27 de junio de 2010

Crónica: Boyacá, Hongos, Gente - Enero 2010

{Resultó que por coincidencias de la vida, una persona que leyó originalmente esta crónica, estaba en esa zona por la misma época. Le tomó fotos a 'unos' payasos, y ahora, seis meses después, tengo fotos de este evento. Acá la historia: Crónica: Boyacá, Hongos, Gente - Enero 2010 + Fotos (Reprise)}

Escrito en otra noche de luna llena. Con el cielo roto en mil islas blancas. Los colores están allí. Para que donde quiera que nos sorprenda la noche encontremos una luz.

Nota Aclaratoria
: Si bien esto pasó hace casi seis meses, decidí hacer esta crónica hasta ahora, porque desde el principio supe que sólo sabría valorar la experiencia de este viaje después de algún tiempo. Creo que tuve razón, y ahora puedo hacer una valoración objetiva de lo que fue un viaje lleno de maravillosos momentos. Me centraré en los dos primeros días, que son los que más marcaron. El retorno fue digerir y tratar de entender todo lo que había vivido. Gente nueva, experiencias, psilocibina...


El primero de enero de este año me levanté con un cielo increíblemente gris. Me despertó, a media tarde, la llamada de un amigo -Ibarra, bello hombre él- contándome lo bonito que se veía el mar desde dónde estaba, y como con un porro lo acompañaba. Me dio envidia de la buena, y decidí que no quería que me cogiera el comienzo de década y año bajo un cielo gris. Tomé $12.000, cinco libros -Eco, Berocay y Garay-, un rollo de papel higiénico, un tubo de crema dental -aquafresh- y un saco negro, algo de licor, un mp4, un moño de marihuana, dos latas de atún, dos botellas de agua... y nada más que recuerde. Salí con la tarde ya cayendo. Desde ya aclaro que no me centraré en el viaje en sí mismo -no es mi intención hacer un diario de viaje- sino en el evento en que desembocó todo lo que pasó durante él. ¿Mi familia? Mi familia quiso creer mi mentira de que me iba de viaje con la undécima letra a una finca de clima caliente. Sé que ellos siempre supieron la verdad (algunos meses después, cuando les conté esta historia, me dijeron explícitamente que lo habían sospechado desde el principio).

Saliendo de Bogotá me llamó una amiga, Nils (ya me he referido a ella en este blog). Me preguntó -estando ella en Barichara- que para dónde iba. Se sonrió cuando le dije mis planes de huir de Bogotá. Sus llamadas me acompañaron durante todo el recorrido. Con lo poco que tenía logré un pasaje hasta Briceño a cambio de que garantizara que tendría, estando allí, para pagar el resto del viaje hasta Tunja. En Briceño narré cuentos en la Terminal mientras el bus estaba allá -sí, lo más hippie del mundo. Conseguí el dinero y me volví embarcar. La verdad no tenía un itinerario en la cabeza, simplemente andaba al ritmo de lo que se me iba presentando.

El Viaje
Lo primero que tengo que resaltar es la profunda tristeza en la que me encontraba antes del viaje. Así que apenas sentí que estaba fuera de Btá el rostro me cambió. Es otro aire. Es otra manera de ver la vida. El 31 de diciembre había comenzado la luna llena, y me acompañó todo el viaje. Lo primero que me impresionó fue encontrarme la Laguna del Tota. Estando la tierra oscura, la luna brillaba en ella. El placer de encontrar ese sitio, tan bello, fue el aperitivo de lo que iba a ser un viaje para recordar.

El puente de Boyacá -ahí, recuerdo, me golpeó la realidad de que no tenía donde dormir esa noche- nunca me ha gustado. Es más, siempre lo he considerado un sitio triste. Es como 'lo que intentó ser, pero nunca fue', en este caso la Libertad. Esa ocasión fue la excepción. Estaba decorado por navidad. Las luces, los colores, las personas caminando a su alrededor. Todo me iba ilusionando. Me quitó los temores de lo que se me iba a venir. Decidí meterme en mis lecturas y esperar a ver qué iba a pasar. Comencé a conversar con un pasajero del bus. Resultó de mucha ayuda. Me medio guió en Tunja y me dio consejos para mantenerme lejos de problemas -y de los sitios que los daba. Me llevó a su casa, me tomé unas polas con él. No quería estorbar y le pedí que me dejara en una taberna cerca a la terminal. Ahí me quedé bebiendo -después de pedir los respectivos permisos para tomar de mi botella, dado que no tenía plata. Yo estaba con un saco de la UN - Bogotá. Estando allá, una mujer se me acercó, ya entrados en copas, a hablarme, y preguntarme si era estudiante de la Nacional. Al responderle afirmativamente, nos volvimos amigos. Ella era -es, creo- estudiante de la UPTC. Coincidimos muy bien, y echamos lora toda la noche. Al final, tuve donde dormir y donde descansar un poco. Su papá trabajaba en la terminal de Tunja, así que a la mañana siguiente, en el primero que salía, me hicieron el favor de embarcarme gratis.

2 de Enero - Mañana
Si bien todo el viaje fue improvisado, me incliné por seguir el paso a Villa de Leyva porque sabía que por allá había una compañera que así sea una sonrisa me iba a brindar. Efectivamente llegué allá. No me pude comunicar con ella, así que lo primero que hice fue entrar a un desayunadero y me comí unos huevos que me supieron a mierda. Eso sí, el caldo estaba delicioso. Después de desayunar me fui a la plaza central de Villa de Leyva -muy bonita, y llena de mujeres mostronas y con poca autoestima: una delicia para el hedonista sin cargos de consciencia.

Allí la fuerza de ley llegó. Mi maleta ligera pero mi chaqueta impermeable grandísima llamaron la atención de los agentes. Que de dónde venía, que quién era, que si consumía drogas. A esta última pregunta, aunque usted no lo crea, respondí afirmativamente -a sabiendas de que tenía en la maleta un moño. Pero rápidamente agregué (la vida me enseñó ese truco) que no estaba fumando en ese momento. El agente me preguntó que si me requisaba, qué iba a encontrar. Yo, haciéndome el valiente, le dije que nada, que ya había sido sincero de decirle que sí consumía, ¿para qué me iba arriesgar? Oportunamente entró una llamada de mi papá. Le dije que estaba bien y extendí la llamada hasta que los agentes se fueron. Me volví a sentar en las escaleras de la iglesia. Esperando no sé qué.

Me puse a caminar por el pueblo. Lo conocí a mi ritmo, con mis ganas, con mis prioridades. Después de un tiempo decidí volver a la plaza. Al rato, unos gringos muy chéveres -con sombrero voltia'o y todo- me pidieron que les tomara una foto con sus esposas. También monas, también tetonas, también mostronas. Me pagaron con dos cervezas. Mientras les estaba preguntando -en un inglés deficiente- si querían escuchar unos cuentos -"Storys... ¿how do you say 'contar cuentos'?"- tres personajes vestidos de payaso llamaron mi atención. Uno de ellos se me acercó (mientras los gringos se iban) y me habló. Que yo le haya respondido el saludo cambió por completo lo que sería ese viaje.

