27 de diciembre de 2009

Vecinos

*

D.N,,
música que me hizo detener mi paso frente a la ventana.


"Con mi viejo hablamos mucho de ese tema. Él decía que si bien hay distintos tipos de música, en el fondo sólo había dos: la que servía para que todo siguiera igual, para que nada cambiara nunca, y la que intentaba transmitir algo, sentimientos, ideas, fuerza".

Roy Berocay en Pequeña Ala.


Nunca se habían hablado. Es más, me atrevería a decir que nunca se vieron frente a frente. Los únicos recuerdos que habitaban los espacios silenciosos del olvido eran siluetas vagas y oscuras. A pesar de las distancias y de la ausencia de recuerdos, la relación entre Daniel y Andrés era bastante particular. Tan particular como lo puede permitir la tristeza innata de los subbarrios en la parte noroccidental de Bogotá. Allí, en ese desagradable sitio, la ciudad se tornaba una mezcla asquerosa de realidades. Era un paisaje de edificios enfermos terminales, cada uno más gris que el anterior.

Era un típico barrio intento de burgués que ahora tanto abundan en Bogotá. No soy bueno para los nombres, pero sé que hubo alguien importante que dijo que cuando hubiera sangre en las calles, comprara propiedades. No sé si los grandes empresarios bogotanos lo sabían pero ese ejemplo lo siguieron. En menos de nada comenzaron a abundar, en los límites entre barrios de estrato alto y algunos barrios de estrato bajo de la periferia, edificios tras edificios. Eran urbanizaciones pequeñas pero con muchas torres dentro. Hacían conjuntos inmensos adyacentes, así quedaban cuadras completas de esos nuevos
minibarrios. Esas urbanizaciones eran intentos desesperados de tomar gente incauta, deseosa de poder tener algo de contacto con la vida de la crema y nata de Bogotá. Era un intento para poder alcanzar ese estilo de vida alto. Por eso, esos apartamentos eran cajitas de sardinas elevadas por el poder del concreto y el cinismo de constructores. Tres habitaciones pequeñas y un dizque estudio. Como lo dije: era un intento desesperado.

La gente que vivía allí era, en su inmensa mayoría, clase media frustrada de nunca haber podido alcanzar la
elite de Bogotá. Eran todos peones de corbata gris y horarios de oficinista. Fanáticos de los colombianos de bien y guardines de la moral. Era un barrio donde cualquier intento de individualidad juvenil era brutalmente aplastado por el peso de lo correcto y decente. Este barrio se situaba entre el súper almacén de renombre y las típicas tienditas de un barrio popular. Era el perfecto criadero de pequeñoburgueses de segunda generación. En esas cuadras nunca se desarrollaban historias. Era el punto medio entre las casitas del barrio alto y las casas de cartón

De vez en cuando había casos excepcionales de embellecimiento local. Pequeños sucesos de rebeldía cargada de sonrisas. Eran momentos bellos, cortos pero absolutamente fantásticos. Eso, ahora lo pienso en retrospectiva, era lo que más me gustaba de la posición que yo tenía dentro de ese circo. Yo lo podía ver todo, me podía enterar de todo. La noche se prestaba como el perfecto escenario para conocer cómo se comportaban las personas verdaderamente. Era el único momento para ver a las personas que se negaban a encorbatarse, a llorar en los baños y a hablar de marcas de carros. Fue en ese escenario nocturno que conocí a Andrés y a Daniel.

Mi turno siempre era en la noche. Me era preferible dado que podía pasar el tiempo con mis hijos hasta el atardecer, y cuando llegaba en la mañana los alcanzaba a ver antes de que se fueran para el colegio. Descansaba en la mañana, mi señora se iba a su trabajo y al medio día yo preparaba almuerzo para los muchachos. Mucho tiempo pensé que mi vida era dura, después me di cuenta que me vida, en esta sociedad, no solo es normal sino que es mejor que muchas otras. Justamente estar abajo de la cadena alimenticia de la economía de esta sociedad me permitió ver cómo es que en esa masa desagradable que es la
lumpenburguesía bogotana la gente era más egoísta, más triste y menos sensible.

Esa era una tierra sin padres. Las niñas de quince años se vestían como señoritas mayores, y los muchachos andaban con los pantalones en los muslos (ni yo, ni mis hijos tiempo después, supimos nunca a qué se debía eso). A las seis de la tarde de cualquier día entre jueves y sábado, sagradamente los muchachos salían a beber, fumar y a compartir penas en formas diversas. Música, fiesta, alcohol y drogas eran las visitas constantes. En medio de esa mar de uniformidades nadie se reconocía como individual, ni siquiera cercano a lo original.

Todo eso fue hasta que una noche llegó el muchacho que vivía en el séptimo piso. Después me vine a enterar que se llamaba Daniel. Llegó una noche a la madrugada, borracho, a lo mejor drogado. Se sentó en el mesón de la portería y me preguntó si tenía tinto y si le podía dar. Le brindé el café. Diciendo desvaríos se fue desvaneciendo al frente mío. Llegó un punto, como si hubiera recordado algo que tenía que hacer con urgencia, que se levantó de improviso.
-Alguien está tocando piano-, me dijo calladamente, como si fuera un secreto. Yo nada sabía de eso, para mí música era algo bailable, jamás profundicé en la idea de arte, pero a este muchacho le brillaban los ojos, se emocionaba al escuchar las teclas suaves que sonaban a esa hora de la madrugada.
-¿Qué está tocando?-, le pregunté.
-No tengo la menor idea-, me respondió, -pero eso lo tocaba mi papá cuando yo era más chino. ¿En qué apartamento hay un piano? Porque eso no es una organeta-, continuó preguntando.
-Es en el primer piso-, respondí, -hace poco se mudaron. Creo que es el muchacho el que toca. -Fabuloso-, sentenció Daniel y fue a sentarse en una banca que quedaba al frente de la sala del pianista desconocido.

Muchas noches, partiendo desde la casualidad, el azar y la suerte, esta escena se repitió. Daniel bajaba altas horas de la noche a fumar, y algunas de ellas el pianista desconocido tocaba. En esas noches Daniel se sentaba en la banca de siempre a escuchar a ese pianista que tocaba casi siempre el mismo repertorio, como si lo estuviera repasando una y otra vez. Una noche Daniel llegó después del ritual y me dijo:
-Se llama Andrés. La mamá lo llamó y le dijo que dejara de tocar, que estaba muy tarde, y lo llamó Andrés. El pianista se llama Andrés-, concluyó. El misterio, más que resolverse tomó un tinte personal. Tan personal que ya casi era una historia de al menos una vez por semana.

Ni Andrés ni Daniel resaltaban
positivamente dentro del barrio. Andrés, por un lado, no se le veía más que cuando salía al colegio. Tendría unos 16 años. Por otro lado Daniel, un poco mayor, sólo salía en las noches, y en el día no se le veía rondar por el barrio. Los dos eran bastantes odiados dentro del conjunto. Uno por hacer ruido a altas horas de la noche. El otro porque los guardianes de la moral pensaba que era aceptable que las niñas de quince años vomitaran el alma en un parqueadero a la madrugada, pero les parecía desagradable y criminal que Daniel saliera a fumar algo más que cigarrillo en las horas de la noche. Aun y cuando nadie estaba en el parque a esas horas.

