16 de diciembre de 2010

Sueños

Se recostó en su pecho. Toda la habitación olía a jazmín. La escena idílica imaginada por cualquiera con vena romántica. Su larga cabellera negra resaltaba con las sábanas blancas. En sus ojos siempre tenía una mirada llena de ternura. Tras ires y venires finalmente estaban ahí juntos, haciendo lo que sentían correcto: amarse. Él lo digería con pausas. Respiraba alegría mientras contemplaba la escena.

La música que sonaba en el computador lo despertó. En ella una voz melódica, con mucho ritmo, se preguntaba porque su corazón se sentía tan mal. Hasta bonita la canción, pensó y suspirando y balbuceando un pésimo inglés, cerró el reproductor. Se acostó en una esquina de la cama. No quería acostarse muy cerca de ella. Le fastidiaba el olor del decolorante que usaba para aclararse el cabello.

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