6 de julio de 2010

Metrallo - La Ciudad de la Eterna Plomacera / Medellín 2010

A la gente que llama a Medellín su ciudad,
no es la mía, pero me trató como tal. Acá doy mis impresiones.
Antes, Morfina, Sebastián y Carolina. Durante, Emilio, Mónica, Eduardo, Andrés, Luisa, Daniela, Angélica, Julián, Lorena, y todos los que compartieron este viaje conmigo.

Algunas veces al hablar con amigos de Medellín, estos me decían lo que había que conocer en esa ciudad -o pueblo grande, como le dicen otros. Que tal barrio, que tal urbanización, que tal centro comercial. Ahora en los últimos años los que de jóvenes me contaban eso, ahora me narran de los sitios más chéveres en los que rumbear. También me cuentan de los lugares en los que se reunen los carros de piques, y lo suertudo que uno es al vivir en esa ciudad porque en cualquier bar uno se encuentra una modelo.

Por eso este viaje me marcó tanto. No es ir de paseo a El Poblado, ni tampoco ir a los centros financieros o comerciales y pensar que
esa es Medellín. No es tampoco a pisciniar. Es otra la Medellín que uno conoce con ciertas compañías. El baño público que tiene en la pared escrito 'Aunque no nos vean, presentes. AUC'. El hermoso, hermosísimo bar, Tíbiri. Sitio de salsa vieja guardia que recuerda a Rincón Cubano en Bogotá, o (¿por qué no? el clima lo permite) imaginarse en una noche de fiesta costera. Las paredes de este bar, sutilmente envían un mensaje al estar pintadas de rojo y negro. Y al final, justo al lado de los baños y atrás de donde nosotros nos sentamos, un afiche del Ché Guevara contempla a los bailadores.
El Lugar
Comuna noroccidental, comuna 7. Arriba de lo que queda encima. El atardecer caía en la habitación principal de una forma increíble. En la tarde esa habitación calentaba como un infierno. En el amanecer, abajo, como un mounstro que se empezaba a despertar, Medellín se comenzaba a iluminar. Desde las torres más altas hasta la otra montaña, con otras comunas, con otras historias por contar.

Para llegar había que tomar Metro, Metrocable e integrado. Tres transportes para llegar a un sitio increíble. Ya en la madrugada el taxi era la única opción. Cuando uno subía, trasnochado y cansado de la fiesta, subía unas escaleras y se encontraba de repente con un pesebre de luces. No obstante, a pesar de lo inmenso de la visión, en el fondo no dejaba de pensar que Bogotá, ese animal, se tragaría de un solo bocado a esa ciudad de la eterna primavera. Pero tal vez no sería así. Medellín tiene sus propios ejércitos. Ahí en la montañita de al lado, reposaba la
mítica, en el sentido que se quiera tomar, comuna 13. Uno de los sitios más calientes de la ciudad. El tráfico de drogas, las bandas criminales, los paramilitares, la guerrilla. Todo se da cita ahí. Para la muestra, la última masacre que hubo en Envigado, se conecta con las bandas de la comuna 13.

Y allá arriba, una correccional de jóvenes. Las mamás, muy cumplidas todas ellas, se dan cita a la madrugada para hacer fila para poder ver y llevarles algo de comida caseras a sus hijos. Esperando, como a las 5:50, un bus para bajar sonaron dos totes montaña abajo. La noche anterior, andando por Metrocable, encima de la comuna 13 estalló otro balazo. Y los propios taxistas nos cuentan sus experiencias. Uno nos cuenta, asombrado de que le pidamos que nos suba hasta la loma, siendo turistas, que él casi nunca sube hasta allá. Que sólo va cuando un pasajero le saca la piedra y lo deja ahí para que venga la limpieza. ¿Estaría bromeando? La verdad no sé, y no sé si quiera saber.

