30 de agosto de 2010

2ª Conferencia Latinoamericana de Políticas de Drogas - Cubrimiento

Publicado en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Los días 26 y 27 de agosto se llevó a cabo en Rio de Janeiro, Brasil, la
2ª Conferencia Latinoamericana de Políticas de Drogas. El evento, organizado por las organizaciones Intercambios (Argentina) y PsicoTropicus (Brasil) contó con la participación de jueces, fiscales, ministros, científicos y analistas de talla internacional. Los jóvenes tuvieron presencia como asistentes, representando a muchas de las organizaciones de activistas del continente.
A pesar de que la discusión durante los dos días no tuvo un matiz activista, los ponentes (muchos pertenecientes a organismos burocráticos del tipo UNODC) sí tuvieron voces críticas con las actuales políticas de drogas alrededor del mundo. Para resaltar algunas de las tristes realidades están hechos como que en varios países del mundo la sola tenencia de sustancias psicoactivas es causal de pena de muerte o de largas temporadas en campos de trabajo forzado en la que el adicto se cura. La nula distinción entre usuario de sustancias psicoactivas y adicto se abordó en la discusión. No obstante, el tema fue mucho más allá.
Se discutió sobre la necesidad de que sea política internacional la inclusión de evidencia científica en las políticas de drogas, y también se contempló el tema de la legalización pero desde una perspectiva mucho más profunda de lo que estamos acostumbrados a ver en Colombia. Se expuso cómo las vías de la prohibición no sólo generan daños en el consumidor y en un sistema judicial precario (como lo comparte todo el tercer mundo) sino que se analizó las implicaciones que el narcotráfico (producto de la prohibición) tiene en todos los estamentos sociales. Como gran conclusión está el hecho de que independientemente de si uno consume o no drogas -incluso independientemente de si uno alguna vez ha tenido contacto con ellas-, uno se ve permanentemente afectado por las políticas económicas, sociales, políticas y culturales que acarrea la prohibición.
Una gran parte de la discusión giró en torno a que las políticas de drogas actuales, al no tener un componente serio en prevención y reducción de riesgos en el consumo de sustancias y por otro lado un gran interés en judicializar y criminalizar, ha generado un aumento considerable en las infecciones de VIH/Sida. De la misma forma se concluyó que actualmente la sociedad civil no tiene acceso a información objetiva y científica, sino que al contrario, las políticas y la información que se maneja actualmente, responde a consideraciones políticas de los gobiernos de turno, más que a una visión social de los estados por el bienestar de sus ciudadanos.
Todos estos elementos contribuyeron a concluir que las actuales políticas de drogas violan abiertamente los derechos humanos -ratificados en incontables declaraciones y acuerdos internacionales- y que en últimas atentan contra la seguridad e integridad de los ciudadanos (que en teoría son la razón de ser de las leyes). Se hace necesario reconsiderar la estrategia contra las drogas a nivel mundial. Episodios como la reciente masacre en México tienen que ser un aviso para que la sociedad civil se organice y los gobiernos escuchen lo que se han negado a reconocer: la guerra contra las drogas no puede ser ganada.
Cuña: Como parte del cubrimiento a la situación de políticas de drogas y los jóvenes en Latinoamérica, en próximas entregas se resaltará la labor de diferentes organizaciones juveniles a lo largo del continente.

16 de agosto de 2010

Carta de Motivación

(Un amigo hace unos días me contó que para pedir intercambio desde la Universidad Nacional a la Universidad de Buenos Aires (en Argentina), debía hacer una carta de motivación. Me pregunté sobre lo que yo escribiría estando en su situación. De esa respuesta surge este texto.)

A Quien Corresponda

Universidad de Buenos Aires

Facultad de Filosofía y Letras

Buenos Aires, Argentina


¿Por qué irse?

La pregunta cabe, porque no son motivos extremos los que a uno lo lleva a hacer un intercambio académico. Las ganas de salir del país, conocer el extranjero, tener otras experiencias, pesan muchísimo. La realidad es que la preparación universitaria actual, se piensa en miras a la internacionalización. La experiencia humana que se alcanza –que alcanzaría, hablando ya en primera persona- es una cosa que queda para toda la vida.

