25 de julio de 2010

Perros Románticos

Llegó a la tienda de la esquina y compró un paquete de cigarrillos. Se sentó en un andén a matar el tiempo. Un par de minutos después un vecino del barrio, amigo de Hernando, cruzó la calle. Hace bastante no lo veía. De vez en cuando trotaban juntos pero perdieron contacto porque Jaime, así se llamaba el vecino, viajaba bastante y casi no permanecía en Bogotá.

Al acercarse, el perro de Jaime olfateó a Hernando. No fue más que un momento lo que le requirió al extraño ganar la confianza del perro.
-¿Me acompaña a pasear al perro en el parque?, -agregó Jaime en la mitad de una conversación en la que ambos pretendían actualizarse de lo que había sido del otro-.
Hernando no dudó en acompañarlo y ambos se dirigieron al parque. Era una caminada corta desde la esquina de las tiendas hasta el parque. Se pasaban por algunos conjuntos, algunos parqueaderos y se llegaba a un potrero inmenso con algunas canchas, barras y rodaderos para los más niños o también -cabe la posibilidad- para los más borrachos.

El perro, un labrador golden bastante grande, sufría de pequeños episodios de locura pasajera cuando se le sacaba al parque. Quemaba toda la energía guardada al lado de un profesional con poco tiempo para pasar con él pero sí todo el amor para darle. Su dueño, Jaime, lo intentó una vez pero se dio cuenta que los perros, en este tipo de escenarios, tienen mucha más paciencia que las mujeres. Siempre pensó que lo que le hizo falta en esa ocasión fue valentía. Sabía como meterse en los recodecos más extraños del país, pero dejarse llevar por una mujer le resultó imposible. El perro, cómo no, le era fiel. Salía, saltaba, corría, traía los palos y volía a irse. Así pasaron algunos minutos en el parque. Los ruidos que el perro hacía eran el sonido de fondo de una conversación mediada por cigarrilos y risas.

Quedaron en comenzar a trotar en las noches. Se veían dos o tres días a la semana. Usualmente dos entresemana y uno el domingo o en su defecto el festivo. Entresemana, Hernando tenía ya un truco para saber a qué horas se veía con Jaime: faltando poco para las nueve de la noche llegaba el vecino del piso de arriba. Con esa llegada, iniciaban, sin falta, las discusiones maritales. Aunque esos conflictos no le importaban a Hernando, siempre, en el fondo, estaba pendiente de si sucedía un episodio de violencia física. Ya abajo, en el parque, el plan siempre era el mismo: echar una buena trotada. Hablar carreta en la meta, devolverse y echar otros minutos en conversación.

En una de esas, un domingo pasadas las diez y media de la noche, ya después de trotar, se sentaron en una banquita a tomar agua y hablar.
-¿Sí se ha dado cuenta de que muy pocas personas sacan los perros los domingos a esta hora? -preguntó Jaime a un cansado Hernando-. En serio, todos los días a esta hora hay más gente, pero los domingos son muy pocos los que sacan el perro por la noche. Tan solo mire ahora, no más hay dos personas.
-Bastante curioso, la verdad no me había fijado -respondió.
-Sí, y la verdad he encontrado una sola respuesta a esa curiosa interrogante.
-¿Y cuál es? -preguntó Hernando.
-Mire cómo están las cosas -a Jaime entonces le brillaron los ojos, dejaban ver lo mucho que disfrutaba de la escena, como el que está por contar un chiste racista o machista. Algo que va a levantar ampollas o hacer pensar en todo caso-. La gente que saca el perro cambia con los días y con la hora. La parejita de novios en las que fulano acompaña a fulana, también está el que saca el perro mientras se fuma el bareto. ¿Sí o no? -y continuó sin siquiera esperar respuesta-. Aun así, estas personas que sacan los perros los domingos por la noche son otro cuento. Pille los perfiles. Son personas ya adultas, tampoco tercera edad, pero no están en sus treinta años. Salen y miren como actúan. Dejan al perro suelto, sin correa y sin nada...
-Sí, pero porque ya no hay peligro de que muerdan a nadie -interrumpió Hernando.
-Sí, sí -continuó- , no obstante eso no es lo que me interesa. Ellos sueltan al perro y se ponen a hablar por celular. Mire -dijo haciendo un gesto señalando a las otras dos personas en el parque, una estaba sentada al otro lado del parque al frente de ellos y la otra estaba parada un poco más hacia el oriente-. Tienen el perro suelto y ellos se ponen a hablar por celular. Ellos dos ni siquiera se conocen, pero comparten algo en común. Ambos hacen lo mismo.
-¿Y qué es eso que hacen esos dos desconocidos?
-Piénselo -dijo lentamente Jaime-. Ambos, mayorcitos, se ven que son personas de familia. Como se visten, escuche a la mujer mientras habla por teléfono. Se ríe, se sonríe, eleva el tono de voz. Y mire al otro tipo -el que estaba al oriente-. Él habla pasito, pero vemos como se ríe y se ve que está alegre. Ambos prefieren salir un domingo, después de las diez de la noche, a sacar el perro. Haciendo frío, con pereza, ellos prefieren sacar el perro, soltarlo y sentarse a hablar por celular importándoles un culo la suerte del perro. Ambos podrían estar en sus casas, con sus familias, viendo la tele, ayudando a hacer una tarea, o simplemente conversando... -en este punto Jaime se quedó callado mirando hacia la oscuridad del parque-.
-Bueno, ¿y qué? -inquirió Hernando.
-Están siendo infiles, parce -respondió Jaime-. Estas dos personas tienen amantes. Por eso salen a esta hora, y por eso en estas condiciones. Le aseguro que esos teléfonos son prepago, para que no llegue un registro de las llamadas. Deben estar tristes con sus vidas. Tal vez colegas de trabajo, compañeros de oficina, una vieja llama reencontrada. Lo que sea. Algo que evidenció que ellos no eran felices. Y por eso sacan este truco: "Mi amor, voy a sacar el perro, ya vengo"
-añadió haciendo un intento de voz femenina que resultó en un tono perturbante y afónico-. Así salen, dejan al perro corriendo por ahí y ellos se sientan a hablar con sus respectivos amantes.