En realidad más allá de los nombres y de lo que hacían en las noches nunca pude saber nada de ninguno de los dos. Andrés nunca se dejaba ver. Siempre salía música de su casa (tocada por él o puesta en equipos) y aunque con Daniel de vez en cuando yo charlaba, la conversación siempre se movía en los mismos parámetros. Era estudiante de algo de humanidades... De eso que mi generación dice que uno se muere de hambre. Siempre que hablábamos me contaba de los disturbios en su universidad, y de por qué era necesario arremeter contra el estado desde las armas de la academia, la inteligencia y la investigación. No sé a razón de qué yo lo escuchaba, pero me resultó estimulante en más de una ocasión. Si uno oía a ese muchacho por más de media hora terminaba pensando en que cambiar el mundo era algo plausible. Pobre chino... ¿Qué habrá sido de sus sueños?

**

Fue una noche en la que me tocó servir de recorredor en la que me di cuenta de qué punto de empatía habían logrado dos personas que a penas y se conocían. Daniel, sentado en la oscuridad del parque escuchando tocar a Andrés, se reía. Bastó que me acercara un poco para poder notar en el aire un fuerte olor que no era tabaco. Cuando me aproximé a Daniel, para advertirle que los vecinos podrían comenzar a molestar, me calló con la mano.
-¿Sí escucha esa pieza, cela?- Me dijo-. Esa canción no es música clásica-, siguió explicándome-, es un piano de una canción de gótico. No recuerdo la canción, pero sé que no es clásica. Imagínese esta escena, yo fumando, usted a hacer de ley y orden, y el arte, como en el mundo real, sirviendo de telón de fondo para el desarrollo de una realidad más triste y oscura. ¿Sí lo nota cela?-, prosiguió, la sala de él está iluminada, nosotros estamos sentados en la oscuridad, esperando los sonidos que salen de esa luz. Lo máximo que yo llegué a tocar en piano fue la canción que aparecía en la presentación de los comics de la Warner-.
En ese momento Andrés interrumpió la canción que tocaba hace más de tres minutos y comenzó una canción alegre y risueña.
-Esa es la canción-, me dijo Daniel con risa atragantada. Ahí me di cuenta que no sólo Daniel visitaba al pianista, sino que Andrés disfrutaba de las visitas del extraño público. Yo seguí haciendo la ronda y partí.

Era un mutuo respeto. Eran dos personas que no se conocían pero se tenían una suerte de estima. Nunca lo supe, dado que en la mañana trabajaba, pero no creo que se hayan siquiera cruzado alguna vez. Si lo hicieron dudo que hayan sabido quién era quién. Detrás de los velos de esa sala en la que Andrés tocaba, y detrás de la oscuridad de la noche en la que Daniel escuchaba quedaba el rostro intacto de quien nunca había sido visto y, hasta el día de hoy lo pienso, no quería ser visto.

Una noche Daniel llegó a la madrugada a la portería. Me saludó calladamente. Salió y se sentó en el andén que quedaba al frente a fumar allí. Cuando entró le pregunté que por qué no había ido a donde Andrés.
-Se fue-, me respondió-, se debió haber mudado en estos días. La verdad no me di cuenta, embarrada. Ahora las noches son más silenciosas, ¿no le parece cela?-
Asentí con la cabeza, me pareció que había terminado un muy bonito episodio de empatía. Fue triste. En la mañana cuando llegué a mi casa, tomé una decisión que iba a cambiar por siempre el futuro de mis hijos: le dije a mi señora que quería que tuvieran clases de música.

***

Recuerdo muy bien la última noche que vi a Daniel. Era la época de las novenas, unos meses después de que Andrés se fue a vivir quién sabe a dónde. Al principio de la noche vi a Daniel sentado detrás del parque mientras todos los residentes rezaban la novena. Aquella noche, observé los ojos de Daniel desde la distancia. En ese momento supe que él no participaba de esos rezos no como una falta de respeto, sino que en realidad pensaba lo mismo que yo de esos actos: no eran rezos, no eran fiestas religiosas. Era la oportunidad perfecta para que, oculta en benevolencia y ganas de socializar, los vecinos tasaran como vivían sus cohabitantes. Poderse echar puyas, poderse poner joyas y poder sonreír falsamente. Daniel me vio mientras yo lo observaba. Se sonrío e hizo un ademán con la mano emulando un revolver y se apuntó a la cabeza.

Pasada la media noche a mi turno le correspondía recoger la basura que los buenos samaritanos habían dejado a su paso. De hecho eso era bastante común en ese conjunto. En más de una ocasión algún compañero mío tuvo que recoger los carros del mercado (que la administración dio para facilidad de los residentes) en algún ascensor o parqueadero. La pereza no dejaba que el que lo había usado lo dejara en el puesto que lo encontró. La verdad siempre me quedé con ganas de escupirle a alguien que encontrara haciendo eso. Esa noche que nos pusieron a recoger vasitos de icopor (que eran muchos, la verdad) vi a Daniel sentado en la silla del ex apartamento del pianista. Estaba fumando, pero algo, además de la presencia del joven muchacho, llamó mi atención: la luz del apartamento estaba encendida. Se habían mudado esa tarde, y yo no me había dado cuenta.

-Entonces... ya llenaron el apartamento-, le dije a Daniel.
-Sí-, respondió él-, ¿no le parece más triste ahora, cela?
-No le sabría decir-, respondí (y es que la verdad no sabía).
-Sí, piénselo-, continuó-. Antes el apartamento estaba cargado de una magia llena de arte. Un piano postrado a la esquina de la sala. Sí, el espacio se reducía, pero imagínese todo lo que se creaba. Andrés tocó al ritmo de un pájaro, de una gota de lluvia al caer. La belleza de ese piano radicaba en todo lo que lo rodeaba. Después la sala, al igual que todo el apartamento, estaba vacía. No era triste, era melancólico. Era una nostalgia bonita, una tímida, que se atrincheraba entre las horas que recorren el día. Era una nostalgia que no quería ser vista, que se escondía detrás de las sonrisas de quien pasábamos por acá y nos preguntábamos por Andrés por usted o por mí. Ahora mire cela, mire esa habitación. Hay una mesita de té inglés sobre un tapete de imitación persa. ¿Sí ve la pared? Ahí postrado como si de hecho hiciera algo, un Jesucristo de piedra y madera que nada va a hacer por sus conciencias desalmadas. Ahí arriba del sofá un cuadrito que debió haber hecho algún pintor de esos que se paran en la esquina. ¿Acaso la ama de casa que lo compró sintió que hizo una buena acción al comprarlo? Mire, mire cela cómo termina la escena... Ahí, en un altar una biblia gigante abierta. ¿Con qué fin? Como si ser buenas personas estuviera mediado por cuántas veces leemos cosas sin sentirlas... ¿Sí ve, cela? Se murió un espíritu acá. El apartamento vacío era unos puntos suspensivos, ahora, esta casita es de cuento, de un cuento malo. Es tristemente perfecta Ahora en este apartamento vive sociedad, no personas. ¿Se ve mucho más triste, no? Como si algo se hubiera muerto.
-Omítalo entonces-, dije impestivamente-, como si se hubiera muerto. Es mejor así, ¿no? Ni siquiera se conocieron bien, ¿no?
-¿Qué es conocer, cela? Se perdió un artista, y ahora queda una casa de godos... Sinceramente prefería este apartamento vacío-.
Después de un momento de silencio Daniel apagó su cigarrillo contra el ladrillo que daba al marco de esa ventana. Me miró con unos ojos que decían
'¿Sí ve, cela? Este mundo es una mierda...'.

