La palabra

"Y Dios dijo 'Que se haga la luz', y las sombras se hicieron."
De un cuento infantil tradicional acabado de inventar.

Por supuesto, si el mundo fuera más serio, a la par de los avances tecnológicos habría avances en lo que importa. Si el mundo fuera coherente con su, tan ciegamente valorada modernidad, entendería lo fundamental de la palabra para la construcción de un mejor mañana. La posibilidad que abre la palabra, y su realización última, ser escrita, no se limita únicamente a la tarea de la fotocopiadora o del científico social mediocre: repetir lo ya dicho. La capacidad que tiene la palabra, a través de sus distintos vehículos, se da como un abanico que abarca la totalidad de lo habido y por haber. Con la palabra describimos el océano infinito en el que navegamos y también imaginamos la costa que creemos que nos espera. Imaginarlo es la única certeza que tenemos sobre el futuro. El deseo y la creencia que ponemos en él se revelan como el último acto de fe de una humanidad de tan paradójica avanzada como la actual.

Si se pensara en el poder de la palabra como la posibilidad de generar puentes, no sería subestimada (la palabra) por su naturaleza no física, sino que, todo lo contrario, tendría su valor en su esencia espiritual. Al fin al cabo las palabras más poderosas no son las que nos refieren a un hecho en el mundo, sino a un estado mental, a un lugar propio en el que esas palabras toman todo el sentido del mundo.

Teniendo en cuenta la cercanía de la palabra con la creencia, y en últimas con el sentido más básico de la fe, habría que considerar reformular la manera en la que se entienden los símbolos de la espiritualidad. Me atrevo a pensar en la necesidad de abandonar la cruz. Si se entendiera, de verdad y no con la pereza del que no quiere pensar, el poder de la palabra dentro de la propia creencia, se optaría por otro tipo de símbolos.

Me inclino, pensando en esos nuevos símbolos, por el croquis de un lápiz, y en el interior de ese lápiz la leyenda "El mundo cabe aquí".

Porque es verdad.

31 de mayo de 2011

Cuento de hadas católico

Se aprovecharía de sus antecedentes de hipertensión. Su abuelo se había muerto por eso, y el papá ya estaba bien enfermo. Se lo llevaría de vacaciones pretendiendo que todo estaba bien. Viajarían solos: la excusa para una reconexión. Viajarían, y durante la primera semana o semana y media (en que la pasarían muy bien), le daría, por lo menos en una comida al día, una pastilla que le diera un empujón a la tensión. Uno pequeño. De a poquitos. Nada amargo ni llamativo. En el jugo, en lo que fuera. Se buscaría la forma de disimularlo. En algún punto, comenzando la segunda semana de vacaciones, lo convencería de que subieran a una montaña rusa del parque de diversiones (porque tenían que pasar por un parque de diversiones). Él se resistiría, pues le dan miedo, pero lo convencería. Le diría que lo hiciera por ella. Ya en la atracción, el susto y la semana de pastillas harían lo suyo.

Imaginar eso la tranquilizó. Desde hace unos días le había estado carcomiendo el alma un susto. No podía imaginar una vida siendo infeliz, pero tampoco se imaginaba ir en contra de las instituciones sacras. Por eso pensar esa salida la calmó. Con don José al lado, llevándola al altar, vio a la cruz y le juró a Dios que jamás iba a profanar la sagrada institución del matrimonio. Por nada del mundo.

23 de mayo de 2011

Amor, piedras y barras de jabón

Hoy se acabó la última barra de jabón que alguna vez tocó tu cuerpo. Cuando te fuiste quedaba un poco, y ya hoy se acabó. Mientras me duchaba esta mañana el último pedazo lo aplasté contra mi estómago mientras intentaba hacer espuma. Se pegó a la piel, el agua lo bajó y quedó como una plasta blanca sin forma entre las rendijas del sifón. Mientras lo veía hundirse, para irse y terminar diluyéndose en cualquier otra parte, pensé en nuestro amor. Terminó siendo como ese jabón. Sin forma, gastado.

