31 de marzo de 2010

El Deber de la Inutilidad

*

Caminaba hacia el paradero de la ruta. No sabía bien por qué se movía. Ya reconocía el olor de ese tipo de mañanas. Olían a cigarrillo mal quemado (de esos que uno apaga en la noche anterior y lo vuelve a encender en la mañana). Se sentó en el paradero y esperó pacientemente a que llegara la ruta que la iba a llevar al colegio. Las mismas compañías se sentaron a su lado. -¿Yo qué estoy haciendo?- se preguntaba constantemente mientras miraba la ciudad pasar. Quería estar en otro lugar, pero, y eso ella lo sabía, en cualquier lugar se iba a sentir igual. No sabía cómo se sentía, sabía cómo no se sentía; feliz.

Encendía su iPod y se desconectaba de la realidad. Si hablaba era porque le preguntaban, si se expresaba era porque se lo exigían, si se comunicaba... era porque estaba borracha. O al menos ebria. En las mañanas hacía mucho frío. Se le subía por las piernas, así se debía sentir la soledad. Como una entrada de aire frío en la intimidad del cuerpo, del alma. Todo lo que tenía en su cabeza, su cultura, su soledad, su clase, su necesidad de presencia, se resumían en esas sensaciones exclusivas de la mañana siguiente. Ella no aprendió ninguna ley en la calle. Sólo sabía de las normas impuestas en la casa, en la academia, en el colegio y en su vida misma. Todos los vicios eran prohibidos. Todo era un vicio. La música era algo que se conocía si se profundizaba, y la literatura era privilegio de eruditos. Volvía a poner la canción, después todo el álbum. No dejaba de preguntarse cómo no había ido a ese concierto, cómo había podido dejar ir a Fito Páez. ¿A razón de qué? ¿Dónde estaba su corazón? ¿Tomándose fotografías en unas vacaciones familiares, o latiendo a mil entre cien mil cantando una y otra vez el mismo coro que ahora tarareaba tímidamente en clase de química?

-¿A ti te gusta La Máquina de Hacer Pájaros?- le preguntó Sebastián. Sólo en ese momento ella reaccionó y se dio cuenta que ya no estaba en el colegio ni ante las demás. Que ahora se podía dar en la cabeza y nadie la podría juzgar.
-Sí, mucho- respondió ella- ¿a ti también te gusta? Todo el mundo conoce a Charly y a Sui Generis, pero casi nadie sabe de La Máquina...
-Claro que la conozco- respondió Sebastián. Es más- continuó-, la máquina está debajo de mi cama. Todos los días pongo a que me despierten petirrojos, golondrinas, chupaflores y otras tantas maravillas-. Ella rió.

-¿Pero yo a qué le sonrío?- se preguntaba ella. Si lo pensaba bien había pocos momentos en que fuera feliz. Había momentos de alcoholemia, de frenesí, de fugaz enamoramiento, ¿pero felicidad? De eso ella hace mucho no probaba. Se ponía su cordón de colores en la cabeza -la segunda opción después de descartar el cuello por ser contrario a preceptos católicos- y se ponía a bailar con Jim Morrison. Tenía el cigarrillo en una mano, la cerveza en otra y se movía como si quisiera morirse en ese mismo instante de absoluto éxtasis. Sebastián la miraba con cierto asombro. Al fin y al cabo, mujeres así se ven pocas, y si se ven están mal de la cabeza. No hay que ser genio. Esas niñas, interesantes, curiosas, son la trampa de oso en la que uno se muere deshidratado. No obstante, siguieron hablando toda la noche. Preguntándose y respondiéndose.

-¿Y tú a qué te dedicas? Porque de bailar The Doors nadie come, ¿no?- preguntó Sebastián con risa, sorbiendo una cerveza que ya estaba tibia de estar en su mano y no en su garganta.
-Nada- respondió tajante (o triste, eso nunca lo supo Sebastián)- yo me muevo tranquila. Hago lo que me toca hacer, pero no hago nada. Soy espectadora, nunca actora.
-Qué demonios los que cargas, Casandra- respondió Sebastián con los ojos abierto-, pareces una golosina que se cansó de ser dulce... ¿te quieres ahogar en jugo de limón escuchando Lemon Tree o qué?
-A mí no me gusta esa banda- dijo ella rápidamente-... aunque sí conozco esa canción.

Pusieron su canción, la bailó de forma demente. Quemándose los pies contra un piso de baldosa que se hundía a medida que el peso de los problemas de Casandra lo oprimían. Sebastián la veía con risa y curiosidad. Ella sonreía, no era una niña interesante -las niñas interesantes, aprende uno andando en ciertos círculos, no sonríen, coquetean, follan, hablan mierda, pero no sonríen. No más viéndola uno sabía que le gustaba vivir. Tal vez no sabía vivir, pero le gustaba mucho la vida. Le gustaba mucho tener que vérselas con la resaca, saberse viva, aun y si era a partir (únicamente) de dolores.