Al medio día de la mañana siguiente me llamaron de la empresa de seguridad en la que trabajaba. Me iban a trasladar. ¿El motivo? A la madrugada se habían metido a robar en un apartamento. Los nuevos residentes, que perdieron su juego de té inglés en su primera noche ahí, estaban indignados.

25 de diciembre de 2009

Crítica a la Doble Moral

"La moral es más peligrosa que el SIDA" (Grafiti hecho en Montevideo).

Yo soy malo porque fumo.
Yo soy malo porque bebo.
Yo soy malo porque las letras son mi camino.
Yo soy malo porque la poesia es mi sangre y alegría.
Yo soy malo porque mi Dios no me obliga a arrodillarme sino me pide hablarle.
Yo soy malo porque mambeo algo más que caramelo.
Yo soy malo porque fumo al indio y no a un vaquero.
Yo soy malo porque fumo lo que le gusta al indígena y no lo que enriquece al capitalista.
Yo soy malo porque a nadie hago promesas de amor eterno, sino que a todas, desde un principio, les soy sincero.
Yo soy malo porque soy tan correcto que lo soy incluso en lo incorrecto.
Yo soy malo porque la honestidad en un mundo así es un error.
Yo soy malo porque ser uno en este mundo es pecado.

Y aquel, aquel que me juzga...

Se cree bueno aun y cuando su cuerpo es templo profanado.
Se cree bueno pero es el que llega y hace de su mujer un costal de boxeo.
Se cree bueno pero su quincena alcanza para un par de botellas.
Se cree bueno pero hace de su doble moral, su única realidad.
Se cree bueno pero borracho confiesa su inocuidad.
Se cree buena pero con todo el mundo se acuesta, jurando amor que en la mañana va a acabar.
Se cree buena pero ni siquiera por sus traiciones pide doce monedas de plata.
Se cree buena pero todas las noches se emborracha.
Se cree buena y no es más que una chica plástica.
Se cree buena pero se baja la falda al llegar a casa, se quita el maquillaje para visitar a la tia, y no dice groserias al frente de la abuela, para que ésta siga siendo fuente de buena economía.
Se cree buena pero es tan falsa como la de democracia en Colombia.
Se cree bueno y en la mañana se pone en dos para orar, y en la noche pone en cuatro a sus víctimas para poderlas violentar.
Se cree bueno pero a su hija volvió una Electra confesada.
Se cree bueno y nada de su verdad confesará.
Se cree buena y cree que esta verdad nunca le atañará.
¡Qué equivocados están!

Y aun así...
No dejan de juzgar.

Ilustración por Bansky.

15 de mayo de 2009

17 de diciembre de 2009

Carta al Niño Dios

Columna publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, haga clic acá.

Querido niño Dios,

aunque mucho te piden, yo quisiera que tuvieras la misma prioridad para mis pedidos, que el gobierno tuvo para los subsidios de AIS de los amigos del referendo. Es que seamos sinceros, niño Dios, si el cielo es algo parecido a esta patria, a uno lo escuchan solo si tiene amigos en las altas esferas.
Quisiera, no obstante, abusando de tu benignísima opulencia, las siguientes cosas:
1. Un mejor presidente. La verdad el actual ya deja mucho que desear. Sí, ya se puede viajar a Melgar, pero creo que los mal llamados falsos positivos son un costo muy alto por la bronceada.
2. Un sistema de coladores y diques en los ríos que me atraviesan. Sería bueno separar tanto hueso humano de espina de pescado. Cortesía de Mancuso, Jorge 40 y los demás amigos que me intentaron refundar.
3. Logos de colores o en su defecto logos holográficos distintivos. Es que entre tanto verde camuflado no se distingue nada entre los héroes de la patria que tienen por tipo de sangre falso positivo, los colombianos de bien que hacen certeros golpes a los insurgentes (signifique eso lo que signifique), y los marxistas trasnochados que creen que dañando inocentes van a hacer revolución.
4. Un cigarrillo de marihuana para el excelentísimo señor presidente de la república, doctor Álvaro Uribe Vélez para que se dé cuenta que no, eso no mata ni hace adicto si se hace con responsabilidad.
5. Un programa de rehabilitación para el excelentísimo señor presidente de la república, doctor Álvaro Uribe Vélez, dado que él es adicto ya (al poder), es muy plausible que se nos haga adicto a algo tan simple como la marihuana.
6. Un poco de verguenza, dado que este pueblo de eso ya no tiene. Nombra guerrilleros de gestores de paz, tiene un Ralito de marmol en el Capitolio, y el estilo de vida de traqueto es aceptable.
7. Un pedido para otra persona, niñito Dios: Dale a Chávez más prudencia y el don del silencio, que gracias a él, Uribe todavía se nos monta en las encuestas de esta herida nación.

8.
Un noticiero que no tenga -de las dos horas de duración- una hora y veinte para entretenimiento, 30 minutos para deporte, y diez minutos para noticias reales.

9. La posibilidad de hacer viviendas en el mar. Dado que la mitad de mi territorio se la dan a la palma africana, ya no tengo dónde hospedar a los migrantes internos (en palabras de José Obdulio Gaviria).

Y ante todo, querido niño Dios, apiádate de este pueblo netamente católico y no te aproveches de su estupidez, recuerda que Dios iluminó a los colombianos ofreciéndonos tres virtudes, pero sólo podemos tener dos. Por eso finalmente te pido:

10. Algo de inteligencia para los que me pueblan. Algo de sinceridad, de honradez y de sentido de común para hacer del 2010 un año en que no se derrame tanta sangre.

Att,
tu más grande admirador: Colombia, la patria del sagrado corazón, la papa y la motosierra.
(Papá Noel es una lámpara al lado tuyo).

10 de diciembre de 2009

Día Internacional de los Derechos Humanos/El Chiste del Día en Colombia

Nota publicada en el portal Blog de publicaciones Semana. Para ver ese enlace, haga clic acá.

"No es tarea fácil educar jóvenes. Adiestrarlos, en cambio, es muy sencillo"

Rabindranath Tagore.

Para conmemorar la Declaración Universal de los Derechos Humanos (firmada en 1948), la ONU en 1950 declaró el 10 de diciembre como el Día Internacional de los Derechos Humanos. Cabría hacer una reflexión frente a este día teniendo como referente, entre otras cosas, el hecho de que ayer el gobierno finalmente se dio el contentillo de prohibir el porte de la dosis mínima.

Los Derechos Humanos se oficializaron para no permitir que un suceso como el genocidio de la segunda guerra mundial ocurriera de nuevo. El documento, si bien no tiene ningún peso jurídico, busca resguardar las libertades de los pueblos y de los individuos a lo largo y ancho del planeta. La libertad, la igualdad y las políticas de no discriminación, son los puntos centrales en la Declaración.

Parece que el universo tuviera sentido del humor. Pinochet, una de las personas que más violó derechos humanos (en la dictadura chilena), se murió un 10 de diciembre. Por otro lado, justo un día antes de la celebración, la dosis personal fue finalmente ilegalizada. ¿Cómo podemos hablar de un estado social de derecho, de libertades y de sujetos autónomos, cuando estamos entrando en un punto donde el estado se mete en la vida de las personas y regula cómo las debe vivir?