Mientras escuchaba a Jaime, Hernando se había quedado mirando hacia la mujer que estaba sentada a unos treinta metros de ellos, al otro lado del parque. Se puso a pensar en lo que sería la historia de ellos, qué harían, qué pensarían. ¿Por qué serían así de malas personas como para engañar a los que en teoría aman? Inmediatamente pensó en Carolina. Pensó en su traición, en lo mucho que le dolió enterarse de que ella había tenido un amante en el último tramo de la relación que tuvieron juntos. Las cosas terminaron muy mal. De repente sintió un acceso de ira que se debió traducir en un gesto en su rostro, dado que Jaime no lo pasó desapercibido.

-¿Sabe? No toda infidelidad es maliciosa, o malintencionada... hay cosas que simplemente pasan -dijo casi que adivinando lo que Hernando debatía en su cabeza-. Hay cosas que pasan, llamas que se apagan. Daños que producen que uno busque, o que simplemente encuentre, cosas en otros lados. Sinceramente yo creo que lo malo es mantener el engaño. Pero los sentimientos... los sentimientos son demasiado complicados. Puede pasar lo que sea. Recuerdo mucho un amigo que me decía "lo malo no es hacer, sino no decir". Yo creo que hay que ser sincero, y además no ser prejuicioso. Si se siente mejor... tal vez al tipo la esposa lo cachoneó y él se está vengando, y tal vez la pareja de la nena, la casca. Uno nunca sabe... ¿sí me entiende el punto?
-Sí, sí, sí... -respondió Hernando sacudiendo la cabeza, como intentando quitarse imágenes que había intentado borrar los últimos cinco meses-. Pero tal vez usted es un exagerado, paranoíco, habla mierda... -Jaime comenzó a reir mientras lo escuchaba-. En serio, qué imaginación la suya. Lástima que no podamos comprobarlo.
-No, mejor que no lo comprobemos. Así yo creo que es verdad y que tengo razón y usted puede seguir pensando que la gente no es tan débil y miserable como usted cree. Todos contentos, ¿no le parece? -añadió con una sonrisa.
-Todos contentos, parce, todos contentos. ¿Entonces qué, miércoles, misma hora?
-Sí, nos vemos acá... ¿sabe? Si alguna vez me comprometo, vendo mi perro antes de irme a vivir con la nena -agregó riéndose.

Mientras Hernando caminaba hacia el edificio en el que vivía, en la otra calle del de Jaime, iba pensando en que tal vez éste no estaba tan equivocado, y que realmente esas personas estaban engañando a sus parejas. En todo caso jamás lo iba a saber.

Cuando entró al edificio se encontró a la vecina del apartamento de arriba del de él. Blackberry en mano,y la correa del perro en la otra. La mujer le saludó con una sonrisa tímida y los ojos aguados y salió, acompañada por el can, camino al parque. Hernando, al verle, no puedo evitar contener una tímida sonrisa cargada de ternura.

19 de julio de 2010

"Qué Boleta..." Que nos Consideremos Libres

Publicado en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Con gran pompa saludamos el Bicentenario del Grito de Independencia. Vemos invitaciones por todas partes. A los conciertos, a las marchas militares, a los eventos, a las celebraciones que se van a desarrollar en distintas partes de Colombia. No obstante, ¿qué se esconde detrás de ese regionalismo provinciano que resalta esas celebraciones que aluden a "Libertad" e "Independencia"?

En Colombia tenemos una idea muy extraña de lo que significa ser libre. Sumado a eso, la idea que tenemos de independencia está repleta de lugares comunes y clichés que no reflejan lo que pasa en la vida real. La idea del Bicentenario es que en teoría somos libres y lo hemos venido siendo durante -al menos- los últimos 200 años. No obstante, consideremos un momento nuestra actualidad nacional; la realidad política, económica y social de este país tercermundista que se ufana de ser la democracia más duradera de Suramérica.

Bien podríamos comenzar por la idea que tenemos de libertad y de independencia. Mucho de lo que rodea la fiesta del Bicentenario en Colombia son elementos militares. Ese sería un buen punto para comenzar: que nuestra idea de independencia y de libertad se traduzca en marchas y homenajes militares muestra lo desviada que está nuestra visión de la realidad nacional. Esa idea, rosa, cursi y engañosa de que los héroes en Colombia son los mismos ahora que los de hace 200 años es mentir y moldear el imaginario ya viciado del colombiano promedio. ¿La libertad se traduce en el poderío militar de la región? ¿Nuestra independencia se da por la cantidad de armamento que tenemos? Ejército Colombiano no hubo hasta mucho tiempo después. Antes éramos ejércitos de ciudadanos latinoamericanos. Sí, esos mismos hermanos de continentes que ahora estamos agarrados por obra y gracia de quienes nos gobiernan.