**

-Y bueno, ¿eres feliz?- preguntó de la manera más desagradable.
-No sé- respondió ella-, a veces, como todos, ¿no? Algunas noches sí. En las que hablo mucho, en las que me presento y discuto y puedo decirle a alguien con argumentos que no estoy de acuerdo, que lo que él piensa me es más irrelevante que... que...-Mientras hablaba comenzó a bajar el tono. La canción que estaba sonando en ese momento en el computador de la sala se estaba acabando. Para cuando la canción terminó, era sólo un susurro lo que salía de la boca de Casandra. Así eran las cosas. Así eran las cosas más fáciles. Ella lo sabía, se quedó callada. Se sonrió y volvió a la pista de baile.


Ella se preguntaba lo mismo todas las noches. ¿Qué hacía, por qué lo hacía, a razón de qué? Nunca encontraba respuestas que le dieran solución a sus preguntas. A sus sin salidas, a esa inutilidad tan característica en ella. Se sonreía, siempre se sonreía. Sonreía mucho.
-Háblame de ti- dijo Casandra.
-No hay mucho que contar -dijo escuetamente Sebastián. Yo- prosiguió-, estudio, trabajo cuando se puede (no cuando quiero, porque así no me pagan) y leo y escribo cuando puedo. La verdad no hay mucho que contar, más bien háblame de ti. Te he escuchado poco y eso siempre es funesto.


Al calor de la conversación, la cerveza y el tequila comenzaron a hacer falta. Tragos fueron y vinieron, la conversación cada vez se hacía más laxa. Los temas más ligeros. Curiosamente, y eso pasa sólo con el alcohol, en esa conversación suave, en teoría superficial, mediada por los vapores del trago, uno se hermanaba más. Se volvía más íntimo, cercano. Uno era único en el universo. Después de varias canciones, y una que otra resbalada ya nada giraba ni se movía; en esa sala todo era estático, era una variante del universo gris. Los ojos cansados ya no veían bombillos. Veían puntitos de luz amarilla y muchos rayos. Eran soles artificiales. Préstamos de la tecnología para hacer un poco más feliz (feliz, no cómoda) la vida de los paisanos tercermundistas (que al fin y al cabo somos todos, pero con diferentes cantidades de dinero en el bolsillo).

-¿Qué haces?- preguntó Casandra a sabiendas de lo que sucedía a su alrededor.
-Me armo un porro, para fumar más tarde. ¿Has fumado?- preguntó a su vez Sebastián.
-Sí- respondió Casandra- algunas veces, con amigas del colegio.
-Así no me funciona- interrumpió Sebastián-, es mejor fumar solo, al menos a mí me parece. Uno lo disfruta más.
-¿Por qué?- interrumpió Casandra.
-Porque uno- siguió Sebastián- cuando fuma acompañado busca un cague de risa colectivo. Nada más. Para mí es mejor fumar solo y disfrutarla solo. Así uno es consciente de qué efecto es el que está en el cuerpo. Yo escucho música, camino, me pongo a pensar. Prefiero hacerlo solo.
-A mí eso me suena a ser adicto- dijo rápidamente Casandra-, fumando solo, en la noche ¿no te parece chirry?
-Pues eso depende de la persona, ¿no?- siguió él-. No me gusta fumar para trabarme, me gusta fumar para buscar un estado para mí. Y al fin y al cabo es una decisión mía, yo no reparto ni divulgo la palabra de santa María Juana, fumo para mí y con eso me basta. Chévere si alguien piensa como yo. Si no, que no me joda y yo no lo jodo.
-¿Desde hace cuánto fumas?- inquirió Casandra.
-Ya hace un tiempo- dijo Sebastián- ¿y tú?
-Desde hace unos meses... -respondió titubeante- con amigas. Pero no sé si me gusta, de vez en cuando está bien. Es que no creas, para mí muchas cosas son nuevas. Antes yo era lo que... ¿cómo lo llamarías tú? ¿Una godita?
-¿En serio? Divertido- decía Sebastián mientras terminaba de hacer el porro-. ¿Y te gusta definirte como goda? Porque acá nadie lo ha hecho, ni tus amigas ni yo. Al menos yo no lo he escuchado.
-No es cuestión de definirme, es como me siento -prosiguió Casandra. -Me siento extraña, viendo la realidad en un televisor y yo teniendo otra absolutamente distinta. Uno alcanza a sentirse sola, triste...
-¿Inútil?- interrumpió Sebastián.
-Exactamente...
-No hay que ser genio para conocer esa sensación. Pero, ¿por qué te sientes así?
-El tiempo no funciona igual con ciertas personas. Uno puede pasar mucho tiempo con ellas y poco habla. Yo no sirvo para hablarte, no así... que yo me lo diga... le-voy-a-hablar-a-tal-persona, eso simplemente no funciona. En cambio, si me pones a discutir sobre un tema, sobre cualquier cosa, sólo por llevar la contraria te podría debatir, discutir. La clave es eso, que para mí todo es un debate.
-¿Y no te sientes sola?- preguntó en voz baja Sebastián.
-Eso no se lo voy a contar a un desconocido, llevamos hablando... ¿qué? ¿cuatro horas?
-Hay moscas que sólo viven una hora, Casandra- respondió soltando la carcajada.
-Sí... menos mal que no somos moscas- dijo volviendo a la pista de baile improvisada.