Es que la lucha por la dosis mínima no era una lucha para poder trabarse en un parque. La lucha por la dosis mínima es la lucha por el ejercicio de las libertades individuales, de la libertad de conciencia y del libre desarrollo de la personalidad. Todo consagrado en la Declaración Universal, todo consagrado en nuestra maltrecha constitución. Pero nada de eso se da. Al menos todavía tenemos una esperanza: queda el recurso de la Corte Constitucional. Ellos todavía tienen que legitimar lo que el legislativo aprobó. Queda la esperanza de que la Corte Constitucional no se arrodille y permita el ejercicio de las libertades individuales.
Así celebramos el Día Internacional de los Derechos Humanos en Colombia: coartándolos a más no poder. De nada sirve que hablemos de democracia, de autonomía y de derechos, cuando están siendo cada vez más reducidos por políticas que ocultan intereses morales y religiosos. En Colombia no celebramos este día porque disfrutamos los Derechos Humanos a cabalidad, lo celebramos porque tenemos la esperanza de que alguna vez un cambio político nos los brinde.

Pero aun así mantenemos ese optimismo de patriotas idiotas. Pensamos que al prohibir el porte de la dosis vamos a arreglar el país y que la juventud no se va a corromper. No se engañen, moralistas, a la juventud le hace daño cosas más graves que un cigarrillo de marihuana. El moralismo reina en estos días. Volvemos a la época que abstenerse es la única forma de tener una sexualidad sana, mientras tanto nos hacemos de la vista gorda ante cualquier tipo de política progresista.
Un ejemplo de eso es cómo esta semana monseñor Ordoñez, procurador de la nación, dijo que la píldora del día después era abortiva (ante la propuesta de Rafael Pardo de darla a niñas menores de edad) y ordenó sacar una serie de pastillas del mercado.

Mientras tanto, socialmente seguirá estando mal que yo salga a fumarme un porro en la noche. Estará mal que tome una decisión personal, racional y madura. Estará mal que las niñas, intentando salvaguardar su vida, y haciendo legítimo uso del derecho sobre su propio cuerpo, compren una píldora del día después, serán pecadoras, asesinas y demás.

Hoy se celebra el día Internacional de los Derechos Humanos. Yo, desde la intimidad en la que escribo esto, celebro el hecho de que, por el momento, publicar una columna no es punible.

Cuña: En este video se explica muy bien en qué consiste el nuevo panorama político que la prohibición impuso. Seguimos con Dosis de Personalidad intentando revertir la medida.

4 de diciembre de 2009

Nicolás Castro - Un Nuevo Falso Positivo Judicial


Esta entrada fue publicada en el portal Blog. Para ver dicha entrada, haga clic acá.

El FBI estuvo involucrado en una operación en Colombia. No, no iban por un narcotraficante, tampoco iban por un jefe paramilitar o guerrillero. Tampoco lo trajeron para investigar la corrupción estatal. La última entrada del FBI en Colombia fue para hacerle seguimiento y capturar a Nicolás Castro, estudiante de Bellas Artes de la Tadeo acusado de 'instigación para delinquir agravada en calidad de autor' enfrentando una pena de entre 6 y 15 años. La acusación se da porque Nicolás Castro creó, en julio de este año, un grupo en Facebook llamado "Me comprometo a matar a Jerónimo Uribe, hijo de Álvaro Uribe". Si bien el grupo no estuvo en la red más de quince minutos, eso fue suficiente para que los aparatos estatales de inteligencia iniciaran una frenética investigación. Dicha investigación terminó el miércoles cuando arrestaron a Nicolás Castro en Chía. Para levantar los cargos la Fiscalía se ha agarrado de la tesis de que algunos de los que se hicieron miembros del grupo (reitero que el grupo sólo duró 15 minutos en la red) eran integrantes de las FARC.

Considero que Nicolás Castro se fue de
-->lengüilargo y se le olvidó el país en el que estamos viviendo. Este es un país donde la policía se va a desaparecer periodistas, donde el ejército hace falsos positivos, donde matan estudiantes, es un país en el que un profesor puede ser arrestado por no está de acuerdo con el gobierno. En un país así, donde la libertad de opinión, de expresión y de desarrollo son meras ilusiones uno ni de vainas dice que va a matar al hijo del presidente.

Difiero de las opiniones que dicen que a Nicolás Castro hay que judicializarlo, es más, me hice miembro de un grupo que exige su inmediata liberación. Me parece que es una exageración. No considero que Nicolás Castro haya sido parte de un plan criminal, simplemente fue una persona que le dio por hacer públicas sus opiniones personales. De ahí a que se pueda decir que él tenía planeado asesinar al hijo de Uribe, hay mucho trecho. Es más, si tomáramos en serio cada amenaza que se da en la red, ¿dónde están los procesos contra los que han creado grupos de odio (que hasta dicen que quieren buscar sicarios) en contra de los senadores Petro, Robledo, Córdoba? ¿O es que al ser de oposición no importa si corren peligro?

Pero no creo eso. El hecho de que los hijos de Uribe hayan salido a decir que esperaban que Nicolás resolviera sus problemas con la ley y volviera a sus estudios me hace pensar que en realidad la guerra es mediática. Si los hijos de Uribe pensaran por un momento que verdaderamente corrían riesgo, no darían una declaración de prensa diciendo que no guardan rencor y deseando que todo llegue a feliz término. Entonces tenemos dos incógnitas: (i) ¿Si la amenaza era tan seria, e inclusive tenía apoyo de las FARC, por qué los hijos de Uribe dijeron que no tenían rencor hacia Nicolás y que deseaban que resolviera sus asuntos con la justicia y que pudiera volver a estudiar? y (ii) ¿Si hay amenazas (a través de grupos con más miembros y que siguen activos) en Facebook a otras figuras de la política nacional (de oposición) por qué no se toman las mismas medidas, o acaso no tienen la misma importancia? Esas dos interrogantes me hacen pensar en una nueva opción: Un nuevo falso positivo judicial.

El conflicto acá es mediático. El hecho de que involucren a un estudiante universitario con una célula de las FARC (de ahí se sostiene todo el caso) es una forma de mandar un mensaje a la gran masa desinformada colombiana: 'Vean que no es mentira, los estudiantes sí tienen nexos con las FARC, sí tienen nexos con los terroristas'. Las personas usualmente no profundizan en una noticia, simplemente en el titular. En ese sentido, así el juez lo declare inocente, Nicolás Castro inició su proceso ya siendo culpable ante el ojo de la opinión pública, lo bueno es que no todos somos así.

En Twitter y en Facebook la gente se ha expresado, ha exigido su libertad. No todos comemos entero, y no todos creemos ciegamente en los medios de comunicación. Considero un sinsentido que a un estudiante por crear un grupo de Facebook lo metan quince años a la cárcel, y a un paraco que mató a 2000 personas, lo metan 7 años. Esas son las prioridades de la justicia colombiana actual.
No podemos permitir otro falso positivo judicial. Por más imprudente que haya sido Nicolás Castro, su conducta no se puede enmarcar en un plano criminal.
*Imagen tomada de ese enlace del portal Uribestiario.

29 de noviembre de 2009

Una Crónica de la Ciudad II

El quiere una cama, grande y cómoda.
Ella quiere un televisor con el cual olvidarse de lo que la incomoda.
El pasa por una vitrina y ve una chaqueta que le gustaría,
ella lo acompaña y se enamora de una mesa redonda.
El avanza por un mercado de frutas y se anotoja de uvas,
ella lo mira y con los ojos se las niega.

