30 de marzo de 2010

Ah! Te vi Entre las Luces

Te vi entre las luces.

Me encontré diamantes sobre el suelo. Entre el carbón y la tierra negra que se prestaba para hacer de nuevo hogar de mis sentimientos. Una gran altura, un aroma, una suerte de desdén. Las tetas con flores y el whiskey barato. Huele a lo que huele el perico después de la visita al baño. Huele a asfalto mojado en una calle del centro de Bogotá. Como cuando llueve pero no está lloviendo, y uno se moja pero verdaderamente no se está mojando.

Huele a esa belleza rica de lo que se describe. Quema como candela al tacto, pero solo si uno la toca. Si no, tibia, tersa, se presenta como una silueta soñada, tal vez muerta, tal vez viva. Tal vez que venga del norte. Se da la brisa. Es la sicodelia llevada al extremo de lo absurdo y ridículo, de lo triste. Soy yo caminando por corredores de incertidumbre. Vuelvo a ser el que está sentado en la esquina de la fiesta. El que se emborracha solo para irse solo y dormir solo (y no, no me da la puta gana de escribir la frase de tal forma que tenga que usar comas). Vuelvo a la necesidad de renovarme.

Se mueve al ritmo de la poesía (literalmente). Ella se pone una balaca de colores en el cabello y yo pienso "huele a flores", me echo a reir y me despierto. Y ahora es cuando me da por escribir tonterías. Ahora es cuando me da por ponerme otra vez en el plan cursi de escribir a la madrugada intentando expresar cosas que en el día no me atrevería. La verdad es esa: arrepentimiento, jamás... ¿pena? Todo el tiempo.

Y me doy cuenta que estoy siendo akrático. Incontinente. Me doy cuenta que estoy volviendo a ser, simplemente eso: a ser. Que me están dando los mismos dolores de estómago que me daban antes. Que me están dando las mismas ausencias que me daban antes. Hace harto no me torpedeaba así. ¿Escribiendo correos a la madrugada que planeo con premeditación de asesino serial? No, no puedo. Y ella sigue con ese aroma de pino de madrugada. Ese aroma que se despliega mientras uno camina ante él. Ese aroma, esa presencia que se puede traducir en luz.

Y tú podrías entendero. Al fin y al cabo, y acá va la declaratoría final, tú también sabes qué producto saca La Máquina. Tú conoces las aves que comienzan a trinar en el oido; los mismos que piquetean el corazón. Los mismos que me permiten volar mentalmente. Los conoces. Reconoces su valor, su tristeza.

Y yo también sé que no me puedo permitir muchas cosas. Entre esas, ésta. Akrasia superada, ahora: racionalidad práctica. Solo las historias planeadas. Sólo las narraciones ficticias... que yo reconozco como tal. No fantasías que ni puedo manejar.

Pero sí, te vi entre las luces. Ah! Te vi entre las luces y que bien te veías... (Y entonces la realidad bajó los tacos de la energía).

1 comentario:

  1. carajo yo pensé que habías puesto aqui la canción de la maquina para hacer pajaros

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