Un amigo me hace el chiste, '
¿sí sabe que una orinada dura en promedio 3 minutos, pero que en Medellín dura 6?', yo respondo que no sabía, que qué dato tan curioso, y mi amigo me responde 'sí, mientras orina, mientras la saca, la muele, se la huele, la vuelve a guardar y se mira en el espejo'. Confieso que me reí. Esta ciudad me resultó más agresiva que Bogotá. Y no quiero que esto ofenda a nadie, simplemenente así lo siento. Si Bogotá es una ciudad decadente, Medellín, esta que describo acá, es una ciudad agresiva. Una ciudad que me permitió ver, la madrugada del concierto de Los Van Van en el Congreso de Cultura, un tipo caminando por ahí, acomodándose algo en los pantalones. Algo que por un instante brilló como metal bajo las luces públicas.

Una de las cosas que más me impresionó fue en la zona de la Plaza de las Luces -plaza que, hasta donde yo sé, ironicamente siempre está apagada-, ahí se divide la ciudad. Por un lado
el hueco, el expendio de drogas, prostitución, amanecederos de mala muerte y delincuencia más gonorrea (no cabe otro calificativo) que he visto. La policía no anda con pistola enfundada, sino con rifle de asalto y chaleco antibalas (de hecho, los bachilleres que cuidan las estaciones del metrocable, en la parte de las comunas más altas usan chaleco antibala). Al otro lado de la Plaza de las Luces está el Edificio Inteligente de las Empresas Públicas de Medellín, el centro económico de la ciudad. Son esos los constrantes que nos brinda esta ciudad.
La Gente
De todas clases y colores. Siempre son más los buenos, siempre son más los que intentan contribuir con que la ciudad sea un lugar mejor cada día. Pero los hay malos. Que a penas le pillan el acento a uno, de visitante, apuntan a tumbarlo a uno. Le embolatan las vueltas de las carreras en los taxis, y las cuentas en los restaurantes. En últimas, la seguridad es la clave, que no sea tan fácil que se la monten. Pero el pueblo, en general, era una calidad. Me hizo pensar que había una suerte de línea imaginaria entre dos realidades allí en Medellín. Mi anfitrión, y otras personas a lo largo del camino, me confirmaron esta visión al relatarme de las últimas declaraciones en medios públicos de organizaciones y gremios civiles. Planteaban una división entre el
antioqueño como lo que se debería rescatar, y el concepto, el cliché de paisa condenarlo al olvido y la extinción. Decián que el paisa tenía todos los valores que no se querían en Antioquia; aprovecharse de los demás, el rebusque malicioso, la falta de integridad. Que por eso había que declararse antioqueño, porque ser conocido como paisa era una apología a lo mismo que estaba generando los problemas más grandes del lugar. Entre muchas, una frase me dejó pensando: el antioqueño en cualquier lugar se siente como en casa, el paisa hace de cualquier lugar su guarida.

Por otro lado, uno conocía jóvenes, ya casi adultos, aprendiendo a enseñar vivir, que intentaban hacer vidas juntos. Un hombre, que por compromiso con su compañera, el día del parto de ella se mandó a hacer dos perforaciones para acompañarla, así fuera de una manera mínima, en el dolor que sentiría al dar a luz al hijo de ambos. Conocí a la chica que baila y se sonríe en la barra mientras mira a los turistas que llegan a su alrededor. Dulcemente a todos los desanima y les pincha la burbuja.

La gente siempre es bella. Siempre es buena. Pero casi toda vive en el silencio. Toman como lo más normal del mundo la realidad de que de barrio a barrio la gente no cruza libremente. Viven tranquilos sabiendo que en ciertos bares, ciertos temas son prohibidos, so pena de muerte. Y todo el mundo lo acepta, todo el mundo ve cómo eso pasa. Envigado, nos decía una persona un día antes de la masacre, es el municipio más seguro. Uno habla con otra persona y le dice que sí, que Envigado es el sitio más seguro porque los paras lo revisan absolutamente todo. Nada se escapa de su ojo de águila... de águila negra.