Al final, se alejan de la ciudad,
ven a Bogotá como una lucecita que no para de brillar.

Los dos lo saben,
solo quieren una casa con paredes de concreto.
(Porque los adornos navideños no combinan con el gris del latón).

Anotaciones de un Diario Chirri, Pt. I

Querido diario,En mi entierro habrá lista de invitados. Quien no esté incluído no podrá entrar a tan magnífico evento. En la entrada se pondra un sellito en la mano para que reciba una copa de vino. Cada dos horas habrá una nueva ronda.
En vez de coronas de flores (si no tuve vivo, menos muerto) a cada invitado se le pedirá llevar una flor de un color determinado. Rojas las viejas amantes, blancas las amigas y amigos que acompañaron, amarillas la familia. En vez de rezar, que se lea mi poesía favorita.
Que me entierren pero no con tierra. Que sean aplausos y algarabía. Yo quiero que me quemen. Que al final mis cenizas las mezclen con un perico (del más puro) y se lo huelan mis amigos más íntimos.

21 de noviembre de 2009

'Vaya y chúpese un limón y no me joda' - En Apoyo a la Dosis Personal

También publicado en el portal Blog de publicaciones Semana. Para ver el enlace, haga clic acá.

Está sonando mucho, nuevamente, el proyecto uribista que busca prohibir la dosis personal. ¿Qué es la dosis personal? Es la cantidad máxima (en peso) que una persona puede cargar de algún tipo de droga sin que sea ilegal. Para poner un ejemplo, la dosis mínima para el perico es 1gr, para la marihuana regular es 20grs y para la marihuana tipo hachís es de 5grs. Si a uno lo coge la policía con esas cantidades, no lo pueden arrestar. Más allá de esa dosis, sí puede haber consecuencias legales.


Más que abordar el problema desde una visión jurídica, sería bueno verlo desde una visión humana. Con esta columna reitero lo que he dicho anteriormente: soy consumidor de marihuana. Tengo la costumbre de llegar al apartamento en la noche, dejar las cosas, finiquitar uno que otro asunto y antes de acostarme, bajar a fumarme un cigarrillo de marihuana. Ha habido variaciones en esta costumbre, ahora prefiero usar un par de veces una pipa y a dormir. Ni siquiera es un porro completo y tampoco es un plan de todas las noches. Mis padres lo saben, no hay secretos. De hecho lo que me empujó a hacer esta columna fue que hace dos noches subí al apartamento, después de fumar, y mi mamá me vio la cara, hablamos un rato y después me dijo con risa 'vaya y chúpese un limón y no me joda'.

Considero como drogas al alcohol y al cigarrillo. Producen dependencia, muertos y más violencia que cualquier tipo de marihuana o alguna otra droga (excepto en lo que refiere al narcotráfico). Pienso que esas drogas son sociales por los intereses económicos que se mueven detrás de esas industrias. Por eso la gente no ve mal que niñas y niños de 15 o 16 años consuman alcohol, pero ve con espanto que una persona adulta, en pleno uso de su razón decida fumarse un porrito de cuando en cuando. Acepto las objeciones que ante esto se pueden levantar: que se puede volver un vicio, que se puede salir de control, que el consumo se puede dar en edades muy tempranas. Todo eso lo concedo, pero creo, sinceramente, que la prevención de todas esas situaciones responde a cuestiones de educación, pedagogía y políticas de salud pública.

Mis papás saben que yo consumo. De un secreto que me dejaba un mal sabor de boca, pasé a compartir esos aspectos de mi vida con mi cariños más cercanos. De cualquier intento de paranoia, llegó el punto en que mi mamá me hace chistes de cuando fumo, y mi hermano no tiene ningún problema en verme desmoñar lo que compro (como pasó esta mañana). Más allá de lo que los medios bombardeen, más allá de la presión social, el consumo de drogas tiene que ser una decisión personal como cualquier otra. Pienso que con educación, con políticas claras y con pedagogía se puede llegar a generar conciencia en las personas de tal manera que las cosas no se salgan de control. Sé bien que casos de adictos y de personas que se salieron de control hay en abundancia, yo mismo conozco muchos. Creo que de la misma forma que el alcohol y el cigarrillo no son para todo el mundo, las drogas tampoco lo son. Pienso que lo que a uno lo tiene que llevar a consumir una determinada substancia debe ser una decisión responsable y madura. La educación en casa, la anulación de prejuicios y campañas de salud pública pueden hacer más fácil el camino a una sociedad más tolerante e inclusiva.

Ya el mundo entero está reconociendo que las políticas prohibicionistas han sido un fracaso. No sólo hacen del consumidor blanco de críticas y prejuicios, sino que también generan más violencia y situaciones de caos. El narcotráfico colombiano es un muy buen ejemplo de eso. No creo que la prohibición dé buenos resultados en una sociedad como la nuestra. Tampoco la opción que planteamos los antiprohibicionistas es el desenfreno, el caos... No, eso es una caricatura que hacen de nosotros las personas que están cargadas de dogmas y de falsos moralismos. Lo que nosotros planteamos es un respeto a las libertades individuales, a los derechos individuales y a la autonomía. ¿Al fin y al cabo cuál tipo de sujeto quiere esta sociedad? ¿Uno que no haga porque está prohibido o uno que diga 'no' por ser una decisión personal, responsable y libre?

De la misma forma que en marzo de este año apoyé la concentración de 'Porte su Dosis de Personalidad', ahora también me hago parte de la convocatoria a la que invitan en este video.

Porque no soy un enfermo, y no le hago daño a nadie: déjenme sano, la prohibición no es la respuesta.

8 de noviembre de 2009

En El Ombligo de Bogotá (Reprise)

Publicado también en el portal Blog. Para ver ese enlace, haga clic acá.

De la misma forma que uno en el Centro de Bogotá puede tener muy buenas experiencias, también puede uno meterse en la boca del lobo sin saber cómo reaccionar o qué hacer.

Por razones que no vale la pena mencionar aquí, me llegó el dato de que un grupo de personas en particular iba a ir al centro a rumbear. Ese dato me abrió las puertas a una reflexión. Es que si digo la verdad, no me imagino a esas personas en el centro. No, al menos, en ese lugar específico, en esa cuadra tan ruda, tan cruda... Muchas veces tan triste. ¿Por qué digo lo anterior? Siempre he pensado que el centro es el sitio más peligroso de Bogotá. Con peligroso no me refiero a que a uno lo puedan atracar o que a uno lo puedan matar -a uno le puede pasar eso en cualquier lado, es más, como dice la undécima letra, uno se puede desnucar con una almohada. No, con peligroso me refiero a una cuestión del alma, de la inocencia, propiamente dicho. Lo que uno ve en el centro no lo ve en muchos lugares de Bogotá.

La L, la calle del Bronx, los burdeles (uno que recientemente conocí, hace poco se volvió tristemente famoso por sacar a un cliente con las patas pa'delante), la prostitución, la drogadicción, la delgada línea que separa a un verdadero bohemio, un académico y un humanista real de un poeta de parque, la confusión que se da al considerar que cualquier vendedor de manillas es un alternativo digno de reconocimiento (no, muchos de ellos son simplemente drogadictos). Todo eso está en el centro de Bogotá, todo eso confunde a quien no lo sabe manejar. Una cosa es el Centro de las esmeraldas, el de los museos, el de la Policía de Turismo buscando gringos con propinas que se confunden con sobornos. Una cosa es el centro de caminar con la novia en noches de tertulia con vino caliente... Otra cosa es ese centro que antes describo.