¿Cuál es nuestra noción de Independencia? ¿A qué la atamos? ¿Acaso no nos damos cuenta que la mayor parte de la banca colombiana está en manos de multinacionales extranjeras? Que nuestras empresas, las constructoras, la telefonía celular, y algunos medios de comunicación sean mayoritariamente extranjeros debería ser un campanazo de alerta sobre si somos o no libres. Que políticas internas tan nefastas como el Plan Colombia -una de las muestras más contundentes de que la Guerra contra las Drogas fracasó- estén sujetas a intereses de otros países debería ser una muestra de que a pesar de ser una República, aun tenemos la mentalidad de colonia.

¿En dónde, exactamente, la libertad se alcanzó en Colombia? En un país en el que matan por pensar diferente, con una tasa de desaparecidos similar a la de Chile en dictadura, con un genocidio indígena en progreso. Bien hacen los indígenas del país al movilizarse contra esa idea del Bicentenario. Esa idea utópica y mentirosa. Nosotros nunca hemos salido de la patria boba. Ahora hemos extendido nuestra estupidez a otras regiones: los que antes eran hermanos de independencia ahora se agarran por la impertinencia de uno y la incompetencia de otro. Venezuela, Ecuador, Colombia nunca habían estado tan distantes. Celebramos nuestro Bicentenario al borde de un conflicto bélico de las naciones libres del Continente.

Independencia y libertad son palabras que deberían ser más estudiadas antes de ser usadas. Los colombianos desconocemos profundamente nuestra historia. No nos gusta pensar, pero sí aplaudir y vitorear, echar halagos y serpentinas. Todo lo que involucre pensar sobre nosotros mismos lo desechamos de inmediato, todo lo que nos invite a cuestionarnos, a replantearnos y preguntarnos por la realidad de las cosas, son elementos que hacemos a un lado por el creciente miedo a que un día veamos las cosas como son: Que Colombia no salió de la patria Boba, que siguen los mismos problemas dignos de colonia, que seguimos con gobernantes que tratan al país como su finca personal, que, al fin y al cabo, no somos libres ni independientes. Todo lo contrario, somos un pueblo sometido a la mayor condena: las cadenas mentales y culturales. Las que no se ven pero apresan más.

15 de julio de 2010

La Meada del Millón de Dólares

La llamada fue en la mañana. En medio del guayabo cuando uno todavía no comienza a ser. Que fuéramos a una de esas reuniones de poetas en las que todos hablan muy bonito, del amor y esas patrañas, pero que en el fondo siempre están pensando en la entrepierna que los inspira. Después, me comentó, quería que fuéramos a la casa de la compañera.

Con él viví una gran temporada. Esa época dorada quinceañera atrasada en la que la marihuana y los versos de Silva nos hacían sentir muy especiales (ya no... tenaz, pero ya no). Cómo decirle que no. Y allá nos vimos. La reunión de poetas estuvo como siempre: pedantes, aburridas, retrasadas. La poesía la hicimos nosotros hablando en las escaleras.

-//-

Entré al apartamento y me apabulló lo inmenso que era. Y cómo no, pensé que estaba en casa militar. Pero la madre, dulce ella dentro de su mundo, no parecía nada de lo que uno se imagina cuando los ve en el uniforme. Y me puse a pensar, mientras veía las fotos familiares/militares, lo triste que es reducir a un ser humano a una figura de enemigo. Como el bachiller con su chaleco reflectivo. El pobre es un niño recién graduado. Él no es una mala persona. Y tampoco lo son ellos, los que hoy me invitan a su casa y a su mesa. No son militares y ya... son seres humanos, fuera del uniforme viven, sufren y aman a su hija. La hija que hoy me invita.

Entro al baño. Tan grande, tan barroco y pomposo, que sinceramente me dio pena ensuciarlo... Me abrumó lo bonito que era. Salí pensando en que eso estaba mal en el mundo, que hubiera gente que tuviera tanto y gente que no tuviera nada. Pero mientras pensaba eso, mi colega le pregunta a su compañera que si le ayuda en algo -preparando la comida- y ella respondió, de una forma tan propia -levantando los labios y cerrando los ojos- que no. Recordé de repente un grafiti que vi en la comuna 13 en Medellín "La humildad es nuestro orgullo". Cuando lo pensé y lo apliqué a la escena, toda mi percepción previa me resultó ridícula y resentida.

Y le pregunto, como para redimirme mentalmente, que si quería que hiciera una malteada con un par de bananos. Me dijo que sí y le pedí la licuadora. La saca de uno de los muchos estantes y resulta ser la misma licuadora que mis papás, clase media trabajadora, tienen desde que se casaron. Y entonces veo todo el panorama: todos sangramos igual, y todos somos iguales. Entre más conozco al otro. más me conozco. El baño es bello y enchapado, pero en él se caga, se orina y se llora -¿por qué no? En casa con adolescentes siempre habrá un rincón para el llanto secreto.