Me dijo que se llamaba Camilo -le decían Chamo, y los otros se llamaban Brayan y... diablos, no recuerdo el nombre. Que venían de Bogotá en plan guerrero (léase, sin un peso) y que ellos hacían entretenimiento infantil y comedia -por eso el traje de payaso- y que si quería unir fuerzas con ellos para no lucharnos ni el público ni la potencial plata. Le dije que de una. Suelo ser muy confiado. Dejé mi maleta y mi chaqueta gruesa en donde ellos tenían las propias. En una tienda donde vendían una gaseosa riquísima pero que no recuerdo el nombre y no la he vuelto a ver. Nos fuimos a contar cuentos. Después de tres ocasiones teníamos casi $65.000 (en ese proceso me encontré con un amigo que se sorprendió de verme contando cuentos por allá tan lejos y de la misma forma, mucho tiempo después me enteré que otro amigo me vio por allá contando cuentos, y no me saludó por pena). Almorzamos de lujo. En el almuerzo me propusieron algo: irme a la Periquera con ellos a consumir psilocybe cubenis, tal cual me dijeron. ¿Que qué es eso? Eso mismo que están pensando: hongos alucinógenos.

2 de Enero - Tarde
Les dije que lo iba a pensar. Les dije que ya volvía, que me iba a ver con una amiga (para ese entonces me había llamado). Hablando con ella me decidí por irme. Vi la hora y había pasado casi una hora. Me asusté. Tenían el chance de atracarme, incluso tal vez ya lo habían hecho. Me despedí rápidamente y me fui a la tienda. Allá me los encontré con media de ron bebida y diciéndome 'Tomás, parce se va con nosotros? Porque el último bus ya se va ir'. Que me hubieran podido atracar y no lo hicieran fue la prueba suficiente para decidir irme con ellos. Compramos pasajes y nos fumamos un porro en Villa de Leyva -en el barrio fifí. Nos fuimos para la terminal. En el bus dormimos hasta que llegamos. Nos levantamos y comenzamos a caminar para la Periquera. Al llegar el ejército nos paró. Nos dijo que la zona de camping estaba cerrada y que no podíamos seguir. Que dos personas se habían matado la noche anterior, en palabras del soldado, 'por andar mariqueando'. Seguimos más arriba, a otra zona y cobraban carísimo. Dado que no había plata decidimos irnos de arriesgados y subirnos por un sendero que olía a naranjas. Cuando nos encontrábamos con campesinos les preguntábamos si podíamos acampar por allí, todos decían que si manteníamos el orden nadie se daría cuenta. Eso sí, todos, extrañamente, nos hacían la misma recomendación: cuidado, no se vayan a ahogar. No lo entendimos hasta que llegamos.

Cuando llegamos a un claro en medio de una parte del bosque muy tupida decidimos quedarnos ahí. Dos personas se fueron a buscar los hongos y otros dos se quedaron armando la carpa. Cabe resaltar que en el camino hacia el sitio donde íbamos a acampar, Chamo y los demás comenzaron a oler boxer. Cuando yo me fui con él a buscar los hongos, me contaba sin pelos en la lengua, que si yo me hubiera mareado (léase, asustarse) en Villa de Leyva, ellos me hubieran atracado. Me contó que los tres eran barristas de Millonarios en Usme. Que de hecho él, Chamo, era el líder de la barra por allá porque al jefe anterior "lo habían dañado las del Santa Fe". Me contó pocos detalles, pero los suficientes para saber yo que si me hubieran querido joder, ya me hubieran jodido.

2 de Enero - Noche/Madrugada del 3 de Enero
Al llegar al campamento improvisado, nos encontramos una carpa gigante, una fogata, y leña para alimentarla. Sobre la fogata, en latas de cerveza, había agua con pedazos de panela. A eso añadimos doce hongos -tres por cabeza fue la proporción. Para entonces yo ya estaba ansioso. Había tenido experiencias con ácidos dentro de Btá, pero los hongos han sido siempre puntos de referencia para mí. Su experiencia es indescriptible -esto es un intento muy chimbo de describirla.

Los calentamos, los dejamos hervir y nos servimos cuatro vasos en cuatro latas de cerveza cortadas -con las patas de cabra de mis compañeros de viaje. Los hongos quedaron moradísimos en en el fondo del culo de una botella de Coca-Cola que habíamos cortado. Después de que los bebimos, instintivamente comencé a comer los hongos del culo de la botella. Esperando con ansiedad el efecto -no sabía muy bien qué esperar, reitero que por principio el efecto del LSD es muy similar al de los hongos pero la manera en que se perciben las cosas cambia radicalmente.

Comencé a escuchar música, mientras me quedaba en silencio. Encendí un cigarro pero Chamo me dijo que no, que no fumara aun, que después me decía por qué. Cuando comencé a sentir el efecto fue similar a aguantar el aire demasiado tiempo y después exhalar. Una suerte de tensión cerebral seguida de un descanso. Después leí que esa sensación no fue exclusiva de mi experiencia, y que para muchas personas es similar la manera como le sube el hongo. En ese momento me llamó Nils. Sólo atiné a decirle: llámame en seis horas (siendo las 18hrs) que estoy entrando en un viaje de hongos muy, muy agreste. El primer efecto fácil de percibir es la sinestesia que da. Esa sensación de no tener corazón sino una llamita rojiverde en el pecho. Mirar a cualquier parte y sólo ver colores. Recuerdo muy bien que el hongo me entró con dureza escuchando The End de Doors. Cuando se me reventó, recuerdo el comentario que le hice a mis tres compañeros de travesía: ¿Ustedes sí han visto las animaciones del reproductor de Windows cuando uno pone música? Ante la respuesta afirmativa de los tres, sólo les dije: "Esto es diez mil veces más cerdo".

Recuerdo un par de advertencias que me hizo Chamo, por aquello de ser la primera vez: que me amarrara bien los cordones de los zapatos, para que no se me perdieran y que metiera todo en bolsillos con cremallera. Que uno no sabía en ese estado dónde dejaba las cosas. Ambas advertencias fueron tremendamente útiles.

A la sinestesia -presente durante casi todo el viaje- se le sumó un efecto extrañísimo. Una suerte de claridad mental muy buena. Recordaba muchas cosas, las veía con una claridad increíble. Navidades completas, momentos con familiares ya muertos, recuerdos de viejas amigas, viejos amigos, viejas amantes, viejas personas que ya no están en mi vida. De repente sentí una conexión rarísima con todo. Todo lo veía conectado por colores. Ahí, en ese momento a todos nos golpeó el significado de la frase de los campesinos mientras subíamos. Eso de no se vayan a ahogar, respondía a que cuando uno miraba para abajo de la montaña no veía un río. Veía una línea de colores que se movía vertiginosamente. Cualquier persona, si estuviera muy ida, se iba para allá. Obviamente en ese estado el río se lo lleva a uno. Por eso es que son varias las anécdotas de los campistas muertos que el río saca al pueblo algunos días después. Esa sensación de conexión con todo, a través de los colores, de las energías que uno siente, me comenzó a pesar. De repente fueron muchos los recuerdos, muchos los pensamientos. Me estaba yendo muy lejos. Ya no veía claramente los recuerdos, comencé a vivir los recuerdos. Y no siendo suficiente con eso, comencé a vivir fantasías, alucinaciones, etc.