Tal vez fue eso lo que más me impresiono. Que la realidad no aturde, no indigna, no escandaliza. Se sabe y se reconoce. Tras una masacre de niños -la masacre de Villatina (nótese que no encontré referencias, a excepción de ONG's o centros de memoria, a la masacre por parte de medios colombianos o en español)- se comprobó que el Estado fue el Asesino -así, en mayúsculas las dos, que nos duelan las dos-, y que Él fue el que provoco que a los testigos los silenciaran e intentaran que el evento quedara en la impunidad. Después pusieron un monumento en el Parque de los Periodistas, y ahí, entre el humo de la marihuana, bolsitas de perico y mucho, muchísimo licor, el recuerdo de los niños pasa. Ahora el parque es una plaza de vicio. Todo queda en silencio, nadie recuerda a los niños.

Mis anfitriones, y las personas que ellos me presentaron, merecen especial mención. Profesionales, hijos de la UdA. Nos enseñaron, nos mostraron, nos emborracharon, nos quisieron y nos trataron como en casa. Su hogar fue prestado mientras las vacaciones duraron. Entre regalos y lágrimas por el reencuentro, las palabras se quedan cortas. Bellas personas ellos, y los llevo siempre presentes.

La Realidad
Se da como un manto sobre el cual se desarrollan el resto de actividades. Todo, a pesar de que pasa al lado, puede llegar a ser el lejano. Les mostraba a mis anfitriones el trabajo de Internautismo Crónico, parche de Medellín, sobre la importancia del humor en la realidad política colombiana. Ellos no lo conocían, y son de la misma región. De la misma forma, ellos me mostraban el trabajo de Águila Descalza, un stand-up comedy paisa que se burla de todos los regionalismos y dogmas de la cultura antioqueña.

Pero el silencio se mantiene. Y la ciudad es un escenario en el que no pasa nada. Cada rincón de Colombia tiene sus propios malestares. En Bogotá, jóvenes fueron asesinados bajo los crímenes de Estado -mal llamados falsos positivos- y en 1991, 120 niños fueron asesinados en Ciudad Bolívar y tampoco nadie dijo algo. Curiosamente, Pasajeros, banda folk de Medellín le hizo 'Parcero' a esa ola de criminalidad. Esa banda, después de ser perseguida por el Estado, tuvo que desintegrarse hace unos cuatro años.

La realidad cruda se cuela lentamente en la vida del Medellín cotidiano. A un muchacho lo sacan de la fila del concierto de los Van Van -en el Congreso de Cultura- por intentar meter algo (no sé exactamente qué). El muchacho, se voltea iracundo y solo le dice al policía que lo sacó '¿Sí ve? Por eso es que los matan...'. Esa es Metrallo. No tan lejana del bar de clase alta. No tan diferente.

Ciudad hermosa Medellín. Con su metro que no se siente y que es rápido. Tal vez en Medellín deambular no es tan mal visto. Uno puede conocer la ciudad sin bajarse de un transporte. Andar en Metrocable y subir por las comunas, ver realidades abajo de nuestros pies. Vemos y relacionamos: 'yo he oido en las noticias sobre este sitio'. Hermosa ciudad. Tan bello como hacer el recorrido Guaduas - Honda en el atardecer, y ver como con la crecida de las lluvias, el río Magdalena brilla como un hilo dorado montaña abajo. Mirarlo, tan bello e imponente, y tener casi que la certeza de que bajo sus aguas está la historia de las masacres paramilitares, las tomas guerrilleras, los desaparecidos de la guerra sucia estatal y de los pescados que, ante el cambio de dieta submarina, comenzaron a teñir de rojo sus escamas.

Ayer expresé que viajar siempre me dejaba el corazón desubicado. Como descolocado dentro del pecho. Sentía que durante el viaje se me había caído y me había tocado volver a ponerlo en su lugar en varias oportunidades. Una persona me respondió que eso era un jet-lag conceptual. Más de acuerdo no puedo estar. Pero ahora entiendo que hasta que yo no terminara estas palabras, el viaje no iba a terminar. Primero tenía que digerir el por qué de la llenura de mi corazón. El porque aun no había podido descansar.

