1 de agosto de 2010

Uribe, Nos Vemos en el 2025

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Hace menos de un año un video era bastante visto en YouTube. Colombia 2025
-ese era el video, hecho por la Vicepresidencia actual- planteaba una sociedad colombiana avanzada y un país cercano a lo utópico. El video comenzaba, cómo no, en el año 2002 con la primera elección de Uribe (lo único real en todo el video). Esta es la última columna que publico en la era Uribe, y quiero exponer lo que imagino para el año 2025 en Colombia.


En el año 2025 Colombia se curará de su mayor enfermedad: el olvido. Para ese entonces se habrán realizado juicios y condenas contra los militares responsables de los crímenes de Estado de la era Uribe (mal llamados Falsos Positivos). Se demostrará responsabilidad del gobierno de esa época por haber generado políticas de conteo de cuerpos. También se evidenciará cómo desde las guarniciones militares (con el visto bueno de altos comandantes) fue desde donde salieron las amenazas contra las mamás de Soacha y los demás testigos del caso.
Por allá, en el año 2025, Colombia recordará con estupor cómo en una época creyeron que apoyando a un arriero, finquero de segunda, iban a salvar al país de las FARC. Los niños aprenderán en las escuelas cómo los pesos y contra pesos son tan importantes en la institucionalidad del país, que ésta se puso en riesgo (y puso al país patas arriba) por allá en el año 2010 con una posible segunda reelección presidencial. Los que aprendan de historia colombiana en esa época no darán crédito a lo que escucharán: no entenderán cómo con el cohecho de Yidis Medina, el espionaje estatal, y las constantes vejaciones a derechos humanos, Uribe permaneció ocho años en el poder.
Para el año 2025, la ley de Justicia y Paz pasará a la historia (y se enseñará en clases de Derecho) como todo lo que no se debe hacer en un proceso de paz, verdad, justicia y reparación. Se tendrá como referente de impunidad y corrupción. La Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional, tendrán en su historia el mérito de haber sido las únicas instituciones que a pesar de hostigamientos, amenazas y ataques del gobierno, se mantuvieron autónomas e independientes (gracias a estas instituciones, Colombia para el 2025 será un ejemplo en el continente en derechos de igualdad de género, orientación sexual, derechos reproductivos y libertades personales). Claudia Julieta Duque y Hollman Morris (entre otros), periodistas víctimas de la era Uribe, tendrán cátedras de periodismo en las universidades del país. Se enseñará el periodismo como una herramienta al servicio de la democracia, jamás del gobierno.
Habrá vergüenza nacional, y un pedido de perdón presidencial, por el genocidio indígena que hubo entre el 2003 y el 2009. Los pueblos awá y embera estarán casi extintos y sólo entonces será de público conocimiento la campaña de terror de la que fueron víctimas casi toda la primera década del siglo XXI. Los muertos de la minga indígena (entre los años 2007 - 2009) serán reconocidos como víctimas del Estado. Así, con monumentos en cada esquina y campañas de memoria, los colombianos por fin entenderán que para derrotar 'a los terroristas de la far', nunca el Estado y el Gobierno se debieron poner al mismo nivel de barbarie.
A razón del espionaje estatal, el carrusel de las notarías, los falsos positivos, los vínculos con los paramilitares (y ese largo etc.), muchos de los colaboradores del entonces presidente de la República, estarán con sus vidas políticas destrozadas, en la cárcel o en casa por cárcel. Uribe estará escondiéndose tras la corbata y una que otra declaración. Se volverá columnista de algún diario conservador y de derecha (posibles candidatos: El Colombiano y El Tiempo) y desde ahí defenderá a sus cómplices caídos; a sus generales, a sus militares, a sus políticos. Para el año 2026 el caso será sólido y Uribe enfrentará un juicio.
Posiblemente casi todo lo que acá digo jamás va a pasar. Acá el olvido no se decreta, sino que la gente se lo goza. No le gusta recordar. Pero algunos nos encargaremos de hacerlo constantemente. La memoria comienza cuando Uribe deje el cargo: que a la par de la veeduría ciudadana al nuevo gobierno, nos pongamos como meta que los ocho años que terminan el próximo sábado 7 de agosto no se los lleve el tiempo ni el olvido.
Tal vez nunca pase, pero tal vez sí. Esperando que sea la segunda digo lo siguiente: Uribe, nos vemos en la corte.

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