Siendo las 19:20hrs les dije a los demás: no puedo más, necesito recostarme en la carpa. Y ahí me quedé. Chamo entró a los pocos minutos y me dijo dos cosas: 'quiérase' y que me aferrara a algo real. No entendí muy bien por qué me decía todo eso hasta que comenzó el viaje en forma. De repente no fue sólo la sensación de conexión con todo. Fue la sensación de tener consciencia sobre mí mismo. Sobre mi vida, mis recuerdos, mis fantasías. Recuerdo ver la hora a las 19:28hrs y respirar profundamente. Cuando volví abrir los ojos había recordado todo un episodio con mi abuela paterna -muerta hace doce años-. Cuando volví a mí sinceramente pensé que habían pasado horas. Se me vino el alma a la boca cuando vi que sólo habían pasado dos minutos. Así estuve unos minutos más. Me iba y volvía creyendo que habían pasado inclusos meses. No dejaba de irme. La sensación de conexión, los colores, la memoria excesiva -sí, el olvido es una maravilla, y en esa experiencia me di cuenta-, las fantasías: todo eso comenzó a saturarme, me comencé a perder entre fantasías y recuerdos. El recuerdo era como ver una película -veía mi vida pero no tenía consciencia de que de hecho era mi vida- y las fantasías eran las cosas más extrañas del mundo.

El viaje se me comenzó a torpedear. Comencé a tener recuerdos oscurísimos -de ahí mi renovado amor al olvido. Comencé a recordar cosas que no tengo necesidad de traer a colación. Volvía y estaba con los ojos llenos de lágrimas y un extraño dolor de estómago. Me volvía a ir y me sentía riendo, me despertaba con los ojos aun más aguados. Comencé a notar que los lapsus en los que me iba comenzaron a hacerse largos. En ese momento mi papá me llamó al celular. Me preguntó cómo estaba, le respondí que estaba entrando a un mundo muy cerdo, que hablábamos en la mañana. Sentí cómo respiraba profundamente. Seguido a eso me dijo que me cuidara y me colgó -algunos días después me enteré que esa noche mi papá no durmió. Comencé a tener más y más recuerdos oscuros. En un momento sentía que me estaba yendo con las fantasías. Decidí seguir uno de los consejos de Chamo, aferrarme a algo real. Me aferré al teléfono.

En el sitio en el que estábamos no había luz artificial y no había población. No se veían casas por ningún lado y la luz artificial más cercana alumbraba desde el pico de la montaña -en cuya falda nosotros estábamos. Como no había luz y yo estaba solo dentro de la carpa -escuchaba las voces y las divagaciones de mis compañeros afuera-, cuando abría el celular se iluminaba todo alrededor. Recuerdo coger el teléfono y acercar su luz al rostro para sentirme la cara y los dedos -porque los di por perdidos en más de una ocasión. Miraba la hora. Mi recuerdo real no fue propiamente el teléfono. Fue la llamada de Nils. Yo decía, "ella me va a llamar, hay una realidad más allá de este efecto y ella me va a llamar, esperemos". Veía la hora cada vez que 'volvía'. Siempre se acercaba más a esa hora en la que ella dijo que me iba a llamar. Aferrarme a la idea de que Nils me iba a llamar me sacó de las prisiones del subconsciente en más de una ocasión.

De repente los recuerdos se fueron tornando más y más oscuros. Las fantasías también. Ya el efecto me estaba golpeando demasiado fuerte -después, leyendo, encontré que haciendo una aproximación de la cantidad de psilocibina que consumí (bebida y comida), yo había ingerido lo suficiente para tener una experiencia de viaje astral. Decidí tener en cuenta el otro consejo de Chamo, el de quererme. Comencé a interiorizarlo. Comencé a pensar que yo era una porquería de persona pero que también tenía cosas buenas. Comencé a pensar en esas cosas buenas. Esas cosas para nada censurables de mi persona. Comencé a batallar los recuerdos malos a punta de buenas energías. En todo este lapsus yo no recuerdo qué música estaba escuchando, lo que sí recuerdo es que cuando recordé ese segundo consejo de Chamo comencé a escuchar géneros de música más movidos. Comencé a cambiar mi onda. Comencé a intentar llenarme de energía, de optimismo. Ver las cosas desde otras perspectivas y con eso batallar el malviaje (algunos meses después un amigo me enseñaba por qué para él la sustancia no malviajaba sino que uno se malviajaba, más de acuerdo no puedo estar).

A las 19:57 abrí los ojos. Sentí que habían pasado meses. Pasé por frío, por calor, por temor, por euforia. Y ahí estaba de nuevo. Bajo los efectos sinestésicos y de percepción de los hongos. Continuaba teniendo fantasías y alucinaciones, pero nada tan fuerte como esa primera hora. Mucho más piloteable era el viaje en ese momento. Me levanté un poco lento, un poco vuelto mierda. Me levanté, y salí de la carpa. Esa fue la perfecta metáfora de todo el viaje. Después de estar en esa carpa oscura, llevado de la nada y sintiendo todo. Después de estar allí, salí para encontrarme millones de millones de estrellas y una luna llena que iluminaba todo alrededor. Era hermoso. Fue, como dije, la metáfora perfecta de lo que había pasado en mi mente: luchar contra todos mis demonios dentro de esa carpa, para salir, victorioso, y encontrarme esa belleza universal y espacial.

Mis recuerdos son muy vagos por el resto de la noche. Hay cosas que recuerdo cláramente. La conversación con Chamo y sus amigos en la que me contaban de todas sus experiencias en el barrio. Del hijo de Brayan -él, un niño de 17 años ya tenía un hijo. Me contaban de cómo ellos vivían la vida y de sus experiencias anteriores con los hongos. Recuerdo cuando les hablé de lo que yo pensaba del pegante y el bazuco. Que tenían que evitar eso, que eso hacía daño irreparable en el cuerpo. Recuerdo que constantemente se defenían como 'ñeros con intereses'. Los tres estaban intentando dejar la vida violenta. De hecho, hasta donde supe, habían aprendido lo de animación de fiestas por un programa de la Alcaldía Mayor. Me acuerdo de la llamada de Nils, en la que casi lloro por lo importante que fue ella para sacar del viaje la experiencia tan bella que saqué. Recuerdo cuando me fumé un té, que Nils me regaló en Btá, con mis compañeros de viaje. Recuerdo que armamos un porro y armamos el de té. Nos lo fumamos en honor a la Luna, que nos acompañó desde que salimos de Btá. También me contó Chamo porque a él le gustaba fumar en la noche: una vez se había hongueado en Caquetá, y se había perdido en la selva. Pudo caminar durante la noche gracias a la ténue luz de los cigarrillos que tenía consigo. Por eso le tenía tanto afecto al cigarro. Recuerdo que Chamo me dijo que mientras los tres estaban afuera, me escuchaban divagar dentro de la carpa, pero que no internivieron porque ellos, particularmente él, sabía por lo que yo estaba pasando. Me dijo que él me quería ver hongueado desde que me había conocido porque yo tenía 'una mirada muy pesada, que uno no sabía qué cargaba'.