***

-La verdad, espero que todo cambie pronto, Sebastián. Yo en el fondo lo sé. A penas salga del colegio y comience a hacer cosas, ya no me sentiré así... al menos así de inútil e infeliz.
-Uno nunca deja de sentirse así. El error está en pensar que la felicidad es permanente, o que la utilidad de uno depende de lo que uno hace por las personas, o por lo que hace por deseo de otras personas. Uno tiene que aprender a sentirse feliz y tranquilo con uno mismo, sin tanta pendejada. Tomando, fumando, leyendo, pensando... haciendo lo que a uno le gusta.
-Yo quiero... yo voy a estudiar derecho- siguió ella-. Me hace sentir cómoda, y es algo que me gusta.
-Claro, como ahí sí puedes callar a todo el mundo y mandarlos a la mierda. Ahí sí puedes hablar, ¿no? ¿Y tú, también cambiarás estudiando derecho, serás mejor persona, te sentirás feliz, acompañada?
-No sé, pero podría esperar. Ahora no es que me muera por estar acompañada. Todo el mundo anda solo, todo el mundo se mantiene solo y nadie puede hacer nada para evitarlo.
-Vieja tan emo, uno no puede pretender ni vivir en un valle de rosas ni tampoco que la vida es una mierda y ya. Dejemos eso para los suicidas, los chocobohemios y para uno que otro poeta de parque. La vida es esto, saberla vivir a cada momento, aprender a descubrir lo bonito que se nos da sin desconocer lo difícil o lo complicado que se nos puede presentar.
-Pareces cura...
-Sí, soy un enviado- respondió Sebastián sarcásticamente-, pero eso no le quita validez a lo que te digo. Por ejemplo, tú, potencial estudiante de derecho... ¿conoces la importancia de los derechos?
-Por supuesto, en el colegio me han enseñado sobre ellos.
-Qué ternurita tu respuesta. Tú vas a ser de las que cuando le pasen copias en la universidad, las vas a marcar con el nombre. No te rayes que no te estoy molestando, me parece muy chévere. Pero bueno, el caso no es ese. Yo no me refiero a los derechos que están en -o estaban- en la ya-violada-constitución-del-91, sino a derechos mucho más importantes, pero poco conocidos.
-¿Como cuáles?- preguntó ella sin saber si la estaban tomando del pelo o si era algo verdaderamente importante.
-¿Has leído alguna vez a Eduardo Galeano?
-No, yo casi no leo literatura.
-Sí, suele pasar. Eso es para hippies fumaporquerías. Pero bueno, pasando por alto ese detalle, hay un texto de este Galeano que se llama El Derecho al Delirio, o El Derecho a Soñar, una vaina de ese estilo.
-¿Y a qué lo traes a colación, me vas a enseñar español? La verdad yo ya estoy vieja para aprender español de bachillerato.
-No te pienso enseñar, no me va bien de profesor (aunque curiosamente lo soy). Pero uno siempre puede aprender algo. Ese texto, potencial estudiante de derecho, habla sobre ese poco usado derecho a soñar, a imaginar y a pensar mundos mejores que este que nos correspondió en suerte. En ese sentido, ¿por qué no extender ese mismo derecho a hacerlo con la propia vida de uno? Imaginar, soñar, ilusionarse... esos son derechos tan o más válidos que los derechos que supuestamente defiende el gobierno de turno. Por ejemplo tú, Casandra, ¿con qué sueñas, qué te imaginas?-.
Ante esa pregunta, ella se quedó callada largo tiempo. Le parecieron largos minutos mientras fumaba y pensaba.
-Yo sueño con ir a un concierto de Fito Páez- respondió entre risas, casi que como para salir del paso.
-¿Y no has ido? Es decir, ha venido varias veces a Bogotá. Es más, el año pasado se presentó gratis en el Rock Al Parque. Lo recuerdo bien. Esa noche terminé tronchadísimo caminando por la 50 buscando el camino a casa... creo que todavía lo busco -añadió con una sonrisa.
-No, no fui. No pude.
-¿Por qué?
-Eh... estaba viajando. Estaba por Europa.
-Europa, ¿ah? Qué placer no...
-Sí, pero no pude ir al concierto. Al parecer yo no ejerzo ese derecho- dijo riéndose. En ese momento, con esa última frase, ella comenzó a pensar cosas que no había pensado antes. Producto tal vez del alcohol, del cigarro o de la modorra que comenzaba a planear sobre el humo de la sala. Comenzó a pensar en lo que soñaba, en lo que imaginaba o lo que anhelaba. Realmente hubiera querido ir a ese concierto. Realmente hubiera querido cantar a mil entre cien mil las mismas canciones que ahora escuchaba cada vez que podía. Pero no había podido. Había estado en otro lugar, en otra geografía. Con otro paisaje tatuado en el corazón. Siempre era así... ¿cuándo hacia las cosas para ella, porque le gustaban o porque las amara? Su vocecita interior de repente se calló. No supo qué constarle. Tal vez por efecto del alcohol no se dio cuenta de que se había quedado callada y con la mirada perdida, sólo hasta que fue consciente de que los ojos se le habían aguado. Sebastián, que no había sido indiferente a esta situación, se quedó callado.

El resto, muy poco la verdad, de la noche pasó calladamente. Ya el baile había quedado en un plano secundario y la conversación se había vuelto colectiva. Igual a como terminan todas las noches, pero ésta era particularmente maravillosa. Mucho se había movido en esas cuatro paredes. En la belleza que rodea la conversación sincera. Una buena lectura, casi que un buen disco. Algo bueno entre tanta porquería moralista y aburridora.