El deseo de hacer este intercambio universitario con la Universidad de Buenos Aires, también contiene estos elementos. El deseo de conocer país nuevo, una cultura nueva, una nueva manera de ver el mundo, son alicientes en este proyecto que quiero iniciar en Argentina. No obstante, también hay motivos más diversos más personales, a pesar de que se dan desde lo público, los que me impulsan a iniciar esta empresa.

Colombia es un país maravilloso. Su geografía, su gente, sus paisajes y sus tradiciones. Pero uno tiene que ser sincero; intentar obligarse a ver el panorama completo. Cuando uno hace este ejercicio, o al menos cuando particularmente lo hago yo, se encuentra con un panorama desolador. Colombia, la historia, la situación política, cultural, social, económica, bélica (entre otros muchos, muchísimos más elementos) se han encargado de exprimir hasta la última gota de esperanza o de motivación del grueso del pueblo.

El problema en Colombia se llama desesperanza, y acá ésta se propaga con la rapidez de un virus. Crece con cada generación nueva. Con cada decepción nueva. Con cada líder asesinado, con cada oportunidad desperdiciada, con cada chance perdido. El colombiano no es (ya escucho las voces tiernas diciéndome que hay que ir en contra del determinismo cultural… bellos ellos), al colombiano lo han vuelto, lo han convertido. Esta sociedad, esta realidad que nos corresponde, se encarga de drenar cualquier atisbo de esperanza.

Y a uno se le van yendo las ganas de intentar hacer algo. Y más en una isla como lo es filosofía. [Inclusive, si me permite contarle, el ostracismo en filosofía, acá en la Universidad Nacional, es tal que al departamento le dicen “Guantánamo”]. Ahí, particularmente en esta carrera, nunca es muy claro cómo es que uno la va lograr. Uno tiene ciertas visiones, epifanías entre textos polvorientos. Alegrías pasajeras cuando uno se encuentra con un fragmento de particular belleza o, mejor aún, que contiene una gran carga de practicidad. Pero la sociedad se encarga de extirpar eso con brutal eficacia.

Entonces pasa: uno ya no la ve tan clara. Uno comienza a preguntar qué es lo sensato de estudiar racionalidad práctica en un país que considera que las cosas son como son y que nada de lo que uno pueda llegar a hacer, va modificar esa realidad. De repente uno se va comiendo el cuento. Uno comienza a preguntarse, a cuestionarse y finalmente a decepcionarse.

Ese punto (al que llegué, o tal vez temo alcanzar) es el que más importa a la hora de sopesar los motivos que me llevan a solicitar este intercambio académico.

Tal vez las motivaciones al principio mencionadas (conocer otra cultura, otro país, etc.) se suman al interés por conocer otra manera de ver la academia, especialmente esta carrera (ya de por si tan difícil de definir y de limitar). No obstante, todo ese conjunto de motivaciones se suman a la más grande e importante: el deseo de que de todos esos elementos que me pueda llegar a dar este intercambio, puedan concluir en una renovación (o al menos recarga) de las energías perdidas en esta realidad fragmentada, parcializada y absolutamente derrotista.

No espero recuperar de repente la esperanza. O llenarme de energías para cambiar el país (apelando a discursos llenos de lugares comunes, de imprecisiones… discursos que ya no deben tener lugar dentro de la academia). Es algo mucho más sutil: pienso que tal vez yo actualmente soy víctima de paradigmas ajenos y de creencias prestadas. Paradigmas y creencias que esta sociedad, con todos sus elementos, se ha encargado de meterme a la fuerza… curiosamente sin que yo me dé cuenta (como ya dije, uno no se da cuenta en qué momento se va creyendo el cuento de que las cosas son como son y no se pueden cambiar). Dado lo anterior, espero, con este intercambio, poder romper esos paradigmas. Poder cambiar yo un poquito. Ver un panorama un poco más completo. Intentar ver otra perspectiva. Una que me diga, o al menos que me insinúe, que no, que no todo está perdido.

Por los motivos anteriormente descritos, sumado a un profundo interés académico en conocer las diferentes perspectivas filosóficas del continente, agradecería muchísimo que se aprobara mi solicitud de intercambio a la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Para concluir, me permito fechar esta carta bajo el apunte de humor negro de un amigo:

Lunes 16 de agosto del año I después de Uribe (2010 de la era antigua).

Muchísimas gracias.