Yo sigo aferrado a la tesis de que cualquier tipo de experiencia no solo no es buena, sino que es dañina cuando no se tiene el carácter para poder saber vivirla. Me lo confirmo cuando recuerdo muchas de las cosas que he vivido. Podría nombrar (pero no lo voy a hacer por respeto, no vaya ser que alguien que lea esto las conozca) a muchas personas, particularmente mujeres, que se han perdido en esa falsa bohemia del Centro. Ir a una olla no lo crece a uno. De la misma forma que al conocer a una persona de la nada, uno puede pasarla muy bueno, también se puede prestar para una circunstancia que a uno le afecte la vida de una manera negativa. El poder de manejar eso lo da el carácter, nada más que eso. Un carácter no formado es un talón de Aquiles frente a la vida.

De la misma forma que la 93 o la T no son para todo el mundo, el centro, con su vida y sus pequeños huecos, tampoco lo es. El que fuma marihuana no tiene autoridad moral para decir que el resto de personas son cuadrados, muchos son chirretes y viciosos de parque (y lo dice alguien que es defensor de la legalizacón absoluta, no sólo de la dosis). Yo acá no pretendo hacer juicios a nadie, pero sí digo, y en esto soy firme, que el centro esconde mucho vagabundo, camuflado de alternativo, de bohemio o de humanista. Hace algún tiempo me cansé de ir a donde doña Ceci o a donde doña Marielita. Me cansé porque llegó un punto en que me hastiaba entrar. Uno entraba y sólo se encontraba niñitas de colegio femenino con ganas pecar los viernes por la noche. Borrachitas a la cuarta cerveza, comenzaban a querer a todo el mundo. Me cansé de las primiparadas con los vicios, con las experiencias, con el sexo... En fin, me cansé de la falsa decadencia, de la decadencia triste, lastimera, patética.

Es que hay que pensarlo fríamente, una persona que no conoce eso, y le muestran un falso mundo de bohemia, de drogas y de tertulia, fácilmente se puede creer ese cuento. Se va a creer el asunto de que es especial, de que es bohemia porque escucha Pink Floyd, y que sus amigos, los que le mostraron ese mundo, son cultos y todos unos literatos porque pueden recitar el primer verso del poema número 15 de 'Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada'. Eso no significa nada. Eso a uno no lo hace especial. Reitero, para que no digan que acá estoy juzgando, que me la paso en el centro, por eso hago este análisis. También resalto mi amor a la poesía y a las noches de tertulia. Me niego a pensar que las personas, en aras de considerarse maduras u osadas, que aun nada tienen que hacer en el centro, se vayan allá a buscar quién sabe qué. No soy moralista, simplemente sé qué pasa en un momento de descuido. Se van y no vuelve más. Al menos no siendo las mismas (esas personas).

No vuelvo a ser cómplice de eso. Primero que salgan de la cuna después miren a ver si se ponen a buscar tumba prematura.

7 de noviembre de 2009

En El Ombligo de Bogotá, Pt. III - Arte

-¿Qué haces?
-No te sabría decir, siempre es una experimentación.

[El Niño A de fondo]

Experimentación artísitca, artrítis metafísica curada. Sólo hace falta una cosa acá y rima con sonrisa.

Pinceles y crayolas, unos marcadores y muchos colores. Nadie sabe qué hace. Es una experimentación, un baile con el color: todo un acto de interpretación. Me pregunta qué escucho, qué veo, qué hago y qué dibujo. Nada, nada, nada. Solo contemplo.

Se me pregunta de nuevo y se me invita a participar. -
Dime una palabra y la empiezo a pintar, pero antes tú escribes algo que quieras expresar. Se escribe la palabra, ¿qué más da? Ni que fuera a ser vista. Al fin y al cabo es para la memoria de los presentes. Él la ve, intentando entender. Le explico que está en español, pero que inglés es así... 'Ohh, yeah, yeah, ph is f, yeah...'. Y se pone a hacer creaciones.

Un pincel normal y una pintura negra aguada se deja interpretar. Se mueve como él quiere que se mueva, y muestra en el mundo lo que él quiere que muestre. Toda una figura, toda una interpretación. Puede ser una mujer, puede ser amor, puede ser una construcción, un arma de dotación. Todo lo es y nada puede ser: es una interpretación que cada uno sabrá hacer.

Montaré la fotografía. Volvere a ese sitio. Se lo mostraré, a la palabra en cuestión le mostraré lo que inspiró.

En El Ombligo de Bogotá, Pt. I - Lugar
En El Ombligo de Bogotá, Pt. II - Personas

En El Ombligo de Bogotá, Pt. II - Personas

"¿Are you 'a gringa'?"

Y acá de todo lugar se viene. Buenos Aires hace presencia, el gringo se sonríe y la pared pinta. Una irlandesa nos cuenta de sus canciones y de la REPÚBLICA de Irlanda (que se sienta el orgullo). Uno de Montería nos cuenta de su vida, y la caleña ya está que apaga motores. El Llano también hace se siente, y los paisas por ahí se fijan. Un costeño mira toda la escena con asombro y una sonrisa.

Un coloquio de experiencias, de música y de alegría. Todos algo tienen de artista, todos tienen un candado en la sonrisa y un engranaje en el corazón. Es esto un congreso de lo humano, un evento de lo mundando contagiado por lo sagrado. Nos contamos de lo que hemos pasado, de la vida que nos ha tocado. También, como no, que Cristo debe hacer otra participación: el vino se está agotando. La palabra debe ser mojada, es más agradable.

En El Ombligo de Bogotá, Pt. I - Lugar
En El Ombligo de Bogotá, Pt. III - Arte

En El Ombligo de Bogotá, Pt. I - Lugar

-Huy marica, ¡Se parece a la L!
-Jajajaja, sí... Chiste tan macabro.

El tango y la buena compañía dan de que hablar. La risa se da siempre que está las sonrisas. La cerveza ni siquiera aturde a las mentes. No las vuelve lentas. Un maestro, la undécima letra del alfabeto y mi persona terminamos haciendo un trío de caminantes. ¿A dónde nos lleva la noche?

La música suena sobre un viejo
tocadiscos. El humo se espesa en los techos de asbesto, y las pisadas suenan como sordos golpes en un piso de madera. La caída de la noche nos presta para una necesaria huida. Todo se cae de a pedazos... Nosotros somos el más grande.

Comencemos a caminar, avancemos sin mirar atrás. Que los buses nos sirvan para llegar al hogar se vuelve irrelevante y nos da igual, siempre es así, ¿qué
carajos acaba de pasar? Llegamos a una vivienda salida de un cuento. Las paredes podrían ser de galleta, o de vino, o de vicio. Todo puede pasar. Se entra a un lugar del que, ya sé, con toda seguridad, sobrio no se puede abandonar.
Jazz suave de pareja. Basura completa para los que acá estamos conspirando. Nada de amor, estamos en tertulia y se desea únicamente más alcohol. El vino se da por montón. Un Cristo bohemio no lo duplicó, pero sí dio más dinero para comprar al por mayor. Una habitación con fotografías, retratos de mejores días. En la cama una mujer nos recibe con una tímida sonrisa: en el fondo yo sé que es fingida. Si está mal, no voy a preguntar, igual me voy a enterar. Y si no está mal... La noche que nos espera será espectacular.