Y veo una bolsa de masmelos y le sonrío pícaramente. Quiero uno, me recuerdan mi infancia. A ella no le gustan mucho, y a mi colega tampoco. Pero yo soy feliz. En el apartamento de millones, hay corazones que valen más.

{Y uno, tan cargado de odios tan pendejos}.

Al final me regalaron la bolsa de masmelos... y yo le di mi receta de malteada con banano. Y somos felices.

7 de julio de 2010

Crónica: Boyacá, Hongos, Gente - Enero 2010 + Fotos (Reprise)

Hace algunas semanas publiqué la crónica de la experiencia que tuve con hongos en Boyacá en enero de este año. La titulé "Crónica: Boyacá, Hongos, Gente - Enero 2010". Algo que yo no comenté en esa crónica, dado que no lo pensé necesario, fue que de ese viaje no quedó ningún registro además de los recuerdos. Yo no llevaba cámara, y las personas con las que compartí la hongueada mucho menos.

Habiendo aclarado esto, continuo. Yo publicité la crónica en varias redes sociales, incluyendo Twitter. Ahí, usuario, @Fetishit, se comunicó conmigo para contarme que él, coincidencialmente, había estado en Villa de Leyva en la misma época en la que la crónica toma lugar. Me contó que él le había tomado una foto a unos personajes que se parecían a los que yo describía en la crónica. Quedó de enviarme una fotografía para que yo confirmara los hechos. Me envió la fotografía, junto con otras dos, y efectivamente en la fotografía estábamos los protagonistas de la crónica.

Me envío otras dos, pero la que aparece al final de este texto es la que más resalta, porque aparecemos, a simple vista, los personajes de esa crónica. Debo decir que me conmoví muchísimo al saber que un desconocido había guardado un recuerdo de una experiencia que para mí significó tanto. Me impresionó la coincidencia, y me aturdió ver esa imagen. Ver una fotografía de un recuerdo que hasta ahora sólo había tenido en la mente.

Le escribí a @Fetishit contándole de lo bello que era encontrarme esa foto, mucho más a manos de un desconcido, con el permiso de él, pongo parte de su respuesta. Es casi que el pie de página necesario a la foto:

"Esto tiene algo de construcción, de presencia de una arquitectura universal atenta a los detalles. Lástima que no pueda aceptarlo y darle todo el crédito a la casualidad. No es trágico, solo que le quita algo del romanticismo al verlo de esa forma. De todas maneras, somos nosotros los que dotamos de mística los fenómenos [...]. Me gusta harto esa [foto] en la que la gente los tapa, porque uds son como una realidad secundaria que, al recibir nuevos datos, se revela más importante que la primera realidad observable. Eso me hace pensar que hay distintas capas de realidad en todo, y que sería el tiro estar atento a todas ellas. La vaina es que no contamos con suficiente información para ponerle la debida atención a todas".

Sí es una mística extraña la que rodea este asunto, mucho más cuando fue en este viaje y no en caulquier otra.

Sólo me queda agradecerle a @Fetishit por regalarme este fragmento de recuerdo que ahora, por este medio comparto.

Ese viaje no terminó cuando volví a Bogotá. Todos los días lo compruebo más.

Las Fotos:



En esta foto estábamos descansando detrás de la gente. Es a la que se refiere @Fetishit en su texto.





En esta otra, estábamos descansando mientras esperábamos a Brayan. Otro de los payasos y compañeros de travesía.

Gracias a @Fetishit. Increíble cómo funciona la vida.

Reseña: 3er Congreso Iberoamericano de Cultura Medellín 2010

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Mientras en Bogotá se cantaba con Rock al Parque, en Medellín, entre el 1º y el 4º de julio se realizó el
3er Congreso Iberoamericano de Cultura. Dicho evento, de talla internacional, contó con la participación de varios intelectuales, escritores, artistas y músicos del mundo iberoamericano. El arte fue la moneda de cambio durante 4 días en Medellín, capital de la montaña.


Para los eventos a puerta cerrada (como conferencias, plenarias, paneles, mesas de trabajo) se necesitaba previa inscripción, pero para el público en general, los conciertos y actividades al aire libre, no tuvieron ningún costo. Por esto, lugares emblemáticos de la capital antioqueña se adecuaron para celebrar el evento con todas las de la ley. Las vías aledañas a la plaza de las Luces, se adecuaron para recibir a dos conciertos. El primero, inaugural, fue con Jorge Drexler, Silvio Rodríguez y León Gieco.

En este primer concierto hubo varios sucesos desafortunados que torpedearon el evento. Fallas técnicas en el sonido que parecían premeditadas empañaron la presentación de Silvio Rodríguez. Él, que fue el segundo artista de tres, no tuvo pantallas encendidas, el volumen estuvo mínimo, y las luces no fueron usadas con todo su potencial. Esto y que la presentación de Drexler -primera- y la de Gieco -última- no tuvieran los mismos problemas, sembró entre el público la duda de si las fallas habían sido intencionales. El debate puede estar abierto, no hay que olvidar que cuando se anunció la presencia de Rodríguez en el Congreso, incluso se hicieron grupos que pedían que se cancelara la presentación, ya que la consideraban una apología al comunismo y al régimen cubano. Otro elemento que sería bueno tener en cuenta es que los periódicos El Colombiano -abiertamente de derecha, tanto que Andrés Felipe Arias escribe ocasionalmente para ellos- y El Tiempo, diario oficialista, patrocinaron el evento. No señalo a nadie, sólo resalto quiénes patrocinan un evento, las ampollas políticas que dicho evento levantó, y las fallas técnicas que atentaron contra el desarrollo del susodicho evento. Aun así, Rodríguez, consciente de las fallas de sonido -a pesar de que los técnicos de tarima parecían sordos-, continuó con su presentación cerca de una hora y media.