1 de agosto de 2010

Uribe, Nos Vemos en el 2025

Publicado en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Hace menos de un año un video era bastante visto en YouTube. Colombia 2025
-ese era el video, hecho por la Vicepresidencia actual- planteaba una sociedad colombiana avanzada y un país cercano a lo utópico. El video comenzaba, cómo no, en el año 2002 con la primera elección de Uribe (lo único real en todo el video). Esta es la última columna que publico en la era Uribe, y quiero exponer lo que imagino para el año 2025 en Colombia.


En el año 2025 Colombia se curará de su mayor enfermedad: el olvido. Para ese entonces se habrán realizado juicios y condenas contra los militares responsables de los crímenes de Estado de la era Uribe (mal llamados Falsos Positivos). Se demostrará responsabilidad del gobierno de esa época por haber generado políticas de conteo de cuerpos. También se evidenciará cómo desde las guarniciones militares (con el visto bueno de altos comandantes) fue desde donde salieron las amenazas contra las mamás de Soacha y los demás testigos del caso.
Por allá, en el año 2025, Colombia recordará con estupor cómo en una época creyeron que apoyando a un arriero, finquero de segunda, iban a salvar al país de las FARC. Los niños aprenderán en las escuelas cómo los pesos y contra pesos son tan importantes en la institucionalidad del país, que ésta se puso en riesgo (y puso al país patas arriba) por allá en el año 2010 con una posible segunda reelección presidencial. Los que aprendan de historia colombiana en esa época no darán crédito a lo que escucharán: no entenderán cómo con el cohecho de Yidis Medina, el espionaje estatal, y las constantes vejaciones a derechos humanos, Uribe permaneció ocho años en el poder.
Para el año 2025, la ley de Justicia y Paz pasará a la historia (y se enseñará en clases de Derecho) como todo lo que no se debe hacer en un proceso de paz, verdad, justicia y reparación. Se tendrá como referente de impunidad y corrupción. La Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional, tendrán en su historia el mérito de haber sido las únicas instituciones que a pesar de hostigamientos, amenazas y ataques del gobierno, se mantuvieron autónomas e independientes (gracias a estas instituciones, Colombia para el 2025 será un ejemplo en el continente en derechos de igualdad de género, orientación sexual, derechos reproductivos y libertades personales). Claudia Julieta Duque y Hollman Morris (entre otros), periodistas víctimas de la era Uribe, tendrán cátedras de periodismo en las universidades del país. Se enseñará el periodismo como una herramienta al servicio de la democracia, jamás del gobierno.
Habrá vergüenza nacional, y un pedido de perdón presidencial, por el genocidio indígena que hubo entre el 2003 y el 2009. Los pueblos awá y embera estarán casi extintos y sólo entonces será de público conocimiento la campaña de terror de la que fueron víctimas casi toda la primera década del siglo XXI. Los muertos de la minga indígena (entre los años 2007 - 2009) serán reconocidos como víctimas del Estado. Así, con monumentos en cada esquina y campañas de memoria, los colombianos por fin entenderán que para derrotar 'a los terroristas de la far', nunca el Estado y el Gobierno se debieron poner al mismo nivel de barbarie.
A razón del espionaje estatal, el carrusel de las notarías, los falsos positivos, los vínculos con los paramilitares (y ese largo etc.), muchos de los colaboradores del entonces presidente de la República, estarán con sus vidas políticas destrozadas, en la cárcel o en casa por cárcel. Uribe estará escondiéndose tras la corbata y una que otra declaración. Se volverá columnista de algún diario conservador y de derecha (posibles candidatos: El Colombiano y El Tiempo) y desde ahí defenderá a sus cómplices caídos; a sus generales, a sus militares, a sus políticos. Para el año 2026 el caso será sólido y Uribe enfrentará un juicio.
Posiblemente casi todo lo que acá digo jamás va a pasar. Acá el olvido no se decreta, sino que la gente se lo goza. No le gusta recordar. Pero algunos nos encargaremos de hacerlo constantemente. La memoria comienza cuando Uribe deje el cargo: que a la par de la veeduría ciudadana al nuevo gobierno, nos pongamos como meta que los ocho años que terminan el próximo sábado 7 de agosto no se los lleve el tiempo ni el olvido.
Tal vez nunca pase, pero tal vez sí. Esperando que sea la segunda digo lo siguiente: Uribe, nos vemos en la corte.