6 de marzo de 2010

Caminata Nocturna

-Avancen
-Venga, yo ya estoy moviéndome por inercia.
-Yo también estoy mamadísimo, ¿por qué no descansamos acá?
-Porque si yo me siento, amanezco acá. Avancemos, que eso la coronamos en poco tiempo.
-Venga, ¿no hay indios?
-No, toca comprar... puta, ¿dónde estamos?
-No sé, pero las montañas están detrás nuestro, sigamos por acá, eso da al occidente.
-Son pendejos ¿o qué? Allá está muy paila, nos van a dar piso.
-Ay negro, ¿pero con quién está andando, qué sería lo peor que no podría pasar?
-¿Que nos vuelvan de derecha?
-No joda y camine.
-Venga, pero cargue la pipa, ¿o tampoco hay?
-Sí, ya se la paso. ¿Saben qué sería muy chistoso? Que nos parara la policía... no tengo papeles!
-Mucha bestia, negro.
-Qué animal, deberíamos ir al CAI de la otra vez a visitar a los que nos cogieron en la última ocasión.
-Sí, camine, corriendo!
-Uy...! Entró picosa...

El mundo es gris. Todo se calla ante el ruido de lo normal, y ante la indiferencia de todos los demás. Nadie escucha el pájaro, ni el roce del viento sobre el frondoso frente de un árbol circular. Nadie escucha el pájaro moviéndose en las ramas. Nadie oye el pasto debajo de los pies. Es como un genocidio ambiental. Pero en la madrugada, la indiferencia se acaba, porque no hay humanos. Ahí sale toda la sinfonía de la comunicación de la naturaleza. La cantidad de energías. Pasar por el parque Simón Bolívar a la madrugada y casi que sentir el lago.

-Metámonos, compas, metámonos.
-No traje vestido de baño
-Yo no traje moral, parce, sin eso no puedo.
-Ahs... es que a mí me da pereza hacerle solo.

Saltar la reja, fastidiar a un celador: escuchar The Doors pero cantar Pink Floyd pensando en Zeppelin. Hace frío. Ahí comienza la venganza de la naturaleza. Coge a los pocos reductos de la indiferencia (y en este caso, también de la resistencia), esos que caminan el sendero de la madrugada, y los tortura. Se ponen a cantar las aves como recordándoles a los borrachos que ya van a casa 'No pueden dormir, ya va a amanecer, no pueden dormir, degenerado vaya a vivir'. Y entonces uno dice, 'no, ¿cómo así?, yo quiero dormir, vivir puedo después'. Pájaros estruendosos, hacen mucho ruido. Pero si se callan... 'vengan, hablen algo, estoy a punto de pensar (de nuevo) algo de mediana profundidad'.

Es increíble la cantidad de colores que se dan en la noche. En plena oscuridad. Claro, ¿por qué no? Es la tabla de pintura de la desazón. Por allá está el color amarillo del boxer regado, en las uñas, el color marrón de una noche de juerga sin pipas y sin padres. El verde es verde oscuro. Y así todo toma el sufijo oscuro: el cielo está azul oscuro, el pasto es verde oscuro, la reja está oscura, el camino está oscuro. Carajo, la vida se vuelve súper oscura en la noche.

-Yo ya estoy mamado, ¿cuánto tiempo ha pasado?
-Diez minutos...
-Venga, ¿me va a joder de que han pasado diez minutos y ni siquiera hemos terminado de cruzar esta cuadra?
-Estas cuadras son largas, y venimos de lejos, estamos caminando lento.
-Lento es una cosa, nosotros estamos como...
-...
-... ¿Cómo qué?
-No sé, quería decir algo interesante pero ya estoy muy cansado para caminar... digo para pensar! Y también para caminar.
-Oigan, ¿ahorita en la parada técnica compraron indios?
-Sí
-Péguele a uno que tenemos mucho pisquero encima.

¿Por qué está todo tan lejos? No sé, el efecto del estado alterado de conciencia es agrandar las pupilas. Por eso tal vez veo ahora todo más grande o más lejos. Todo está tan lejos, la cama queda tan lejos, las metas quedan tan lejos, los éxitos quedan tan lejos. Pero en este específico momento la casa queda muy, muy lejos. Pero es un efecto de la sustancia psicoactiva. No es que hayamos caminado cien cuadras y esté cansado. No, es que las pupilas se me agrandaron. Y claro, también veo cosas más grandes (pero también es un efecto): mis problemas los veo más grandes, los miedos más masivos, las soledades más complejas.

Qué rico caminar por acá. Hay muchos árboles, desprenden un aroma increíble. Es como el olor de Nocturno. A pesar de que uno no puede oler letras, excepto si las escribe Cortázar, a eso debe oler Nocturno: a estos árboles, a este olor dulzón, empalagoso, que marea un poquito y hace pensar 'uy qué rico sería estirar la pata oliendo esto'. Así de dulce huele ese cuerpo. Las pieles rosaditas y el alma negra, porque si no fuera negra, no sería protagonista de este recuerdo. Uy, qué recuerdo. Los olores siempre me traen recuerdos, la rayadura de limón, el asfalto mojado. Es como si la lluvia borrara las pruebas del crimen que se cometió en esa acera x, en ese andén x: el crimen de la vida, de la indiferencia, del acto exagerado.

Hello, I love you, ¿no me crees? ¿Pero qué tiene de malo que yo esté caminando a la madrugada y tú vayas en un taxi hacia el amanecer? Eso no tiene nada de malo, yo te amo. Sí, no importa que no te conozca... no me mires con desprecio. Yo soy más chévere sobrio y sin estar sudado de la caminada. ¿No me crees? Ven y pregúntame, te convenzo. Dime que me amas y nos hacemos un contrato a término fijo. Huele a ti, huele a esas noches de jazz hardcore, huele a vergüenza. Huele a lo que expelen los uribistas después de la caída del referendo: vergüenza, ganas de esconderse, tabú... huele a saber que se cometió un error, pero no tener el coraje para aceptarlo. Pero ¿qué es lo que está oliendo así? Ah! Soy yo, sí... otro error a la bolsa. Está pesada.

Sigamos caminando, que el amanecer detrás, adelante la oscuridad y en nosotros: el meridiano.

-No creí que pudiéramos llegar, yo ya estaba mamado.
-Oiga, este man ya se durmió.
-Está mamado, y toca levantarlo en una hora. ¿Usted va a dormir?
-Sí, yo me voy a mi cama.
-Venga, acompáñeme en un cigarro, que no tengo sueño. Y si me acuesto, nada me levanta.
-Listo, un rato.

Es que el mundo es una cosa muy ruda. Riámonos, saltemos por la ventana y gritemos a todos que son una porquería. Unos por ser vendidos, otros por ser los que compran, otros por alquilarse. Compartir modelos, esconder diferencias. Bob Marley es mucho genio, pero ¿un amor? Como que un amor, si yo amo tanto que tengo un amor para cada recuerdo. Particularmente éste.

-Mano, mano, levántese, no hemos dormido nada... nos quedamos en el baño escuchando música, fumando y hablando carreta. Ya hay que irnos.
-¿Qué...? Sí, sí, listo, ¿y la undécima letra?
-Ese acaba de apagar motores, está acá en el piso. Párese y vayámonos.

Levántense, que me voy a buscar a la niña del taxi, me voy a buscar el lago en el que quise nadar. Me voy a buscar el aroma que me hizo sonreír, me voy a buscar la Bogotá nocturna en la mañana. Que noche tan larga, aun no termina... y ya son las 7hrs.

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