Cerca al parque Explora se hizo otra tarima para otro de los conciertos. En este caso era de músicas populares y con un ambiente de rumba increíble. Los Van Van, orquesta cubana de salsa, fue la talla internacional que prendió la fiesta hasta pasada la media noche. Alfredo Gutiérrez, fue la cuota nacional de ese concierto. El último concierto masivo, el de cierre, contó con la participación de Zoé, Rosario, Aterciopelados y Fito Páez. Este último, aunque salió a escena hacia las 00:50hrs, brindó a Medellín un concierto memorable de casi dos horas. Cabe resaltar que este concierto tuvo por escenario el mismo del concierto de Drexler y compañía, y en esta ocasión contó con pantallas en escenario y laterales y el sonido fue impecable. Absolutamente distinto de la presentación del primer día.

Debo decir que la organización de los eventos fue muy, muy buena. Los filtros resultaron mucho más rápidos que lo que uno vería en Bogotá, y el público se portó de una manera serena y respetuosa. Me quedé con la impresión, aunque ninguna fuente oficial la confirmó, de que la policía en Medellín, en los eventos, es laxa en lo que refiere al ingreso de sustancias psicoactivas. A diferencia de Bogotá -que hasta un cigarrillo o una sombrilla le quitan a uno-, sentí que la policía allá se centraba más en evitar el ingreso de alcohol y el de chapas u objetos contundentes. Independientemente de la lectura que se pueda dar de este hecho, debo decir que el comportamiento de los asistentes fue excepcional.

Medellín demostró porque se ha vuelto un centro cultural y artístico tan importante para el país. Justamente en esta semana se celebrará allí el Festival Internacional de Poesía, otro evento de talla internacional que cuenta con algunos de los mejores exponentes de la poesía actual. A pesar de que para nadie es ajeno el escenario de violencia que vive Medellín constantemente, se resalta como esta ciudad ha logrado marginalizarla y ofrecer propuestas y alternativas de vida distintas a su población.

Frito Páez - 3er Congreso Iberoamericano de Cultura, Medellín 2010 (Reprise)

No sé cómo pude pasar por alto que en el concierto de Fito en Medellín, se comenzó por una de las canciones que resulta trágicamente dura en una ciudad como Medellín. Tan bella como violenta, violentamente bella. Tan linda que te puede matar.

El público vociferó El Diablo de tu Corazón. Y de qué forma, con qué animos.

A Medellín
(Metrallo, de cariño).
"Buenos Aires hoy te falta mambo,te sobra muerte y pasarela.Pibes en el balcón, también hay pibes en un cajón.Y hay mucha rabia suelta, y mucha angustia, nena.Y hay mucha, mucha desesperación.Laputamadrequelosremilparió.Por qué nos cuesta tanto el amor,yo quiero ver tu risa y besar tu boca.Y sacarte el diablo de tu corazón,el diablo de tu corazón..."
Fito Páez


6 de julio de 2010

Metrallo - La Ciudad de la Eterna Plomacera / Medellín 2010

A la gente que llama a Medellín su ciudad,
no es la mía, pero me trató como tal. Acá doy mis impresiones.
Antes, Morfina, Sebastián y Carolina. Durante, Emilio, Mónica, Eduardo, Andrés, Luisa, Daniela, Angélica, Julián, Lorena, y todos los que compartieron este viaje conmigo.

Algunas veces al hablar con amigos de Medellín, estos me decían lo que había que conocer en esa ciudad -o pueblo grande, como le dicen otros. Que tal barrio, que tal urbanización, que tal centro comercial. Ahora en los últimos años los que de jóvenes me contaban eso, ahora me narran de los sitios más chéveres en los que rumbear. También me cuentan de los lugares en los que se reunen los carros de piques, y lo suertudo que uno es al vivir en esa ciudad porque en cualquier bar uno se encuentra una modelo.

Por eso este viaje me marcó tanto. No es ir de paseo a El Poblado, ni tampoco ir a los centros financieros o comerciales y pensar que
esa es Medellín. No es tampoco a pisciniar. Es otra la Medellín que uno conoce con ciertas compañías. El baño público que tiene en la pared escrito 'Aunque no nos vean, presentes. AUC'. El hermoso, hermosísimo bar, Tíbiri. Sitio de salsa vieja guardia que recuerda a Rincón Cubano en Bogotá, o (¿por qué no? el clima lo permite) imaginarse en una noche de fiesta costera. Las paredes de este bar, sutilmente envían un mensaje al estar pintadas de rojo y negro. Y al final, justo al lado de los baños y atrás de donde nosotros nos sentamos, un afiche del Ché Guevara contempla a los bailadores.
El Lugar
Comuna noroccidental, comuna 7. Arriba de lo que queda encima. El atardecer caía en la habitación principal de una forma increíble. En la tarde esa habitación calentaba como un infierno. En el amanecer, abajo, como un mounstro que se empezaba a despertar, Medellín se comenzaba a iluminar. Desde las torres más altas hasta la otra montaña, con otras comunas, con otras historias por contar.