-Casandra, te invito mañana a mi apartamento. Te voy a pasar unos textos que tal vez te puedan interesar. Veámonos en la tardecita, ¿te parece?
-Llámame en la mañana. Me dices cómo llegar y nos vemos, ¿listo?
-Te llamaré-, concluyó Sebastián, haciendo un gesto de despedida mientras avanzaba hacia la anfitriona de la reunión para despedirse.

****

-¿Se te complicó la llegada?- preguntó Sebastián mientras cerraba la puerta del apartamento.
-No, la verdad no. Vivimos bastante cerca, uno podría venir hasta caminando- respondió ella mientras miraba cautelosamente la habitación en la que acababa de entrar.
-Yo lo hago todo el tiempo, usualmente por falta de plata, pero ¿qué importan los motivos?- dijo él riéndose. -Bueno, Casandra, te tengo la primera clase de derecho que vas a tener en tu vida- ante eso, Casandra reaccionó con una mueca que daba mucho para pensar. Uno no sabía exactamente qué significaba. -No te preocupes-, continuó él- que nada de aburrido tiene. Simplemente quiero que seas consciente de algo- diciendo eso, se acercó a una mesa y cogió un libro.
-¿Qué es eso?- preguntó una escéptica (o tal vez aburrida) Casandra.
-Esta es tu entrada al concierto privado de Fito Páez que se desarrollará en breve en mi alcoba. No obstante, quisiera que lo vieras antes.
-¿Concierto privado? ¿De qué hablas?
-Bueno- respondió Sebastián con risa en la boca- tanto como concierto concierto privado no... es más bien el DVD de No sé si es Baires o Madrid a todo volumen, pero lo que importa es el detalle. Mira el índice del libro y verás.
Casandra tomó el libro y vio la carátula; Patas Arriba. Escuela del Mundo al Revés, Eduardo Galeano.
-Ahora mira el índice, ahí está tu entrada resaltada en color.
-¿Acá?- preguntó Casandra sosteniendo la risa-, ¿lo que está resaltado?
-Sí, léelo en voz alta, ¿cómo es que dice?
-El Derecho al Delirio- respondió ella, magistralmente.
-Bien, léetelo y me... discutes -sentenció Sebastián con una risa cómplice en el rostro-. Ahora, si te dignas, pasemos a la habitación; 11 & 6 ya va a comenzar.
Casandra abrazó el libro, miró al piso y se sonrió.
Sebastián, al verla, también.

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30 de marzo de 2010

Ah! Te vi Entre las Luces

Te vi entre las luces.

Me encontré diamantes sobre el suelo. Entre el carbón y la tierra negra que se prestaba para hacer de nuevo hogar de mis sentimientos. Una gran altura, un aroma, una suerte de desdén. Las tetas con flores y el whiskey barato. Huele a lo que huele el perico después de la visita al baño. Huele a asfalto mojado en una calle del centro de Bogotá. Como cuando llueve pero no está lloviendo, y uno se moja pero verdaderamente no se está mojando.

Huele a esa belleza rica de lo que se describe. Quema como candela al tacto, pero solo si uno la toca. Si no, tibia, tersa, se presenta como una silueta soñada, tal vez muerta, tal vez viva. Tal vez que venga del norte. Se da la brisa. Es la sicodelia llevada al extremo de lo absurdo y ridículo, de lo triste. Soy yo caminando por corredores de incertidumbre. Vuelvo a ser el que está sentado en la esquina de la fiesta. El que se emborracha solo para irse solo y dormir solo (y no, no me da la puta gana de escribir la frase de tal forma que tenga que usar comas). Vuelvo a la necesidad de renovarme.

Se mueve al ritmo de la poesía (literalmente). Ella se pone una balaca de colores en el cabello y yo pienso "huele a flores", me echo a reir y me despierto. Y ahora es cuando me da por escribir tonterías. Ahora es cuando me da por ponerme otra vez en el plan cursi de escribir a la madrugada intentando expresar cosas que en el día no me atrevería. La verdad es esa: arrepentimiento, jamás... ¿pena? Todo el tiempo.

Y me doy cuenta que estoy siendo akrático. Incontinente. Me doy cuenta que estoy volviendo a ser, simplemente eso: a ser. Que me están dando los mismos dolores de estómago que me daban antes. Que me están dando las mismas ausencias que me daban antes. Hace harto no me torpedeaba así. ¿Escribiendo correos a la madrugada que planeo con premeditación de asesino serial? No, no puedo. Y ella sigue con ese aroma de pino de madrugada. Ese aroma que se despliega mientras uno camina ante él. Ese aroma, esa presencia que se puede traducir en luz.

Y tú podrías entendero. Al fin y al cabo, y acá va la declaratoría final, tú también sabes qué producto saca La Máquina. Tú conoces las aves que comienzan a trinar en el oido; los mismos que piquetean el corazón. Los mismos que me permiten volar mentalmente. Los conoces. Reconoces su valor, su tristeza.

Y yo también sé que no me puedo permitir muchas cosas. Entre esas, ésta. Akrasia superada, ahora: racionalidad práctica. Solo las historias planeadas. Sólo las narraciones ficticias... que yo reconozco como tal. No fantasías que ni puedo manejar.

