6 de julio de 2010

Frito Páez - 3er Congreso Iberoamericano de Cultura, Medellín 2010

El frío en la plaza era increíble. Había llovido todo el día. Los que estábamos ahí teníamos la ropa emparamada. No era la primera lluvia del día. A lo largo del día a todos se les secó encima en una o dos oportunidades.

En Medellín no es como en Bogotá. Los conciertos masivos no tienen una hora específica para terminar, y eso todo el mundo lo sabía. Aun y a las 23hrs Fito no salía a escena. Muchos cantos se escucharon de parte del público para llamarlo, no obstante, el que más llamó mi atención bociferaba 'Frito, Frito, Frito, Frito, Frito, Frito, Frito'. Unía perfectamente el estado alterado de consciencia de casi todos los asistentes, y la ansiedad por ver a Fito Páez.

Cuando el tipo salió, fue la locura total. Siendo las 00:50hrs, entró el argentino e inició un concierto memorable. Allá, a esa hora, con ese frío, con esa renovada lluvia, con ese hambre, sólo estaban los verdaderos fanáticos, los que se las saben todas, desde el primer álbum hasta el último. Y esos, los verdaderos fanáticos, fuímos recompensados de una manera memorable. No sólo interpretó algunas de las canciones más recientes, sino que hizo un recorrido por sus álbums anteriores. Incluso cantó Giros... canción tan vieja, tan bella.

Y de repente comencé a sentir cómo cada letra de ese recorrido musical, me daba fragmentos de lo que pasaba en ese viaje a Metrallo. Cuando cantó Chico de la Tapa, cómo no pensar en el niño de la comuna. El que vive y sobrevive en esos ambientes. Cómo no pensar que mis vecinos, allá dónde me estaba quedando, Comuna 7, eran chicos de la tapa, no más grandes que yo, tampoco mejores. Circo Beat, como una entrada a una sicodelia más ficticia de lo normal. Triste realidad cuando nos damos cuenta que no es más que una descripción de la realidad que nos rodea. La mística de los pobres. Y como el mismo Páez se pregunta en escena, '¿Y qué carajos es eso?'. Todo el mundo juega en esta realidad. Esta realidad jodida que está demarcada en ese sitio donde se da el concierto. La Plaza de las Luces, se llama. Una plaza que por un lado tiene el centro económico de Medellín ('el edificio inteligente de las Empresas Públicas de Medellín', dice una voz en el metro a cada rato), y al otro lado El Hueco; el roto mayor de Medellín. El centro de indigencia más agreste al que alguna vez he entrado.

Y así continua Páez, contándome entre canciones lo que se ha visto en esta ciudad en la que el amor se traduce en cuidar que algo no se muera. Así uno lo entiende durante el viaje. Y comienza Al Lado del Camino. La certeza de saberse vivo, el desprecio al tiempo perdido. Uno no puede dejar de vivir, mucho menos en una ciudad en que es tan aceptada, que ya no es que se ignore, sino que da igual: no escandaliza. Mismo principio de a A Rodar la Vida. Todo el público movía las manos y los brazos. Nadie sabe para dónde va, y esa sensación de lento naufragio nos encanta. Llevarnos al límite, como quien dice. Yo la canté por lo mismo que todos los demás: es bueno acercarse al fuego, mirar el barranco de cerca. Nadie sabe para dónde vamos, pero vamos bien.

¿Y cómo despedirse de Medellín? ¿Qué cantarle a una ciudad que tiene todo pero sólo se ve una cara? Qué decir cuando lo que sucede ya no desgasta. La respuesta me golpeó bajo la forma de miles de voces cantando al mismo tiempo esa estrofa que le dedicaban a esa ciudad, a la ciudad capital de la montaña. 'En esta puta ciudad, todo se quema y se va...', sonó durísimo. Levantándose por encima del aire cálido que lograba sobrevivir el pisquero. Porque así es Medellín, ciudad que mata a pobres corazones. En la que en Envigado salen a recordar al patrón Escobar y nadie dice nada. El olor a muerte aun se siente, aun se respira.
Esa Medellín que tiene en el Parque de los Periodistas una de las plazas de vicio más consolidadas. Ahí, en ese parque, hay un monumento de memoria histórica por una masacre que acabó con la vida de muchos, no tengo la cifra exacta, niños. Aparecen los nombres y las edades. Al Estado colombiano se le comprobó la autoría de los hechos. Fito lo sabe, y lo canta. Los asistentes también.

¿Cómo seguir, desde dónde avanzar? Y Fito, acompañado de miles de voces nos lo dijo: Todos giran y giran, todos bajo el sol'. Esa canción, Mariposa Tecknicolor, lo resumió todo: 'la melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón'. Así se despide uno de una ciudad que lo espera hasta la madrugada. Que amanece con uno en cualquier esquina. Medellín, ciudad en la que entre más arriba estés, más abajo te sientes.

Por la misma fecha hace un año, yo veía a Fito Páez cuando cerraba Rock al Parque 2009 en Bogotá. Lo disfruté más en esta ocasión. Me supo más rico.

El Diablo de tu Corazón: Frito Páez - 3er Congreso Iberoamericano de Cultura, Medellín 2010 (Reprise)

4 comentarios:

  1. Volví a querer a Fito con esto.

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  2. Una perspectiva del Medellín de los 90's; algo retrograda, aunque lastimosamente hoy estamos empezando a ver un direccionamiento similar con esta guerra de combos. Pero en medio de esta mrcada histroria somos la cuna del desarrollo industrial de este país. Lo anterior no desmerita la calidad gramatical del texto, excelente y una linda manera de relacionar su letra con la realidad.

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  3. Anónimo,
    mi perspectiva no quiere se retrógrada sino quiere ser leal con lo que vi y vivi en mi experiencia allá. Por supuesto, si fuera otro el contexto, el resultado de la reseña sería otro. Finalmente, cabe resaltar que es mi visión subjetiva de los hechos, pero, independientemente de esto, a pesar de que Medellín pueda o no ser cuna de desarrollo industrial en este país, hay una realidad de reducrecimiento de la violencia que debe ser mencionada y no oculta bajo el velo de la indiferencia o de la costumbre. Coincidencialmente, el editorial de El Tiempo de hoy habla sobre eso. Le agradezco mucho su comentario. Espero tenerlo de visita por acá.
    Nils, canta que si cantamos puede que nos quedemos afónicos, pero si no cantamos es que ya nos silenciaron.
    Gracias por su comentario S!NiS.

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