Para llegar había que tomar Metro, Metrocable e integrado. Tres transportes para llegar a un sitio increíble. Ya en la madrugada el taxi era la única opción. Cuando uno subía, trasnochado y cansado de la fiesta, subía unas escaleras y se encontraba de repente con un pesebre de luces. No obstante, a pesar de lo inmenso de la visión, en el fondo no dejaba de pensar que Bogotá, ese animal, se tragaría de un solo bocado a esa ciudad de la eterna primavera. Pero tal vez no sería así. Medellín tiene sus propios ejércitos. Ahí en la montañita de al lado, reposaba la
mítica, en el sentido que se quiera tomar, comuna 13. Uno de los sitios más calientes de la ciudad. El tráfico de drogas, las bandas criminales, los paramilitares, la guerrilla. Todo se da cita ahí. Para la muestra, la última masacre que hubo en Envigado, se conecta con las bandas de la comuna 13.

Y allá arriba, una correccional de jóvenes. Las mamás, muy cumplidas todas ellas, se dan cita a la madrugada para hacer fila para poder ver y llevarles algo de comida caseras a sus hijos. Esperando, como a las 5:50, un bus para bajar sonaron dos totes montaña abajo. La noche anterior, andando por Metrocable, encima de la comuna 13 estalló otro balazo. Y los propios taxistas nos cuentan sus experiencias. Uno nos cuenta, asombrado de que le pidamos que nos suba hasta la loma, siendo turistas, que él casi nunca sube hasta allá. Que sólo va cuando un pasajero le saca la piedra y lo deja ahí para que venga la limpieza. ¿Estaría bromeando? La verdad no sé, y no sé si quiera saber.

Un amigo me hace el chiste, '
¿sí sabe que una orinada dura en promedio 3 minutos, pero que en Medellín dura 6?', yo respondo que no sabía, que qué dato tan curioso, y mi amigo me responde 'sí, mientras orina, mientras la saca, la muele, se la huele, la vuelve a guardar y se mira en el espejo'. Confieso que me reí. Esta ciudad me resultó más agresiva que Bogotá. Y no quiero que esto ofenda a nadie, simplemenente así lo siento. Si Bogotá es una ciudad decadente, Medellín, esta que describo acá, es una ciudad agresiva. Una ciudad que me permitió ver, la madrugada del concierto de Los Van Van en el Congreso de Cultura, un tipo caminando por ahí, acomodándose algo en los pantalones. Algo que por un instante brilló como metal bajo las luces públicas.

Una de las cosas que más me impresionó fue en la zona de la Plaza de las Luces -plaza que, hasta donde yo sé, ironicamente siempre está apagada-, ahí se divide la ciudad. Por un lado
el hueco, el expendio de drogas, prostitución, amanecederos de mala muerte y delincuencia más gonorrea (no cabe otro calificativo) que he visto. La policía no anda con pistola enfundada, sino con rifle de asalto y chaleco antibalas (de hecho, los bachilleres que cuidan las estaciones del metrocable, en la parte de las comunas más altas usan chaleco antibala). Al otro lado de la Plaza de las Luces está el Edificio Inteligente de las Empresas Públicas de Medellín, el centro económico de la ciudad. Son esos los constrantes que nos brinda esta ciudad.
La Gente
De todas clases y colores. Siempre son más los buenos, siempre son más los que intentan contribuir con que la ciudad sea un lugar mejor cada día. Pero los hay malos. Que a penas le pillan el acento a uno, de visitante, apuntan a tumbarlo a uno. Le embolatan las vueltas de las carreras en los taxis, y las cuentas en los restaurantes. En últimas, la seguridad es la clave, que no sea tan fácil que se la monten. Pero el pueblo, en general, era una calidad. Me hizo pensar que había una suerte de línea imaginaria entre dos realidades allí en Medellín. Mi anfitrión, y otras personas a lo largo del camino, me confirmaron esta visión al relatarme de las últimas declaraciones en medios públicos de organizaciones y gremios civiles. Planteaban una división entre el
antioqueño como lo que se debería rescatar, y el concepto, el cliché de paisa condenarlo al olvido y la extinción. Decián que el paisa tenía todos los valores que no se querían en Antioquia; aprovecharse de los demás, el rebusque malicioso, la falta de integridad. Que por eso había que declararse antioqueño, porque ser conocido como paisa era una apología a lo mismo que estaba generando los problemas más grandes del lugar. Entre muchas, una frase me dejó pensando: el antioqueño en cualquier lugar se siente como en casa, el paisa hace de cualquier lugar su guarida.

Por otro lado, uno conocía jóvenes, ya casi adultos, aprendiendo a enseñar vivir, que intentaban hacer vidas juntos. Un hombre, que por compromiso con su compañera, el día del parto de ella se mandó a hacer dos perforaciones para acompañarla, así fuera de una manera mínima, en el dolor que sentiría al dar a luz al hijo de ambos. Conocí a la chica que baila y se sonríe en la barra mientras mira a los turistas que llegan a su alrededor. Dulcemente a todos los desanima y les pincha la burbuja.