Pero sí, te vi entre las luces. Ah! Te vi entre las luces y que bien te veías... (Y entonces la realidad bajó los tacos de la energía).

"Los Niños Suicidas"

Es muy bello encontrar en un libro, ajeno siempre a uno, una descripción tan bella y con la cual uno pueda llegar a identificarse tanto. En las últimas noches he mirado con detenemiento un libro que me prestaron. Se llama Los Niños Suicidas, de Luis Fernando Charry (hijo de quien para mí es el mejor poeta colombiano: Fernando Charry Lara, aquí la muestra). El texto que particularmente me llamó a la atención es el siguiente:

"Estaba feliz. Era feliz. Comenzaba a enamorarme de Sara (hoy creo que eso había comenzado la noche anterior), a rendirme ante su conversación, ante su encanto, su agresividad que se mezclaba con la dulzura más dulce del mundo, la fuerza de su voz o la seguridad de su voz, no sé, y su cara simplemente hermosa de diecinueve años de literatura intensa. cada comentario destilaba una gudeza insospechable. Estaba a punto de perderme. Quizás ya estaba perdido y no me había dado cuenta. Y no me daría cuenta sino mucho tiempo después, quizás un poco antes de que Sara decidiera ponerle un punto final a su vida, de ponerle freno a esos gestos que, dentro de aquella armonía casi perfecta, resultaban siempre honestos". (
Villegas Editores, 1ª Edición, página 24).


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Hay un verso de José Asunción Silva que está a manera de introducción en ese libro. Lo dejo acá:








Estrellas Fijas

Cuando ya de la vida
el alma tenga, con el cuerpo, rota,
y duerma en el sepulcro
esa noche, más larga que las otras,
mos ojos, que en recuerdo
del infinito eterno de las cosas,
guardaron sólo, como de un ensueño,
la tibia luz de tus moradas hondas,
al ir descomponiéndose
entre la oscura fosa,
verán, en lo ignorado de la muerte,
tus ojos, destacándose en las sombras.

24 de marzo de 2010

¡Déjenme Sano! 2010

Artículo publicado en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.
Colombia es un país diverso, multicultural, y con múltiples expresiones en lo que refiere a la personalidad y el libre desarrollo de la misma. Aun así, hay quienes negando y/o temiendo la diferencia, pretenden reducir las libertades individuales a lo que ellos consideren "bueno". Todo lo demás, queda sujeto a prejuicios, estigmatizaciones e incluso criminalizaciones.
Hoy, ante esta realidad, invito al evento ¡Déjenme sano, déjenme sana! Una celebración de las libertades individuales y del reconocimiento a ellas. Dosis de Personalidad se formó como una red de colombianos que buscan proteger las libertades individuales y su ejercicio en Colombia. El próximo viernes 26 de marzo, realizará un evento para recordarle a todo el mundo que no nos están dejando sanos. Dicho evento se llevará a cabo en la plazoleta de la 85 con 15 (al frente del Carulla) desde las 18hrs (clic acá para ver el afiche de invitación).
Conductas privadas y producto de decisiones personales no pueden ni deben ser reguladas por el estado. De la misma forma, en un país laico (como Colombia en teoría lo es) que el Estado está separado de cualquier instancia religiosa, la moral y las creencias personales no deberían ser usadas para juzgar, limitar o condenar a las personas y sus derechos. Con base en argumentos pseudocientíficos, morales, éticos y religiosos, hemos visto como Colombia mantiene limitados los derechos sexuales y reproductivos de la mujer, así mismo, al limitar sus derechos, condena a la población LGBT a una marginalización y estigmatización social. De la moralidad no están lo lejos los argumentos en contra del porte y consumo de la dosis mínima de sustancias psicoactivas y la imposibilidad de alegar objeción de conciencia para evitar ir a prestar el servicio militar.
Todas esas prohibiciones no tienen en cuenta que todo lo que prohíben son expresiones de libertades individuales y del libre desarrollo de la personalidad, y que como tal (consagradas en la Constitución Nacional) deben ser protegidas y consagradas por el Estado... no perseguidas ni criminalizadas.
Todo este marco de realidad política que ahorita tenemos encima, debe ser un incentivo para tomar acciones directas y organizadas por nuestros derechos y por nuestras libertades. Por esto los invitamos al evento de Dosis de Personalidad de este viernes. Habrán desnudos, streetart, música, video y otras tantas cosas. Un evento político y artístico para que podamos decir ¡DÉJENOS SANOS!

Ojalá puedan asistir, lleven parche, hagan ruido, comenten el asunto y lo divulguen. Entre más personas creamos en la educación y no en la represión, este país mejorará más pronto.

18 de marzo de 2010

Echa Tu Cuento: Yo fui Jurado de Votación

Columna publicada en el portal Blog, para ver dicha entrada, clic acá.

No creí que fuera posible: no pensé que PIN fuera capaz de ganar de la forma en que lo hizo. Mucho menos esperé que lo hiciera en algunos sectores de Bogotá. Tampoco pensé que la distancia Noemí - Arias fuera tan pequeña. En ambos casos, evidentemente, me equivoqué. Yo fui jurado de votación en las elecciones 2010, las elecciones que permitieron al paramilitarismo entronarse nuevamente en Colombia.