Después, al calor de la hoguera me enteré que ellos, mientras yo estaba con mi amiga en Villa de Leyva, habían comprado algo de comida. Así que terminamos comiendo corazón, bofe, y plátano con bocadillo -jamás olvidaré el sabor al sacarlo de la brasa y llevárselo a la boca tibio. Hablamos hasta pasadas las 3:30hrs. Con constantes flashbacks que nos impedían mantener un diálogo coherente por algunos minutos. Finalmente nos acostamos. Ninguno tenía cobijas así que nos hicimos todos juntos, con las pocas chaquetas que teníamos, para intentar darnos algo de calor.

3 de Enero - Mañana
Nos levantamos pasadas las cinco. Chamo y yo fuímos los primeros en levantarnos. Avivamos las brasas de la fogata y nos sentamos en el pasto a esperar a que el sol subiera la Colina completamente y nos llegara su calor. Veíamos como a la distancia el pasto volvía a ponerse vertical mientras se humedecía la escarcha de la noche y la madrugada. Al final todos estábamos esperando bajo el sol, calentándonos. Fuímos al río a bañarnos. Ahí pasó una de las escenas más hermosas del viaje. Chamo tomó los tarritos de boxer que tenían en las maletas y dijo que si en algo les había hecho hincapié yo la noche anterior, era que tocaba dejar de usarlo. Vi cómo los tiraban al río, y éste se los llevaba.

Fuímos al campamento. Desayunamos una lata de atún, más plátano con bocadillo y jugo de naranja en polvo. Arreglamos todo y decidimos partir. Ellos iban para Aguazul, Casanare. Me pidieron que me fuera con ellos, pero en realidad todos sabíamos que había sido un afortunado encuentro que nos iba a hermanar por mucho tiempo, pero que el viaje llegaba hasta allí.

En un cruce de caminos, al mejor estilo de una canción de Robert Johnson, nos despedimos con el verso de Machado que reza 'Caminante no hay camino, se hace camino al andar'. Yo seguí mi camino, ellos el propio. El viaje para los dos grupos, ellos y yo, continuó a su manera. Yo ya había sentido que había vivido lo que tenía que vivir en ese viaje. Recorrí un poco más Boyacá y volví. Tranquilo.

Tiempo Después
Con Chamo y los demás estuve en contacto hasta hace algunos meses. Chamo seguía siendo el líder de la barra de Millonarios en Usme. Un compañero y yo le estábamos dictando clases los jueves en la Universidad Nacional para que él pudiera presentar un ICFES y pudiera ingresar a alguna universidad pública -su sueño es estudiar psicología. Lo último que me enteré, la última vez que me vi con él, fue que tenía problemas en el barrio. Los de Santa Fé, muchachos en las mismas condiciones, habían 'dañado a un chinche del barrio' de Chamo. Él ya no quería violencia, no quería responder así. Quería que se recuperara el amor al equipo (con esas palabras me lo dijo). Me dijo que tenía problemas en la propia barra porque su cuñado era un tipo violento y quería quitarle el mando y poner a la barra a pelear. Lo último que supe ese jueves que lo vi fue que él iba a 'intentar calmar los ánimos en el barrio'.

De un tiempo para acá lo he llamado y le he escrito para que nos reunamos. El celular permanence apagado o no contesta y al correo no me responde. Leí hace unos meses que habían matoneado a unos hinchas de Millonarios en Usme. Sólo me queda esperar que nuestros caminos, por menesteres de la casualidad, se vuelvan a cruzar.

Con la compañera que me recibió en Villa de Leyva los caminos se distanciaron. Pensé que nuestro camino iba a durar más, pero la suerte decidió que esa experiencia sería la que me iba atar a ella. A pesar de las distancias, su unión con este recuerdo es inexorable y siempre la evocará. Tengo un hermoso recuerdo de ella: cogía las cosas durísimo, siempre me daba la sensación de que ella pensaba que en cualquier momento el mundo se le iba ir de las manos. Yo le deseo lo mejor y la recuerdo con mucho cariño. Con Nils el contacto continuó. De un tiempo para acá ella decidió emprender un viaje. Me pidió expresamente que no la acompañara en sus nuevas empresas. Respeté sus deseos y le abracé en la distancia. El olvido que ella me profesa en estos momentos es inversamente proporcional a la cantidad tan grande de veces que la recuerdo cuando pienso en cosas maravillosas que me han pasado en el último año. No importa, c'est la vie.
Sinceramente recomendaría la experiencia de los hongos a todo el mundo. La liberación mental que permite es una cosa que no se puede describir. Además mi experiencia fue demasiado buena. Tuve una experiencia cuasi que perfecta. Todo, el viaje, la compañía, los momentos. No obstante, en el fondo sé que no todo el mundo sería capaz de manejar un viaje de hongos. No todo el mundo gusta de ver ciertas verdades. No todo el mundo gusta, al fin y al cabo, de darse una oportunidad de verse en el espejo más surrealista que nos presenta la vida. Sinceramente creo que no todo el mundo la podría sacar mediánamente decente. Eso sí, como experiencia, vale mucho la pena. No estoy haciendo apología al consumo, simplemente estoy dando mi opinión personal según lo que viví.

La experiencia con los hongos sólo la pude valorar a la postre. Muchas de las sensaciones que tuve durante el efecto, sólo me fueron entendibles meses después. La forma como uno siente al otro -en tanto otredad, en tanto algo que está fuera de mí- bajo ese efecto no se puede describir. La sensación de que todo hace parte de todo, de un principio unificante, es una sensación bella. Cálida. Uno se siente en casa. Desde esa experiencia muchas cosas han cambiado en mi vida. La primera, básica, fue el modo como manejo lo que viene de la tierra. Para mí los hongos fue la iniciación de un proceso de curación espiritual. De alguna forma, de esa sensación, entendí que en plantas como la marihuana y otras plantas medicinales sólo hay diferencia en el efecto, pero el sentido de ingresar la planta al organismo es uno solo: curar. Son plantas medicinales, tanto la manzanilla, como la marihuana, como en otras culturas y contextos, pueden llegar a serlo el yahé y los hongos. Aprendí que como cualquier otra medicina uno se puede sobredosificar, y que por eso hay que aprender a tenerle respeto a la planta y a entender mejor el por qué se consume. También llegué a la conclusión de que si me vuelvo a honguear, será para limpiarme. Será después de algún tiempo. Esa sustancia no es una droga de entretenimiento, y eso es algo que hay que entender.