La gente siempre es bella. Siempre es buena. Pero casi toda vive en el silencio. Toman como lo más normal del mundo la realidad de que de barrio a barrio la gente no cruza libremente. Viven tranquilos sabiendo que en ciertos bares, ciertos temas son prohibidos, so pena de muerte. Y todo el mundo lo acepta, todo el mundo ve cómo eso pasa. Envigado, nos decía una persona un día antes de la masacre, es el municipio más seguro. Uno habla con otra persona y le dice que sí, que Envigado es el sitio más seguro porque los paras lo revisan absolutamente todo. Nada se escapa de su ojo de águila... de águila negra.

Tal vez fue eso lo que más me impresiono. Que la realidad no aturde, no indigna, no escandaliza. Se sabe y se reconoce. Tras una masacre de niños -la masacre de Villatina (nótese que no encontré referencias, a excepción de ONG's o centros de memoria, a la masacre por parte de medios colombianos o en español)- se comprobó que el Estado fue el Asesino -así, en mayúsculas las dos, que nos duelan las dos-, y que Él fue el que provoco que a los testigos los silenciaran e intentaran que el evento quedara en la impunidad. Después pusieron un monumento en el Parque de los Periodistas, y ahí, entre el humo de la marihuana, bolsitas de perico y mucho, muchísimo licor, el recuerdo de los niños pasa. Ahora el parque es una plaza de vicio. Todo queda en silencio, nadie recuerda a los niños.

Mis anfitriones, y las personas que ellos me presentaron, merecen especial mención. Profesionales, hijos de la UdA. Nos enseñaron, nos mostraron, nos emborracharon, nos quisieron y nos trataron como en casa. Su hogar fue prestado mientras las vacaciones duraron. Entre regalos y lágrimas por el reencuentro, las palabras se quedan cortas. Bellas personas ellos, y los llevo siempre presentes.

La Realidad
Se da como un manto sobre el cual se desarrollan el resto de actividades. Todo, a pesar de que pasa al lado, puede llegar a ser el lejano. Les mostraba a mis anfitriones el trabajo de Internautismo Crónico, parche de Medellín, sobre la importancia del humor en la realidad política colombiana. Ellos no lo conocían, y son de la misma región. De la misma forma, ellos me mostraban el trabajo de Águila Descalza, un stand-up comedy paisa que se burla de todos los regionalismos y dogmas de la cultura antioqueña.

Pero el silencio se mantiene. Y la ciudad es un escenario en el que no pasa nada. Cada rincón de Colombia tiene sus propios malestares. En Bogotá, jóvenes fueron asesinados bajo los crímenes de Estado -mal llamados falsos positivos- y en 1991, 120 niños fueron asesinados en Ciudad Bolívar y tampoco nadie dijo algo. Curiosamente, Pasajeros, banda folk de Medellín le hizo 'Parcero' a esa ola de criminalidad. Esa banda, después de ser perseguida por el Estado, tuvo que desintegrarse hace unos cuatro años.

La realidad cruda se cuela lentamente en la vida del Medellín cotidiano. A un muchacho lo sacan de la fila del concierto de los Van Van -en el Congreso de Cultura- por intentar meter algo (no sé exactamente qué). El muchacho, se voltea iracundo y solo le dice al policía que lo sacó '¿Sí ve? Por eso es que los matan...'. Esa es Metrallo. No tan lejana del bar de clase alta. No tan diferente.

Ciudad hermosa Medellín. Con su metro que no se siente y que es rápido. Tal vez en Medellín deambular no es tan mal visto. Uno puede conocer la ciudad sin bajarse de un transporte. Andar en Metrocable y subir por las comunas, ver realidades abajo de nuestros pies. Vemos y relacionamos: 'yo he oido en las noticias sobre este sitio'. Hermosa ciudad. Tan bello como hacer el recorrido Guaduas - Honda en el atardecer, y ver como con la crecida de las lluvias, el río Magdalena brilla como un hilo dorado montaña abajo. Mirarlo, tan bello e imponente, y tener casi que la certeza de que bajo sus aguas está la historia de las masacres paramilitares, las tomas guerrilleras, los desaparecidos de la guerra sucia estatal y de los pescados que, ante el cambio de dieta submarina, comenzaron a teñir de rojo sus escamas.

Ayer expresé que viajar siempre me dejaba el corazón desubicado. Como descolocado dentro del pecho. Sentía que durante el viaje se me había caído y me había tocado volver a ponerlo en su lugar en varias oportunidades. Una persona me respondió que eso era un jet-lag conceptual. Más de acuerdo no puedo estar. Pero ahora entiendo que hasta que yo no terminara estas palabras, el viaje no iba a terminar. Primero tenía que digerir el por qué de la llenura de mi corazón. El porque aun no había podido descansar.

Se quedan mis recuerdos bellos en Medellín, ciudad que me trató como a uno de los suyos. Que me perdonen quienes piensan que por ser turista yo no le debería ver el colmillo al caballo regalado, pero no. Todo lo contrario, a esta ciudad, que la siento tan mía como Bogotá, porque son del país que más quiero, la abrazo y la condeno con la misma dureza. Canto por su avenida estadio mientras bajo la borrachera, y me quedo callado mientras veo en noticias lo que pasa, pero que nunca sucede. Lo que se ve, pero que nadie mira.

Medellín, Metrallo, Medallo. Campeona en soñar lo increíble. Admiro tu perseverancia.