La citación a ser jurado es una que aparece en la página de la registraduria. La madrugada para ir al sitio es fastidiosa. Hacer el curso previo es toda una experiencia, y estar ya en la práctica requiere más atención de la que uno pensaría. En estas elecciones me tocó en un puesto de votación en un colegio de Bogotá. No considero necesario decir el nombre, así que lo omito. Sinceramente pensé que iba a ver con mis propios ojos como el Partido Verde se consolidaba como fuerza política. De hecho fue así, pero no gracias a mi mesa.

Desde fue un principio fue evidente lo godo de la mesa. Los hombres y mujeres, más que todo, hombres, que iban a votar eran ya bastante mayores. Llegaban y decían deme el tarjetón para la consulta conservadora, sin más. Cuando preguntaba si quería otro tarjetón (particularmente el de parlamento andino) se cruzaban de brazos y decían que sí a regañadientes. Esa ignorancia, de no saber votar o por quién se vota, se reflejó en los resultados: más de un millón de votos nulos, ¿si eso no demuestra el fracaso de la democracia en Colombia, qué sí lo haría?

La gente está tan mal acostumbrada a los procesos de participación en Colombia, que, literalmente, llenaban el tarjetón al frente de los jurados, tampoco se molestaban en doblar el voto, ni mucho menos en votar bien. Que Colombia tenga más de un millón de votos anulados para senado, demuestra una pereza de pensar, de saber participar, de saber votar. La verdad, si la ignorancia nos atropella tanto en la ciudad, no quiero imaginarme cómo se darán las votaciones en los campos, donde el analfabetismo, el populismo y la corrupción son el pan de cada día.

Mientras se estaba haciendo el conteo, comenzó a ser evidente cómo la distancia Arias - Noemí iba a ser pequeña. El partido verde iba poniendo renglones y Mockus estaba a la cabeza, eso no era sorpresa. PIN uno, PIN dos, PIN tres... eso sí fue una sorpresa. Contar votos de PIN, un partido paramilitar, corrupto y ladrón, acá en Bogotá, fue la sorpresa más desagradable por la que he pasado. No siendo suficiente con eso, hubo una suerte de extraño júbilo entre los testigos electorales que me hizo verlos como lo que eran: el siguiente paso a la lechona, la intervención política descarada. Tuve la mala fortuna de contar varios de los votos y cuando terminamos y me volteo a mirar el espectáculo, lo único que pude pensar fue, en palabras de César Augusto Londoño, 'país de mierda'.

Es que eso es lo único que uno puede pensar al ver de primera mano cómo el sistema electoral es verdaderamente. La discusión democrática de este año se convirtió en la discusión de cuando iba a ser la hecatombe, y cuándo iba a pasar el referendo. Mientras tanto la gente nunca supo cómo votar, no supo para qué lo hacía ni para que instancias. Esta es Colombia. Un país que no recuerda su propia historia reciente. Un país que es tan cínico como para convertir al PIN en la cuarta fuerza política del país. ¿Qué tan triste eso? No siendo suficiente con eso, AIS pasó como si nada para la mayoría de los colombianos. Aun así fueron a votar por Arias y su fanatismo de religioso de iglesia de barrio. Pero acá estamos contentos, aun y si sabemos que Colombia es pasión y muerte.

Cuña: Se vino Dosis de Personalidad 2010 - Déjenme Sano. Acá el video de invitación. No lo olviden, marzo 26, plazoleta del Carulla de la 85 con 15.

10 de marzo de 2010

El Día que Llovió Pa' Arriba (A Veinte Años de la Séptima Papeleta)

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, clic acá.

Guillermo Velasco es un profesor que me dio clases en quinto de primaria. Un día, contándome de la Constitución de 1991, me dijo "antes del 91 llovía para abajo, después del 91 se puede hacer que llueva para arriba". Hoy, 11 de marzo de 2010, se cumple el vigésimo aniversario de la Séptima Papeleta, el día que llovió para arriba en Colombia.

A raíz de varios asesinatos (los de Galán, Jaramillo, Pizarro, entre otros) se generó un descontentó general entre la comunidad universitaria colombiana. A partir de una organización seria, incluyente, y la idea de un mejor país como bandera, se generó el movimiento de la Séptima Papeleta. Dicho movimiento fue gestado enteramente en las universidades públicas y privadas de Colombia. Sus directrices fueron dadas desde la academia, con intereses en generar un cambio político real en aras de conseguir la anhelada paz (tan anhelada ayer como lo es hoy). Colombia es un país sin memoria, por eso, tal vez, la gente hoy en día no entiende el por qué es tan importante celebrar esta fecha.

En las elecciones de 1990, el movimiento estudiantil logró lo imposible: hacer incluir en las votaciones una séptima papeleta (había seis normales) para que fuera contada extraoficialmente. La convocatoria logró que más de dos millones de personas votaran a favor de una Asamblea Constituyente para renovar la ya caduca constitución de 1886. La convocatoria fue tan grande que el gobierno aceptó la necesidad de que la Organización Electoral contara la papeleta y aceptara la convocatoria popular a una Asamblea Constituyente. El resto es historia.