Se quedan mis recuerdos bellos en Medellín, ciudad que me trató como a uno de los suyos. Que me perdonen quienes piensan que por ser turista yo no le debería ver el colmillo al caballo regalado, pero no. Todo lo contrario, a esta ciudad, que la siento tan mía como Bogotá, porque son del país que más quiero, la abrazo y la condeno con la misma dureza. Canto por su avenida estadio mientras bajo la borrachera, y me quedo callado mientras veo en noticias lo que pasa, pero que nunca sucede. Lo que se ve, pero que nadie mira.

Medellín, Metrallo, Medallo. Campeona en soñar lo increíble. Admiro tu perseverancia.

Gracias a todos, con los que me vi y con los que no, los que me ayudaron y los que no, con quienes compartí este viaje.

7 comentarios:

  1. Que buen viaje, que buena crónica.

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  2. Como que la pasó bien. Buena crónica, lo veo en cada etapa del camino, Tomás. Eso le da personalidad al viaje.

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  3. Muy linda crónica. Retumba Metrallo. Yo también estoy escribiendo una. Cuando la termine se la comparto.

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  4. Muchas gracias, Maruja. Espero ver pronto lo que me quieres compartir.
    Gracias Anónimo, y me alegra mucho que le guste Daniel :)

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  5. Señor! Por fin se publicó la crónica. Como le había dicho, se la dejo para que la lea. Buena energía para su blog.
    http://musicasomos.net/2010/medallo-encongresada/

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  6. Este artículo me hizo llorar, me da mucha rabia y me frustra demasiado que se concentren tanto en esa ciudad de la vendedora de rosas. Odio las comparaciones entre medellín y bogotá, me caen mal las personas que siguen haciéndolas porque son dos ciudades totalmente diferentes lo único que tienen en común es que son Colombianas, pero todo es diferente. Yo vivo en Bogotá y soy de medellín, amo las dos ciudades pero es muy frustrante que a toda hora me estén diciendo en bogota que todas las mujeres paisas (si paisa a mucho honor y amo ser paisa y antioqueña pero sobretodo paisa) somos pre-pago que el metro de medellín lo pagaron los bogotanos, que toda la gente en medellín es ladrona.... en mi ciudad es mas la gente buena, honrada, trabajadora y sí hay gente mala pero sin justificarlos no son solapados y hacen las cosas de frente. Respeto mucho tu artículo y respeto mucho tu opinión y no es que me duela que me digan la verdad o si, me duele y mucho, pero esa no es la verdad completa.

    Y también, aunque lo respeto odié el título de tu artículo pero si te sientes más feliz llamando a mi ciuad metrallo y a la ciuad de la eterna primavera la ciudad de la eterna plomacera lo respeto, pero te digo una cosa, yo viví en esa ciudad 27 años, y nunca en la vida me sentí en peligro, nunca me hirieron,nunca me robaron, nunca ví matar a alguién, y te doy un dato para tu siguiente artículo en la pasada feria de flores cogieron en medellín una banda de 30 personas de bogotá que fueron unicamente a robar, eso no lo dicen en las noticias, pero te invito a que investigues, sin embargo eso no me da el derecho de faltarle al respeto a tu ciudad poniéndole sobrenombres humillantes. Medellín es una ciudad que vivió un proceso terrible, horrible y que tiene muchas secuelas de eso, pero que con esfuerzo esta logrando salir adelante. Y además de reconocerla como metrallo deberías reconocerla también como una de las tres ciudades mas innovadorads del mundo. Y con respecto al hueco, te invito a que te pases por la calle donde ahora está la gente que vivía en el cartucho, te invito a que te pases una tarde por la 13 y por esos lados del underground de Bogotá para que no te escandalices tanto con lo que viste en el hueco de medellín. Y también te invito para que pases un fin de semana ojala si hay clásico en altos de Casucá.

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    1. Hola Anónima (Juan Batallas es mi nuevo nick, pero yo escribí este texto).