La experiencia me hizo cambiar muchas cosas en la manera de pensar. En lo que busco de la vida y lo que puede o no puede afectarme emocionalmente. Se volvió un punto de comparación para experiencias posteriores. Me cambió mi sensibilidad ante el mundo. Antes era una suerte de escala de grisis implacable. Ahora sé -porque lo vi- que bajo todo subyacen miles de colores. Colores del universo. Colores que están ahí para el que los quiere ver.

Cuña: Las siguientes dos canciones llegaron a mi vida después de esta experiencia. Desde entonces se han vuelto una suerte de pits. Las uso para cargar energía en las mañanas y encontrar luz en la noche más oscura. Ánimos para levantarme todo los días más como parte del universo que como sujeto. En Zion mi Anhelo de Zona Ganjah y Emocionado, de Fidel Nadal.

25 de junio de 2010

El Rincón de las Violetas

Hace muchos años, cuando era un niño pequeño e inocente -tengo que suponer que en algún momento lo fui-, vivía en un conjunto residencial llamado, muy pomposamente, Conjunto Residencial 'El Rincón de las Violetas' [CRRV]. Fue un sitio particularmente importante para mí. Allá, por esos años, la gente del barrio era Javier -hoy en día cantante y miembro fundador de Alerta- y Cheché, su primo -creo que son primos, eso fue hace tanto tiempo-, hoy baterista de Triple X, excelente banda de punk bogotana, entre muchos otros que acompañaron esos años. Así podría seguir. En esa época conocí amigos que hasta el día de hoy tengo. También tengo recuerdos importantes, y momentos que sé que me formaron como persona. A uno de esos momentos me quiero referir.

En la ventiúnica cancha de microfútbol/baloncesto que había en el conjunto (en un parqueadero) había una reja inmensa que le daba el límite al conjunto. Detrás de esa reja había un lote pequeño sin construir, cercado por los edificios -incluyendo el conjunto, por uno de los lados. Sólo tenía, si mal no recuerdo una pequeña puerta de latón en el costado occidental. Eso era un potrero. Había ratas, animalejos, insectos y... balones. Ahí siempre se iban los balones de fútbol -o de baloncesto, si uno era muy descachado. Recuerdo que los pelados 'duros' del conjunto, se subían por la pared, escalaban la reja, devolvían el balón, y hacían de nuevo todo el proceso para volver a la cancha.

Posiblemente no era así para todos, pero yo, desde mi punto de vista infantil, recuerdo muy bien pensar esa acción -la de meterse **al** potrero, a ese potrero, que tocaba trepar, saltar y volver- como un acto de valentía. Más que valentía, como de riesgo, como de rebeldía. Algo que no puedo explicar muy bien, pero que estoy seguro que más de uno entenderá -tal vez por esa justa condición de inefable, de no poder describir muy bien ese sentimiento. Yo nunca fui por ningún balón. De hecho, si mal no recuerdo, perdí un balón Golty azul en ese mismo potrero. Nunca me atreví a subir el muro, trepar la reja, caer en el potrero -que supuestamente tenía ratas-, sacar algún premio y volver sintiéndome 'grande'.

Hace unas noches, mientras trotaba con un amigo, nos pusimos hablar (de la importancia) del estado de pre-sobredosis. Éste tomado desde cualquier perspectiva: los distintos excesos que uno pueda tener, con experiencias, con sustancias, con vivencias, con personas. Ese punto en el que uno se sabe parado en la línea que separa lo temerario de lo suicida. Pensando eso recordé el ya mencionado lote come-balones del Rincón de las Violetas. Ese mismo, el que no pude saltar.

No pude evitar pensar en él y en el resto de mi vida. En lo que he hecho y los motivos que me llevan a hacerlo. Correr riesgos tal vez innecesarios, o simplemente retar la suerte. Siempre he pensando que he muerto tantas veces que no sé a cuántos gatos vidas le debo. Esa reja se me volvió casi que un simbolismo: nunca la pude saltar, y he pasado toda mi vida intentándolo hacer.

Descubrí que en el potrero que es la vida no hay ratas ni insectos. Sólo malas personas (que en general son peores que las ratas y los insectos).

24 de junio de 2010

Ahora es Cuando...

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Los últimos resultados electorales no sorprenden. Por el contrario, estaban cantados: la corrupción, la apatía del pueblo hacia la política, las encuestas, la campaña negra, entre otros elementos, anunciaban la victoria del candidato oficialista. Ahora veo cómo las fotos de perfil de los distintos movimientos políticos empiezan a desaparecer de los perfiles de mis conocidos. Ya no se habla tanto en las redes sociales de política, ésta ya pasó de moda. Yo digo que eso no puede suceder.


Me parece que ahora es cuando más toca movilizarnos. Si algo demostraron estas elecciones es que el movimiento político, como partido, está por extinguirse. Que todos los partidos, a excepción del Verde y del Polo, se hayan ido a las toldas de la U es un presagio de lo que viene. No obstante, la sociedad civil no se puede desconectar de los procesos políticos y pensar que sólo en cuatro años vamos a volver a hablar de todos estos temas.

Hay que generar procesos de memoria y auditoría permanente al gobierno entrante. Desde la generación de grupos en redes sociales rescatando la memoria de este país, hasta actividades tan mínimas como leer prensa y comenzar a divulgarla. De la misma forma que en estas elecciones la oposición estaba llena de ex-uribistas, en cuatro años habrá gente arrepentida de votar por Santos: lo más inteligente es divulgar la información para que eso sea cada vez más rápido.

No podemos pensar la política únicamente como voto. La responsabilidad que tenemos es grandísima, y depende de nosotros, no de una inexistente clase política (honesta), cambiar las cosas. Por eso resalto lo importante que es no tomar la política con moda: ésta nos influencia permanentemente, y es importante mantener a la gente informada. Sólo así la gente dejará de ser manipulada por la televisión y empezará a tener más criterio.

Solo la memoria histórica nos sacará del pantano político en el que nos encontramos. Es tarea de todos mantenerla viva. Si no lo hacemos, en cuatro años estaremos peor.

19 de junio de 2010

El Último Bastión de la Democracia

Columna publicada en el portal La Lupa. Para ver dicha entrada, clic acá.

Los críticos de la primera reelección teníamos un argumento principal -más allá de lo antidemocrático e ilegal de cómo se realizó el proyecto. Esta crítica consistía en una cosa: los pesos y contra pesos; las garantías que la constitución brinda para mantener la separación de poderes y la manera en que estos se relacionan.

El panorama actual muestra la centralización de poder en manos del ejecutivo (la junta del Banco de la República y la Procuraduría, para nombrar dos ejemplos). De hecho, la terna de Fiscal -rechazada varias veces por la Corte- desembocó en dos cosas: evidenciar aun más el choque de trenes y mostrar las verdaderas intenciones del presidente respecto a la centralización del poder; justamente ayer, en declaraciones a Caracol, Uribe dijo "pienso que una de las reformas que necesita Colombia es que el presidente de la República nombre al Fiscal".