Ese día, con esa Asamblea nacida de tan excelente organización, se comprobó que ante la organización popular y ante el diálogo político, son pocos los obstáculos imposibles. Es muy duro ver como hoy, veinte años después, el movimiento estudiantil colombiano está más desfragmentado que nunca. Con una cantidad, que cada día crece, increíble de grupos coyunturales que ni siquiera saben a dónde van. Colombia necesita hacer memoria histórica, recordar que sólo la educación puede mejorar las condiciones de vida de un pueblo hambriento e inculto como el nuestro.

Por lo anterior, y ante el hecho de que estamos a horas de las elecciones legislativas de este año, me permito hacer un llamado a la memoria, a la sensatez y la necesidad del diálogo. No podemos vender nuestro voto, no podemos permitir que la corrupción se mantenga en las altas esferas del poder. Necesitamos con urgencia entender que sólo la educación va a sacar a este país de la olla en la que está, entender que no ganaremos más con polarizaciones.

Eduquemos nuestro voto, eduquemos el ser político que llevamos dentro. Entendamos que un voto no es un voto y ya, un voto hace parte de la voluntad popular, un voto puede llegar a hacer la diferencia. No permitamos que partidos como PIN (que ni siquiera se preocupan por esconder sus vergonzosos nexos con los paramilitares) lleguen a ser la fuerza política de la próxima legislatura. Eso sería una verguenza. Sería una tristeza que un país que tuvo el 30% de su congreso en manos paramilitares, le volviera a entregar el poder político en bandeja de plata, a la sangrienta motosierra paramilitar. Yo, como cuña personal, sinceramente opino que hay que ser o muy mala clase, o muy desinformado, o muy ingenuo, para votar por un partido como PIN y pensar que se le está haciendo un bien a Colombia.

Desde la Constitución del 91 el pueblo tiene la facultad de hacer llover para arriba: en él, y sólo en él, reside la soberanía de Colombia. Sólo el pueblo es dueño de su destino. Pero en vez de eso, en los últimos años lo único que ha pasado es que se incrementaron los baños de sangre, la verguenza nacional y el pudor de saber que los que están en el poder son más ladrones, más crápulas y más corruptos que lo que uno estaría dispuesto a creer.

No den el voto al que dio lechona y llevó el cuarteto vallenato, voten por candidatos que entiendan que la educación es la salida, no el fusil. No hay que olvidar que nada nos va a detener cuando la gente se pare.

Cuña: Los invito a todos a meterse a Dosis de Personalidad para que graben sus videos pidiendo que los dejen sanos. No lo olviden, la cita es el viernes 26 de marzo en la plazoleta del Carulla de la 85 con 15 a las 18hrs.

7 de marzo de 2010

Al Respecto del Día de la Mujer

Estamos en vísperas del día de la mujer. Más allá de las obvias reflexiones que permiten la coyuntura, quisiera anotar tres cosas específicas:

1. En el último año en Colombia, las condenas por delitos sexuales no incrementaron. Al contrario, medidas como la prohibición de la Píldora del Día Después, demuestran, una vez más, una horrible moral teocentrista y machista que sigue amedrentando a las mujeres.
2. La idea de respeto hacia la mujer que siguen vendiendo es la de ser caballero, protector y guardián personal de la dama. Contra esa idea machista y paternalista, promuevo que la idea del respeto a la mujer refiere a su reconocimiento como un ser político, inteligente, capaz y responsable. Cuidarlas, respetarlas y protegerlas no puede ser asumido con un tinte paternalista, sino como parte del convivir en sociedad.
3. Si las mujeres no se respetan, no se tienen en alto y no celebran su día, poco o nada podemos hacer los hombres que las valoramos, las respetamos y protegemos.

Les dejo este corto que me parece que retrata perfectamente las condiciones de violencia que viven las mujeres en Colombia, ojalá lo disfruten.

Finalmente, dejo acá un artículo que escribí el año pasado. Lo vuelvo a postear tal y como salió publicado en la revista SinCorbata, periódico de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, en su edición 9. Una reflexión histórica frente al día internacional de la mujer.

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Un Repaso Histórico sobre Celebraciones Contemporáneas: El día Internacional de la Mujer Trabajadora


"Antes puta que ama de casa"


Ese graffiti se ha visto rondando por las calles y adentrándose en los libros. Para poder entender su contenido y significado, valdría la pena recordar de dónde proviene y cómo se construyó. Las luchas feministas se han desarrollado en diversos ámbitos, que han incluido reclamos por la ampliación de sus derechos civiles y ciudadanos, por una liberalización de las relaciones en el ámbito privado, e incluso se han presentado cuestionamientos sobre la concepción misma del Estado. A pesar de contar con todos estos espacios de lucha, muchos de nosotros y nosotras, sólo rememoramos y celebramos, de una forma vacía y abstracta el “Día Internacional de la Mujer”.


Ahora bien, esta celebración se vive de manera particular en cada contexto. Así pues, salta a vista la parcialidad de la sociedad en la que estamos inmersos. Son escalofriantes los hombres con su misoginia y chovinismo. Es escalofriante su machismo e ingenierismo radical, son escalofriantes los patéticos cuestionamientos que se hacen frente al sexo femenino y lo poco perceptivos que son. Pero mujeres, Uds. también son escalofriantes. En la manera en que con una vacía referencia a una "lucha por la igualdad" pierden su dignidad, escalofrían cuando no se dan cuenta que algunos aspectos de esa lucha- cuando se plantea sin un contenido claro - está también cuestionada desde sus más básicos principios. Da temor verlas en el ocaso de los ídolos convertidas en objetos sin alma y maniquíes con sonrisas perturbantes. No son todas, pero si una inquietante mayoría.


