27 de septiembre de 2010

El Delirio

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

No suelo hacer reseñas de películas, pero voy a hacer una excepción en este caso. La Sociedad del Semáforo (LSDS) (dirigida por Rubén Mendoza) bien lo vale. Es una muestra de cine colombiano alejado de esas malformaciones salidas del intento tercermundista de parecerse a un Hollywood de traquetos (no tengo que mencionar películas o series que apelan a esa combinación de putas, drogas y narcos, creo son evidentes para todos).

La película nos presenta una visión del centro de Bogotá en la que los protagonistas son los antihéroes de la capital. No cae en lugares comunes de cursilería, casi que de lástima, por los papeles asumidos. Es una humanización de ese ser que como concepto -el gamín, el bazuquero- nos es cercano, pero como realidad (quién es, de dónde viene) se mantiene en un secreto lejano. Eso es LSDS: una mirada a la humanidad de estos personajes. Es un retrato tan real, que parece ficción. Ciertas escenas, algunos diálogos y algunos momentos parecen salidos de un relato ficticio o de una fantasía producto de un malviaje.
Pero la verdad es otra. LSDS muestra una realidad tan real (valga la redundancia) de esa Bogotá alejada de todo (pero que contiene miembros de todo el país) que aturde. En el teatro en que la vi la gente reía ante algunos comentarios y ante algunas escenas. Una muestra más de nuestra ignorancia: pensar que el que se mete crack para aguantar el hambre es algo 'extraño', 'divertido', o en el mejor de los casos, digno de una expresión del tipo 'uy, qué video'. Se reían ante lo que asumen como exótico, pero que uno desde el sentido común debería entender como una realidad que sucede en muchos lugares de esta rota nación. Una realidad condenable no desde la moral o valores de ese tipo, sino desde el más sincero y afectuoso cariño a la dignidad humana.
El mensaje político es claro, aunque matizado. No cae en discursos contextuales en los que se ataca a alguien o se critica a alguien. Es un llamado de atención y una crítica a todo el sistema. Los diálogos, y los bellos detalles que dan cuenta de la historia de cada uno de los personajes, le hacen ver a uno, como espectador, que la crítica es simple pero contundente: una sociedad no está bien si lo que pasa en esta película es real. Independientemente de quién es el que está en el poder, independientemente de los valores o de la moral de una sociedad, ésta no puede estar bien si la realidad supera a la ficción.
La película es un poema visual y musical. La banda sonora, realizada por Edson Velandia, es una verdadera obra de arte. Se siente su conexión tácita con la película. Son una misma energía; un mismo bofetón al espectador incauto que espera ver otra producción en la que unas tetas de quirófano sean las protagonistas y la creatividad brille por su ausencia.
En serio, asista al delirio. Se le dijo.
Para ver el tráiler de La Sociedad del Semáforo, haga clic acá.

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