Pero ese "choque de trenes" es el que muestra el único estamento que aun se mantiene fiel a la Constitución y a su poder independiente: las altas cortes. La Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional, representantes de las Altas Cortes, muestran cómo aun se puede mantener un frágil equilibrio en una democracia tan maltrecha como la nuestra. Su resistencia a posiciones del gobierno, sus decisiones jurídicas contrarias a los intereses uribistas (la reciente orden de captura contra Aranguren por las chuzaDAS, la condena contra Plazas Vega, para poner algunos ejemplos), son muestra de su independencia y su respeto a la verdad.

No obstante, los constantes ataques uribistas -desde los medios de comunicación hasta alocuciones presidenciales- muestran el interés del Ejecutivo de aplacar esos reductos democráticos. Apelando a los señalamientos, a las estigmatizaciones y a la desinformación -jugando con el imaginario colectivo de un pueblo que no se preocupa por profundizar una noticia más allá del titular-, el Ejecutivo menoscaba la legitimidad de la Corte ante el pueblo colombiano. Lo que piensan que esto acabará cuando Uribe deje el poder están muy lejos de la verdad.

El domingo será sólo una cosa: renovación del régimen de la obra de . Ahora es cuando comenzará la legitimaciónUribe (con sus aciertos y desaciertos). No obstante, esta obra -que será objetivo principal del "Acuerdo de Unidad Nacional" verá sólo un obstáculo: las Altas Cortes. En los últimos días la Corte Suprema ha mostrado su interés en llegar a lo más profundo del caso de las chuzaDAS y de los llamados falsos positivos. Este ánimo por la verdad chocará con las intenciones de impunidad y amnesia por decreto que se van a buscar en los próximos cuatro (¿ocho?) años. Siendo así las cosas, ¿qué podemos hacer?

Desde mi punto de vista sólo nos queda una alternativa para ayudar a mantener un poco el equilibrio de poderes en el país: desde la sociedad civil rodear a las Altas Cortes. La defensa de la institucionalidad tiene que ser una tarea de todos, y debe que volverse una bandera de los demócratas colombianos. Mantener la independencia de las cortes, de sus miembros y de sus decisiones será vital para lograr mantener un peso a un gobierno que tendrá mayoría histórica -incluso mayor a la de Uribe en su segundo mandato- en la rama legislativa. Siendo así las cosas, habrá que entender y reconocer a las Altas Cortes como el último bastión legítimamente democrático en Colombia.

Y vendrán ataques. Ya me imagino las columnas y las intervenciones radiales del señor "ex presidente Uribe", condenando la intervención de "fuerzas oscuras" en las cortes y sus decisiones. Por eso mismo es tarea de todos blindar a las cortes de esos ataques. Cae la corte, y que nos lleve el diablo... o los Santos. O lo que sea.

Mañana el gobierno cambiará de rostro, pero el fondo seguirá siendo el mismo. Hoy, en la víspera de una elección que estará llena de decepciones para muchos, sólo queda subir el ánimo con algo: un video que recuerda el momento en el que la Corte Constitucional tumba el referendo re-reeleccionista. La prueba reina de la independencia de la rama Judicial de Colombia.

15 de junio de 2010

El Presidente que nos Merecemos

Publicado en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Dice el refrán que los pueblos tienen los gobernantes que merecen. Ante la situación electoral en Colombia, no podemos decir nada más acertado.


Ya no queda mucho por decir. Después de hablar con muchas personas, uno se da cuenta de la falta de conocimiento que tenemos de nuestra realidad social. Es increíble cómo sentimos que lo que sucede en este país (esa realidad que vemos tras una pantalla de RCN) es una realidad ajena, que sucede por allá lejos. Los falsos positivos fueron muchachos pobres, ñeritos, que mataron por allá donde no importa. AIS no fue tan grave como parece, y las vejaciones a DD.HH no son verdad; son inventos de "idiotas útiles del terrorismo".

Tristemente esa es nuestra realidad. El voto no es un voto a consciencia. No hay una reflexión real de lo que sucede detrás de la campaña. Nos aferramos a nuestra creencia y no nos abrimos al debate; a intentar entender los argumentos del otro, las necesidades del otro. La gente se siente más cómoda sentándose tras una pantalla o tras el anonimato que propicia la masa, para poder emitir juicios sin siquiera pensarlos. Somos egoístas y desconocemos lo que pasa ante nuestros ojos.

Hablar con muchas personas que van a votar por Santos me hizo dividir ese electorado en tres categorías: i) por miedo que termina en ignorancia, ii) por coacción y corrupción y iii) por egoísmo e indiferencia hacia todas las demás situaciones que se presentan en el país. Tristemente, al menos en las ciudades, este último grupo es el más numeroso. Compañeros y amigos que reconocen las vejaciones a DD.HH, que reconocen las chuzaDAS y todos los demás crímenes de este gobierno, pero que en el fondo les da igual. Personajes que justifican el paramilitarismo, o que simplemente buscan argumentos ficticios para poder rellenar sus propios huecos. Que ponen a una Venezuela satanizada como enemigo necesario, que consideran a la "la far" como el único actor del conflicto, y que piensan que lo que hace este gobierno es necesario y justificado.

Y no lo hacen de malas personas, lo hacen porque así lo consideran. Porque el fanatismo, la ignorancia y el egoísmo les da para eso. Para considerar que lo que este país necesita son más políticas guerristas, más corrupción y más desigualdad. Celebramos 200 años de independencia sin asumir nuestra mayoría de edad como pueblo y como ciudadanos políticos. Mientras yo esté bien, el resto no me importa. El resto son cosas que yo ignoro por conveniencia. El resto, simplemente son mentiras.

Y siendo así las cosas, ¿cómo podemos aspirar a tener otro presidente que no sea Juan Manuel Santos? Si acá damos los votos por una teja, por un tamal, por gaseosa. Si acá damos el voto sin pensarlo. Si acá damos el voto siendo egoístas. Si acá, en esta nación tropical, inmensa fosa común, pasan esas cosas, ¿cómo podemos aspirar a otro presidente que no sea el que impulsa el gran acuerdo de unidad nacional? Y es que así estarán las cosas: la marea bajará, los ánimos se calmarán y estas elecciones habrán pasado sin mayor pena o gloria. Y es que si el lema de Uribe durante 8 años fue 'trabajar, trabajar, trabajar', el de Santos será 'tapar, tapar, tapar'. Y eso será perfecto para este país: no pensar, no recordar, no tener a nadie que nos cuestione, que nos diga que no todo está bien.

Por esto, porque la gente en su gran mayoría (la que se refleja en las urnas, en las conductas que vemos en la calle diariamente) no quiere aspirar a más, digámoslo duro y sin miedo: Porque es lo que Colombia se merece, JUAN MANUEL SANTOS, PRESIDENTE!