La gente cuando habla de "encontrar el amor" hace pensar que uno encuentra algo sólido, que está ahí, y que uno puede señalar, que uno puede decir, ¡Miren, ahí está el amor! Allá, superior, la idea de El amor. Ese verbo, encontrar, me hace pensar en una piedrita. Como si el amor fuera una piedra preciosa que uno encuentra. Algo bello y valioso que uno puede tener en la mano, o en el bolsillo. En últimas también la puede poner en una repisa, o en el fondo de un cajón. Pero yo así no lo siento, nunca lo he hecho, y contigo me he convencido. No puedo creer en el amor como sustantivo, como algo que da para pensar que uno está nombrando algo. Siempre me ha gustado más verlo como adjetivo: hay relaciones amorosas. Que se van construyendo, y también destruyendo.

Pensar así el amor, no tanto como sustantivo sino como adjetivo me obliga a abandonar esa imagen de la piedra. De que el amor se encuentra, y está ahí, sólido y estático. Pensando el amor como algo que se dice de algo, como algo que se da en su actividad, en su devenir, pienso más en la barra de jabón. La realización del amor lleva consigo su desgaste. Como el jabón, que tiene su realización en usarse para lo que fue hecho: limpiar. Y con cada limpiada, con cada uso, cada vez que se realiza, se desgasta, se va acabando. La robusta barra de jabón, que compartíamos, algunas veces al mismo tiempo, se adelgazaba con cada uso. Así el amor entre tú y yo también se fue desgastando mientras se realizaba, mientras se llevaba a cabo. Nuestro amor nunca fue una piedra preciosa que encontramos y guardamos. Fue siempre una actividad, una actividad que se desgastó y nos desgastó.

Me confirmo que pensar el amor como algo estático no es amar de verdad. Es negar su condición de cambio, anular su posibilidad de acabarse. Pensar el amor así, como algo estático, me descorazona más que la certeza de que verlo como lo veo yo lleva implícito su final. El jabón, ya casi acabado, se fue por la rendija del desagüe. Tú, con nuestro amor terminado, te fuiste por la puerta.

18 de mayo de 2011

Universales femeninos

A todas las recuerdo. En ocasiones me visitan, siempre en formas diferentes. En un bus se sientan en la silla que está al lado de la mía. Caminando por la calle se cruzan conmigo, camino contra el viento y me topo sus perfumes. Algunas veces un desentendido las trae de visita con preguntas. A veces la vida las trae de visita, nada malo hay en eso.

A todas las recuerdo, igual. A las que se quiso mucho, y a las que poco. También a las que pusieron a reflexionar sobre el amor. Las que enseñaron y las que hicieron trampa. A las que dejaron marcas hondas y a las que dejaron cicatrices. Se recuerdan borracheras interesantes y noches de escribir cartas de varias páginas. Porque sí, se recuerda a las de las cartas largas. Las de las conversaciones largas, las de las visitas inesperadas.

Se me podría objetar lo anónimo de mi memoria, pero lo prefiero. Me gusta pensar a las redes sociales como mis antagonistas en la concepción de identidad. Con su falsa nitidez, presentando una identidad y un recuerdo muchos años después bajo un nombre y ya. Como si la gente fuera un nombre, una foto y ya. Mi recuerdo, la identidad que les doy, a todas ellas, es de carácter, de maneras. De mañas y aromas. En otro sentido también es una foto, borrosa, sí, de lo que la gente linda llama alma. O de lo que se supo como farsa, depende. Si el recuerdo toma forma, rápidamente, en un saludo, confirma su esencia de mera memoria, no de presencia. Todas ellas ya no son. Yo tampoco soy. Recordarlas es un halago, pero también lo es visitar la casa del amigo de un amigo y alabar la iluminación del lugar. Nada especial.

A todas las recuerdo igual, pero a ninguna pienso realmente.

