16 de octubre de 2010

'Lo siento chica, estoy drogado'

Las viviendas estudiantiles de la nacho son un buen lugar para darse de baja. Los viernes y los sábados los ánimos se exageran. Tanta chica solitaria, tanto muchacho melancólico. Diegol me mira y sonríe. Me dice 'Es que los viernes y los sábados los ánimos se alborotan. La fiesta, la farra. Muchas drogas. Es un día propicio para todo'.

Pero la mayoría de las parejas se cuadran los viernes o los sábados, me dice mi amigo.

A principio de 2010 - II un muchacho se suicidó. Vivía a tres habitaciones de donde estaba yo. Me cuentan que se botó con un libro en la mano. Miles de cosas se le pueden añadir, casi todas bajo la forma de mitos urbanos. Que gritó el nombre de su amada antes que sonara su cráneo estallándose contra el concreto. -Yo no lo vi -me dice mi amigo-. Sólo, en la mañana, vi como las palomas se bañaban en la sangre que había caído hasta la canaleta-. Él se mató un viernes. Y es que tras lo festivo de las gaitas y de los tambores, un silencio queda. Mi amigo me cuenta de sus paranoias. De los ruidos. De la gente. De las miradas.

Acá cualquiera se puede morir

Yo me suicidaría un lunes [no festivo]. "¿Por qué?", me pregunta él. La respuesta es fácil: matarse un viernes o un sábado es una falta de cortesía para con los que uno quiere. Es arruinarles el fin de semana. Quieren descansar, quieren dormir hasta tarde. Salir el domingo al parque Simón Bolívar a montar bicicleta. No a meterse en una funeraria con una aromática que huele a muerto. ¿Pero por qué precisamente un lunes? Porque así les cago toda la semana, pero de una forma bonita: los pongo a pensar. Sus rutinas les parecerán efímeras. Todo les resultará ficticio. Sería en la mañana. Seis de la mañana de un lunes. El teléfono suena -Aló?-. Silencio a un lado. Llanto al otro. Paila. Ese marica se mató. Y la semana queda rota. Pero también les hago un favor. Si me eran muy cercanos, hasta dos días tendrán de descanso. Y el fin de semana, cuando todos quieran descansar, ellos también lo harán. Incluso de mí. Reitero, yo me mataría un lunes. Cualquier otro día: imperdonable falta de cortesía para con mis amigos.

Intento fallido

Estaba estudiando para un parcial. También un sábado creo. Estoy estudiando, muy normal yo, bien torcido. Suena un griterío, salgo a la ventana, y un hijueputa colgado de las manos del balcón. Yo pensaba 'este tipo se va matar, ¿y ahora cómo hago para estudiar? ¡Joder! Tengo que hacer un parcial'. Finalmente lo convencieron de subir. De que vivir era algo chévere. ¿Cómo habrán hecho?

Además de las muertes, y de todas esas características del mundo real, está, cómo no, la academia. Hay que rendir. Hay que sacar buenas notas.

Rebeldía

Las viviendas estudiantiles de la Universidad Nacional han estado siempre marcadas por historias macabras. Tomas, retomas, suicidios y malas notas -no se pueden sacar de la lista. Tintes rojos adornan los pasillos. Entre matas de mariguana que me llegan al pecho se comienza a bailar. Atardecer bogotano: rojo. Cualquier otro color no sería apropiado. El humo se hace más físico cuando la luz del sol lo atraviesa constantemente. El ambiente se hace festivo. La tarde toma un camino surrealista.

El atardecer cae. La habitación se vuelve un lugar seguro. Bello. A la que le caen los últimos rayos de sol. Muy bonito.

¿Uno qué dice ante estos instantes tan bellos? Tan irreales.
Mi amigo me mira, y caricaturizando la respuesta ante una potencial interrupción, mira al atardecer, me mira a mí y me dice, sonriéndome, 'Lo siento chica, estoy drogado'.

2 comentarios:

  1. Muy buena entrada. Tiene ritmo, tiene una narración genial.

    ¡En hora buena!

    Me gustó, me gustó mucho.

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  2. Gracias, Lucas. Qué chévere que le haya gustado. Espero que se pase de vez en cuando por acá.

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