7 de noviembre de 2009

En El Ombligo de Bogotá, Pt. I - Lugar

-Huy marica, ¡Se parece a la L!
-Jajajaja, sí... Chiste tan macabro.

El tango y la buena compañía dan de que hablar. La risa se da siempre que está las sonrisas. La cerveza ni siquiera aturde a las mentes. No las vuelve lentas. Un maestro, la undécima letra del alfabeto y mi persona terminamos haciendo un trío de caminantes. ¿A dónde nos lleva la noche?

La música suena sobre un viejo
tocadiscos. El humo se espesa en los techos de asbesto, y las pisadas suenan como sordos golpes en un piso de madera. La caída de la noche nos presta para una necesaria huida. Todo se cae de a pedazos... Nosotros somos el más grande.

Comencemos a caminar, avancemos sin mirar atrás. Que los buses nos sirvan para llegar al hogar se vuelve irrelevante y nos da igual, siempre es así, ¿qué
carajos acaba de pasar? Llegamos a una vivienda salida de un cuento. Las paredes podrían ser de galleta, o de vino, o de vicio. Todo puede pasar. Se entra a un lugar del que, ya sé, con toda seguridad, sobrio no se puede abandonar.
Jazz suave de pareja. Basura completa para los que acá estamos conspirando. Nada de amor, estamos en tertulia y se desea únicamente más alcohol. El vino se da por montón. Un Cristo bohemio no lo duplicó, pero sí dio más dinero para comprar al por mayor. Una habitación con fotografías, retratos de mejores días. En la cama una mujer nos recibe con una tímida sonrisa: en el fondo yo sé que es fingida. Si está mal, no voy a preguntar, igual me voy a enterar. Y si no está mal... La noche que nos espera será espectacular.

Calles empinadas, mal taponadas y con corredores olímpicos frustrados: te pueden tocar y avanzar y ni siquiera te alcanzas a fijar.
Casitas del Barrio Alto, pero que es bien bajo. En límites con nuestro Egipto y nuestro propio portal de Belén. Subimos a un lugar, botellas de vidrio colgadas del techo con un nylon. Arte en todo lugar, afiches de películas que no pudieron triunfar. Están, en esas paredes la historia de todo el teatro que nunca se volvió a montar.

Lugar de Concentración: Dos camas para quien quiera actuar. Aunque en este preciso instante no es la ocasión. Paredes pintadas y canarios sin jaula. Una ventana que da a una luz tenue. Me sentí escribiendo esto desde ese preciso momento. Paredes rayadas, obras de arte
inacabadas, piso calcinado y cenizas esparcidas por todo el lugar. Esto es un cultivo de lo que se quiera consumir, hay vino, hay vicio y la noche hasta siempre puede seguir.

Inicia la música. Pronto una seña se deja en una pared.

En El Ombligo de Bogotá, Pt. II - Personas
En El Ombligo de Bogotá, Pt. III - Arte

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