16 de mayo de 2011

Pueblos cafés

Las cajas están puestas una tras otra. Sus ventanas, tan pequeñas como los sueños de los que en ellas habitan, son una gran plancha con un hueco por donde sacar la cabeza. Sólo se usan para ambientar las alcobas en la mañana y para permitir escondite a fumadores furtivos. En las cajitas ya no hay porcelanas en centros de mesas con bordados. Eso quedó en el pasado. El cinismo es ahora más descarado. Son casas habitadas por la Modernidad y la Cultura. Somos de avanzada. En el mejor sentido de la palabra. En el que pone aparte del resto.

A las 17:50hrs los puentes se comienzan a llenar. Salen como hormigas, se saltan y se pisan intentando pasarse mientras avanzan por las escaleras. Se nota en sus rostros el fastidio de ir detrás de alguien más lento. A las 18:50hrs, con el atardecer acabando, desde los parques se alcanzan a ver los altos pisos entrando en la rutina que acaba. Están en el momento que entran a descansar y al anochecer, pero aún no por completo. Las cortinas aún se mantienen abiertas, permite ver muchas cosas. Se ven abusos de la casualidad: se ven incluso ocasiones en que tres ventanas, tercero, cuarto y quinto piso, concuerdan en el vacío. Esas ventanas de cocina son diminutas, lo que hace ver la escena como tres negativos pegados. Las luces amarillas, de cada una de las cocinas, aumentan la ilusión de estar sosteniendo una película contra la luz del sol. En las tres cocinas, señor, señora, señora, acercándose a la estufa, todos con el teléfono celular en la mano, hablando al mismo tiempo. Todos, de forma consecutiva, como cascada, de arriba a abajo, en algún punto agitaron la mano como alejando a alguien mientras miraban la estufa y seguían hablando por teléfono. Era como un daño sincronizado.

Pero las cajitas no son sólo ladrillo y ventanas que persuaden a suicidas. También tienen flores. Flores de recepción, de oficina contable o algún otro lugar triste. Los árboles que plantan son delgados y frágiles. Verdes que tienden al amarillo y dan la sensación que van a morir pronto. Viven como los que viven en las cajitas, pero a los árboles se les nota más. Ya no hay canchas, ya no hay parque, ya no hay nada. Eso en las cajas ya no sirve. Es una legítima apuesta por recuperar la tradición de los parques de barrio. Eso dicen.

Un poco después de la media noche llega una persona que muestra que eso de las generalidades es mentira. Ella sabe que es una cajita, pero se refiere a ella, con cariño, como su colmena. Llega a la puerta de su cajita, y se encuentra el carro del mercado en la mitad de las escaleras. Es el carro de marcado, el que usan para que la gente pueda llevar sus mercados en el carrito y no pidiéndole ayuda al muchachito de la portería. No lo llevaron devuelta a la portería, su lugar cuando no está en uso. Ya es tarde, mucha, mucha gente pasó, lo vio y no hizo nada. Y está atravesado. Por qué la gente será tan perezosa? Dice mucho del carácter, no? Se preguntaba un poco desconcertada. Se quedó pensando varios minutos. Cogió el carrito lo bajó y por la vía del parqueadero empezó a conducirlo hacia su lugar. Al llevar audífonos ella no se dio cuenta que los rodamientos del carrito estaban particularmente oxidados, y que las ruedas desgastadas, rodando sobre ese asfalto pedroso, generaban un ruido que en el silencio de la noche aumentaba su resonancia. Los residentes de las cajitas sí se dieron cuenta. Algunas luces se encendieron.

8 de mayo de 2011

Carta de entrega de apartamento

Espero que encuentre todo en orden. Usted sabe que le agradezco mucho haberme prestado su apartamento. Nuestros tiempos coinciden, siempre, y por eso yo me voy y usted vuelve. Sin echarnos y empujarnos seguimos estando uno detrás del otro, nunca lado a lado.

