19 de julio de 2010

"Qué Boleta..." Que nos Consideremos Libres

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Con gran pompa saludamos el Bicentenario del Grito de Independencia. Vemos invitaciones por todas partes. A los conciertos, a las marchas militares, a los eventos, a las celebraciones que se van a desarrollar en distintas partes de Colombia. No obstante, ¿qué se esconde detrás de ese regionalismo provinciano que resalta esas celebraciones que aluden a "Libertad" e "Independencia"?

En Colombia tenemos una idea muy extraña de lo que significa ser libre. Sumado a eso, la idea que tenemos de independencia está repleta de lugares comunes y clichés que no reflejan lo que pasa en la vida real. La idea del Bicentenario es que en teoría somos libres y lo hemos venido siendo durante -al menos- los últimos 200 años. No obstante, consideremos un momento nuestra actualidad nacional; la realidad política, económica y social de este país tercermundista que se ufana de ser la democracia más duradera de Suramérica.

Bien podríamos comenzar por la idea que tenemos de libertad y de independencia. Mucho de lo que rodea la fiesta del Bicentenario en Colombia son elementos militares. Ese sería un buen punto para comenzar: que nuestra idea de independencia y de libertad se traduzca en marchas y homenajes militares muestra lo desviada que está nuestra visión de la realidad nacional. Esa idea, rosa, cursi y engañosa de que los héroes en Colombia son los mismos ahora que los de hace 200 años es mentir y moldear el imaginario ya viciado del colombiano promedio. ¿La libertad se traduce en el poderío militar de la región? ¿Nuestra independencia se da por la cantidad de armamento que tenemos? Ejército Colombiano no hubo hasta mucho tiempo después. Antes éramos ejércitos de ciudadanos latinoamericanos. Sí, esos mismos hermanos de continentes que ahora estamos agarrados por obra y gracia de quienes nos gobiernan.

¿Cuál es nuestra noción de Independencia? ¿A qué la atamos? ¿Acaso no nos damos cuenta que la mayor parte de la banca colombiana está en manos de multinacionales extranjeras? Que nuestras empresas, las constructoras, la telefonía celular, y algunos medios de comunicación sean mayoritariamente extranjeros debería ser un campanazo de alerta sobre si somos o no libres. Que políticas internas tan nefastas como el Plan Colombia -una de las muestras más contundentes de que la Guerra contra las Drogas fracasó- estén sujetas a intereses de otros países debería ser una muestra de que a pesar de ser una República, aun tenemos la mentalidad de colonia.

¿En dónde, exactamente, la libertad se alcanzó en Colombia? En un país en el que matan por pensar diferente, con una tasa de desaparecidos similar a la de Chile en dictadura, con un genocidio indígena en progreso. Bien hacen los indígenas del país al movilizarse contra esa idea del Bicentenario. Esa idea utópica y mentirosa. Nosotros nunca hemos salido de la patria boba. Ahora hemos extendido nuestra estupidez a otras regiones: los que antes eran hermanos de independencia ahora se agarran por la impertinencia de uno y la incompetencia de otro. Venezuela, Ecuador, Colombia nunca habían estado tan distantes. Celebramos nuestro Bicentenario al borde de un conflicto bélico de las naciones libres del Continente.

Independencia y libertad son palabras que deberían ser más estudiadas antes de ser usadas. Los colombianos desconocemos profundamente nuestra historia. No nos gusta pensar, pero sí aplaudir y vitorear, echar halagos y serpentinas. Todo lo que involucre pensar sobre nosotros mismos lo desechamos de inmediato, todo lo que nos invite a cuestionarnos, a replantearnos y preguntarnos por la realidad de las cosas, son elementos que hacemos a un lado por el creciente miedo a que un día veamos las cosas como son: Que Colombia no salió de la patria Boba, que siguen los mismos problemas dignos de colonia, que seguimos con gobernantes que tratan al país como su finca personal, que, al fin y al cabo, no somos libres ni independientes. Todo lo contrario, somos un pueblo sometido a la mayor condena: las cadenas mentales y culturales. Las que no se ven pero apresan más.

3 comentarios:

  1. Hermano, es triste el hecho de que no seamos realmente libres. Pero lo mas triste es que utilicen la historia para tapar las cagadas del presente, y aun más triste es que manipulen a la gente con un nacionalismo y una lealtad hacia un estado del que sólo se benefician unos pocos avivatos.

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  2. A mì, en cambio, me parece que èsta es la primera vez en que se celebra el grito de independencia de una forma que haga conmover y reflexionar a las personas sobre la historia, el futuro y el presente de Colombia.

    No sòlo hubo fuegos artificiales y desfiles militares, tambièn hubo inauguraciòn de colegios, investigaciones, proyectos educativos, foros econòmicos, etc.

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  3. Lalu,
    mi reflexión no va a el cómo asumimos la celebración en sí misma, sino qué celebramos y su significado. Comparto contigo, a pesar del derroche financiero, que las celebraciones de este año fueron mucho más centradas en los aspectos sociales y culturales, pero lo que yo señalo y critico es el sentido mismo de la celebración, ¿sómo libres?, ¿de qué?, ¿para qué? Agradezco mucho tu comentario.
    Juankmu, chévere que le haya gustado.

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