Cuña: Felicidades a nuestras FF.MM, que de una manera legal, valiente y heroica, rescataron a los cuatro militares secuestrados por las FARC. Ojalá todas las actuaciones del ejército fueran así de honorables.

6 de junio de 2010

Phármakon

-Uy mijita, pero qué horror venir todos los días hasta por acá. ¿No te da pereza?
-No tía, yo quiero estudiar acá, es una buena universidad, no la mejor, pero sí es muy buena.
-A mí francamente no me gusta venir acá. Me molestaría tener que venir al centro todos los días. La Sabana, siendo una universidad tan buena, y que le queda cerca a la casa, ¿Martica, tú por qué no la inscribiste en la Sabana?
-La decisión la tomó Carolina, Carmenza. Yo no tengo porque tomar esas decisiones. Ella quiere estudiar por acá- responde la mamá aludida.

Avanzan las tres por el centro de la ciudad. Mamá, tía e hija. Esta última está dando sus primeros pasos en el mundo de la gente seria, madura y que no tiene que asumir responsabilidades ajenas. La mamá está dejando a su hija comenzar un ciclo nuevo y la tía... la tía sigue con sus comentarios. Carolina estaba emocionada, finalmente sería algo cercano a lo libre. Iba a estar fuera de la casa, ya era mayor de edad, iba a ser universitaria. Se alejaría un poco de la casa y podría crecer mucho. Era un sueño hecho realidad. En medio de esa divagación, hizo una interrupción la voz que más repudiaba en este mundo; una voz prejuiciosa, mentirosa y engañosa, la de su tía Carmenza.

-No Martica, pero cómo vas a dejar a Carolina venir para acá. Estas universidades liberales... esto no es para la gente de bien. Mira, ¿sí ves? Sólo marihuaneros por acá- dijo señalando a unos muchachos sentados a la distancia que ni siquiera estaban fumando marihuana. -Eso sólo- continuó Carmenza- se presta para problemas. Para que la niña coja mañas y termine quién sabe en qué...

Horas Después

-No martica, pero mire todas esas indias andando por ahí descalzas. Qué falta de respeto a las buenas costumbres. Con esos hijos a cuestas cual ganado. A mí francamente me daría verguenza. Cuando Andrés estaba pequeño a mí me tocaba cargarlo. Ahora que hay de esos arneses para bebés. Unos los amarra y los deja caminar cogiéndolos. Qué maravilla -continuaba la tía.
-A mí no me gusta- dice Carolina- a mí eso sí me parece arriar ganado. Que feo tratar a un niño-
-Usted no se preocupe mijitica que si usted salió mal es porque su mamá siempre fue muy fresca.

En la Noche

-Martica, para acá, que aquí queda la casa del profesor de piano. Toca recoger a Andrés. Cierra bien las puertas mientras le timbro al celular, que en el parque de la esquina se la pasan marihuaneros.
-Tiía, por última vez, que alguien fume marihuana no lo hace ni marihuanero, ni indecente, ni criminal...
-Martica, ¿sí la ve? Y eso que ni ha entrado a esa Universidad. Espere y verá lo que se le viene encima, martica.
-Oye Carmenza -dice Marta, como para calmar los ánimos- ¿y cómo te está yendo con los problemas de disciplina de Andrés? ¿Ya mejoró el comportamiento?
-Él no tiene un problema de conducta, mamá, él tiene 12 años. Ese, para mi tía, es el problema.
-No diga tontería mijita. Pues martica, hace dos semanas lo llevamos al mejor siquiatra infantil de Btá. Y bueno, después de charlar con él confirmó nuestro diagnóstico: tanta saltadera, tanta brincadera y molestadera en la casa y en el parque... hiperactividad crónica. Lo bueno es que la podemos controlar. Una pildorita con el desayuno, y él ni se da cuenta. Y queda el resto del día perfecto.
-¿Usted está drogando a mi primo, tía? -preguntó indignada Carolina.
-Drogando a nadie, más respetico. Las píldoras las recomendó el psiquiatra. Y son sólo entre semana: los fines de semana sí puede jugar, y saltar, y hacer lo que quiera. Como no se la pasa en la casa... eso sí Carolina, si usted le dice al niño, tenemos problemas, a usted no le corresponde meterse en esto, ¿entendido?

Un par de minutos, baja un hermoso niño de doce años. Con frío y los ojos apagados, se hace en el asiento trasero de la camioneta. Saluda a todos y pone su cabeza en los muslos de su prima. Ahí se queda dormido el resto del viaje.

Carta a Antoine de Saint-Exuperý

Porque todos tenemos verdadera necesidad de consuelo,
aun y si no recordamos cuando éramos niños

Estimado Antoine de Saint-Exuperý,
ha pasado mucho tiempo desde que usted pasó por estas tierras. Los colores se han venido gastando para generar un mundo en escala de grises. ¿Guerras? La que usted vivió no era más que un pañito de agua tibia de lo que se venía. De la misma forma que aviador perdido en el desierto con sed, la humanidad ahora perece con sed de algo mejor. Lo que sea.

Desde que usted estuvo por acá nos hemos venido degradando más. Ya nada vale una sonrisa, y si la hay es un acto de cordialidad. La confianza no es axioma social sino un mero acto de fe. Las ciudades están rotas en los horizontes de países del tercer mundo -porque en un mundo como este, tan roto y fraccionado, un mundo que es mejor no ver, hay países de primera categoría y países de tercera categoría. En fin, han pasado los años y con ellos muchas de las cosas buenas -al menos así lo parecen en el recuerdo- se han ido con ellos.

No obstante, usted y su pequeña más grande obra (El Principito, por supuesto) trascendieron todo límite geográfico o temporal. ¿Recuerda sus años de piloto de guerra? Ahora todo es más rápido: en estos días la información pasa de continente a continente con la velocidad de un parpadeo -lo triste es que la distancia entre un hola y un adiós también se reduce considerablemente. Lo que viene al caso: su obra se volvió un referente para la lectura y la imaginación. No solo para padres que lo regalaban a sus niños -hiperactivos, hambrientos de dulces y un tanto preguntones, casi siempre- para introducirlos al mundo de las letras, sino también era refugio obligado para jóvenes y adultos que quieren volver a recordar el cómo, el por qué y el para qué del soñar.

Pero siempre quedó un enigma. Esa tristísima declamación final en la que en medio de la soledad nos cuenta como el principito se va de nuevo a su mundo y usted queda a la espera de que vuelva alguna vez. Y ese último pedido de ayuda que nos hace -antes, tal vez, de esas últimas palabras que pronunció antes de perderse en las profundidades del mar-, es el que ha dado tanto material para súplicas a la suerte y el azar. Que le cuenten si alguna vez ven al principito. Que le busquemos y le contemos. No intentaré luchar contra décadas de historia que lo dejan a usted en la aurora del misterio y el romanticismo, por eso no lo buscaré. Más humildemente, le escribo.