No permití que las flores murieran, eso a usted la hubiera matado. Pero igual usted qué hubiera hecho? Siempre lo he pensado, y lo pensé mucho durante mi estadía. No me hubiera dicho nada. Si acaso que mucho irresponsable, pero nada más. No se hubiera afectado por las flores. Pero yo sé que sí se hubiera afectado, allá, en el nivel de lo que nos quita el sueño. Pero no me hubiera dicho nada porque se me murieran sus flores.

Ahora que me voy, pienso mucho en esos meses en este departamento. En algunas ocasiones, cuando llegaba muy tarde y muy consciente de que era su hogar y no el mío, y que aunque estuviera solo era un visitante, la sola idea, salida de borracheras no tan vomitivas, de que yo abriera la puerta y estuviera usted, en su sala (no importa el motivo, era mágico, era un argumento mágico) sentada, esperándome, me resultaba bello. Que me contara el motivo mágico de su llegada inesperada se me prestaba como la oportunidad para quemar toda esa fantasía desbordada. Es un hilo, una oración u una idea, y la sigue y se encuentra con todo un tapiz de posibilidades, finales y oportunidades. Prestarme a ese ejercicio era el final de noches nunca tan satisfactorias. Son hilos tan fuertes que la realidad no resulta decepcionante, sino que se ve a la luz de la sospecha alegre. La que ve cualquier cosa como un aviso de lo que uno se imaginó, de lo que uno vio como posibilidad. "Que no me conteste el celular, que lo tenga apagado, tal vez se debe a que está en un vuelo para acá." En el fondo sabía y reconocía en lo que me quedaba de consciencia que nada de eso era verdad. Que era un pensamiento cálido, pero nada más.

Un atardecer en el que se fue la luz, tuve que meterme en armarios y cómodas buscando velas. En el armario del que era su cuarto encontré, en una caja, puesta con otras cosas que decidí no ver, una foto que le había tomado tiempo atrás. Recuerdo mucho esa tarde, sabe? Fue una tarde bonita e incómoda. Le dije algo, ya no recuerdo qué, y usted se sonrió de tal forma que cogió su bufanda y se la puso en la boca tapando la sonrisa. A pesar de que no le dije nada, me reí. Usted seguía sonriendo, sus ojos me lo informaban, y usted, por algún motivo tapó esa sonrisa incontenible. Ese atardecer sin luz fue increíble. Efectivamente había velas en el último lugar en el que busqué, la tienda, a tres cuadras. Se ha dado cuenta que sus flores se ven desde la acerca del frente? Ese día, que no había luz artificial en ninguna parte y el cielo estaba rojizo, rojizo, el balcón brillaba y se veían las flores. Llegué a echarles agua y hablarles. Eso último sin saber muy bien por qué. Ahora le dejé todo un kit de velas, pitos y fósforos. Están en la cómoda azul de su cuarto. Los dejé ahí porque estoy seguro de que si pasa una emergencia en ese apartamento, que de repente se apaguen todas las luces, comenzará por ese cuarto.

La última temporada fue la más difícil, digo, como para terminar la cronología de mi paso por su apartamento. La crisis en la universidad me estaba pateando. Si buscara desahogo seguramente no sería hablando con usted. No obstante, recuerdo una noche particularmente jodida. Bloqueo total, y por un asunto meramente administrativo, alguna cuenta con su mamá, no recuerdo, usted llamó. Hablamos tres minutos, pero los últimos veinte segundos fue preguntarme que cómo estaba. Respondí con una mueca. Usted respondió con un silencio y alguna palabra torpe como 'fresco', o 'tranquilo'. Silencio y colgamos. Esa noche me quedé pensándola y tuve un episodio de esos, de los de fantasía desbordada, con una sobriedad sobrecogedora. Me sonreía en su sala, un poco apenado, de dejarme llevar por fantasías de visitas. Ahí me detuve, pensar visitas no me reconfortaba: en general, pensarla a usted me resultaba reconfortante. Hubo un paralelo que pensé y que recuerdo mucho, tal vez por la precisión con la que retrataba el espíritu del asunto: el botón de los analgésicos en un hospital. Sí me entiende? Piense en esas personas que sufren accidentes tenaces. Esos pacientes tienen un botón, usualmente rojo, para cuando el dolor se vuelve inaguantable. Sufren mucho, lo oprimen y se meten al cuerpo una buena dosis de narcóticos. Sufren y se drogan para no sentirlo. Parecido a eso, esa noche que la pensé sentí, al pensarla, que usted era un gran botón rojo de un hospital imaginario. El mundo me dejaba inhabilitado, y ese día el pensarla liberaba dosis de tranquilidad que me resultaban reconfortantes. Como le dije, pensarla me reconforta, es así el asunto. Y mire que esa sensación se ha quedado conmigo hasta el día de hoy. Hoy pensarla me sigue resultando reconfortante.