Calles empinadas, mal taponadas y con corredores olímpicos frustrados: te pueden tocar y avanzar y ni siquiera te alcanzas a fijar.
Casitas del Barrio Alto, pero que es bien bajo. En límites con nuestro Egipto y nuestro propio portal de Belén. Subimos a un lugar, botellas de vidrio colgadas del techo con un nylon. Arte en todo lugar, afiches de películas que no pudieron triunfar. Están, en esas paredes la historia de todo el teatro que nunca se volvió a montar.

Lugar de Concentración: Dos camas para quien quiera actuar. Aunque en este preciso instante no es la ocasión. Paredes pintadas y canarios sin jaula. Una ventana que da a una luz tenue. Me sentí escribiendo esto desde ese preciso momento. Paredes rayadas, obras de arte
inacabadas, piso calcinado y cenizas esparcidas por todo el lugar. Esto es un cultivo de lo que se quiera consumir, hay vino, hay vicio y la noche hasta siempre puede seguir.

Inicia la música. Pronto una seña se deja en una pared.

En El Ombligo de Bogotá, Pt. II - Personas
En El Ombligo de Bogotá, Pt. III - Arte

1 de noviembre de 2009

Uno Más en la Fila

-¿Esta fila para qué es?
-No se haga el tonto.
-¡¿Hay fila?! ¡¿Para esto hay fila?!
-¿Usted qué trajo?
-¡¿Había que traer algo, luego?!
-Claro, ¿no sabía?
-No, no tenía ni idea.
-Qué mal por usted, no pierda el tiempo.
-¿Ustedes qué trajeron luego?
-Yo traje dos pulmones y un riñón.
-Yo traje muchas flores, algo de chocolate. Lo compré viniendo.
-No puede ser, no puede ser... Es verdad, había que traer algo... ¿Y ellos, los de allá, qué trajeron?
-Subjetividad, muchacho, ellos traen subjetividad. Ellos, cada uno de ellos la quiere de una manera 'única, especial y hermosa'.
-Cada uno de esos muchachos es súper especial, todos y cada uno (con tono de sarcasmo).
(Risa grupal viendo al muchacho sin ofrenda/regalo)
-Esa también era mi idea... ¡Pero cuando yo lo digo sí es verdad!
-Ridículo... todos son así.
-Y entonces, ¿qué le va a dar?
-No sé, no estoy preparado.
-Entonces sálgase de la fila, estorba. Guarde silencio en una esquina.
-¡No! Ya conseguiré algo, me molesta la fila, pero aun no me salgo de ella.
-Allá usted, no le va a ir bien.

29 de octubre de 2009

¡Fue Un Carnaval!

[Publicado también en el portal Blog. Para ver dicha entrada, refiérase acá]

Una vez más, por el problema del presupuesto, la universidad colombiana se hizo escuchar.

Muy temprano muchas de las facultades se reunieron para organizar sus comparsas. Había orejas gigantes, jeringas de juguete, batas de médico de talla gigante, vegetales rebeldes, cámaras de cartón, muñecos de colores, entre otras tantas cosas. Los pitos, la percusión y la alegría se dieron cita ayer en las calles de Bogotá. La Universidad Nacional, Distrital, Pedagógica, Colegio Mayor de Cundinamarca, entre otras tantas, participaron de la manifestación pública que se había anunciado acá. Coordinadoras Estudiantiles de varias universidades privadas también hicieron acto de presencia. Me parece necesario resaltar esto último, dado que muy al contrario de la opinión general, en la Universidad Privada también hay pueblo, también hay quien la lucha día a día.

Cuando se pensaba que ya éramos muchos, nos volvimos más. En cada calle principal se unía más y más gente. Por la zona de la Macarena se unió la ASAB, por la 39 esperaba otro grupo de estudiantes, y más de un ciudadano del común se nos unió. Lo mejor de todo: no hubo ningún acto de violencia. En dos oportunidades (que yo presencié) hubo tensiones con la policía, pero fue la propia marcha la que comenzó a exigir, cantando, sin violencia, sin violencia, sin violencia. Claro, no faltará quien me diga que sí hubo violencia, pero si vamos a decir que echar harina y hacer pintas es violencia, entonces es como complicado llegar a común acuerdo.

Los de Bellas Artes de la UN en gran medida pusieron la parada. En muchas partes de la marcha, postes, árboles y puentes, colgaron muñecos (hechos de basura) de tamaño natural. A dichos muñecos les ponían símbolos de dinero ($) y cosas alusivas a la UN. Dicho acto se enmarcó bajo el simbolismo de que el gobierno nos está ahorcando con el presupuesto; nos está matando lentamente. Más que un mensaje al gobierno central, fue un mensaje a la sociedad en general frente a la reflexión sobre lo que está pasando, que se solidarice y se sensibilice. Similar al mensaje de los de Bellas Artes, fue el mensaje de los compañeros que realizaron este comunicado. Así mismo, uno de los momentos más bellos de la marcha fue en el puente peatonal que queda en las cercanías de la Pontificia Universidad Javeriana. Ahí, compañeros de diversas universidades admiramos cómo los compañeros de Bellas Artes pusieron más muñecos. Pero no fue solo eso. De lo más espectacular que se vio en todo el día fue cómo cirqueros y estudiantes de la Universidad Nacional (de diversas carreras), se colgaron del puente usando telas. Una vez colgados, realizaron acrobacias debajo del puente. Manchados de pinturas rojas, también representaban el momento crítico que está viviendo la Universidad Pública Colombiana. Informar y sensibilizar a la sociedad es el primer paso para conseguir su apoyo.
Y así llegamos a la Plaza de Bolívar. Ahí nos reunimos, ahí nos hicimos escuchar. Marchamos dignos y altivos. No estamos mendigando nada. El debate continua, y los espacios de discusión y protesta segurián.

Montaré las fotos lo más pronto posible. Todas cortesía de 'Bellas Artes UN'.

Quiero resaltar que no he encontrado una sola noticia de la marcha en algún medio impreso. Los medios de comunicación se hicieron los de la vista gorda, sólo queda esperar que el grueso de la sociedad no siga su ejemplo.

27 de octubre de 2009

Es Menester del Pueblo Hacerse Escuchar

[Esta entrada fue publicada en el portal de www.blog.com.co el día 27 de octubre de 2009. Para ver la entrada original, remítase acá]

El gobierno central continua en sus negativas de dar más dinero para la Educación Pública Superior. Al contario, ahora entró en la tónica de dar más dinero a la Guerra que a la Educación.

En este sentido es necesario una actuación rápida, concreta y no violenta, para lograr un acuerdo que permita la superviviencia del sistema de Universidades Públicas Colombianas. Dicho lo anterior invito muy cordialmente a la marcha carnaval del día de mañana (28 de octubre de 2009). El punto de encuentro de la Universidad Nacional, será en la plaza Ché a las 9hrs.

Cada universidad, pública o privada, cada colegio, o estamento educativo, tiene una responsabilidad de defender los intereses de la educación. Acá no hay colores que reinen, hay una necesidad verdadera de cultura, formación y educación.

Cada Universidad tiene organización interna para apoyar la marcha. Lleve pitos, sonajas, colores y sonrisas. Los colegios también son bienvenidos. Y a la UN quien quiera puede llegar.

Nos vemos en el Carnaval.

17 de octubre de 2009

¿Qué pasó en la Nacional el Viernes?