Gracias a todos, con los que me vi y con los que no, los que me ayudaron y los que no, con quienes compartí este viaje.

Frito Páez - 3er Congreso Iberoamericano de Cultura, Medellín 2010

El frío en la plaza era increíble. Había llovido todo el día. Los que estábamos ahí teníamos la ropa emparamada. No era la primera lluvia del día. A lo largo del día a todos se les secó encima en una o dos oportunidades.

En Medellín no es como en Bogotá. Los conciertos masivos no tienen una hora específica para terminar, y eso todo el mundo lo sabía. Aun y a las 23hrs Fito no salía a escena. Muchos cantos se escucharon de parte del público para llamarlo, no obstante, el que más llamó mi atención bociferaba 'Frito, Frito, Frito, Frito, Frito, Frito, Frito'. Unía perfectamente el estado alterado de consciencia de casi todos los asistentes, y la ansiedad por ver a Fito Páez.

Cuando el tipo salió, fue la locura total. Siendo las 00:50hrs, entró el argentino e inició un concierto memorable. Allá, a esa hora, con ese frío, con esa renovada lluvia, con ese hambre, sólo estaban los verdaderos fanáticos, los que se las saben todas, desde el primer álbum hasta el último. Y esos, los verdaderos fanáticos, fuímos recompensados de una manera memorable. No sólo interpretó algunas de las canciones más recientes, sino que hizo un recorrido por sus álbums anteriores. Incluso cantó Giros... canción tan vieja, tan bella.

Y de repente comencé a sentir cómo cada letra de ese recorrido musical, me daba fragmentos de lo que pasaba en ese viaje a Metrallo. Cuando cantó Chico de la Tapa, cómo no pensar en el niño de la comuna. El que vive y sobrevive en esos ambientes. Cómo no pensar que mis vecinos, allá dónde me estaba quedando, Comuna 7, eran chicos de la tapa, no más grandes que yo, tampoco mejores. Circo Beat, como una entrada a una sicodelia más ficticia de lo normal. Triste realidad cuando nos damos cuenta que no es más que una descripción de la realidad que nos rodea. La mística de los pobres. Y como el mismo Páez se pregunta en escena, '¿Y qué carajos es eso?'. Todo el mundo juega en esta realidad. Esta realidad jodida que está demarcada en ese sitio donde se da el concierto. La Plaza de las Luces, se llama. Una plaza que por un lado tiene el centro económico de Medellín ('el edificio inteligente de las Empresas Públicas de Medellín', dice una voz en el metro a cada rato), y al otro lado El Hueco; el roto mayor de Medellín. El centro de indigencia más agreste al que alguna vez he entrado.

Y así continua Páez, contándome entre canciones lo que se ha visto en esta ciudad en la que el amor se traduce en cuidar que algo no se muera. Así uno lo entiende durante el viaje. Y comienza Al Lado del Camino. La certeza de saberse vivo, el desprecio al tiempo perdido. Uno no puede dejar de vivir, mucho menos en una ciudad en que es tan aceptada, que ya no es que se ignore, sino que da igual: no escandaliza. Mismo principio de a A Rodar la Vida. Todo el público movía las manos y los brazos. Nadie sabe para dónde va, y esa sensación de lento naufragio nos encanta. Llevarnos al límite, como quien dice. Yo la canté por lo mismo que todos los demás: es bueno acercarse al fuego, mirar el barranco de cerca. Nadie sabe para dónde vamos, pero vamos bien.

¿Y cómo despedirse de Medellín? ¿Qué cantarle a una ciudad que tiene todo pero sólo se ve una cara? Qué decir cuando lo que sucede ya no desgasta. La respuesta me golpeó bajo la forma de miles de voces cantando al mismo tiempo esa estrofa que le dedicaban a esa ciudad, a la ciudad capital de la montaña. 'En esta puta ciudad, todo se quema y se va...', sonó durísimo. Levantándose por encima del aire cálido que lograba sobrevivir el pisquero. Porque así es Medellín, ciudad que mata a pobres corazones. En la que en Envigado salen a recordar al patrón Escobar y nadie dice nada. El olor a muerte aun se siente, aun se respira.
Esa Medellín que tiene en el Parque de los Periodistas una de las plazas de vicio más consolidadas. Ahí, en ese parque, hay un monumento de memoria histórica por una masacre que acabó con la vida de muchos, no tengo la cifra exacta, niños. Aparecen los nombres y las edades. Al Estado colombiano se le comprobó la autoría de los hechos. Fito lo sabe, y lo canta. Los asistentes también.

¿Cómo seguir, desde dónde avanzar? Y Fito, acompañado de miles de voces nos lo dijo: Todos giran y giran, todos bajo el sol'. Esa canción, Mariposa Tecknicolor, lo resumió todo: 'la melancolía de morir en este mundo y de vivir sin una estúpida razón'. Así se despide uno de una ciudad que lo espera hasta la madrugada. Que amanece con uno en cualquier esquina. Medellín, ciudad en la que entre más arriba estés, más abajo te sientes.

Por la misma fecha hace un año, yo veía a Fito Páez cuando cerraba Rock al Parque 2009 en Bogotá. Lo disfruté más en esta ocasión. Me supo más rico.

El Diablo de tu Corazón: Frito Páez - 3er Congreso Iberoamericano de Cultura, Medellín 2010 (Reprise)