Las alcobas están todas limpias. Se me quedan unos libros porque no tengo cómo llevármelos, y unos discos que le dejo para que los escuche y en unos meses me dé su opinión. Los discos se los dejo en el escaparate de la sala, están debajo de unas porcelanas. Los dejé ahí como para señalar la fragilidad de la buena música.

Para cuando llegue, se dará cuenta que hice algunos cambios en el jardín. Cambié las macetas, y en general intenté echar mano del jardín. En el cajón que dejé debajo de la maceta blanca hay implementos de jardinería. Se los compré para que tenga algo en lo que entretenerse, además, por supuesto, tienen el objetivo de mostrarle que me tomé en serio esa tarea tan importante que nunca me pidió, la de cuidar sus flores. Como todo lo importante entre usted y yo, esa tarea tampoco se hizo nunca explícita. Distraernos nos evita fijarnos en cosas más grandes que nosotros mismos. Usted me entiende, nos hacemos los desentendidos, pero usted me entiende.

Si hay alguna cosa extraña en el apartamento me escribe y miramos, aunque la verdad creo que lo dejo en muy buen estado. Decidí enmarcar la foto, la volví a dejar donde usted la tenía, pero preferí enmarcarla. Por aquello de lo implícito.

Salgo para la estación, escríbame contándome qué tal estuvo el viaje de vuelta.

Pdta.
No sé si le gusten, pero compré unas clavellinas rojas. Son los botones rojos que no han germinado en la maceta azul. Espero que los cuide. Le confieso que imaginarla con una sonrisa, y "botones" rojos en las manos me parece una metáfora increíblemente poderosa.

4 de mayo de 2011

Finanzas familiares

Era la sexta vez que llamaban del colegio. El niño Pérez volvía a embarrarla. El niño, no tan niño, Pérez se excusaba en lo vago que puede sonar el "él comenzó". El señor y la señora Pérez, desesperados, se dieron cuenta, en ese, su 17 aniversario, el error que había significado haber incomprendido a Camilo desde el principio. No haber leído esas señales que decían a gritos que tenía problemas. Tanto tiempo libre, tanta escasez de ocupaciones. A sus 16 años se había vuelto un constante recuerdo de que algo habían hecho mal.

Como si no fuera suficiente con la música que salía de su habitación, los vecinos se enteraban de sus días a través del grito y los llantos. Cómo no, la casa de los Pérez quedaba en una de esas calles empinadas, que cortan cerro y terminan en un claro con varias casas. El silencio se mantiene en todas esas viviendas y el aire es tibio. Dan miedo esas calles. Son pocas pero las hay, sino que entre tanta normalidad descompuesta es difícil pensar que esos paraísos silenciosos de hecho existen.

Nunca habían sabido muy bien qué hacer. El señor y la señora Pérez, con todo lo inteligente que eran, les había quedado grande criar a su hijo. Desde el principio, desde el día mismo en que nació, la sorpresa, y la apuesta por el futuro se volvió triste. En un mundo blanco y negro, de perder o ganar, reflexionaba el señor Pérez en su cátedra universitaria, las cosas eran o buenas o malas, beneficiosas o no. Cuando Camilo nació, los Pérez reconocieron en él el comienzo de una serie de desafortunados sucesos.

