16 de agosto de 2010

Carta de Motivación

(Un amigo hace unos días me contó que para pedir intercambio desde la Universidad Nacional a la Universidad de Buenos Aires (en Argentina), debía hacer una carta de motivación. Me pregunté sobre lo que yo escribiría estando en su situación. De esa respuesta surge este texto.)

A Quien Corresponda

Universidad de Buenos Aires

Facultad de Filosofía y Letras

Buenos Aires, Argentina


¿Por qué irse?

La pregunta cabe, porque no son motivos extremos los que a uno lo lleva a hacer un intercambio académico. Las ganas de salir del país, conocer el extranjero, tener otras experiencias, pesan muchísimo. La realidad es que la preparación universitaria actual, se piensa en miras a la internacionalización. La experiencia humana que se alcanza –que alcanzaría, hablando ya en primera persona- es una cosa que queda para toda la vida.

El deseo de hacer este intercambio universitario con la Universidad de Buenos Aires, también contiene estos elementos. El deseo de conocer país nuevo, una cultura nueva, una nueva manera de ver el mundo, son alicientes en este proyecto que quiero iniciar en Argentina. No obstante, también hay motivos más diversos más personales, a pesar de que se dan desde lo público, los que me impulsan a iniciar esta empresa.

Colombia es un país maravilloso. Su geografía, su gente, sus paisajes y sus tradiciones. Pero uno tiene que ser sincero; intentar obligarse a ver el panorama completo. Cuando uno hace este ejercicio, o al menos cuando particularmente lo hago yo, se encuentra con un panorama desolador. Colombia, la historia, la situación política, cultural, social, económica, bélica (entre otros muchos, muchísimos más elementos) se han encargado de exprimir hasta la última gota de esperanza o de motivación del grueso del pueblo.

El problema en Colombia se llama desesperanza, y acá ésta se propaga con la rapidez de un virus. Crece con cada generación nueva. Con cada decepción nueva. Con cada líder asesinado, con cada oportunidad desperdiciada, con cada chance perdido. El colombiano no es (ya escucho las voces tiernas diciéndome que hay que ir en contra del determinismo cultural… bellos ellos), al colombiano lo han vuelto, lo han convertido. Esta sociedad, esta realidad que nos corresponde, se encarga de drenar cualquier atisbo de esperanza.

Y a uno se le van yendo las ganas de intentar hacer algo. Y más en una isla como lo es filosofía. [Inclusive, si me permite contarle, el ostracismo en filosofía, acá en la Universidad Nacional, es tal que al departamento le dicen “Guantánamo”]. Ahí, particularmente en esta carrera, nunca es muy claro cómo es que uno la va lograr. Uno tiene ciertas visiones, epifanías entre textos polvorientos. Alegrías pasajeras cuando uno se encuentra con un fragmento de particular belleza o, mejor aún, que contiene una gran carga de practicidad. Pero la sociedad se encarga de extirpar eso con brutal eficacia.

Entonces pasa: uno ya no la ve tan clara. Uno comienza a preguntar qué es lo sensato de estudiar racionalidad práctica en un país que considera que las cosas son como son y que nada de lo que uno pueda llegar a hacer, va modificar esa realidad. De repente uno se va comiendo el cuento. Uno comienza a preguntarse, a cuestionarse y finalmente a decepcionarse.

Ese punto (al que llegué, o tal vez temo alcanzar) es el que más importa a la hora de sopesar los motivos que me llevan a solicitar este intercambio académico.

Tal vez las motivaciones al principio mencionadas (conocer otra cultura, otro país, etc.) se suman al interés por conocer otra manera de ver la academia, especialmente esta carrera (ya de por si tan difícil de definir y de limitar). No obstante, todo ese conjunto de motivaciones se suman a la más grande e importante: el deseo de que de todos esos elementos que me pueda llegar a dar este intercambio, puedan concluir en una renovación (o al menos recarga) de las energías perdidas en esta realidad fragmentada, parcializada y absolutamente derrotista.

No espero recuperar de repente la esperanza. O llenarme de energías para cambiar el país (apelando a discursos llenos de lugares comunes, de imprecisiones… discursos que ya no deben tener lugar dentro de la academia). Es algo mucho más sutil: pienso que tal vez yo actualmente soy víctima de paradigmas ajenos y de creencias prestadas. Paradigmas y creencias que esta sociedad, con todos sus elementos, se ha encargado de meterme a la fuerza… curiosamente sin que yo me dé cuenta (como ya dije, uno no se da cuenta en qué momento se va creyendo el cuento de que las cosas son como son y no se pueden cambiar). Dado lo anterior, espero, con este intercambio, poder romper esos paradigmas. Poder cambiar yo un poquito. Ver un panorama un poco más completo. Intentar ver otra perspectiva. Una que me diga, o al menos que me insinúe, que no, que no todo está perdido.

Por los motivos anteriormente descritos, sumado a un profundo interés académico en conocer las diferentes perspectivas filosóficas del continente, agradecería muchísimo que se aprobara mi solicitud de intercambio a la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Para concluir, me permito fechar esta carta bajo el apunte de humor negro de un amigo:

Lunes 16 de agosto del año I después de Uribe (2010 de la era antigua).

Muchísimas gracias.

6 comentarios:

  1. Me gusta mucho, mucho la carta.

    Yo, como remedio para la desesperanza, veo TED talks.

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  2. Gracias!
    Chévere que guste. Mira que las TED Talks hasta hace poco las descubrí y me tienen encantado. Tremendo proyecto.

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  3. A mí esta me gusta particularmente. Fue de las primeras que conocí y de las que más me ha impresionado. Sir Ken Robinson: Do schools kill creativity?. Me cuentas.

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  4. Sir Ken Robinson se parece a mi abuelito.

    Mira una que me gusta mucho a mí: http://www.ted.com/talks/dan_barber_how_i_fell_in_love_with_a_fish.html

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  5. Ese no lo conocía! Sí, definitivamente las TED Talks tienen algo como para no perder la esperanza :)

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