Observación: Esta columna, como también esta, fueron fusionadas para hacerlas un sólo artículo para el portal Blog de la casa de Publicaciones Semana. Para ver dicha entrada, refiérase acá.

Dada la crisis del sistema de universidades públicas del país, mencionada en la entrada anterior, ayer se presentaron una serie de sucesos en la Universidad Nacional, sede Bogotá, que vale la pena mencionar.

Lo cierto es esto:

El rector de la universidad, Moisés Wasserman, cuando pretendía dirigirse en su camioneta a la rectoría, después de asistir, al parecer, a un evento en Química, fue bloqueado por numerosos estudiantes. Dichos estudiantes exigían su presencia en el auditorio León de Greiff para llevar a cabo una discusión frente al problema de Financiamiento. Al parecer la discusión no se dio, ya que según el rector no había garantías suficientes para el diálogo. El bloqueo del automóvil del rector -que fue calificado desde el gobierno y la rectoría como un secuestro- duró entre cuatro y cinco horas y media.

Finalmente a través del diálogo y de la mediación de profesores, decanos y la Defensoría del Pueblo el rector pudo dirigirse a la rectoría. Esta solución se dio bajo el compromiso de que el día lunes se hiciera una asamblea general (con la presencia del rector) para tratar el problema del financiamiento. Lo malo es que ahí no termina el suceso.

Si bien la Administración Distrital se opuso a la entrada de la Fuerza Pública a la Universidad, el presidente Uribe tomó la decisión de hacerlos entrar. Según él, la decisión fue tomada para terminar el episodio de retención del rector, pero esa historia no encaja muy bien. La verdad es que el ingreso de la Fuerza Pública se dio ya una vez el rector estuvo libre. De hecho, cuando se dio el ingreso el rector ya estaba en su oficina.

Durante el ingreso al parecer muchos estudiantes fueron arrestados. Hay versiones oficiales que hablan de 17 o 22 personas, mientras que otros testigos alegan que fueron muchos más. Por otra parte, por lo que se sabe, todos los retenidos de anoche, hoy ya están libres. Aun así, Uribe está empeñado en levantar cargos de secuestro a los estudiantes implicados. Faltará ver cómo termina ese asunto.

Realmente pienso que fue un error político lo que sucedió ayer con el rector de la UN. Es bien sabido que el rector no está entre los amores del estudiantado (ya que se considera cuota uribista), pero desde mi punto de vista él (el rector) en el problema del financiamiento ha dado la cara y ha obrado correctamente. Fue él quien escribió una columna para El Tiempo, y también ha sido él quien ha estado al frente de la batalla por el lado de las directivas de las Universidad Públicas. Pienso que en aras de hacer mucho no se hizo nada, y el estudiantado se dejó ganar por las pasiones y ocasionó un descontento generalizado de la sociedad civil, que cada vez más mira a la Universidad Nacional como un foco de subversión.

Por otro lado, sobre la intervención policial en la Universidad, sí hay mucho que decir. En primer lugar falta saber por qué Uribe ingresó a la Fuerza Estatal después del suceso. Me parece demasiado extraño que en cuatro horas de crisis no se haya hecho nada y que 15 minutos después de terminada la crisis, el Gobierno hubiera decidido dar luz verde al ingreso. Es una tragedia el hecho de que Uribe considere que la mejor forma de tratar con manifestaciones populares sea la violencia. La historia ha demostrado que el ingreso de la fuerza estatal a la Universidad Nacional siempre deja horrorosos resultados.

Fue un acto que se puede esperar de Uribe. Él siempre se ha mostrado reacio al diálogo con la Universidad Pública, y nunca ha negado su interés de hacer que la fuerza pública ingrese a la Universidad cuando ésta se encuentra en disturbios o semejantes. Lo de ayer prueba que Uribe no dudará en ingresar a la Universidad cuando lo crea conveniente. Con ese conveniente no me refiero a que una situación determinada lo justifique, al contrario, considero que ese conveniente
es más para él y su juego político que para nada más. La verdad es que la Fuerza Pública ayer ingresó innecesariamente porque el suceso con el rector ya había terminado. Lo que Uribe va a vender (y lo que el pueblo va a creer, y por eso Uribe gana) es que la intervención estatal se dio en aras de prevenir el secuestro del rector. Secuestro, no sobra decir, que iba a ser realizado por terroristas, guerrilleros y demás términos peyorativos que se usan para referirse al estudiante de la Universidad Nacional.

Considero que a grandes rasgos fue contraproducente lo que pasó ayer, dado que la posición de la sociedad civil colombiana ya está lo suficientemente viciada en lo que respecta a la Universidad Nacional. Lo que el estudiantado universitario necesita es el apoyo de la sociedad civil y que ésta quiera defender el sistema universitario estatal. Pero si dicha sociedad ve a la Universidad Pública como un nido de guerrilleros, terroristas y mamertos, la lucha ya está perdida. Al menos a largo plazo, inclusive consiguiendo el incremento presupuestal. Una Universidad del pueblo que sea odiada por el pueblo no tiene un gran porvenir que digamos.

La forma de dar la lucha hay que reformularla. Es una necesidad.

Notícula: Me parece excelente que la Universidad, en esta época de crisis, apoye la continuación de las actividades académicas, investigativas y de protesta (ver último comunicado). La lucha presupuestal es una necesidad que nadie niega. Los medios sí tienen que estar abiertos a discusión.

Sobre la Crisis Financiera en la Universidad Pública del País

Observación: Esta columna, como también esta, fueron fusionadas para hacerlas un sólo artículo para el portal Blog de la casa de Publicaciones Semana. Para ver dicha entrada, refiérase acá.
Dado que este espacio lo utilizo para escribir sobre lo considero apropiado, en esta oportunidad lo uso para comentar lo que está sucediendo en el Sistema Universitario Estatal (SUE). Como no lo quiero hacer un ladrillo, intentaré describirlo de la manera más simple.
¿Cuál es el problema?
El Ministerio de Educación Nacional a partir de la Ley 30 de 1992, destina un capital determinado al SUE (es decir la red de Universidad Públicas del país). Este capital es en relación al incremento del IPC (Índice de Precios de Consumo), en base a lo que éste subiera, se le daría una determinada cantidad al SUE. En el momento en que se planteó esa ley se hizo con el interés de salvaguardar la educación superior pública. Lo que ahora pasa es que de aquí a la época en que fue hecha la ley, la cobertura estudiantil se ha incrementado, las becas y los subsidios también. La planta profesoral se ha mejorado y esto implica más y mejores pagos. Todo esto apunta a que ya no es suficiente con lo que da el Ministerio para solventar las necesidades de las Universidad Públicas.
¿Qué se exige?
Las universidades públicas del país, a la cabeza de la Universidad Nacional (para eso véase la columna que hizo el rector de la UN para el tiempo), exigen un incremento en el presupuesto que está próximo a firmarse. La idea de ese incremento es poder tener presupuesto para infraestructura, sueldos y mantenimiento general de la universidad. En el gobierno se han dado posiciones encontradas, dado que no han unificado el discurso y no se sabe a ciencia cierta qué pasa.
Por ahora el paro universitario tuvo el impacto que se busco. En la concentración del día miércoles (en la que se tomó esta foto) acompañaron a las universidad públicas, un grueso de universidades privadas. La crisis está dada, falta ver qué medidas se darán para solventarla.

Para ver más artículos relacionados con esta crisis, diríjase acá y acá.