10 de diciembre de 2009

Día Internacional de los Derechos Humanos/El Chiste del Día en Colombia

Nota publicada en el portal Blog de publicaciones Semana. Para ver ese enlace, haga clic acá.

"No es tarea fácil educar jóvenes. Adiestrarlos, en cambio, es muy sencillo"

Rabindranath Tagore.

Para conmemorar la Declaración Universal de los Derechos Humanos (firmada en 1948), la ONU en 1950 declaró el 10 de diciembre como el Día Internacional de los Derechos Humanos. Cabría hacer una reflexión frente a este día teniendo como referente, entre otras cosas, el hecho de que ayer el gobierno finalmente se dio el contentillo de prohibir el porte de la dosis mínima.

Los Derechos Humanos se oficializaron para no permitir que un suceso como el genocidio de la segunda guerra mundial ocurriera de nuevo. El documento, si bien no tiene ningún peso jurídico, busca resguardar las libertades de los pueblos y de los individuos a lo largo y ancho del planeta. La libertad, la igualdad y las políticas de no discriminación, son los puntos centrales en la Declaración.

Parece que el universo tuviera sentido del humor. Pinochet, una de las personas que más violó derechos humanos (en la dictadura chilena), se murió un 10 de diciembre. Por otro lado, justo un día antes de la celebración, la dosis personal fue finalmente ilegalizada. ¿Cómo podemos hablar de un estado social de derecho, de libertades y de sujetos autónomos, cuando estamos entrando en un punto donde el estado se mete en la vida de las personas y regula cómo las debe vivir?

Es que la lucha por la dosis mínima no era una lucha para poder trabarse en un parque. La lucha por la dosis mínima es la lucha por el ejercicio de las libertades individuales, de la libertad de conciencia y del libre desarrollo de la personalidad. Todo consagrado en la Declaración Universal, todo consagrado en nuestra maltrecha constitución. Pero nada de eso se da. Al menos todavía tenemos una esperanza: queda el recurso de la Corte Constitucional. Ellos todavía tienen que legitimar lo que el legislativo aprobó. Queda la esperanza de que la Corte Constitucional no se arrodille y permita el ejercicio de las libertades individuales.
Así celebramos el Día Internacional de los Derechos Humanos en Colombia: coartándolos a más no poder. De nada sirve que hablemos de democracia, de autonomía y de derechos, cuando están siendo cada vez más reducidos por políticas que ocultan intereses morales y religiosos. En Colombia no celebramos este día porque disfrutamos los Derechos Humanos a cabalidad, lo celebramos porque tenemos la esperanza de que alguna vez un cambio político nos los brinde.

Pero aun así mantenemos ese optimismo de patriotas idiotas. Pensamos que al prohibir el porte de la dosis vamos a arreglar el país y que la juventud no se va a corromper. No se engañen, moralistas, a la juventud le hace daño cosas más graves que un cigarrillo de marihuana. El moralismo reina en estos días. Volvemos a la época que abstenerse es la única forma de tener una sexualidad sana, mientras tanto nos hacemos de la vista gorda ante cualquier tipo de política progresista.
Un ejemplo de eso es cómo esta semana monseñor Ordoñez, procurador de la nación, dijo que la píldora del día después era abortiva (ante la propuesta de Rafael Pardo de darla a niñas menores de edad) y ordenó sacar una serie de pastillas del mercado.

Mientras tanto, socialmente seguirá estando mal que yo salga a fumarme un porro en la noche. Estará mal que tome una decisión personal, racional y madura. Estará mal que las niñas, intentando salvaguardar su vida, y haciendo legítimo uso del derecho sobre su propio cuerpo, compren una píldora del día después, serán pecadoras, asesinas y demás.

Hoy se celebra el día Internacional de los Derechos Humanos. Yo, desde la intimidad en la que escribo esto, celebro el hecho de que, por el momento, publicar una columna no es punible.

Cuña: En este video se explica muy bien en qué consiste el nuevo panorama político que la prohibición impuso. Seguimos con Dosis de Personalidad intentando revertir la medida.

1 comentario:

  1. Ya no podemos ni mirar por la ventana. Yo miro es por la rendija, y veo toda infamia, toda injusticia. pero este es un pueblo adormecido, que cuando despierta, piensa y expone, le cortan la cabeza...

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