30 de marzo de 2010

"Los Niños Suicidas"

Es muy bello encontrar en un libro, ajeno siempre a uno, una descripción tan bella y con la cual uno pueda llegar a identificarse tanto. En las últimas noches he mirado con detenemiento un libro que me prestaron. Se llama Los Niños Suicidas, de Luis Fernando Charry (hijo de quien para mí es el mejor poeta colombiano: Fernando Charry Lara, aquí la muestra). El texto que particularmente me llamó a la atención es el siguiente:

"Estaba feliz. Era feliz. Comenzaba a enamorarme de Sara (hoy creo que eso había comenzado la noche anterior), a rendirme ante su conversación, ante su encanto, su agresividad que se mezclaba con la dulzura más dulce del mundo, la fuerza de su voz o la seguridad de su voz, no sé, y su cara simplemente hermosa de diecinueve años de literatura intensa. cada comentario destilaba una gudeza insospechable. Estaba a punto de perderme. Quizás ya estaba perdido y no me había dado cuenta. Y no me daría cuenta sino mucho tiempo después, quizás un poco antes de que Sara decidiera ponerle un punto final a su vida, de ponerle freno a esos gestos que, dentro de aquella armonía casi perfecta, resultaban siempre honestos". (
Villegas Editores, 1ª Edición, página 24).


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Hay un verso de José Asunción Silva que está a manera de introducción en ese libro. Lo dejo acá:








Estrellas Fijas

Cuando ya de la vida
el alma tenga, con el cuerpo, rota,
y duerma en el sepulcro
esa noche, más larga que las otras,
mos ojos, que en recuerdo
del infinito eterno de las cosas,
guardaron sólo, como de un ensueño,
la tibia luz de tus moradas hondas,
al ir descomponiéndose
entre la oscura fosa,
verán, en lo ignorado de la muerte,
tus ojos, destacándose en las sombras.

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