21 de abril de 2010

"¡A Saltar el Transmi!"

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

E
n Colombia solemos necesitar de tragedias para poder caer en cuenta de nuestras fallas. Muchos muertos, algo que llame mucho la atención, son usualmente los elementos que hace que algo cambie. En este momento yo me pregunto, ¿cuántos muertos más se necesitan para que el pasaje de Transmilenio tenga un menor precio o que en su defecto tenga un descuento para estudiantes?

Son desalentadoras las cifras de este mes: cinco personas murieron en el sistema. Un caso en el que dos niños murieron fue particularmente trágico: los niños, de 13 y 14 años, intentando saltar el Transmilenio, fueron atropellados. Uno murió instantáneamente, el otro unas horas después en el hospital. La tragedia fue tal que el papá de uno los muchachos decidió suicidarse. Lo peor es que este no es un caso aislado; ya en varias oportunidades las noticias dan cuenta de muertos por intentar saltar el sistema, también de gente seriamente lesionada. Tan solo en YouTube uno puede encontrar varios videos de estudiantes saltando las barandas.

Si bien hay factores culturales, y conductas poco cívicas que fomentan este tipo de comportamiento, uno no puede hacerse el de la vista gorda, y negar que el problema del alto costo del Transmilenio ($1.600 pasaje) incide en el hecho de que muchos estudiantes se arriesguen a meterse por la vía. Confieso que en alguna ocasión me he colado en Transmilenio (más sutilmente, en el torniquete) porque estaba vaciado. Esa fue una excepcionalidad, pero si uno tiene una economía precaria en casa, y la plata no alcanza para más, uno lo piensa dos veces antes de gastarse $8.000 a la semana tan solo en transporte.

En Facebook desde hace algún tiempo pide que se haga una rebaja en el pasaje para estudiantes. En muchos países el descuento para estudiantes en los sistemas masivos de transporte, es algo que se da por sentado. Incluso hay ciudades en Colombia que lo tienen institucionalizado. Que Bogotá, capital de Colombia, y que se considera como una ciudad siempre a la vanguardia, no tenga un descuento para estudiantes es un sinsentido. Es decir, en España (hace unos días vi en el portal Blog la nota) los jóvenes, por el solo hecho de serlo, tienen descuentos incluso en clínicas abortivas. Acá en Colombia, más cercanos a nuestras posibilidades, exigimos que las políticas de juventud de la ciudad tengan en cuenta los altos costos del sistema masivo de transporte para empujar la reglamentación de descuento generalizado a la población estudiantil de la ciudad.

Después de la muerte de los niños del Agustiniano, se evidenció la necesidad de medidas de seguridad adicionales para las cargas extra largas y extra anchas. Con la muerte de uno de los más queridos miembros de este portal, Juan Pablo Arenas, la inseguridad de la 85 saltó a la luz pública y se tomaron medidas como las restricciones a la vente de licor y el toque de queda para menores de edad. Me da pánico pensar qué clase de accidente necesitamos para ver la necesidad del descuento para estudiantes en los sistemas de transporte. Ahora, con el Sistema Integrado de Transporte próximo a implementarse, la necesidad se vuelve ineludible.

7 de abril de 2010

Los Mamertos y los de Izquierda

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Yo me considero una persona de izquierda. Es una tendencia política que he explorado y con la estoy de acuerdo en muchos puntos. No obstante, nunca me he considerado de izquierda mamerta o recalcitrante -o sí, lo hice, pero ya hace algún tiempo. Esa distinción que muchos hacen, incluso personas de izquierda que critican a los mamertos, me hizo pensar, ¿bueno y qué es un mamerto? Aprovechando la coyuntura de las elecciones, y las conversaciones que de ésta surgen, me propongo contestar esa pregunta.

