18 de enero de 2010

La Pequeña Gran Diferencia

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La primera vez que llegó a mí el término '
Colombiano de bien' fue de la mano del personaje de Jaime Garzón, Godofredo Cínico Caspa. A partir de la exageración de los clichés más amargos de la ultraderecha colombiana se creó este personaje que defendía los valores, la moral y la tradición. Podríamos decir que Godofredo Cínico Caspa fue la caricatura que Jaime Garzón hizo de los más radicales TFP (Tradición, Familia y Propiedad) cuando estaban súper in en Colombia.

Godofredo Cínico Caspa hizo los guiones de las posiciones más pasionales e intolerantes que se dan ahora en ciertos círculos de derecha. Un absoluto apoyo al presidente y su gobierno, la negación de situaciones de vejación de derechos humanos, la estigmatización de cualquier fuerza opositora como subversiva, son algunas de las cosas que heredaron los colombianos de bien. ¿Cuántas veces no hemos escuchado que todos los estudiantes de universidad pública son terroristas o que todos los marihuaneros esos son un peso a la sociedad? Todos esos son ejemplos del tipo de argumentación que maneja el colombiano de bien: una fe ciega, pero con una lengua muy larga. Es como ver
un video titulado "¿Son Los Norteamericanos Estúpidos?". En dicho video se muestra la realidad de una parte de la población estadounidense: la confianza ciega en sus líderes y su ignorancia absoluta frente a la actualidad global y nacional. Me pregunto, ¿qué pasaría si se hiciera un video similar lleno de colombianos de bien? Pensar en el resultado me asusta, porque ese, a lo mejor, es el mayor defecto del colombiano de bien: que por creer que tiene la razón, desconoce un mundo de realidades, condiciones y situaciones que no le deberían ser ajenas. No si quiere ser un sujeto político integral.
Estando así la cosa, ahora vemos que el término 'colombiano de bien' se acuñó para respaldar actos de intolerancia, crímenes de odio y apoyo ideológico a proyectos violentos (en más de una oportunidad he escuchado a colombianos de bien que el proyecto narcoparamilitar 'salvó' a Colombia de convertirse en un país comunista). El discurso del colombiano de bien es un discurso que se basa en una sola premisa: ellos están bien, el resto está mal. Justamente ahí está el quiebre peligroso que se da en nuestra sociedad: una línea invisible entre los que quieren lo mejor para el país y a otro lado están los apátridas terroristas. Es un concepto peligroso el que subyace bajo esos títulos.

Pero la práctica nos muestra que es a la inversa. Con el tiempo uno aprende que la diferencia entre los 'colombianos de bien' y los 'buenos colombianos' no es algo tan ficticio. Para los colombianos de bien, que crearon esa línea, todo lo que no es como ellos, es algo digno de eliminar. Pero los que no estamos dentro de esa línea no nos consideramos 'terroristas' ni 'farianos', nos consideramos 'buenos colombianos'. Ese 'bueno' que se antepone al 'colombiano' se reduce a que no somos intolerantes, no somos abusivos, y no pensamos que el otro siempre esté en un error. Ante todo, la gran diferencia, es que el solo concepto de ser un colombiano de bien implica ponerse en un altar desde dónde juzgar todo.

'Adelante presidente, los colombianos de bien lo apoyamos', ¿entonces qué somos los que no lo apoyamos? Entonces los que creemos a tal punto en la democracia (tanto como para ver lo estúpido del llamado 'Estado de Opinión') ¿somos unos terroristas por no apoyar un tercer mandato? Pero claro, si los colombianos de bien siempre han apoyado a Uribe. No en vano Garzón, haciendo uso de su genialísima visión política, grabó un video (como Godofredo Cínico) hablando de Uribe. La frase con la que termina lo resume todo de una manera tan acertada que produce escalofríos: '(...) Uribe Vélez el dictador que este país necesita. Buenas noches'.

Pero detrás de la intolerancia y de los conceptos que se mueven tras los títulos, hay una verdad más densa y macabra. Si uno analiza bien el discurso del colombiano de bien se encuentra con el hecho de que dicho discurso es el de los grandes medios de comunicación, de los grandes emporios empresariales y, por supuesto, del gobierno nacional. No estoy asumiendo la posición de que todo uribista es una persona bruta o que le da pereza pensar (aunque conozco casos en que sí es así), simplemente resalto el hecho de que, en su gran mayoría, el discurso del uribista es un discurso que nunca se polemiza, que nunca se cuestiona. Que es, al fin y al cabo, un discurso copiado de alguna columna del intelectual José Obdulio Gaviria o de algún insufrible monólogo de Uribe (o algún peón) en algún consejo comunal. El colombiano de bien no es una mala persona, ni siquiera bruto. Es una persona que tiene tanta confianza en que sus creencias son las correctas y verdaderas que cualquier acto de cuestionamiento (incluso si proviene de ellos mismos) es un acto de traición y terrorismo.

Sí, a mí también me dan miedo los colombianos de bien y por eso canto: '¡Ay! Qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano, de no votar por Uribe ni tener corazón paraco'.

Cuña: Hoy la ministra de comunicaciones dijo que 'internet no es un medio masivo de comunicación' y que por tanto, la transmisión de consejos comunales iba a continuar por ese medio. Así es todo en este país: no teniendo suficiente con seguir negando que Uribe quiere ser candidato, se pusieron la Ley de Garantías de ruana.

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