Usted más que nadie sabe lo hermoso que es encontrarse seres tan bellos y especiales que uno no puede pensar más que cayeron de las estrellas. Usted sabe, y entiende, por supuesto, lo sublime de un contacto o una sonrisa cuando vienen de éste tipo de seres. Personas que entienden a las estrellas como millones de cascabeles y de magia. Personas así no se ven mucho, y por eso desaparecen extrañamente -muchos, no mordidos por serpientes, sino llevados por el rio, o compartiendo lecho en las profundidades de las tierras. Por eso, para dejar testimonio -antes de que algo pase, así sea el tiempo- le escribo esto. Para contarle de un personaje muy peculiar; una dama, de cabellos largos y rizos, una nariz que siente el oxigeno del planeta. Ojos que se mueren por ver, y manos tan pequeñas y tan tiernas que uno puede percibir que quieren abarcar el mundo. Un espíritu sensible. No cuida flores en planetas lejanos, es una flor que adorna este planeta. Y entiende el idioma del viento, y su canto. Entiende por qué una, solo una flor puede ser lo más especial en todo el universo. Yo intento tímidamente recordárselo en cada momento. Por eso le escribo esto, para responder su pedido de ayuda al final de tan bello libro: encontré una princesita. Tal cual, también viajera interespacial. Elevada no por un banco de aves solidarias, sino por nubes y buenos pensamientos. Tal vez no sea una serpiente la que interrumpa su instancia en mi tierra, bajo este cielo; tal vez sea el olvido, el tiempo o la fragilidad de los lazos. Por eso le escribo ahora, antes de que quede nadie bajo las estrellas.

Espero que mi historia sea un poco más larga que la suya. Que no me tenga que ir en un avión, intentando recordar por toda la vida cómo era que volaba. En el desierto que es este mundo actual (tal vez el suyo lo era por igual, pero con los años, los daños y las decepciones nos hemos vuelto más frágiles) cualquier mirada sincera, cualquier sonrisa con afecto, es un vaso de la más fresca y rica agua del mundo.

No le quito más tiempo,
le agradezco.

2 de junio de 2010

Amnesia Colectiva y Ausencia de Organización

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

La primera vuelta presidencial, celebrada el pasado domingo, me indignó a un nivel tan profundo que difícilmente lo puedo expresar en palabras. No sólo demostró que hay aun un brazo corrupto y clientelista que aun mueve poderosas fuerzas electorales. Esas elecciones mostraron dos cosas no tan evidentes: la falta de memoria de este pueblo, y la falta de organización real de la oposición.

La corrupción se hizo evidente en estas elecciones. Previamente se había hablado de la presión de organizaciones gubernamentales que hacían proselitismo por Santos. De la misma forma, el día de las elecciones hubo presiones contra los testigos electorales -particularmente del Partido Verde- y claros casos de corrupción electoral. Incluso, la Misión de Observación Electoral, concluyó que hubo irregularidades que contaminaron el proceso electoral. Eso, sumado a las desvergonzadas intervenciones en políticas del presidente Uribe, fue la tapa de las manipulaciones en este proceso electoral. No obstante, la alta votación de Santos no responde -en mi opinión- a un proceso de fraude masivo, sino, más horrible aun, a una amnesia colectiva del pueblo colombiano.
Los casi 7'000.000 de votos que Santos sacó en primera vuelta responden en parte a presiones al electorado, sí, no lo niego. No obstante ese caudal electoral es mínimo. Que Santos haya ganado en todo el país (excepto Putumayo, en donde lo cobraron la caída de las pirámides), demuestra cómo el pueblo colombiano tiene memoria a corto plazo y olvida fácilmente los escándalos que han acompañado al gobierno del que Juan Manuel Santos es candidato. Que haya ganado en Bogotá me desilusiona horriblemente. Eso da cuenta de que hay gente que ignorando los falsos positivos, la corrupción, la criminalización de la oposición y las chusaDAS, considera que un gobierno guerrista como el que sería el de Santos, es la mejor opción. Ante eso, sólo tristeza puedo expresar.
Considero que es un irrespeto a la memoria de esta desangrada nación elegir a Juan Manuel Santos. Lo oscuro de los escándalos -tan solo el de los falsos positivos- debería ser suficiente para que el país en pleno mandara un mensaje a la comunidad internacional diciendo que no elegirán a un asesino para ocupar la cabeza del gobierno. Pero acá no sucede eso, acá encontramos que la gente se aferra a propaganda negra para justificar su voto, o a datos manipulados o a simples prejuicios sostenidos desde la ignorancia. No hay un diálogo real con el que piensa distinto, sólo una descalificación inmediata porque no cree lo mismo que yo. No digo que todos los que votaron por Santos sean ignorantes, o malas personas, sólo digo que el grueso del voto por Santos sí está sostenido en una base de desconocimiento de hechos del electorado. Esto lo digo porque sinceramente me niego a creer que casi 7'000.000 de colombianos sepan lo que son los falsos positivos, los escándalos del DAS, las campañas de difamación y aun así, por encima de eso, crean que Santos es la persona idónea para representar a este país en el cargo de presidente.

La otra cara de la moneda no es mucho mejor. Es triste ver como la oposición no se las arregla para poder hacer un bloque sólido que impida que el uribismo se mantenga en el poder. Con las recientes adhesiones de los partidos Liberal y Conservador a la U, sólo queda que un acuerdo programático entre el Polo y el PV logre unificar fuerzas. Podemos hacer la diferencia si como oposición logramos resolver superar nuestras propias diferencias. Lo creo posibles; es más, como miembro de la sociedad civil, harto del uribismo, lo exijo: tiene que haber acuerdo programático y esto no implica que sea una alianza burocrática (cosa que en lo personal despreciaría).

Pero este tipo de exigencias no se ven desde la sociedad civil. Es más, la baja votación de Mockus demostró que mucho primivotante no salió, y que mucho de lo que rodea a la campaña verde es una iniciativa mediática. Eso no tiene nada de malo, pero se tiene que traducir en acciones concretas. En lo personal me irrita que el activismo 2.0 se quede en eso. Después del domingo hay cada vez más grupos en FB denunciando los crímenes de este gobierno, invitando a la movilización o condenado el fraude. Me parecen iniciativas importantes, pero no suficientes. Si Santos está donde está es gracias a una sola cosa: la indiferencia popular, la falta de memoria colectiva. Que después del domingo cada vez más gente se dé cuenta de lo grave que es que ese personaje llego a la presidencia, está bien. Que su indignación llegue únicamente a hacerse miembros en grupos de FB y cambiar la foto de perfil, me parece triste y políticamente irresponsable.

Necesitamos acciones concretas. Necesitamos hablar con las personas en el mundo real. Atraer votos de todos los colores, de abstencionistas (ante todo de éstos últimos) para poder lograr que Santos no llegue al poder. Todos al TOCOSAN (Todos Contra Santos). Si no, la historia no nos perdonará.