¿Qué es lo que hace que un mamerto lo sea? ¿Cuál es la diferencia sustancial entre el mamerto y la persona que se considera de izquierda? La respuesta es tan simple que aturde: la necesidad del enemigo. El mamerto se ve a sí mismo como resultado de la situación política de su país, se ve como resistencia. Ellos resisten, combaten al imperialismo (usando Adidas), combaten al neoliberalismo y la masificación (lo recuerdan constantemente con sus grafitis copiados de los años setenta, y sus mensajes enviados vía Facebook). El mamertismo no está abierto al diálogo, y peor aún, no porque no quiera, sino porque no tiene elementos. Me atrevo a decir que la mayoría de los mamertos que conozco, en su vida han leído la obra de Marx (o si la han leído no la han entendido). Los mamertos no se preparan para la toma del poder, ellos resisten el poder de turno. Su vida, sin el enemigo, no tendría sentido.

Y bien, ¿dónde queda la izquierda, esa en la cual yo me incluyo? La izquierda no mamerta, entiende la necesidad de alianzas, convenios, de sacrificios. La necesidad de diálogo es algo que debe ser bandera de cualquier proyecto, y eso una izquierda académica lo tiene claro. El mamerto (no lo ve, pero es así) está al mismo nivel de fanatismo del furibista que critica, del colombiano ingenuo que cree que con el partido de la U no retrocedermos (en efecto no lo haremos: con ese tipo de derecha vamos derechito al barranco de la tiranía y la corrupción).

En Colombia es imposible negar la polarización; llevamos los últimos 70 años matando y muriendo por ideologías políticas. Nadie contempla una solución a menos de que sea su solución. Todo lo demás es incorrecto. No me sorprende que gente furibista se indigne de ver mi foto de perfil con la franja de apoyo a Mockus. No obstante, que mis amigos de izquierda mamerta se indignen y me digan 'burgués' me da algo de risa y tristeza. Si no se dan cuenta de que una oportunidad de retoma del poder -por vías democráticas- como esta no se va a volver a presentar en mucho tiempo, entonces están en el lugar equivocado. La izquierda acá en Colombia tiene que aprender a hacer concesiones. No más celebraciones de independencias de países cuyos nombres no saben pronunciar, es hora de pasar del grafiti al hecho, de convertir el grito de ¡Hasta la victoria siempre! en la pregunta, ¿cómo llegamos a la victoria? Si la izquierda colombiana no puede evolucionar, estará condenada al más cantado de los fracasos: el de la opinión, el de la pérdida de apoyo popular.

Cada vez que leo un grafiti del tipo 'Movimiento xxx, 10 AÑOS', pienso, "¿diez años haciendo qué exactamente?". ¿Siendo resistencia, atacando al poder, desestabilizando el sistema?". Nada de eso se da, el poder sigue intacto, la pobreza también. Lo que en Colombia necesitamos es una manera de renovar la clase política, nuestras propias políticas, nuestras propias ideologías. Si Uribe logró unir un país particular en 2002 bajo la premisa de que lo que se necesitaba en Colombia era la guerra, ahora Mockus y el Partido Verde pueden llegar a unir a un nuevo país -porque no es el mismo de hace ocho años- bajo la bandera de que lo que se necesita es educación.

Ahora bien, retomando la pregunta, ¿diferencias entre un mamerto y una persona de izquierda? El de izquierda se prepara, académica, profesional y organizativamente, para lograr ser partícipe del poder, para lograr hacer un cambio sustancial dentro de la misma estructura del Estado. Para el mamerto -y su versión artística, el chochobohemio (después hablaré de este)- cualquier discusión sobre el Estado, no sobre cómo combatirlo, sino cómo reformularlo, es un acto de venderse, de aburguesarse, de traicionar los más básicos principios. ¿Principios de qué? No lo sé, pero así me han terminado la discusión en más de una ocasión.

Colombia debe alejarse de extremismos dañinos en las próximas elecciones, entender que la educación debe ser la base de cualquier proyecto político para los años venideros. La cultura de la legalidad y de la honestidad. Tristemente veo como pierdo amigos furibistas y mamertos. Tristemente veo lo mucho que se parecen.

Cuña: Les dejo este video (se llama Cities On Speed IV - Bogotá Change). Es un documental que habla sobre el cambio de la ciudad de Bogotá bajo la administración Mockus. Muy recomendado, eduque su voto.