El Día Internacional de la Mujer Trabajadora -ese es el nombre original- conmemora básicamente cuatro hechos históricos. Primero, la muerte de más de 150 mujeres el 8 de marzo de 1908 en una fábrica textil en Nueva York, Estados Unidos. Estaban protestando -encerradas en la fábrica- por los bajos salarios y por las infames condiciones laborales. Segundo, la conferencia realizada el 19 de marzo de 1911 por el movimiento de Mujeres Socialistas Obreras, donde se ratificó, precisamente, el Primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Tercero, una masacre, pocos días después de esa reunión, en la que murieron otros cientos de mujeres en condiciones parecidas a las de Nueva York. Por último, se evoca la rendición del Zar de Rusia ante la presión de una huelga de mujeres que exigían “paz y pan” para que sus hombres volvieran sanos y salvos de la primera guerra mundial. Este hecho – muchas veces olvidado u ocultado - ocurrió un 8 de marzo, al igual que los sucesos en Norteamérica, pero 9 años más tarde, exactamente en 1917. Como pueden darse cuenta, el día Internacional de la Mujer responde y rememora las demandas por igualdad, fraternidad, sindicalismo, socialismo, seguridad, justicia social y paz. Como decían las obreras en los '90 en EE.UU. WE WANT BREAD, BUT WE WANT ROSES TOO. Ahora, en la actualidad, al parecer todo esto se ha olvidado.


Ahora, es decepcionante cómo se celebra tan importante día. El día internacional de la mujer es una celebración que no se inventaron los hombres para vanagloriar a la mujer, para protegerla y consentirla, para cuidarla porque es el sexo débil. No, el día internacional de la mujer trabajadora es una celebración creada por mujeres para honrar la lucha femenina a través de la historia. Nosotros, como hombres, nos unimos a esta celebración no para tratar de una manera peyorativa de proteger al "sexo débil".


Sinceramente, se puede cuestionar sobre si los honores y el respeto que implica un homenaje es o no para todas las mujeres. Se celebran las acciones de aquellas protagonistas de los más bellos actos de fe y de esperanza, a las que se levantan a la cinco de la mañana a levantar hogares de la nada, a las que con sonrisas levantan espíritus. Las luchas más importantes tienen, necesariamente, que tener víctimas. Celebramos y felicitamos a esas víctimas y a esos avances históricos, a las que luchando a diario siguen logrando más avances. No se trata de celebrar toda actitud de toda la mujer. No es de homenajear a la mujer que se siente realizada al ser un objeto sexual, idolatrada y deseada simplemente por como luce, no es de felicitar a aquella que maneja en su mano una cinta métrica para medir consecuencias blancas, no es de respetar a la tonta y vacía, de la que se define por como la perciben. No es de felicitar a la insulsa que se da por acompañada en redes virtuales, que cree que tener amigos es tener 666 contactos. No, para ninguna de ellas se da una celebración, siquiera una felicitación.


Se celebra y felicita constantemente a aquellas mujeres luchadoras, aquellas que se desenvuelven en un darwinismo social, que brindan las ganas de vivir con sus sonrisas. La mujer académica que cambia la vida de una persona con una sola charla. Se celebra la mujer que no importa cuántas veces se cae, siempre se levanta. A aquellas mujeres que levantan familias enteras de la nada. La madre cabeza de familia, la mujer que estudia y trabaja, la que trabaja y la que estudia. Se celebra y se homenajea a la enamorada y a la musa. A aquella que grita una injusticia, la que llora de felicidad. Se homenajea a aquella que sabe que el mundo está mal y lo quiere mejorar. Se sigue a aquella que es oveja negra del rebaño blanco, que va en contra del conformismo, que va en contra de la rutina, que va en contra de la masa y su dura corriente.

Ponencia - Foro Saga 10 Años

El ensayo que acá enlazo fue presentado en una clase de filosofía en el semestre 2009 - II. Con algunas modificaciones, lo presenté al Foro Saga 10 Años. Saga es la revista de filosofía de los estudiantes de la Universidad Nacional. Acá presentó el texto para quien quiera consultarlo, esperando revisarlo nuevamente para volver a mostrarlo.

Un especial agradecimiento a María Lucía Rivera, primer motor detrás de la idea de presentar este documento ante la comunidad filosófica.

Para ver dicho ensayo, clic acá.

Sé que hay algunos errores, tanto de argumentación como de redacción. Espero solucionarlos con una revisión mucho más precisa. Estaré al tanto de comentarios.

Resumen:
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El ensayo “Coercion an the Varieties of Free Action” de Peter Baumann, permite una nueva visión sobre lo que consideramos una acción libre. Partiendo de casos reales mostraré las tensiones filosóficas que implica aceptar tesis tradicionalistas de lo que es una acción libre, seguido a esto expondré las ideas baumannianas de lo que es una acción libre. A continuación mostraré el caso que trataré, indicaré cómo los puntos de la tesis de Baumann se aplican al caso, y finalmente daré mis conclusiones sobre en qué momentos podemos hablar de una acción verdaderamente libre.