Los señores Pérez estaban perdiendo. Plata y energía. Lo segundo se estaba haciendo cada vez más evidente. Había arruinado las vacaciones familiares. Con todo lo que había pasado, con ese pobre muchacho con puntos en la cabeza, no valía la pena salir. Para qué? Para que Camilo hiciera de sus escenas algo de carácter internacional?

-No estoy para nadie.
-Ni yo, di lo que sea, que nosotros nos fuimos de vacaciones y tú decidiste quedarte. Da igual.
Ambos tenían rabia y estaban sumamente irritados. Las cosas no podían seguir así. No sólo era grave, era grave y, más importante, las cosas habían cambiado. Estaba Sara, la recién llegada. El golpe de suerte, el llamado a la persistencia, la segunda oportunidad: un segundo embarazo y ella. Ya no era sólo por los señores Pérez, ahora estaba la pequeñita de por medio. Es que eso era, el ejemplo para la niña. Qué hacer con ese tipo de hermano mayor? No lo habían hablado, pero ambos lo sabían. Les causaba escalofrío la idea de imaginar a Camilo siendo el hermano mayor de la niña. Su mal ejemplo. Sus vestimentas, su manera de dirigirse a las personas. Pasaba con Camilo, pero no pasaría con Sara. Había que evitarlo.

Tras dos vasos de whisky el señor Pérez se tenía pensado un discurso lo suficientemente concreto para mostrar su propuesta como lo que era: lo más racional del mundo. Si la señora Pérez no llegara a creerle a él, le creería a la evidencia numérica: era una mala inversión. Se lo podía demostrar. No es que alguno de los dos fuera tacaño. Era como lo decía la señora Pérez en sus clases: no era ser tacaño, ni tumbar a los demás. En esa clase nadie usaba esas palabras. Era sacar el máximo provecho posible con las condiciones y capitales dados. Era hacer una buena inversión con lo dado. Ella lo entendería. La suerte estaba echada, y era hora de decisiones.

Para el anochecer tres llamadas a la casa transformaron, sin quererlo, una mentira en una verdad: estaban de viaje. El señor y la señora Pérez estaban de viaje y Camilo se había quedado en el apartamento. Él mismo lo dijo, en tres ocasiones. El señor Pérez no era tonto y se percató de la situación. Se llenó de valor. Y llamó a su esposa al estudio del segundo piso.

Tras el ejercicio retórico, el señor Pérez expuso el argumento duro, el numérico. Era una mala inversión, y se lo estaba demostrando con evidencia. Ella reaccionó con los ojos de el-malestar-de-los-pueblos. Esa mirada que permite todo. Que ante una fatal realidad dada, lo dan todo por alivianar sus malestares. Al ver esa reacción el señor Pérez sentenció con una seguridad miedosa:
-Está castigado, no ha hablado con nadie. Igual, ni que tuviera amigos con los cuales hablar. Se vería como un descuido. Un error, un error, nada más que un error-, decía convenciéndola y convenciéndose.

A la madrugada tenían una par de maletas en el campero y una que otra pertinencia de importante valor. Del resto, el seguro se encargaría. La madre de la niña entró a la cocina, revisó que los indicadores de la estufa a gas estuvieran en su lugar. Todo en orden, estaban como tenían que estar. Salió de la casa por la puerta de atrás. Entró a la camioneta, tomó de la mano al señor Pérez, vio a sarita en la silla de atrás y sonrió. La calle vacía mostraba que todos sus vecinos sí habían viajado. Por primera vez en mucho tiempo los señores Pérez sonrieron: no sentían envidia. Incluso, en esta ocasión, les convenía ser los únicos en el sector.

Se alejaron con el corazón un poco roto. Los consolaba pensar que de todas formas siempre habían querido una niña.