24 de enero de 2010

El Mundo Siempre Ha Estado Jodido

Me duele lo de Haití. Tanta destrucción y tanta muerte en un solo lugar no pueden más que afectar el corazón de los que no somos ajenos al dolor del mundo. Leer crónicas como esta me producen escalofríos y dolor en el alma, no lo niego. De la misma forma, mirar artículos como este, en la que critican la solidaridad oportunista frente a la crisis en Haití, no dejan de llamar mi atención por lo verdadero de lo que dice. Y la verdad no nos puede ser ajena: de la misma forma que nunca valoramos lo propio, tampoco lloramos lo propio.

Yo sé que el Chocó no tiene un cubrimiento mediático importante, pero ahí mueren de hambre al día muchos niños, pero a nadie le importa un pepino. Y es que en realidad la mayoría de colombianos que hoy se preocupan por Haití, no tenían ni idea de las condiciones de desigualdad y hambruna que vivía este país. Porque hay que ser sinceros: la crisis humanitaria de Haití viene de mucho antes del terremoto: una serie de gobiernos corruptos, esclavitud y pobreza han sido siempre constantes en la historia de Haití. Lo que hizo el terremoto fue poner toda la atención mediática en el asunto. Dicho de otra forma: los medios hicieron evidente la situación.

Con los medios involucrados se generó una lástima masiva mezclada con un deseo de hacer el bien y de repente el corazón colombiano se involucró de fondo con la causa haitiana. Eso es increíble, me parece muy noble y muy bueno. Pero de la misma forma, retomo la crítica de la columna de García: ¿dónde están todos esos colombianos cuando es su propia patria las que los necesita? El genocidio awá pasa desapercibido, la pobreza y las crisis humanitarias del Tapón del Diarén, el hecho de que en Chocó se le dé la bienestarina a los cerdos, que nuestros campesinos tienen que venirse a la ciudad a morir en esquinas de hambre y frío... todo eso pasa desapercibido. Al menos para la gran mayoría. Solo cuando hay una crisis coyuntural (o alguien famoso se expresa sobre la situación) de repente el foco se pone en Colombia por unos cortos y contados momentos. Después, las luchas vuelven a ser solitarias, heroicas y perdidas.

Los medios de comunicación colombianos informaron con orgullo que las donaciones para Haití sobrepasaron lo que se esperaba. Eso es bueno. Se han realizado conciertos, plantones y otras actividades en apoyo, todas esas acciones son honorables. Mi pregunta viene siendo -sin querer juzgar a quienes tomaron parte activa en las ayudas a Haití- ¿por qué no podemos ser así de organizativos y así de solidarios con nuestro propio pueblo y nuestras propias necesidades? La verdad, solo puedo llegar a la conclusión de que porque no hay medios de comunicación involucrados. La gente en Colombia sabe que las cosas pasan, pero no siente que las cosas pasen. El negrito que se muere hambre no nos toca, el campesino que pasa frío y se enferma en una esquina de Bogotá o Medellín tampoco nos toca. Para el vecino sí somos diligentes y rápidos en nuestras acciones.

Yo solo pido una reflexión sobre nuestro proceder como pueblo: reconozcamos las necesidades que pasa nuestra gente, no dejemos que los medios de comunicación dicten qué es lo importante en nuestras vidas. Sé que al final son solos los medios los que mandan la parada porque a final de cuentas, cuando ya Haití deje de estar en las portadas, la gente se desentenderá de la situación y allá seguirán pasando hambre. De la solidaridad colombiana sólo quedarán afiliaciones a páginas y grupos en Facebook del tipo 'Hoy rezo por Haití'. Nuestra solidaridad tiene que ir más allá de una afiliación a una página, más allá de la indignación ante una realidad que no nos debe ser ajena. Más allá de cualquier sensación de empatía por los pobres negritos que se mueren de hambre, es reconocer en ellos, en cualquier parte del mundo que se encuentre el desposeído, la innegable necesidad de hacer de este mundo un lugar mejor.

Seamos solidarios, pero no solo ante coyunturas televisadas internacionalmente. Lo que pasa en Colombia, en sus distintos rincones, sobrepasa el imaginario de lo que cualquier diario sensacionalista o noticiero amarillista podría llegar a crear. Nuestra realidad es más funesta que las peores fantasías. Haití mañana seguirá siendo el pueblo más pobre de este hemisferio, pero mañana, cuando ya los medios no lo cubran, a usted, posiblemente, no le importará. De la misma forma que al colombiano promedio, mientras que no exploten la noticia con cierta morbosidad, no le importará en lo más mínimo si en Chocó, Guaviare, Cesar o Casanare se mueren de hambre y enfermedades fácilmente curables, decenas de niños al día.

Esta es Colombia, y Colombia es pasión... por todo lo que no sea colombiano.

2 comentarios:

  1. cuánta razón en tus palabras! sin perjuicio del dolor que produce Haití, incluso antes de la tragedia. Pero parece que cuanto más lejos, más solidarios. En Argentina apareció una corriente de señores muy prontos a adoptar niños haitianos (pero jamás fueron a ver si había niños argentinos necesitados de adopción. Te recomiendo la canción "Haití" de Gilberto Gil y Caetano Veloso. Un poco habla de lo que hablás.

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  2. Gracias Agustín, escucharé con atención la canción que me recomiendas. Es dura la realidad que expresas y la que intento exponer en esta columna. El dolor nos duele más en cuero ajeno que propio. Fraternal abrazo desde Colombia!

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