      Creo que la lectura regionalista al texto se la diste tú, no yo. El título, por ejemplo, no pasa de ser un juego de palabras (tan ambiguo, jocoso y ofensivo como se pueda, un juego, como decirle a Cúcuta y su barrio chino Trúcuta).

      No necesito que me señales los focos de violencia de esta ciudad. Los conozco, me los parcho y me los gozo. San Fernando, Cazucá, las zonas circundantes a la L en el centro de la ciudad y otros más. Conozco esos espacios, de hecho he escrito sobre ellos (una invitación a echarle un ojo a otros textos del blog). Mis relatos sobre la violencia en Medellín (y en esto tengo que ser tajante) no surgen de la ciudad de La Vendedora de Rosas. No fue mi fuente. Pero esas violencias yo no las conocía, y por eso las describo. Sí, con mi ojo subjetivo, bogotano también, pero sobre todo con el sentimiento de novedad. Y es sobre esa novedad que la experiencia es valiosa, y por eso es relevante para mí escribirlo.

      Tú lectura (y lo reafirmo) es una lectura regionalista. Al Hueco me comparas los huecos de Bogotá, al comentario sobre la violencia "paisa" me sacas la banda de ladrones bogotanos (¡como si eso fuese relevante en algún sentido ajeno a un interés tonto en la regionalidad del criminal!). Yo no caigo en eso porque no me interesa, pero sobre todo porque no considero justo ni con nosotros ni con los que buscan y trabajan a diario para mejorar las ciudades, competir a ver cuál está más rota y vuelta mierda. Creo que es una postura cínica y (con toda respeto) propia de espíritus pequeños.

      Yo no voy con las definiciones. Pero asumo que si por encima de lo antioqueño te defines como paisa, tendrá algún simbolismo o un subtexto que no acabo de entender (a lo mejor, en ese caso sí pesa el ser bogotano). De todas maneras, a pesar de que la ciudad "sea la tercera en innovación", "la capital colombiana de la moda", la Medellín truculenta y violenta está ahí más viva que nunca. Las cifras de violencia de género, de control territorial de los combos, de la presencia de paraestados en zonas cada vez menos aisladas (al punto de inclusive manejarse los micromercados de arepas, huevos y leche sin marca) son pruebas de que el monstruo no ha muerto. No dudo de los esfuerzos de esa ciudad por desprenderse de un pasado violento (que es de todos los colombianos) pero resaltar la lucha no gana la batalla. Y en Medellín la violencia del narcotráfico y del paramilitarismo se mantiene. No es un cuento de los años noventa. Es el comentario que se hacía cuando hubo la masacre en Santa Rosa de Osos: Las masacres no volvieron, nunca se fueron. Los datos están ahí. Fíjate en los informes de Nuevo ArcoÍRis, las investigaciones de VerdadAbierta. Inclusive las bases de datos de conflicto violento y de violencia política. Ahí están los datos. Puntualmente te recomiendo, por si no lo conoces, las investigaciones recientes sobre el fracaso del modelo de Estado en varias comunas de Medellín entre las que resalta la 13 ("ejemplo de superación", según el ex alcalde Alonso Salazar) y la 8.

      Estoy seguro que en Bogotá los indicadores de violencia, si uno se pone en la tarea de revisarlos, siguen siendo altos. Comparativa y absolutamente. Resalto que no pretendo escribir pintando de regionalismo mis palabras. Defiendo lo que he dicho, te leo y te respeto, pero tengo en que ser claro en que nada, NADA, de lo que tú dices en el primer párrafo del comentario lo digo yo. Son interpretaciones tuyas. Rabias tuyas que a lo mejor ves reflejadas en el texto que yo escribo, pero la intención nunca fue esa.

      Tu ciudad me encanta. Y lamento si a través de estas palabras te caigo mal o si te afecté negativamente (dices que lloraste). Es el riesgo de la descripción. Pero ten claro que estas son mis descripciones. No mis verdades.

      Los adjetivos lo van abandonando a uno como el maquillaje bajo la lluvia. Un saludo caluroso. Contribuyendo al diálogo, y esperando que se pueda seguir conversando.

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